Una región, todas las voces

¿Hay ballottage? Cansancio con “macrismo vs kirchnerismo”

ANDREI ROMAN COAUTOR

Las PASO en Argentina sorprendieron a todos con un resultado que daba a Alberto Fernández una ventaja abrumadora sobre Mauricio Macri. Una investigación realizada por Atlas Político, que aquí comentamos, confirma esta tendencia y muestra una serie de resultados muy positivos para Alberto Fernández. Pero, dicho esto, cabe agregar que con la desaceleración de candidato del Frente para Todos en las encuestas, su victoria todavía no está garantizada.

Lo cierto es que la primera vuelta podría reservarnos algunas sorpresas inesperadas. Serán presentados en este artículo algunos argumentos que relativizan la aparente ventaja abrumadora Fernandez parece tener sobre Macri en la primera vuelta de las elecciones argentinas.

La última encuesta de Atlas Político, del 5 de septiembre de 2019 que utilizamos en el presente artículo, incluye optimizaciones que permiten ofrecer una representación más fidedigna del pensamiento actual del electorado argentino en relación a las PASO.

Si las elecciones fueran hoy, Fernández ganaría en la primera vuelta, logrando superar el piso del 45%. Alberto Fernández logra sacar provecho de la mala calificación del gobierno de Macri, que el 63% de los argentinos desaprueba.La investigación muestra una serie de resultados muy positivos para Alberto Fernández. Si las elecciones fueran hoy, Fernández ganaría en la primera vuelta, logrando superar el piso del 45%. Fernández logra sacar provecho de una mala calificación del gobierno de Macri, que el 63% de los argentinos desaprueba. Para la mayoría de los argentinos, los principales problemas del país son económicos: 37.8% apuntan a la inflación y 14.8% al desempleo, un problema generalmente asociado al primero, la inflación. Habiendo sido elegido con la esperanza de finalmente turbinar a la economía argentina, la decepción con el gobierno de Macri no podría ser más natural.

AtlasIntel muestra es que la ventaja de Alberto Fernández está lejos de ser inevitable.

Lo que la investigación de AtlasIntel muestra es que la ventaja de Alberto Fernández está lejos de ser inevitable. Primero, las cifras muestran que la población, al contrario de lo que indican otras encuestas recientes, está ampliamente dividida sobre quienes serían los responsables del colapso masivo y la crisis de la deuda que surgió tan pronto como se publicaron los resultados de las PASO.

El 49% considera que Macri es el responsable. Pero prácticamente el mismo porcentaje, 48.6%, declara que es el temor al regreso del Kirchnerismo. En otras palabras, a pesar del rechazo y enojo que la mayoría de los argentinos siente por un gobierno que ha fallado de muchas maneras, la idea de que el regreso del kirchnerismo podría empeorar la situación está profundamente arraigada.

El éxito de Alberto Fernández muestra que la estrategia de Cristina Kirchner de aceptar el puesto de vicepresidenta tuvo los efectos esperados. Alberto aparece 5 puntos por delante de Cristina, en un contexto en el que la mayoría de los argentinos (52.9%) siguen a favor de su arresto por corrupción. La situación de Macri a este respecto tampoco es positiva, ya que el 54% de los argentinos está de acuerdo con su eventual arresto por corrupción. Cristina como vicepresidenta fue una gran jugada: esencialmente suplantó el tema de la corrupción en la agenda electoral que, junto al temor sobre la pauta económica, es la mayor debilidad del Frente de Todos.

Alberto Fernández fue capaz, con la colaboración de Cristina y la pasividad de Cambiemos, de diferenciar su discurso habitual, buscando acercarse a un estilo como el de la socialdemocracia europea. En el contexto de las elecciones argentinas de 2019, esto es lo que representa el ‘cambio’ tan deseado por la mayoría de los argentinos, no el Cambiemos de los fracasos del gobierno de Macri. Alberto Fernández ahora cuenta con la confianza de 5-6 puntos de opinión, relativos a los que rechazan tanto a Macri como a Cristina y que, ante un escenario de balotaje entre estos dos terminaría por anular su voto. Pero lo cierto es que la victoria de Fernández-Fernández no será tan fácil como algunos analistas creen.

De hecho, la encuesta realizada por AtlasIntel señala que Macri todavía puede soñar con la victoria. Las medidas de estabilización económica fueron muy bien recibidas: el 67% de los argentinos aprueba las restricciones impuestas a las compras en dólares y el 72% aprueba la reestructuración de la deuda con el FMI. Si estos porcentajes pudieran de alguna manera comenzar a influir en la intención de voto, pasando por la deconstrucción de la imagen moderada de Alberto Fernández, una segunda ronda, aunque todavía es poco probable, aún podría materializarse.

Foto de midianinja en Foter.com / CC BY-NC-SA

¿Y la naturaleza? Sobre incendios y populistas

El aumento de los incendios en la Amazonia brasileña, patrimonio de la humanidad, muestra dos formas peligrosas de calentamiento: el del fuego en la selva y el del populismo autoritario. La comunidad internacional debe presionar para que cesen ambos, y de forma rápida. Nuestros hijos dependen de ello. En relación con los incendios, que en Brasil han aumentado este año un 75% en comparación con años anteriores, escribí un libro con Karleen West: ¿Quién habla por la naturaleza? (Oxford University Press, 2019; existe un documental en español sobre el libro, que fue dirigido por el ganador del Premio Emmy, Larry Engel: https://www.youtube.com/watch?v=FIMTsWazqhM). Ahí mostramos, a través del análisis de una encuesta nacional en Ecuador, que fue comisionada por el Centro de Estudios y Datos (Cedatos), que donde el medio ambiente ya está destruido, la gente deja de preocuparse por él.

Encuestamos a una muestra de ciudadanos, con una sobremuestra de comunidades indígenas en la zona amazónica norte de Ecuador (donde la selva sigue dañada por los famosos derrames de petróleo de Chevron-Texaco en los años noventa) y en la zona amazónica sur (donde, por lo general, la selva no ha sido dañada). Mientras en la zona sur la gente se preocupaba mucho por la integridad de la selva, manifestando entusiasmo por el concepto global y abstracto de “cuidar el medio ambiente”, en el norte ya no se preocupaban tanto por ese concepto. Allí la preocupación era por asuntos que son el resultado de la degeneración medioambiental, como el desempleo, la migración (a las ciudades) y la salud pública, entre otros.

Tenemos que movilizar a todos para proteger la selva antes de que se siga deteriorando»

La primera lección del libro es que tenemos que movilizar a todos para proteger la selva antes de que se siga deteriorando. Eso tiene que ser así en Ecuador, en Brasil o donde sea, aunque preocuparse por la conservación ambiental puede volverse algo más complicado y, por ende, se corre el riesgo de abandonarla como concepto. Y hay una segunda lección: el populismo no sirve realmente.

En Ecuador estudiamos las políticas del expresidente Rafael Correa, quien, a pesar de sus defectos, parece haber sido más democrático que Jair Bolsonaro. Este último es burdamente populista, apoya los estándares más bajos de la humanidad y sus únicos rivales hemisféricos en esa “carrera hacia abajo” podrían ser Nicolás Maduro y Donald Trump. 

En el caso de Ecuador, vimos que las políticas populistas de entregar proyectos y empleos a cambio de la destrucción de la selva (y, por ende, de la naturaleza) habrían influido menos en los ciudadanos más vulnerables al cambio climático (los que vivían de la Amazonia). Ellos y, sobre todo los de comunidades indígenas amazónicas, lucharon contra la destrucción de la selva y abogaron en contra del problema del cambio climático. 

Parece que el desafío para los lectores a lo largo del hemisferio es aprender a pensar como si viviesen en primera fila (o en la “línea de fuego”) la vulnerabilidad al cambio climático. Hoy todos somos brasileños y tenemos que presionar al Gobierno ignorante de Brasil, tal como lo intentó hacer el presidente Emmanuel Macron en la reunión del Grupo de los 7 en Europa, pero con más urgencia aún.

El argumento de Bolsonaro acerca de las violaciones de la soberanía de su país es una falacia. América Latina conoce ese tipo de violaciones desde la época colonial (que, en cierto sentido, Trump quiere revivir ahora con su trato a los migrantes latinos en Estados Unidos), pero actualmente ese argumento soberanista debe ser superado por un argumento humanitario y a favor de la naturaleza, naturaleza que necesita un vocero. Tenemos que insistir para que la buena voluntad de otros presidentes, los presidentes “verdes” de otros países amazónicos (y los de cualquier país que estén en crisis del tipo medioambiental) sea la que predomine. Hay que aislar a presidentes como Bolsonaro mediante la presión internacional e interna, y sin sobornarlos con ofertas de dinero o amenazas si no cumplen.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas debe conseguir el consenso (unánime, desafortunadamente, de los cinco miembros permanentes) para poder declarar emergencias de seguridad de medio ambiente. Esta institución tal vez sea la única que tenga la legitimidad para cumplir el objetivo de mandar personal para proteger áreas naturales que son consideradas patrimonio de la humanidad cuando se encuentran en alerta roja, como la Amazonia actual.

Cierto, la ONU tiene un récord mixto en su actuación a favor de la humanidad. Es una organización repleta de escándalos de corrupción, falta de liderazgo y una ineficacia notoria. Pero en momentos como este, no podemos dejar el futuro de un patrimonio tan importante como la Amazonia en manos de un populista autoritario. Hasta que creemos una mejor institución, el Consejo de Seguridad de la ONU es la mejor opción. Además, contando con el apoyo fuerte de Francia y Gran Bretaña, tendríamos que elegir un presidente demócrata en Estados Unidos y esperar a que la situación sea suficientemente crítica como para conseguir el apoyo de quienes negaron el poder a ese cuerpo en el pasado, como China y Rusia. 

Pero hay que trabajar ahora para crear condiciones para que alguien hable por la naturaleza, con una voz democrática y unida de la humanidad. Por el momento, la ONU es nuestra mayor esperanza para evitar la ruina de la Amazonia, la apatía y la desesperanza que eso conlleva.

Foto de Ana_Cotta en Trend hype / CC BY

La Amazonía, parte de la identidad de Brasil

En una de mis visitas a la Amazonía navegué por el río Negro desde Manaos hasta la pequeña ciudad Nuevo Airão. Encontré una joven, en esa época de 29 años, que dirigía el Parque Nacional de las Anavilhanas. Giovanna Palazzi, nacida en San Pablo, lejos de la Amazonía, de ascendencia italiana, se enamoró de Anavilhanas, el segundo archipiélago de islas fluviales más grandes del mundo a la edad de 14 años en una excursión con su colegio. En aquel viaje decidió que estudiaría ecología para poder trabajar allí. A los 28 años, comenzó a dirigir el Parque de las Anavilhanas con sus 300 mil hectáreas de archipiélagos de islas fluviales alargadas, formadas por los sedimentos de arena blanca, que fueron traídos de las inmediaciones del Monte Roraima por el río Branco, afluente del río Negro.

Esta breve historia tiene dos aspectos. El primero, la espectacular biodiversidad amazónica. El parque de las Anavilhanas, un área de conservación estratégica, tiene una enorme variedad de formaciones vegetales, típicas de la floresta tropical húmeda. Forma parte del paisaje forestal inundado. Los árboles quedan con sus troncos enteramente cubiertos por las agua del río durante el período de lluvias. Se navega entre las copas de los árboles. Las 400 islas aparecen solamente en el período de sequía. Las aguas son oscuras por causa de los taninos y aceites naturales que extrae de las cortezas de los árboles en el bajante y que están allí para protegerlos de insectos y otros parásitos. Por ello, en las orillas del río Negro no hay mosquitos, lo que lo hace particularmente atractivo para los turistas. Es una región de especies que forman parte de la mitología regional, como el boto tucuxi y el boto rosado, especies de delfines de agua dulce. Fue este paisaje mutante y exuberante, lleno de especies casi míticas, lo que construyó la imagen histórica de brasileños y extranjeros sobre la Amazonía. Una tierra de misterios y riquezas inmensas. Un El Dorado desconocido, codiciado y temido.

Los brasileños no se volvieron ambientalistas radicales. Comenzaron a valorar la diversidad biológica de la Amazonía, a la vez que comenzaban a conocer sus innumerables atractivos»

El otro aspecto de esta historia es la relación de las nuevas generaciones con la Amazonía. Aquella visión históricamente construida de El Dorado, que los militares, durante la dictadura, transformaron en el “infierno verde” por ser conquistado para que el país pudiese tener acceso a sus riquezas, se fue disipando a medida que la región se tornaba más conocida. Las fotografías expresionistas del fotógrafo Sebastião Salgado, mostrando la tragedia humana y ambiental del los buscadores de oro de Sierra Pelada, en la década de 1970, contribuyeron para despertar la conciencia de que la Amazonía estaba en peligro. El archipiélago de las Anavilhanas fue convertido en unidad de conservación por el propio régimen militar en 1981. Hoy está en la Lista de Humedales de Importancia Internacional (Lista Ramsar) y es Patrimonio Mundial Natural de Brasil, reconocido por la Unesco.

Cuando Giovanna, hoy con 40 años, se enamoró del lugar y decidió prepararse para trabajar en su protección, la visión de los brasileños sobre la Amazonía ya era otra. Ya no era un El Dorado de riquezas minerales, oro y piedras preciosas, sino un patrimonio de mucho mayor valor en biodiversidad y que debería ser protegido de la explotación predatoria. Los brasileños no se volvieron ambientalistas radicales. Comenzaron a valorar la diversidad biológica de la Amazonía, a la vez que comenzaban a conocer sus innumerables atractivos turísticos, todavía muy mal explorados.

Hoy en día, la mayoría de la población, incluso sin haber visitado la Amazonía, desea su protección y el desarrollo de la región mediante el respeto de su ambiente natural. Una encuesta realizada por el principal instituto de opinión pública brasileño, Ibope, puso de manifiesto la visión contemporánea de los brasileños de su selva tropical, en un momento en que la deforestación está en aumento y los incendios criminales están devastando grandes áreas. Los brasileños ven la Amazonía como un motivo de orgullo nacional, el 88% lo cree así y el 95% consideran que preservarla es esencial para mantener ese orgullo. Existe una opinión casi unánime (94%) de que la protección de la selva tropical es fundamental para la identidad de Brasil. Para el 97%, la conservación de la diversidad biológica amazónica es decisiva para la salud del medio ambiente brasileño, y el 94% está de acuerdo en que también es esencial para la salud ambiental global. La importancia de la Amazonía para la economía es reconocida por el 87%, y el 93% están preocupados por el aumento de la deforestación ilegal en la región. Por esta razón, el 96% quiere que el presidente incremente la vigilancia para evitar la deforestación, y el 89% quiere que el Parlamento brasileño asuma el compromiso con la extinción de la deforestación ilegal y que el país y sus autoridades tengan tolerancia cero con este crimen. Incluso entre los votantes del presidente Jair Bolsonaro, la mayoría absoluta comparte esta opinión.

¿Por qué, entonces, el Gobierno brasileño tiene hoy actitudes tan contrastantes con la opinión de la sociedad de su país? Hay un distanciamiento entre el Gobierno y la sociedad en Brasil. El presidente tiene una agenda que responde a intereses muy específicos, de propietarios mineros y productores de baja productividad, y de una minoría compacta de seguidores fieles y devotos de sus valores. Un presidente con mentalidad autoritaria, que no quiere oír todas las voces de la sociedad, sino solo la parte que piensa como él. El Gobierno está comenzando a actuar en la Amazonía para combatir la deforestación y las queimadas¹ (los incendios provocados por productores rurales para generar nuevos espacios de cultivos) solo debido a la presión interna, política y social, y de la comunidad global. El agronegocio exportador brasileño se ha manifestado contrario a la omisión de la política ambiental de Bolsonaro. Aislado, el presidente actúa, pero sin la convicción de que esta es la opción correcta.

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Medios, política y clientelismo: una relación de amor y odio

La relación entre los medios de comunicación y la política en América Latina es fundamental en la historia reciente de nuestro continente. La mayoría de los países latinoamericanos tienen características políticas, sociales y mediáticas muy similares que parecen haber sido guiadas por una cultura política de matriz similar.

Países como Brasil, Argentina y México, entre otros, son estados federales con régimen presidencial; tienen poblaciones mestizas, forzadas o debido a migraciones históricas y recientes; han sido gobernadas por regímenes autoritarios por décadas; han pasado por procesos de transición democrática a finales del siglo XX; y tienen un sistema de medios concentrado.

Para entender este escenario y la medida en que se ha ido transformando el papel del periodismo, la autonomía de sus profesionales y los temas de regulación por parte del Estado, es necesario, en primer lugar, tener en cuenta la creciente concentración del mercado de los medios en la región, así como su (todavía) fuerte dependencia de la financiación pública. Lejos de considerar la información como una mercancía, un sistema de medios sujeto a la lógica del juego político, que utiliza la financiación pública como moneda de cambio para obtener una cobertura mediática favorable, nunca podrá dar vida a un periodismo verdaderamente independiente.

Observando las transformaciones a lo largo de los siglos XX y XXI, podemos afirmar que vivimos en culturas políticas basadas en el autoritarismo, baja participación política, desigualdad social y clientelismo por parte de empresas que, contradictoriamente, se declaran liberales en la economía pero que no han encontrado fórmulas para prosperar sin recurrir a la financiación pública.

La concentración de los medios, dependientes de la inversión pública, suprimieron la formación de un mercado libre, orientado al público y que cumpliera la función social del periodismo independiente.

Un sistema mediático concentrado como el de Brasil, Argentina y México, por citar a los líderes regionales, en un contexto de post-transición democrática, donde se produjo un mayor grado de pluralismo político sin que ocurriera lo mismo con los medios, generó un desequilibrio de poder entre el sistema político y mediático. La concentración de los medios, dependientes de la inversión pública, suprimieron la formación de un mercado libre, orientado al público y que cumpliera la función social del periodismo independiente. Las nuevas élites políticas elegidas por la vía electoral mantuvieron algunas prácticas que inhibieron un mercado de medios plural, libre y competitivo, así como un periodismo más profesional, reproduciendo la misma lógica autoritaria de los regímenes que los habían dominado décadas atrás.

Se puede decir que, debido a su naturaleza de negocios de patrocinio, los intereses de los grandes grupos no responden únicamente a intereses estrictamente mediáticos, y mucho menos periodísticos. La noticia es tratada como mercancía y el trabajo del periodista es precario, lo que le obliga a comportarse como un «funcionario» prescriptivo que necesita estar políticamente alineado con esto o aquello para no perder su trabajo. En los medios de comunicación locales, la situación es aún más preocupante, siendo muy común la acumulación de puestos trabajando de asesor en gabinetes y en redacciones a la vez.

Sin embargo, no es necesario adoptar un ideal de periodismo anglosajón que, aplicado en nuestro contexto, tiende a posicionar a América Latina en una situación de déficit en cuanto a la independencia de los medios y la calidad de la democracia. Cada contexto cultural tiene sus peculiaridades y prácticas consolidadas. Pero cuando los periodistas exigen más independencia es necesario utilizar como parámetro analítico el ideal del papel de la prensa como un «papel de guardián», en el sentido de considerar al periodista como alguien que investiga e informa al público críticamente sobre la política, ejerciendo su trabajo con total independencia.

En esta línea, las redacciones necesitan dar autonomía y apoyo institucional al profesional, incluso cuando la situación es análoga a la lucha entre Goliat y el gigante. Casos reconocidos deben servir como ejemplos del modus operandi del periodismo en América Latina. Un buen ejemplo es el caso Watergate, un escándalo político de 1974 en Estados Unidos que culminó con la dimisión del entonces presidente Richard Nixon. Otro caso es el de Vaza-Jato en Brasil, que sacó a la luz la corrupción del Ministerio Público en la Operación Lava-Jato, así como los excesos del ex juez Sérgio Moro, ahora Ministro del Gobierno de Bolsonaro, que excedió su imparcialidad y se comportó como parte del procesamiento del ex Presidente Lula.

Entre los siglos XX y XXI, hemos pasado de un modelo inhibido en su labor informativa por regímenes políticos autoritarios a otro en el que, de diferentes maneras, los grupos políticos, económicos y el crimen organizado ejercen una fuerte presión sobre la independencia de una prensa más profesionalizada, pero aún clientelista en su relación con el Estado.

Si bien aún existen preocupaciones, se pueden observar avances. En la última década han surgido algunos factores que están configurando una nueva ecología mediática, en la que la facilidad de acceso a los medios de producción y difusión del conocimiento por parte de periodistas y ciudadanos, ha contribuido al nacimiento de modelos alternativos e independientes, más cercanos al ideal del periodista investigador. Paradójicamente, por otro lado, la falta de sistemas de control social, basados en la credibilidad consolidada de los profesionales de los medios de comunicación, ha dado lugar a aberraciones como los negocios y la práctica política de difundir «información de dudosa credibilidad». A pesar de las numerosas críticas que se han hecho a los grandes medios de comunicación en las últimas décadas, han sido los principales muros de contención contra las noticias falsas por su credibilidad a pesar de su continua caída.

En los últimos años han surgido nuevos medios de comunicación, algunos con una verdadera vocación investigadora, algo poco frecuente y beneficiosa para el sistema de medios. A la vez, nuevos medios alternativos se han alineado con los intereses de los gobiernos y partidos, produciendo noticias que, en lugar de informar, entumecen al lector-ciudadano.

Aún existen muchas incertidumbres sobre el futuro del periodismo en América Latina, especialmente sobre su capacidad de (auto)financiación, sus modelos organizativos y su relación con los públicos. No está claro cómo el uso masivo de las redes sociales, por ejemplo, afectará la forma en que el material periodístico estará disponible en el futuro. Lo que no se puede perder de vista es la necesidad de debatir qué periodismo queremos y tener la voluntad de (re)construirlo.


Episodio relacionado de nuestro podcast:

Al Capone y El Chapo: el fracaso de la Prohibición

El narcotraficante Joaquín Guzmán fue condenado a prisión perpetua en Estados Unidos. Muchos celebraron. Yo no veo el gran beneficio social de la sentencia, aunque no prefiero que El Chapo esté libre. Lo que prefiero positivamente: que las drogas sean legales y, por tanto, no aparezcan “chapos”. O “capones”.

Muchas veces se critica a “la izquierda” (como si fuera un monolito) por no ser realista y no seguir la evidencia para hacer leyes y políticas públicas. Ciertamente hay izquierdas o supuestas izquierdas –México hoy- que no son amigas de los datos y la ciencia. Pero también hay derechas reacias a abandonar sus preferencias públicas contradichas por análisis científicos. En temas como la desigualdad, el sexo, las mujeres y las drogas. El reciente Informe Mundial sobre Drogas de la ONU puede resumirse en que la Prohibición “disfunciona”, pero las derechas iliberales o antiliberales no aceptan alternativa. Así protegen esa disfunción, el hecho de que prohibir no elimina ni controla la producción, no impide el acceso, no desincentiva el consumo y sí viola libertades, pudre dinero público e incentiva la corrupción y la violencia. México sigue hundiéndose en la violencia, desatada por el escalamiento de la “guerra contra las drogas”, y esas derechas siguen siendo prohibicionistas –el presidente López Obrador, como en los casos del aborto y el “matrimonio gay”, queda unido a la derecha nacional en su cerrazón ante el fracaso de la Prohibición.

El encarcelamiento de Guzmán no es tan buena noticia porque:

1. No desaparece, agota, cierra ni reduce el negocio narco. Porque la condena no hace nada de eso contra la Prohibición, que es la causa del negocio. La Prohibición continúa, indiferente a la suerte personal del Chapo.

2. No era el único líder narco. Y su lugar será ocupado. Porque el negocio seguirá ahí, mientras siga la Prohibición. Es la cabeza de la Hidra.

3. Desde su nueva cárcel no podrá operar en el mercado pero otros lo harán por él. Muchos otros seguirán haciendo lo que hacían, dentro o fuera de la organización del Chapo, y quizá más violentamente para aumentar su reputación y afianzar su posición. Si estuviera en México, encarcelado continuaría su operación, que es exactamente lo que pasa con todos o casi todos los narcos en las prisiones mexicanas. Es un acento local del fracaso de la Prohibición y la “guerra”. Encarcelar a los narcos en países como México es ocioso y Estados Unidos nunca podrá procesarlos a todos.

4. El caso Chapo puede fortalecer la creencia en el supuesto valor de la Prohibición: crea el espejismo de que “sí sirve” o de que podemos vencer a los narcos y las drogas con Derecho Penal y simple “aplicación de la ley” punitiva. ¡Tremenda ilusión! La única forma de vencer a los narcos aplicando la ley es si la ley aplicada no representa Prohibición…

el narco tal cual lo conocemos sólo existe si, paradójicamente, una ley dice que no puede existir

Entendamos que el narco es un tipo especial de delito. Diga lo que diga la ley, diferentes tipos de robo y asesinato siempre existen y existirán; el narco tal cual lo conocemos sólo existe si, paradójicamente, una ley dice que no puede existir o quiere que no exista. Los prohibicionistas no entienden lo que entendió Capone sobre sí mismo: que su madre institucional-económica era la Prohibición. La máxima expresión delincuencial-criminal de Capone se dio con y por la Ley Volstead. En las propias palabras del capo en una entrevista poco recordada (Liberty, octubre 17, 1931):

“Los legisladores pasaron la decimoctava enmienda. Hoy hay más gente bebiendo alcohol en los lugares clandestinos que la que antes de 1917 cruzaba en cinco años las puertas de todos los locales del país. Eso es lo que la gente piensa del respeto a la ley. Y de todos modos, la mayoría de esas personas no son malas. No pueden llamarse criminales, aunque técnicamente lo sean”.

“La Prohibición me parecía, y me sigue pareciendo, una ley injusta. En un sentido, llegué naturalmente a la ilegalidad y supongo que ahí permaneceré hasta que la ley sea derogada”.

“Mientras la ley siga vigente y quede alguien dispuesto a romperla habrá un lugar para gente como yo, que descubre que depende de ella que se mantenga la llave abierta. A los que no respetan nada les aterroriza el miedo. Por eso he basado mi organización en él”.

Sin merecer apología por ello, Capone pudo reconocer cabalmente las causas externas de su éxito “profesional” y el papel básico y principal de la Prohibición en ellas.  

En 1931 fue sentenciado a 11 años de prisión por evasión fiscal. La Ley Volstead fue derogada en 1933. Esta medida, no el encarcelamiento de Capone, resolvió el problema del contrabando total de alcohol + contrabandistas violentos. La Prohibición del alcohol fue un fracaso social, la Prohibición actual también lo es. Lo debido y necesario es que las drogas sean reguladas abiertamente por el Estado, con participación y vigilancia de la sociedad.

Nuevas sanciones a Venezuela ahorcan, pero no matan

La principal preocupación de Estados Unidos es el Eje del Mal y luego el Club de Naciones Hostiles. En ese primer grupo, John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, incluyó a Venezuela en su paso por Lima. El pasado 6 de agosto tuvo lugar en la capital peruana la Conferencia Internacional por la Democracia en Venezuela, que contó con la participación de 59 países y 3 organismos internacionales, y básicamente se discutió lo que se haría el “día después” de la caída del régimen de Nicolás Maduro.

No obstante, el día anterior Estados Unidos se robó las miradas cuando su presidente firmó una orden ejecutiva para poner a Venezuela en una especie de cuarentena económica al bloquear todos los activos que el gobierno de Maduro tiene en ese país. Son las medidas más contundentes hasta el momento y la mayor amenaza al Gobierno chavista, ya que se trata de todos los activos, incluyendo los de Pdvsa, que ya habían sido bloqueados previamente. La sanción comprende, además, medidas de segundo orden como la prohibición a todo país, empresa o particular a hacer negocios con la república bolivariana o arriesgarse a ser sujeto de sanciones y restricciones para hacer negocios en Estados Unidos.

Se trata de una situación similar al embargo a Cuba desde comienzos de los sesenta y a algunas de las medidas aplicadas a Irán y a Corea de Norte. Nicolás Maduro, por su parte, se apresuró a tildar la medida de “terrorismo económico” y prometió resistir los embates extranjeros o internos que lo quieren ver fuera del poder. Esta situación se ha dado en medio del fracaso de las negociaciones entre representantes del régimen y una facción del equipo de oposición de Juan Guaidó, considerado por varios países como el presidente legítimo de Venezuela.

El principal escollo para la negociación fueron los plazos de abandono del poder»

El objetivo de estas mesas de diálogo que se han hecho en Barbados y que han sido organizadas por Noruega era establecer una posible salida negociada a través de elecciones anticipadas pero con garantías. Sin embargo, el principal escollo para la negociación fueron los plazos de abandono del poder. Mientras Maduro se negaba a abandonar el poder en los meses previos a unos posibles comicios, Estados Unidos y algunos países latinoamericanos se oponían a que se mantuviera en el puesto, al tiempo que se celebraran las elecciones, debido a una posible manipulación de las elecciones.

Así que, nuevamente, nos encontramos en un punto muerto y, aunque estas nuevas sanciones económicas añaden presión al régimen, su deseado efecto devastador en la economía no se cumplirá, pues la analogía sería picar con un palo a un animal moribundo para que reaccione. Si bien las medidas privarán a Venezuela aún más de moneda extranjera, su aparato productivo está casi desmantelado y los escasos bienes que circulan en el país no causan más que la actual hiperinflación. Además, su efecto político no hará más que exacerbar las existentes tensiones y crear otros enfrentamientos.

Los asistentes a la Conferencia de Lima, entre los que se encontraban representantes de la oposición venezolana, reconocieron que la tarea más importante y más difícil será la masiva reconstrucción del aparato productivo del país, comenzando por la petrolera Pdvsa. Venezuela está sentada en las mayores reservas del mundo, pero su producción se ha reducido a menos de un millón de barriles diarios, unos dos tercios de la producción petrolera que el país tenía en el año 2000. La verdadera tragedia venezolana, sin embargo, no está en la destrucción de su aparato productivo, sino en el éxodo de más de 4 millones de venezolanos al extranjero.

La política exterior de Brasil, en el diván

En psicoanálisis, el sofá sirve para que el sujeto piense su identidad, trabaje las imágenes que desea proyectar, cambie los roles que quiere desempeñar en el mundo y madure como sujeto adulto. El sofá conecta el yo del sujeto, y desde el psicoanálisis hasta los asuntos internacionales, sirve para comprender la identidad y los papeles que desempeña el sujeto en las relaciones políticas, económicas, socioculturales y geoestratégicas globales. Este no es un artículo teórico, es un intento de enfocarme en la coyuntura crítica que vive un sujeto en particular: Brasil. Sin embargo, debo decir que me baso principalmente en el supuesto de que las élites tienen un papel esencial para pensar este sujeto que es el Estado y su política exterior. Y estas élites como constitutivas del sujeto pueden orientar su acción hacia una vida adulta de autonomía relativa, o más bien hacia una relación infantilizada de dependencia de un tutor perenne. Por ello, la construcción de consensos entre los miembros de la élite es una condición fundamental para una proyección de poder internacional.

¿Cuál ha sido la imagen de Brasil en los últimos años y cómo ha cambiado desde el juicio político de Dilma Rousseff? Durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), Brasil lideró la creación de nuevas instituciones de integración regional, defendió las relaciones sur-sur, fomentó iniciativas multilaterales y coaliciones internacionales como el Foro IBSA, el grupo BRICS , así como las cumbres afrosudamericana y árabe-sudamericana.

La identidad que ese Brasil proyectaba se basaba en tres pilares: un enfoque en América del Sur, sin descuidar la solidaridad con otros países en vías de desarrollo; el buen desempeño económico y una ambición política para adaptarse a la gobernanza global; y la construcción de una democracia relacionada con la inclusión social y el reconocimiento de los derechos de las minorías. Una socialdemocracia del sur, consagrada en los principios de la Constitución de 1988. En cuanto a la política exterior, Brasil desempeñó un papel clave en la conexión de la política interna con la ambición de insertarse en un contexto global en el que su imagen se benefició gracias a las mejoras sociales, políticas, institucionales y económicas.

Cuando el vicepresidente Michel Temer asumió, luego de un controvertido impeachment contra Rousseff, la identidad del país comenzó a cambiar. El nuevo gabinete fue el primero totalmente blanco, rico y masculino desde la nueva democratización. Las prioridades de política exterior se concentraron en nuevos acuerdos comerciales bilaterales, la realineación de Brasil con Occidente (Estados Unidos y Europa), la apertura del Mercosur y el aislamiento de Venezuela. La octava cumbre BRICS terminó sin resultados relevantes para Brasil. En las Naciones Unidas, ratificó el Acuerdo de París en 2016 y el Pacto Mundial sobre Migración en 2018; sin embargo, con la solicitud de ingreso en la OCDE, Brasil se desvió de la solidaridad sur-sur y el previo multilateralismo globalista.

Durante el gobierno de Temer, muchas de las decisiones fueron obstaculizadas por la inestabilidad política, los escándalos de corrupción que no se detuvieron, las bajas tasas de crecimiento, el aumento del desempleo, las tensiones interestatales, el arresto de Lula y el resurgimiento de la violencia en el campo y las ciudades, lo cual ha marcado la crisis institucional y política del país bajo su mandato.

En octubre de 2018, el candidato de extrema derecha ganó las elecciones. Paradójicamente, Jair Bolsonaro se mostró como un político antisistema en un intento de separarse de la política tradicional, a pesar de su larga carrera política. Su campaña movilizó las redes sociales de manera innovadora y explotó el uso masivo de noticias falsas. Pero en lo que va de su mandato ya han surgido tensiones dentro de la coalición compuesta por militares, segmentos del sistema judicial, Iglesias neopentecostales y extremistas de derecha. Estos han defendido prioridades estratégicas divergentes en el desarrollo de infraestructura, integración económica, seguridad social y reforma de pensiones, política exterior, transparencia y políticas anticorrupción. Además, se han implementado políticas de conservadurismo moral formalmente para recuperar el sentido de autoridad política, para limpiar la esfera pública dentro de una narrativa que tiende a socavar los derechos de las minorías y la visión pluralista de la democracia. Los adversarios políticos (particularmente los izquierdistas e intelectuales) son representados como el enemigo.

¿Cómo puede interpretarse una transformación de política exterior tan profunda?»

¿Cómo puede interpretarse una transformación de política exterior tan profunda? Hoy en día, la identidad internacional de Brasil y los roles proyectados en los asuntos internacionales pueden estar sufriendo un cambio radical y alejarse de lo que fue una democracia participativa. A partir del énfasis en una política exterior que rompe con la noción de inserción internacional autónoma, hasta ahora el Gobierno ha representado la continuidad del golpe institucional de 2016 y ha intensificado el regreso de los militares a posiciones gubernamentales clave; la alineación con Washington y otros Gobiernos de derecha en Colombia, Hungría, Israel o Italia; el abandono de una política exterior autónoma en América del Sur; la adopción de narrativas religiosas y mitológicas para interpretar los problemas internacionales contemporáneos como el cambio climático, la migración, la intervención militar y el papel de la ONU; y la construcción de un régimen democrático solamente en la pantalla del televisor.

Para comprender este cambio, introduzco el concepto “dilema de graduación” (Carlos R. S. Milani, Leticia Pinheiro y Maria Regina Soares de Lima, 2017). Las potencias de segundo nivel y no nucleares (como Brasil) enfrentan un dilema cada vez que sus élites tienen que elegir entre un desarrollo autónomo o dependiente; en términos de seguridad, entre band-wagon y balance; cuando se crea una política multilateral, entre alianzas tradicionales y coaliciones innovadoras y flexibles (como el Foro IBSA o el grupo BRICS); en términos geopolíticos y en el campo de la cooperación al desarrollo, entre un énfasis en norte-sur o en las relaciones sur-sur. Para ello, se deben asumir variables como las percepciones, interpretaciones y encuadres de lo internacional por parte de la élite, que no convergen necesariamente con los papeles nacionales y ambiciones internacionales.

La cohesión entre Gobierno y élites (grupos empresariales, sindicatos, medios de comunicación, la Academia y los movimientos sociales) es condición sine qua non para un proceso de graduación exitoso. Una de las grandes fallas de los gobiernos del PT fue descuidar esta dimensión. Por ejemplo, ¿debería Brasil hacer hincapié en las relaciones sur-sur y un orden mundial multipolar en su política exterior (años PT) o apostar por su acercamiento con Occidente bajo la hegemonía estadounidense (política actual)? La opinión pública general y la mayoría de las élites tienden a ser más favorables a la segunda opción. ¿Por qué Brasil debería cooperar con Haití y Guinea-Bissau, cuando todavía hay tantas necesidades a escala nacional? ¿Cuáles son los beneficios de una política exterior de solidaridad sur-sur?

Desde la inauguración de la república en 1889, los brasileños han estado expuestos a una tradición autoritaria y a una política exterior centrada en la cooperación con los países occidentales. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la democracia prosperó hasta que en 1964 fue interrumpida por un golpe militar. Tanto en 1964 como en 2016, las élites pusieron en riesgo la democracia para no lidiar con reformas estructurales, políticas sociales y los drásticos niveles de desigualdad. Vincular las variables internas con los desafíos regionales y globales es una herramienta analítica clave para abordar el «dilema de la graduación» como una contribución conceptual para comprender lo que está pasando en Brasil.

¿Cuál es la relación entre el dilema de la graduación y el sofá? El golpe ha sido históricamente la alternativa elegida por las élites para evitar los dilemas que el sofá puede causar en la graduación del sujeto. El dilema en el caso de Brasil está vinculado a una crisis de identidad, y parece que las élites temen los posibles efectos transformadores del sofá. Cuando los brasileños blancos se encuentran en el extranjero y se les pregunta «¿cuál es su origen?», generalmente responden: «Soy de origen alemán (o italiano, japonés, eslavo, español o portugués)». Esta  es una de las marcas de identidad brasileñas, aunque genéticamente casi todos son africanos y amerindios.

Otra autoimagen reconstruida a través del sofá implicaría aceptar a Brasil como una nación “arcoíris” y, así, renunciar al poder que niega el pluralismo en la sociedad. Sin embargo, el escenario actual muestra que la riqueza histórica, cultural y religiosa de siglos de formación nacional debe dar paso a un proyecto neoconservador cuya viabilidad dependerá tanto del apoyo nacional como internacional.

Ante el rechazo a enfrentar los desafíos del sofá, una posible situación podría ser la necesidad de Brasil de redefinir su pertenencia al grupo BRICS. ¿Se retirará Brasil de los BRICS al suspender su participación en Unasur? Algunos ministros de Bolsonaro ya han expresado que los BRICS deberían apartarse de la geopolítica y centrarse en la inversión y el comercio, pero ¿cómo afectará esto al grupo? ¿Cómo evaluarán China y Rusia tal cambio? Otra posibilidad sería un cambio del propio BRICS. Si Brasil ya no encaja, ¿Turquía podría transformar los BRICS en TRICS? En el futuro cercano iremos viendo si finalmente se confirman estas transformaciones en la geopolítica y la economía política del mundo.

Las leyes no son todo: el déficit de mujeres en la política

Cidade do México - México, 27/05/2015.Presidenta Dilma Rousseff, durante Sessão solene da Comissão Permanente do Congresso da União em homenagem à Presidenta da República. Foto: Roberto Stuckert Filho/PR

Uno de los principales déficits de las democracias de América Latina es la minoritaria presencia de mujeres en las distintas arenas de toma de decisión política. Si bien lo dicho no hace sino reproducir lo que ocurre en otros espacios, como los cargos de dirección empresarial o las plazas de docencia e investigación universitaria, la escasa participación femenina en cargos públicos llama a un debate más profundo del que, en ocasiones, se suele producir. Aunque la reforma institucional, reflejada en leyes de cuotas o de paridad, es clave, la discusión no puede iniciar y terminar allí. Hay pasos más profundos para reducir las asimetrías citadas, y en esa dirección podrían orientarse las agendas que la investigación científica ha creado, las reformas de políticas públicas y las demandas de las organizaciones cívicas que defienden los derechos de las mujeres.

En efecto, existe evidencia empírica que da cuenta de que los distintos mecanismos de acción afirmativa no son suficientes. En primer lugar, incluso en países en los que las leyes de cuotas o de paridad han alcanzado mayor desarrollo, como Argentina o Ecuador, hay un punto de inflexión a partir del hecho de que la presencia de mujeres en las legislaturas no avanza. La única forma de resolver este estancamiento, desde lo institucional, sería establecer una norma que disponga poner en el primer lugar de las listas a candidatas. Aunque, aparentemente, esta salida es la más eficaz para enfrentar el problema, tensiona seriamente mediante principios elementales de la democracia moderna. Por ello, quizás el desafío, hoy por hoy, no tiene que ver solo con el incremento en el número de legisladoras, sino también con la mejora en la calidad de la representación de los intereses de las mujeres. Aunque en dicha dimensión las actitudes machistas vuelven a ser una traba enorme, las salidas ya no están prioritariamente en el nivel institucional, sino que desbordan a otras aristas de la vida política.

Si quienes designan candidatos son hombres, difícilmente la presencia de mujeres en política presentará mejores resultados»

La democratización interna de los partidos políticos, en el sentido de mejorar el acceso de mujeres a cargos de decisión, es una de esas aristas. Solamente cuando la presencia femenina mejore en dicha dimensión, la cantidad de legisladoras superará el umbral que ahora se evidencia. Solamente cuando dicho paso sea efectivo, la calidad de la representación de las mujeres en las legislaturas irá en aumento. Basta una ligera revisión de las agrupaciones políticas de América Latina y sus dirigentes para evidenciar que las secretarías ejecutivas o direcciones nacionales son espacios esencialmente masculinos. Luego, si quienes designan candidatos son hombres, difícilmente la presencia de mujeres en política presentará mejores resultados. Aunque en esta parte se podría argumentar que una respuesta al problema está en la modificación del diseño institucional que atañe a la vida interna de los partidos, en el fondo, la posibilidad del cambio tiene que ver con una reforma estructural, educativa y cultural, en la que lo normativo podría incluso pasar a segundo plano.

A lo dicho hay que agregar que la mayor presencia femenina en cargos clave en los partidos políticos no solo fomentará la reducción de asimetrías cuantitativas y cualitativas en la arena legislativa, sino también el incremento de mujeres en otros espacios de toma de decisión política. Un ejemplo lo constituyen las alcaldías o gobernaciones municipales, en las que las leyes de cuotas o paridad no aplican por tratarse de cargos uninominales. Al respecto, resulta alarmante no solo que el porcentaje de alcaldesas latinoamericanas no supere el 20%, sino que también su participación se concentre en ciudades de menor densidad poblacional. Otro buen ejemplo está en los gabinetes ministeriales y las altas cortes de justicia, pues son espacios en los que la designación no está mediada por la elección universal, sino por la decisión política de las élites. Al respecto, la evidencia empírica hallada da cuenta de que en la gran mayoría de los países de América Latina la presencia de ministras o juezas supremas/constitucionales no solo es mínima, sino que está concentrada en ministerios o campos jurisdiccionales de menor impacto político.

Si bien las reformas institucionales son importantes para reducir las asimetrías en la representación política de mujeres y hombres en América Latina, circunscribir la discusión a dicho espacio corre el riesgo de estancar el debate y la consecución de resultados óptimos. Tanto la designación de mujeres en el primer sitial para elecciones plurinominales como la inclusión de candidatas para los cargos uninominales tiene que ver con un cambio estructural en la concepción de la política y de quienes deciden en los partidos políticos. En ese espacio, precisamente, es donde la región ha avanzado menos. Si quienes designan candidatos o inciden sobre la designación de ministros o jueces siguen siendo prioritariamente hombres, las probabilidades de que en esos espacios contemos con más mujeres descienden considerablemente.

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Las leyes no son todo. Sin embargo, mientras el foco de atención continúe solo en esa dimensión, el déficit cuantitativo y cualitativo de representación de mujeres en la política latinoamericana seguirá siendo una de las grandes deudas del régimen democrático.


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El Amazonas, en peligro

Durante las últimas semanas han salido a la luz datos que deberían ser más que preocupantes para todos los latinoamericanos. Y es que estos informes muestran la rapidez con la que estamos arrasando uno de nuestros tesoros más valiosos: la selva amazónica. Según datos satelitales, manejados por MAAP, de la Organización Amazon Conservation, se han deforestado en los últimos 17 años más de 4,2 millones de hectáreas en la región amazónica (sin incluir Bolivia), y los últimos años han sido particularmente duros. Esto demuestra que los países “amazónicos” (Brasil, Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia, Venezuela y las Guayanas) se encuentran lejos de alcanzar sus propios compromisos de frenar la deforestación, como señala el Reporte de la iniciativa The Dialogue: Neraing the Tipping Point: Drivers of Deforestation in the Amazon Region.

La deforestación del Amazonas, el famoso “pulmón” del planeta, el mayor bosque tropical lluvioso del mundo, se explica, como es de esperar, por el crecimiento demográfico y económico que requiere cada vez más recursos naturales. La agricultura, en especial la extensiva en tierra, que desafortunadamente es la que ha caracterizado a nuestro continente, es la principal responsable de que el Amazonas mengüe sin parar.

Pero detrás de la acelerada deforestación de los últimos años de nuestra mayor y más preciosa selva, también se encuentran factores de la coyuntura sociopolítica de nuestro continente. Según el artículo How to save the Amazon rain forest, publicado en el New York Times, un ejemplo del desastre es Colombia, donde varias de sus regiones muestran los mayores niveles de deforestación reciente.

De acuerdo a los datos satelitales, la deforestación en el país se ha triplicado desde 2015 y se concentra en zonas que hasta hace poco tiempo estaban en manos de las FARC. Con la “liberación” de dichas zonas, la agricultura y la extracción ilegal maderera se han disparado, lo que representa una consecuencia del proceso de paz en el segundo país con mayor biodiversidad del mundo.

Con Bolsonaro en el poder, la protección medioambiental ha pasado a un segundo plano»

Brasil es el país con mayor diversidad, precisamente debido a su mayor área amazónica. Por infortunio, con Bolsonaro en el poder, la protección medioambiental ha pasado a un segundo plano, y el país parece despreciar lo que es su mayor activo. Ante las alarmas recientes de deforestación, el presidente nacional-populista ha recurrido, al igual que Donald Trump, a la negación y a las acusaciones de falsedad, una de las estrategias más poderosas de nuestro tiempo.

La realidad es que la acelerada deforestación del Amazonas es una catástrofe en toda regla. Como advierte el reporte previamente mencionado, la destrucción de los bosques lluviosos no es lineal. Al generar casi la mitad de su propia humedad, la selva amazónica requiere un tamaño mínimo. Sin embargo, la desaparición de los bosques está alcanzando un punto de inflexión a partir del cual la selva podría empezar a colapsar en sí misma por la falta de capacidad para mantener su humedad.

De esta manera, se pondría en peligro a al menos 30 millones de personas de más de 400 etnias que tienen lenguas y cultura propia y un escaso o nulo contacto con el resto de la civilización, lo que condenaría a estas culturas al olvido. Además, la destrucción de dicho ecosistema, donde habitan al menos el 10% de las especies animales y vegetales conocidas de la Tierra (pueden llegar a ser el 30% según varios expertos), está haciendo peligrar a una gran multitud de especies.

El problema es de tal magnitud que, partiendo de algunos expertos, hemos llevado la tasa de extinción de especies a los niveles más altos que se han registrado en la historia del planeta. Así, vivimos actualmente la sexta extinción masiva, la cual tiene altas probabilidades de convertirse en la peor. Y si la situación no fuera lo suficientemente grave, con la deforestación de las selvas tropicales (deforestación que contribuye hasta un 25%, debido a las emisiones de gases de efecto invernadero) también estamos disminuyendo nuestras ya escasas oportunidades de hacer frente al calentamiento global, la mayor (y si no hacemos nada, tal vez la última) amenaza que afrontamos como humanidad.

Lo que queda claro es que nuestras decisiones, tanto como consumidores como votantes, tienen más repercusión de la que creemos. Proteger nuestro futuro y el de las demás especies debería ser una de nuestras prioridades y un argumento suficiente para replantearnos el devenir político de nuestra región. 

El caso Assange

En junio de 2012, ingresó a la Embajada ecuatoriana, de Londres, un Julian Assange envuelto en un halo de heroicidad como la persona que destapó información secreta de los Estados Unidos. En esta se mostraban violaciones de los derechos humanos y de la libre determinación de los pueblos, las cuales fueron perpetradas mediante operaciones militares o de manejo diplomático.

Siete años más tarde, el ciberactivista, golpeado física y psicológicamente por el largo encierro, enfrenta condiciones más difíciles que las que forzaron su solicitud de asilo. Cumple prisión por haber violado la libertad condicional en el Reino Unido, y Estados Unidos pide su extradición, pues es acusado de diecisiete delitos contra la seguridad. Estos podrían significar penas de prisión que rebasan de largo su expectativa de vida.

Pero el deterioro de Assange no se reduce solamente a su salud o a su condición legal, sino que también se refiere, en lo fundamental, al eclipsamiento de su imagen inicial, la del hacker en búsqueda de transparencia frente a los ocultamientos del poder y su sustitución por el activista que realiza operaciones de incidencia política (esto, en una trasnochada recuperación de las lógicas de enfrentamiento propias de la guerra fría).

¿Cómo explicar la metamorfosis de Assange, quien pasó de ser baluarte de la libertad de información y expresión a promotor de la posverdad?»

Assange y Wikileaks irrumpieron en la escena mediática del mundo mediante el surgimiento de una nueva plataforma para la sociopolítica planetaria que antes no existía: la del enfrentamiento entre tecnología y soberanismos. La aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación planteaba la posibilidad de un acceso directo a fuentes de información que antes estaban blindadas o protegidas por las soberanías estatales nacionales; la tecnología podía ponerse al servicio de los derechos humanos, muchas veces «sacrificados» por las necesidades de la «razón de Estado».

¿Cómo explicar la metamorfosis de Assange, quien pasó de ser baluarte de la libertad de información y expresión a promotor de la posverdad, que utiliza la información resultante de sus operaciones de hackeo para desestabilizar regímenes e interferir en asuntos internos de otros Estados, como lo hizo en el conflicto catalán, impulsando la idea del independentismo, o alineándose con los servicios secretos rusos en su ataque a la candidatura demócrata de Hillary Clinton? ¿O su coincidencia, por no decir identificación, con la estrategia geopolítica de Vladímir Putin, dentro de lo que fue la estrambótica relación con el régimen de Rafael Correa, quien lo alojó o recluyó, como quiera vérsele, en la Embajada ecuatoriana de Londres?

Assange no es un espía que está al servicio de un Estado enemigo, como seguramente quiso verlo Correa, sino la materialización de la capacidad de interpenetración ofrecida por las actuales tecnologías de información. Su presencia expresa las nuevas lógicas de la política contemporánea: un filtrador de información cuya motivación responde a la percepción de que las libertades de los ciudadanos han sido o pueden ser violadas, pero también de quien usa la información con fines contrarios a la transparencia informativa y a la defensa de derechos.

El caso Assange, como en su momento el caso Snowden, advierte sobre la contingencia y vulnerabilidad en la que se reproducen las sociedades contemporáneas, una complejidad que exige conceptos y aprestamientos institucionales que vayan más allá de explicar el fenómeno como operación de espionaje a la integridad de los Estados. En el periodismo puede ser legítimo el uso de filtraciones para poner a disposición de la ciudadanía aquella información que sea sobre la conducta de sus Gobiernos, cuando estos la ocultan a nombre de la seguridad nacional. La defensa de Assange de que estaba actuando como periodista, cuando descubrió y expuso información militar y diplomática, pone en juego en este caso, efectivamente, los temas de la libertad de expresión y del oficio del periodismo. Conviene al interés público acceder a información relevante que evidencie violación de derechos o exponga a actores públicos y privados en casos de corrupción, aunque los procedimientos utilizados puedan presentar desafíos éticos al ejercicio de la carrera.

Sin embargo, no solo los Estados son blanco del escrutinio informático. La realidad de los individuos está construida cada vez más sobre la circulación de informaciones, lo que les vuelve vulnerables a la observación de su privacidad por parte de los Estados o de otros poderes discrecionales. Las tecnologías de la información evolucionan a pasos agigantados; procesan una masa de información cada vez mayor, lo que conduce a identificar tendencias de conducta de los ciudadanos, sobre las cuales se puede incidir después, reforzando la conducción (manipulación) de preferencias en los ámbitos del mercado, pero también de la política y de la configuración de valores y de significaciones sociales.

Mas allá de la imagen de Assange como el Robbin Hood de la nueva era comunicacional-tecnológica, el caso evidencia la presencia de nuevos actores y nuevas lógicas de incidencia política que giran en torno a las tecnologías de la comunicación, a su utilización para condicionar conductas y comportamientos políticos, pero, sobre todo, a su capacidad potencial de romper toda barrera que quiera interponerse para resguardar la información con la que se reproducen las lógicas del poder.


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