Bukele: El voto por miedo a la revancha

“¡Bukele, Bukele, Bukele!” se escucha a una sola voz bajo el balcón del Palacio Nacional en el que Nayib ofrece un discurso de victoria. Es la primera vez, después de ocho décadas, desde que el General Maximiliano Hernández Martínez prolongara su mandato por 13 años. Junto a su esposa, Gabriela de Bukele, Nayib repite una y otra vez que el pueblo salvadoreño permitirá seguir ganando la guerra contra las pandillas gracias al voto emitido en los comicios “democráticos” celebrados el 4 de febrero.

Nayib Bukele se ha autoproclamado ganador. Hasta ese momento el Tribunal Supremo Electoral (TSE) solo había escrutado el 22% de las actas, pero el candidato por Nuevas Ideas (N) ya se había apoderado del Órgano Ejecutivo y de 58 escaños de 60 en la Asamblea Legislativa, obteniendo así la mayoría de las diputaciones.

Democracia: palabra caprichosa que según los griegos significa “el poder del pueblo” y de acuerdo con Nayib también. El candidato afirmó en su discurso que en “la historia del mundo, desde que existe la democracia, nunca un proyecto había ganado con la cantidad de votos que N lo ha hecho en plena libertad y democracia”. Hasta este 5 de febrero, el TSE no había acabado el conteo de votos, pero la victoria sigue intacta y en redes sociales el candidato reelecto ya ha recibido múltiples felicitaciones a través de X (antes Twitter).  

Sin embargo, la democracia a estas alturas en El Salvador ya no puede ser entendida con su significado original, es decir como un sistema a través del cual existen contrapesos que permitan opiniones diferentes a las del gobierno de turno y ahora reelecto. Esta vez, con mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa, se ha eliminado definitivamente la separación de poderes. Pero la población no es consciente de ello. La encuesta preelectoral del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) arrojó que el 68% de la población no está de acuerdo con que un presidente concentre todos los órganos del Estado, pero el 70% se mostró de acuerdo con la reelección presidencial.

El camino a la reelección se ha venido trazando paulatinamente, desde la imposición de nuevos magistrados hasta una serie de reformas electorales como la reducción de 84 a 60 parlamentarios y la disminución de municipios de 244 a 44, las cuales tenían una sola finalidad: borrar del colectivo ciudadano a la oposición. Es así, como poco a poco se ha ido desdibujando la presencia de los partidos de oposición, tarea que no ha sido muy difícil para el oficialismo y en estas elecciones ha quedado demostrado que la oposición en El Salvador no se ha unificado y está a punto de extinguirse.

Unos comicios irregulares

Ha sido una jornada electoral larga y llena de irregularidades. 24 horas después, El Salvador sigue sin datos oficiales en su totalidad acerca de los ganadores de estos comicios. A la hora en la que Nayib se proclamaba vencedor con un 85%, las cifras no cuadraban con los escrutinios realizados hasta ese momento por el TSE. Antes de las 19 horas, Nayib había publicado en X: “De acuerdo con nuestros números hemos ganado la elección presidencial con más del 85 % de los votos y un mínimo de 58 de 60 diputados de la Asamblea”.

Pese a todo, el día de la elección, esta no fue la única irregularidad. A la mitad del día el candidato a la presidencia por N interrumpió el silencio obligatorio y, con el uso de recursos estatales, ofreció una conferencia dedicada a atacar a los medios de comunicación nacionales e internacionales, así como a repetir nuevamente que el voto de los salvadoreños era necesario para no perder ni un solo escaño en la Asamblea Legislativa. De ser así, según el mandatario, la oposición liberaría a los pandilleros y podría haber una revancha. Este fue el discurso acordado en conjunto con los diputados del mismo partido que dieron entrevistas en los diferentes medios.

Pero esta campaña de miedo no se quedó solo en discursos. A pesar de que el Código Electoral impide propaganda tres días antes de los comicios, en cada bloque informativo, en televisión nacional y en transmisión en vivo, aparecía repetidamente publicidad del Gobierno de El Salvador con una voz en off diciendo, “El Salvador es nuestro”. El anuncio invitaba a la población a votar para no regresar al pasado, “un pasado al que nadie quiere volver” donde las personas estaban encerradas en sus casas y no los pandilleros. La única manera de mantener a los pandilleros encarcelados era a través de la reelección presidencial y mayoría legislativa.

La gente tiene miedo. Fue así como Nayib y sus diputados enarbolaron una y otra vez el régimen de excepción y la seguridad ciudadana a lo largo de esta jornada electoral, con frases cortas en un discurso que buscaba alimentar la sensibilidad de la población e impregnarse en el inconsciente popular. El alegato en contraposición de los derechos humanos de la gente de bien contra los de los pandilleros ha servido de incentivo a la población para ir a votar, no solo por cumplir con el deber ciudadano, sino, por miedo a una revancha pandillera.

Este ha sido un día de primeras veces. Fue la primera vez que en las papeletas aparecía el rostro de los candidatos presidenciales y también fue la primera vez, en la historia reciente del país, que se vive una escasez de información referente al conteo de votos. A las 22:22 horas del 4 de febrero, la página de la única institución que podía garantizar un proceso electoral transparente y democrático dejó de actualizar su información: el sistema falló.

Pero, en estas elecciones, éste no ha sido el único fallo; falló la oposición por falta de fondos provenientes de la deuda política y el TSE cuando aceptó una candidatura en contra de la constitución. En el escrutinio final, el TSE decidió a última hora del 5 de febrero que, para el conteo de votos para la elección de diputados, abrirán la totalidad de los paquetes electorales para realizar el conteo papeleta por papeleta.Al final del día, en la plaza Gerardo Barrios de El Salvador, Nayib terminaba su discurso jactándose de haber acabado con las pandillas en su mandato anterior y garantizando al pueblo salvadoreño que los pandilleros no van a salir libres: “gracias a Dios, El Salvador pasó de ser el país más inseguro al más seguro del continente occidental”, pero “estos próximos cinco años, esperen a ver lo que vamos a hacer”. El discurso finaliza con un beso a su mujer y comienzan los fuegos artificiales al ritmo de It’s the end of the Word as we know it  (es el fin del mundo tal como lo conocemos) del grupo R.E.M.

Rafael Correa: «No conozco un caso de un país que haya sido destruido tan profundamente en apenas 7 años»

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Rafael Correa fue presidente de Ecuador durante tres mandatos sucesivos (2007-2017). Este economista y Doctor en filosofía sigue presente en la política de su país a pesar de su auto exilio en Bélgica y una condena en 2020 a ocho años de cárcel por corrupción.

Oscar Arias: «No se puede pretender ser presidente basado en las encuestas para ver qué es lo que quiere la gente»

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Óscar Arias ejerció la presidencia de Costa Rica entre 1986-1990 y 2006-2010 y recibió el Premio Nobel de la Paz en 1987 por participar en los procesos de paz en los conflictos armados de América Central de los años ochenta.

El desaliento político de los jóvenes mexicanos

A quien disfruta del fútbol, seguramente le resultará familiar esta situación: su equipo favorito está jugando de manera sobresaliente, domina el partido, pero cerca del final, el equipo contrario anota un gol y se lleva la victoria. Es muy irritante, ya que durante la mayor parte del encuentro sólo hacía falta anotar un gol para ganar. Y es que en algún momento hace muchos años se establecieron las reglas del fútbol, acordando que el equipo que anotara más goles sería el ganador, no necesariamente el que hiciera menos faltas, jugara mejor o tuviera más pases acertados. Para ganar, hay que hacer más goles que el equipo rival.

Del mismo modo, en la democracia representativa las reglas para elegir a nuestros gobernantes son claras: cada persona tiene un voto que cuenta de manera igualitaria. El candidato que obtenga la mayor cantidad de votos gana, independientemente de la edad, educación o ingresos de los votantes. Sabemos que este sistema no es perfecto, pero como señaló Churchill, «la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado».

Esta realidad lleva a muchos candidatos a puestos de elección a recurrir a estrategias populistas para ganar simpatizantes y votos. Frecuentemente, emplean mensajes que van desde lo cómico hasta lo inquietante, criticando a sus oponentes sin proporcionar una diferencia clara en propuestas concretas. Esta falta de claridad dificulta que la sociedad evalúe adecuadamente a los candidatos.

Como los jóvenes son usuarios activos de las nuevas redes socio digitales como TikTok, los políticos moldean sus mensajes para comunicarlos de una manera más informal a través de estas plataformas: hacen bromas, cantan, bailan y en general buscan captar la atención de este segmento y darse a conocer utilizando un tono entretenido. Sin embargo, es importante que tras la primera impresión, los jóvenes formen sus propias opiniones respecto a las propuestas de los candidatos y busquen fuentes de información confiables.

Diferentes fuentes de información, sean formales y sistemáticas como encuestas o informales y circunstanciales como comentarios en redes sociales o el boca-a-boca en círculos restrictos apuntan un problema de desaliento político-electoral entre los jóvenes. De hecho, son los jóvenes más privilegiados, en términos de educación, quienes más exhiben preocupación con la disminución de la participación ciudadana de su generación en la esfera política, más específicamente, en las elecciones. Persiste la sensación de que su voz no es escuchada en la política mexicana y consideran que faltan candidatos que los representen realmente. Y no es que no haya candidatos o políticos jóvenes, sino que no se identifican con ellos.

Las estadísticas revelan que, en las próximas elecciones de México de este año, los electores menores a 30 años representarán un considerable 27% del electorado. El interés de estos en la política es bajo y les resulta difícil encontrar mecanismos efectivos para ser escuchados. A estos jóvenes les preocupa que la realidad no cambie y los altos niveles de corrupción a pesar de los movimientos de poder partidistas. Algunos, desmotivados, consideran cancelar su voto, mientras que otros planean no participar en absoluto.

En todas las sociedades, los jóvenes son el motor del cambio social y la catapulta de nuevas ideas, así como el factótum de insatisfacción que lleva –por ejemplo- a exigir que se cumplan las expectativas depositadas en los gobernantes y a liderar la demanda de soluciones a sus problemas. Sin embargo, los estudios de opinión convalidan una percepción generalizada de que la política se ha vuelto un «gran negocio» lo cual alimenta la desconfianza y el alejamiento apático.

De hecho, uno de los temas preocupantes es la difundida creencia entre los jóvenes mexicanos que su voto no impactará significativamente en los resultados y en el futuro político nacional. Una de las interpretaciones para explicar dicho fenómeno es que las encuestas de preferencia electoral ayudarían a generar una percepción de triunfo distinta a sus preferencias, lo que les desanimaría a salir a votar.

La teoría de la «espiral del silencio» puede explicar este fenómeno: si percibimos que nuestra opinión no es compartida por la mayoría se puede dar una autocensura que incentiva a evitar la expresión de opiniones divergentes por miedo al aislamiento social. Y esta es una problemática al que se enfrentan las encuestas de opinión pública, en especial las de preferencias electorales. Ello produce una distorsión de la opinión que se mide, especie de profecía autocumplida ya que se fabrican opiniones en la dirección mayoritaria, aumentando la sensación de alienación y desaliento.

Esa paradoja es especialmente aguda entre los jóvenes universitarios. Son ellos quienes asumirán la responsabilidad social y el liderazgo cultural, político y empresarial al finalizar sus estudios, al mismo tiempo son los más propensos a expresar su desmotivación y preocupación con ello sin capacidad de reacción en la práctica. Parece difícil sensibilizar a los jóvenes de que participar activamente con el voto más allá del triunfo o no genera señales hacia el poder. Algo parecido ocurre con el desafío diario de ejercer el diálogo entre segmentos sociales, motor propulsor del interés en la política, superando la instancia eventual de la convocatoria a las urnas.

Como en la analogía del fútbol, los jóvenes quieren salir campeones del partido salteándose el esfuerzo y sacrificio que exigen los goles. Asimilar y aprender en la práctica las reglas de juego es un buen comienzo.

37 venezolanos cruzaron el Darién cada hora en 2023 

La venezolana Carolina Jiménez, quien preside la no gubernamental Oficina en Washington para América Latina (WOLA, por sus siglas en inglés), ha recalcado el siguiente dato: el 1% de la población total de Venezuela cruzó por la selva del Darién en 2023. Desgranando las cifras oficiales de Panamá, otro número resulta igualmente impactante: durante cada hora del año pasado 37 venezolanos en promedio fueron contabilizados al superar este peligroso e inhóspito corredor migratorio.

De acuerdo con las cifras oficiales de las autoridades de Panamá, en 2020 apenas 8.594 migrantes cruzaron la selva que separa el país y Colombia. Al año siguiente el fenómeno se multiplicó y alcanzó las 133.726 personas, en 2022 fueron 248.283 y un año más tarde, en 2023, la cifra, de por sí reveladora de una crisis de envergadura, sencillamente se duplicó para totalizar 520.085.

328.667 venezolanos, 57.222 ecuatorianos, 46.558 haitianos y 25.344 chinos constituyeron “las nacionalidades más recurrentes en cruzar” durante el año pasado, de acuerdo con el ministerio de Seguridad Pública panameño.

Jiménez ha llamado la atención, en particular, sobre el éxodo masivo que se está registrando desde Venezuela, en respuesta a la crisis humanitaria –profundizada en 2023– y a la falta de salidas democráticas en medio de lo que analistas estiman ha sido un proceso de estabilización de la dictadura de Nicolás Maduro.

Las encuestas revelan que los venezolanos no solo tienen problemas serios a la hora de acceder a servicios básicos, así como una situación de insatisfacción en materia de salud y alimentación, sino que también se ha extendido la desesperanza por la falta de perspectivas de cambio.

Para Jiménez resulta escandaloso que el 63% del total de migrantes que atravesaron a pie el Darién en 2023 hayan sido venezolanos. Estos 328.667 venezolanos representan, además, el 1% del total de la población de Venezuela.

“Veamos la magnitud del dato: algo más del 1% de toda la población de Venezuela cruzó una selva inhóspita en un año. Se trata de una migración forzada. Qué tragedia”, comentó la presidenta de WOLA, conocida activista de derechos humanos.

Esta cifra total de venezolanos que cruzaron por el Darién en 2023 se traduce también en 900 cruces mensuales y 37 cada día. Si el flujo migratorio fuese un paso continuado de personas, podríamos establecer que cada 110 minutos del año pasado un ciudadano oriundo de Venezuela fue registrado por las autoridades de Panamá al salir de la selva del Darién.

No todos los que cruzan por el Darién han salido de Venezuela en tiempos recientes. Con la migración masiva de venezolanos se está generando también un proceso de re-migración. Se trata de migrantes que, estando ya fuera de Venezuela, deciden trasladarse a otro país, en algunos casos pasando por su nación natal solamente de visita, como lo hemos observado de manera directa en diversos casos. La ausencia de datos de entradas y salidas por parte del gobierno de Venezuela añade niveles de dificultad para determinar lo que está ocurriendo realmente. 

Si nos guiamos por las cifras que ofrece la plataforma R4V, que reúne los esfuerzos de dos agencias especializada de Naciones Unidas, ACNUR y OIM, en agosto de 2023 sumaban 7,71 millones los venezolanos que habían emigrado masivamente de su país, un fenómeno que comenzó a registrarse de manera significativa en 2015. En su gran mayoría (6,53 millones) están radicados en países de América Latina y el Caribe.

La última cifra de 2023 por parte de R4V, del 30 de noviembre, prácticamente ofrecía cifras muy similares a las de agosto. ¿De qué manera podemos interpretar eso? Desde mi punto de vista, se está produciendo una movilización de migrantes que ya estaban fuera de Venezuela hacia un tercer país y cuya apuesta en muchos casos es llegar a Estados Unidos; por otro lado, están en movimiento literalmente flujos de migrantes, lo cual genera dificultades para contarlos y documentarlos.

Junto a la salida terrestre que años atrás se registraba de los “caminantes venezolanos” hacia Colombia y países andinos y del Cono Sur, en 2023 el destino cambió: estaba primero Panamá, Centroamérica y México para intentar cruzar a Estados Unidos. Asimismo, tuvo lugar una salida aérea significativa pero no contabilizada hacia España y Estados Unidos (tanto beneficiarios del Parole Humanitario como con visa de turistas pero con la intención de quedarse).

WOLA, así como diversas organizaciones internacionales y nacionales, insiste en sus llamados a los gobiernos de todo el continente para que implementen medidas de protección de derechos humanos de personas migrantes en la región.

“Hay múltiples factores interconectados, que van desde el acceso limitado a los derechos fundamentales y los servicios esenciales hasta el impacto de la violencia y la inseguridad, que siguen empujando a las personas a situaciones de desplazamiento”, afirmó José Samaniego, director de la Agencia de la ONU para los Refugiados en las Américas, al evaluar lo que rodea al enorme tránsito migratorio a través del Darién.

De acuerdo con un reporte de Crisis Group difundido a finales de 2023, las ganancias ilícitas se han disparado a medida que aumenta el flujo de migrantes, y gran parte del dinero va a parar al crimen organizado, que ha encontrado una actividad muy lucrativa en el tráfico de estas personas. El fortalecimiento de redes criminales tanto en el Darién como del lado colombiano, usualmente vinculadas al tráfico ilícito de drogas, le añade un nivel de complejidad a la situación.

Según las estimaciones que hizo Crisis Group, los grupos criminales que controlan tanto el tránsito humano como de droga por el Darién reciben entre 50 y 80 dólares por cada migrante. El control de este negocio ilícito está en manos de Los Gaitanistas, también conocidos como Clan del Golfo, que, como señala InSight Crime, nacieron de las cenizas del movimiento paramilitar colombiano y se convirtieron en una fuerza criminal con alcance nacional dentro de Colombia con amplias ramificaciones en el Darién.

Los Gaitanistas, según la documentación del think tank, no participan directamente en el traslado de migrantes, pero cobran porcentaje de los ingresos obtenidos por los coyotes y otros proveedores de servicios, como empresas de transporte y alojamientos.

La combinación de un flujo masivo de migrantes, la falta de consenso entre los gobiernos de la región junto a la mirada impasible de las autoridades, y esta presencia criminal organizada, entre otros elementos, han terminado por convertir a la selva del Darién en una especie de nudo gordiano.

¿Cuáles son las perspectivas económicas para América Latina?

Martin Wolf, prestigioso analista del Financial Times, desplegó recientemente un mapa de cinco puntos para situarse en la economía global de 2024: demografía, cambio climático, avance tecnológico, difusión del know-how y crecimiento (económico) propiamente dicho. Como veremos a continuación, es un mapa que no perfila un 2024 fácil para América Latina.

En cuanto al primer punto, gran parte del mundo –incluida China– se dirige a unas tasas de fertilidad muy por debajo del nivel de reemplazo, cifrado en 2,1 hijos por mujer. No así el África subsahariana, cuyo peso en la población mundial podría dispararse en 10 puntos porcentuales hacia 2060.

El cambio climático supone un fenómeno global. Pero la clave no está exclusivamente en la reducción de emisiones que afectan a todo el planeta, sino en gran medida en la inversión que cada país realice para adaptarse a las nuevas condiciones.

En el ámbito tecnológico destacan el procesamiento de información, las comunicaciones y la inteligencia artificial. Este terreno tiene numerosas ramificaciones: desde la vertiente estrictamente económica hasta la seguridad nacional, pasando por la creación y difusión de conocimiento y los desafíos jurídicos.

En cuanto a la difusión del know-how, Wolf destaca la capacidad de ciertas regiones en desarrollo para absorber, utilizar y expandir conocimiento. Se refiere al este, sudeste y sur de Asia, y augura que esta tendencia continuará y traerá consecuencias geopolíticas de gran magnitud.

Finalmente, Wolf señala que el crecimiento global de la economía durante el presente lustro es el menor desde los años 1990s. No se trata de estancamiento ni de recesión, pero el crecimiento es escaso y desigual, afectando negativamente a gran parte del mundo en desarrollo.

Las descritas por Wolf son tendencias globales. ¿Qué hay para América Latina?

Siguiendo el mapa del británico, comencemos por la demografía. La misma semana que Wolf destacaba su relevancia económica, The Economist señalaba el rápido declive en las tasas de natalidad latinoamericanas, y los problemas que trae aparejados al combinarse con el aumento en la esperanza de vida y las altas tasas de emigración, mayormente de personas en edad laboral. Destacan dos problemas: la dificultad para pagar las pensiones y para sostener el sistema de salud. Y destacan los países más grandes –Brasil, México, Argentina–, pero también algunos pequeños, como El Salvador.

Algunos –Brasil, Uruguay y Costa Rica– ya han comenzado a aumentar la edad de jubilación. Pero numerosos desafíos persisten: el trabajo informal, el abandono escolar, la baja productividad, las dificultades para atraer mano de obra inmigrante y para aumentar la presencia de la mujer en el mercado laboral.

En segundo lugar, las emisiones asociadas al cambio climático son proporcionalmente bajas en América Latina. Frente al 29% de China, el 11% de Estados Unidos o el 7% de India, Brasil emite apenas el 2,44% de los gases de efecto invernadero del mundo, México el 1,52%, Argentina el 0,71% (2023 Report, Emissions Database for Global Atmospheric Research, Comisión Europea). Sin embargo, las consecuencias del cambio climático no respetan esas proporciones nacionales.

La clave de la resiliencia está en la adaptación. CaixaBank Research publicó –la misma semana que Wolf y The Economist­– un estudio sobre el impacto del cambio climático en el turismo en España. Sus conclusiones son diáfanas: se requieren estrategias de adaptación a un futuro con temperaturas más extremas. Infraestructuras resistentes al clima, experiencias turísticas adaptadas a las nuevas preferencias de los turistas, o “prácticas sostenibles que ayuden a reducir la contribución del sector turístico al calentamiento global”. Del mismo modo, es imprescindible que en América Latina se estudien los efectos del cambio climático sobre cada sector económico para abordar las correspondientes estrategias de adaptación.

Respecto del avance tecnológico, América Latina se sitúa en la retaguardia. En inteligencia artificial, por ejemplo, aporta el 2,66% de las publicaciones en revistas especializadas a nivel mundial, el 3,07% de publicaciones de congresos y el 1,8% de publicaciones en repositorios (Artificial Intelligence Index Report 2023, Universidad de Stanford). Por otro lado, el Financial Times informaba el 23 de enero de un cambio de tendencia en las inversiones chinas en la región para centrarse en las “industrias del futuro”. Si la Unión Europea –a través de su programa Global Gateway– o Estados Unidos aspiran a competir con la potencia asiática, deberán seguir un camino similar. Indudablemente, ninguno transferirá a América Latina know-how que le permita competir o prescindir de ellos, pero la región puede establecer condiciones que beneficien al inversor sin apartar por completo al país receptor del acceso a las tecnologías transferidas.

El punto anterior está vinculado a la difusión del know-how a través del mundo. Dos indicadores destacados en este terreno son el registro de patentes y la inversión en I+D como porcentaje del PIB. Según el informe World Intellectual Property Indicators 2023, en 2022 se concedieron 1.823.200 patentes en el mundo. A la cabeza, China, con 798.347 (44%); EEUU, con 323.410 (18%); y Japón, con 201.420 (11%). En América Latina, las cifras más altas corresponden a Brasil, con 23.546 (1%); México, con 9.698 (0,5%); y Chile, con 2.668 (0,1%).

Respecto de la inversión en I+D, mientras Estados Unidos le dedica un 3,5% de su PIB, Japón un 3,3% y China un 2,4%, Brasil invierte un 1,15%, Argentina un 0,5%, Uruguay un 0,47%, y Chile y México un 0,3% (cifras del Banco Mundial).

Para finalizar, el informe Global Economic Prospects (enero 2024) del Banco Mundial augura para la región un crecimiento muy modesto este año: 1,5% para Brasil, 1,8% para Chile y Colombia, 2,5% para Perú, 2,6% para México y 2,7% para Argentina.América Latina no arranca 2024 desde un punto de partida especialmente prometedor. Se requieren medidas urgentes para enderezar ese rumbo. Excepto la demografía, el desempeño en los demás factores depende en gran medida de las relaciones que establezcan los países latinoamericanos entre sí y con otras regiones.

En ese sentido cabe destacar un elemento mencionado por Andrés Oppenheimer: ¿cómo se ha de entender, en este contexto, que sólo los presidentes de Argentina y Colombia hablaran en el Foro de Davos, galería destacada para establecer esos vínculos económicos que América Latina tanto necesita? ¿Cómo interpretar que ni Lula ni López Obrador se tomaran el trabajo de acudir al Foro?

El desafío de predecir el comportamiento del votante

¿Es posible predecir el comportamiento del votante semanas antes de una elección mediante el análisis de su actividad digital? En el vertiginoso mundo de las redes sociales, donde cada publicación, cada tuit, cada historia de Instagram y cada video de TikTok conforman un vasto mar de datos, la respuesta parece inclinarse hacia el sí.

Un estudio reciente para el que se analizaron más de 500 millones de comentarios públicos en redes sociales a lo largo de dos años sugiere esa conclusión. Esta inmensa recopilación de datos se procesó mediante algoritmos avanzados de Procesamiento del Lenguaje Natural (NLP), una tecnología que permite a las máquinas analizar el lenguaje humano. La investigación exploró la relación entre el perfil psicográfico de los usuarios de redes sociales y sus actitudes hacia diversos aspectos como la economía, la salud, la educación, y, por supuesto, los candidatos a las elecciones y su intención de voto.

Los textos escritos por los usuarios de las redes durante la campaña reflejan sus sentimientos e impresiones, entre los que se identifican seis emociones principales: alegría, tristeza, sorpresa, miedo, ira y asco. Esa clasificación se complementa con un análisis de sentimientos categorizados como positivos, negativos y neutros para poder determinar su proyección política. También se organiza la discusión a partir de un resumen de los grandes conjuntos de datos en temas predominantes en las conversaciones online, ofreciendo una visión clara de lo que preocupaba y ocupaba a los usuarios.

Surge así, por ejemplo, que Javier Milei, el candidato vencedor, generó una fuerte empatía en más del 80% de los usuarios de redes sociales, principalmente a través de emociones como el odio y la ira hacia la situación política y económica del país. En contraste, Sergio Massa, el candidato perdedor, transmitía principalmente miedo hacia el futuro, lo que generaba un nivel de empatía más bajo. Este enfoque revela la capacidad de predecir tendencias electorales a través del social listening y el NLP, así como la fuerza con que las emociones pueden moldar la opinión pública.

A partir de esas tendencias y alineamientos emotivos, el estudio concluyó que Javier Milei tenía una probabilidad significativa de convertirse en presidente de Argentina, con una certeza del 89% según los modelos de análisis. Esta conclusión nos habla tanto del poder del big data y la inteligencia artificial como también del surgimiento de nuevas herramientas para auscultar el futuro político más allá de la tradicional encuesta de opinión pública. El estudio también arroja luz sobre la importancia del lado no racional y puramente afectivo o intuitivo de las elecciones, así como de la identificación psicológica con los candidatos. El outsider Milei generó una atracción casi “religiosa” entre los hombres jóvenes, mientras que las personas mayores preferían la estabilidad y previsibilidad ofrecidas por Massa, un político tradicional y convencional.

Mientras que las encuestas pueden capturar preferencias y opiniones, el análisis de los datos de redes sociales ofrece una ventana a las emociones subyacentes y las pasiones que impulsan esas opiniones. Pero estos avances no vienen sin sus propios desafíos y dilemas éticos. La idea de que las opiniones políticas y las inclinaciones de voto puedan ser predichas con precisión mediante algoritmos plantea preguntas sobre la privacidad y el uso de datos personales. La interpretación de los datos recopilados de las redes sociales debe realizarse con cuidado, considerando no solo el contexto y el significado detrás de las palabras, sino también los sesgos potenciales inherentes a los algoritmos y las muestras de datos. De hecho, la nueva tecnología es utilizada por los partidos políticos y candidatos para afinar sus estrategias de campaña, dirigirse a electores indecisos y entender mejor las preocupaciones y deseos de sus electores, pero también podría ser utilizada para manipular o influir indebidamente en la opinión pública, lo que plantea dilemas éticos que deben ser abordados.

Este avance tecnológico, que nos permite mirar más allá de los números y las respuestas superficiales de las encuestas, nos enfrenta a la realidad multidimensional de la opinión pública. Ahora es posible descifrar no solo lo que las personas dicen, sino también cómo se sienten y por qué podrían sentirse así. Este entendimiento emocional que subyace a las decisiones excede la simple demografía o las afiliaciones políticas. El uso de estas herramientas digitales nos brinda –además– una oportunidad única para observar cómo se desarrollan y cambian las opiniones políticas en tiempo real.

En el pasado, los cambios en la opinión pública a menudo solo se hacían evidentes con las mudanzas objetivas de los resultados electorales o en un plazo aún más largo a través de las variaciones estructurales que desnudaban corrimientos de clase social o surgimiento de nuevos clivajes como fueron los religiosos, étnicos o regionales. Ahora, en cambio, podemos ver cómo un discurso, un evento o incluso un escándalo pueden influir en la percepción pública casi instantáneamente y generar alteraciones drásticas en el cuadro de preferencias de voto.

Todo esto abre interesantes interrogantes sobre el futuro de las campañas políticas. ¿Cómo equilibrarán los candidatos y partidos la recopilación y análisis de datos con la necesidad de mantener un enfoque genuino y auténtico en sus interacciones con los votantes? ¿Cómo impactará esto en la forma en que se formulan las políticas y se abordan las preocupaciones de los ciudadanos?

Mientras nos adentramos en esta nueva era, es esencial recordar que detrás de cada tuit, comentario y publicación hay una persona con sus propias experiencias, creencias y emociones. La capacidad de predecir el comportamiento electoral con semanas de antelación no es solo una cuestión de analizar datos; es una cuestión de comprender a las personas. Y en ese entendimiento radica el verdadero poder de estas herramientas, un poder que, si se utiliza sabiamente, puede mejorar significativamente nuestra comprensión de la democracia y la participación ciudadana en la era digital.

Texto presentado en el congreso SAIMO-CEIM en el panel de estudios de opinión pública co-organizado por WAPOR Latinoamérica

Plaguicidas, cambio climático y obesidad: una conexión perjudicial para la salud humana y ambiental

En Argentina, cerca del 60% de adultos sufren sobrepeso u obesidad, superando el promedio global del 40%. Se estima que estas cifras crecerán hasta alcanzar el 50% a nivel mundial para el 2035. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que alrededor de 4 millones de adultos fallecen anualmente debido a esta problemática, considerada una pandemia global y resultado de la malnutrición.

El sobrepeso y la obesidad están estrechamente vinculados al consumo de alimentos procesados, ricos en azúcares, grasas y sal, además del sedentarismo. Las consecuencias de este exceso de peso incluyen un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas no transmisibles, como enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión y enfermedades oncológicas. Estas preocupantes repercusiones en la salud se ven agravadas por los efectos del cambio climático a nivel global.

Cambio climático: cómo puede afectar a nuestra vida cotidiana

Según las Naciones Unidas (ONU), el cambio climático se refiere a las alteraciones a largo plazo en las temperaturas y los patrones climáticos, a nivel regional y global. Por lo general, se asocia con catástrofes naturales como inundaciones, tormentas intensas, sequías prolongadas, escasez de agua, deshielos, incendios y condiciones extremas de temperatura. Sin embargo, rara vez se consideran las posibles implicaciones que el cambio climático podría tener en nuestras rutinas diarias, particularmente en la alimentación.

El cambio climático incide clara e irrefutablemente en la producción de alimentos, disminuyendo o deteriorando su disponibilidad, diversidad y acceso. Según el último informe de la Mesa Nacional de Monitoreo de Sequías en Argentina para el año 2022, cerca de 175 millones de hectáreas se vieron gravemente afectadas por la sequía. Esta situación generó problemas en el suministro de agua, tanto para el consumo humano como para el ganado, poniendo en riesgo la producción de más de 17 millones de cabezas de ganado. Además, provocó una significativa reducción en los rendimientos de cultivos en más de 1 millón de hectáreas.

Además de los impactos adversos del cambio climático en la producción de alimentos, el crecimiento de la demanda alimentaria, impulsado por el aumento poblacional, ejerce una presión significativa sobre el sector agrícola y los sistemas de alimentación. Como resultado, los productores agroalimentarios se ven compelidos a emplear todos los recursos disponibles para sortear las condiciones climáticas adversas y garantizar altos rendimientos productivos.

En la región, la industria alimentaria ha tendido hacia la producción de alimentos ultraprocesados, que son aquellos que contienen poco o nada de alimentos enteros, incluyen aditivos y son nutricionalmente pobres. Según estimaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se prevé un aumento de más del 20% en el consumo de alimentos ultraprocesados en Latinoamérica en los próximos 15 años. En el ámbito agrícola y hortícola, el uso extensivo de fertilizantes y plaguicidas ha sido la estrategia principal para aumentar los rendimientos de los cultivos. En Argentina, la venta de agroquímicos ha experimentado un marcado incremento en los últimos años, pasando de 225 millones de kg en 2008 a 343 en 2016, según datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes.

Plaguicidas: beneficios, controversias y riesgos ambientales

Los plaguicidas son agentes empleados en todas las fases de la cadena de producción, desde la elaboración y almacenamiento hasta el transporte de los alimentos. Su función radica en prevenir, destruir o controlar cualquier plaga que pueda dañar la calidad del producto. Algunos de estos compuestos también se utilizan en entornos domésticos: ¿quién no ha querido eliminar alguna vez las hormigas de su jardín?

A pesar de los beneficios agrícolas y alimentarios que han aportado, el uso de plaguicidas ha suscitado controversia en las últimas décadas. Por un lado, se señala su mal uso o utilización indiscriminada, lo que ha ocasionado la contaminación de diversos entornos acuáticos, como ríos, lagos y mares. Esto, en parte, se atribuye a la falta de información o asesoramiento sobre la naturaleza de los productos empleados. Por otro lado, persisten incertidumbres acerca de los posibles efectos adversos en la salud de las poblaciones expuestas a estos agentes químicos.

En los últimos años, se ha constatado que la exposición a plaguicidas puede causar alteraciones en el metabolismo de las grasas, como, por ejemplo, la adipogénesis, es decir, la formación de adipocitos o células grasas y su acumulación a través de diversos procesos. Por tanto, a pesar de la actividad física exigente que implica el trabajo agrícola, es frecuente observar problemas de sobrepeso en trabajadores del campo. Esta situación plantea la posibilidad de que exista algún factor externo relacionado con la ocupación laboral de esta población que contribuye a esta condición de salud desfavorable.

Cuidado de la salud y del medioambiente, un binomio inescindible

Tanto el cambio climático como la exposición a plaguicidas son elementos que inciden en las condiciones de salud de las poblaciones, pudiendo actuar en conjunto y potenciar las probabilidades de desarrollar sobrepeso u obesidad.

Entonces, ¿qué deparará el clima en los próximos años? ¿Y qué sucederá con la producción alimentaria? ¿Cómo afectará la disponibilidad y calidad de los alimentos a la salud de las poblaciones? ¿Qué consecuencias tendrá en la salud de los trabajadores del campo? Estas son algunas de las interrogantes que emergen a partir de esta intersección entre el ambiente, la salud humana y la producción de alimentos.El cambio climático constituye una realidad y una amenaza para la salud global del siglo XXI, especialmente en los países en desarrollo. Dado que la obesidad es una enfermedad prevenible es importante seguir promoviendo los planes orientados hacia su protección, y es crucial continuar generando políticas orientadas a reducir y contrarrestar los impactos negativos del cambio climático en las comunidades y la salud pública. Se requieren estrategias colectivas para lograr la seguridad alimentaria y mantener la armonía entre la sociedad y el entorno natural, ya que la salud y el bienestar de las poblaciones están estrechamente vinculados a la preservación y sostenibilidad del medio ambiente.

Bolivia y la disputa por el control del poder judicial 

Bolivia vive una crisis social causada por el poder legislativo que no se pone de acuerdo en la elaboración de una ley de convocatoria para las elecciones de los máximos representantes del poder judicial. Uno de sus órganos, el Tribunal Constitucional Plurinacional, anuló el 29 de septiembre la reelección indefinida e inhabilitó a Evo Morales para las elecciones del próximo año 2025. Esto ha ocasionado la furia del expresidente y hoy opositor Morales, quien ha ordenado a sus seguidores bloquear caminos en varios puntos clave del país. Hoy el país está semiparalizado.

Las elecciones de magistrados del poder judicial por voto popular son una completa extravagancia en el contexto de los sistemas de justicia latinoamericano y mundial. Este método se insertó en la nueva Constitución boliviana sancionada en 2009. La idea era evitar que los partidos políticos, en el congreso, se repartan los altos cargos del poder judicial.

Sin embargo, la vacuna resultó más peligrosa que el virus. El Movimiento al Socialismo (MAS), con su amplia mayoría en el Congreso, definió a los candidatos a magistrados, en su mayoría afines a este partido, lo que facilitó su control por parte del poder ejecutivo. La muestra más diáfana de este sometimiento fue la determinación del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) que en 2017 habilitó a Morales para un cuarto mandato continuo, bajo el argumento risible que protegía los derechos humanos del entonces presidente de Bolivia.

A lo largo de más de 15 años del gobierno del MAS, el poder judicial se ha convertido en un engranaje más del poder ejecutivo, que ha utilizado la justicia para detener la trayectoria política de sus opositores. Evo Morales, sin ningún miramiento, promovió el acoso judicial de numerosos políticos que, o bien optaron por salir de la vida política, o se convirtieron en militantes del MAS.

Como en política la paradoja suele ser la norma y no la excepción, Morales, con la última sentencia del TCP que lo inhabilita como candidato para los comicios, pasó de ser el verdugo que activa la pesada guillotina judicial sobre el cuello de sus enemigos, para ser una víctima de esta misma maquinaria que él se encargó de aceitar y pulir.  

Con estos antecedentes, se puede comprender la urgencia que tiene Morales para la realización de las elecciones judiciales en el plazo más breve posible ya que mantiene la esperanza de que los nuevos candidatos a magistrados, apadrinados por él, ganen en las elecciones judiciales y nuevamente habiliten a Morales a un cuarto mandato. Solo de este modo se puede entender el súbito cambio de postura del líder cocalero respecto de la justicia: ahora la desea independiente cuando antes la quería sumisa y corrupta.

Morales se ha jugado el todo por el todo y hasta el momento su medida de bloqueo de caminos permanece. Ya son más de 10 días de vigencia de esta medida, con 36 puntos de bloqueo claves para la transitabilidad de los caminos. Las empresas de transporte de pasajeros han dejado de emitir boletos y esta medida ya ha ocasionado dos muertos y 11 heridos, la mayoría de ellos de la policía.

Ante esta emergencia, el gobierno solo ha atinado a movilizar tropas policiales para intentar levantar los bloqueos con poco éxito. Los movilizados no solo atacan con piedras a policías, choferes y viajeros, sino que utilizan dinamita. Desde el espacio institucional, el vicepresidente David Choquehuanca, como máximo ejecutivo del poder legislativo, ha llamado a reuniones para consensuar la convocatoria a elecciones judiciales. Empero, esta medida no ha hecho que los bloqueos disminuyan sino que, al contrario, ha envalentonado aún más a los miembros del ala del MAS afín a Morales.

Los bloqueos son una acción colectiva relativamente nueva en Bolivia. Hasta 1985 la forma de protesta era el paro de actividades, una clásica medida de clase, recomendada ardientemente por Karl Marx y obedecida al pie de la letra por la Central Obrera Boliviana, el actor central de la política entre 1952 y 1985.  

Una vez derrotado el movimiento obrero, que ya no tenía la fuerza para presionar al gobierno con huelgas, el mecanismo que se urdió para presionar sobre el poder ejecutivo fue el bloqueo de caminos, un repertorio de acción colectiva que tiene como actores determinantes a los movimientos campesinos.

Fueron los  bloqueos de calles y caminos lo que derribaron a dos presidentes elegidos constitucionalmente: Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003 y Carlos Mesa en 2005. El presidente Luis Arce tiene razones para preocuparse.

Bukele y una reelección ilegal más en Centroamérica

Inexorablemente, el presidente salvadoreño Nayib Bukele se encamina con absoluta calma hacia su inconstitucional reelección. Decimos inexorablemente porque controla todo el aparato estatal, incluyendo los poderes legislativo y judicial, y, además, mediante una buena campaña en redes sociales, sigue convenciendo a buena parte de la población de que es un gran presidente.

El ambiente preelectoral está teñido por las quejas de la oposición, a las que muy pocos prestan especial atención. “Bukele y los suyos son realmente magos utilizando las redes sociales, y el carisma del presidente hace el resto… lo hace de tal manera, que sus audiencias solo piensan que ahora pueden caminar con más tranquilidad por las calles”, afirma un analista que prefiere mantener el anonimato. Tras una caída de su imagen positiva, según las últimas encuestas Bukele cuenta con una intención de voto del 71%. Quizás la cifra sea exagerada, pero no hay dudas de que tiene el aval de la mayoría.

La ilegalidad de la candidatura de Bukele

El pasado 15 de septiembre, Día de la Independencia, Bukele afirmó en su discurso que iría por la reelección para “copiar lo bueno de las naciones desarrolladas”, a pesar de reconocer que la reelección no está constitucionalmente permitida en el país.

En cuatro artículos, la Constitución de El Salvador prohíbe la reelección presidencial. El artículo 75 establece que “pierden los derechos de ciudadano los que suscriban actas, proclamas o adhesiones para promover o apoyar la reelección o la continuación del presidente de la República, o empleen medios directos encaminados a ese fin”.

El artículo 88, en tanto, considera la alternabilidad “indispensable para el mantenimiento de la forma de gobierno y sistema político establecido”. “La violación de esta norma obliga a la insurrección”, añade. Por su parte, el artículo 152 dice que no puede ser candidato a la primera magistratura “el que haya desempeñado la Presidencia de la República por más de seis meses, consecutivos o no, durante el período inmediato anterior, o dentro de los últimos seis meses anteriores al inicio del período presidencial”.

Estos son solo algunos de los artículos que afirman explícitamente que su candidatura es ilegal. Pero nada de eso importa con una Corte Suprema de Justicia servil al mandatario y un Tribunal Supremo Electoral que salva sus responsabilidades acatando lo fallado por la Corte.

Tras el anuncio de Bukele, que era esperado por todo el país, la oposición saltó de sus escasas butacas en el legislativo para cuestionar las intenciones del presidente. La derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) declaró que “por fin Bukele se quitó la máscara y desveló su verdadera intención, perpetuarse en el poder”. Por su parte, el ¿izquierdista? Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) indicó en un comunicado que las intenciones de Bukele “van en contra de la Constitución de la República”, lamentando el aval dado a esa ilegal aspiración por la Sala de lo Constitucional de la CSJ.

La realidad de los salvadoreños de a pie

En estos años, la corrupción ha alcanzado niveles inéditos. Pero Bukele, que se maneja muy bien en el mundo de las redes sociales, ha logrado monopolizar la narrativa de sus logros –reales y supuestos–, sobre todo en el campo de la seguridad ciudadana, ya que las calles de las ciudades están más tranquilas. Esto a costa de la violación constante de los derechos humanos de los sectores de la población marginados, pero no marginales.

Miles de personas, según organizaciones de derechos humanos, llevan meses y años en prisión sin haber sido juzgadas. Los factores comunes de las víctimas es que son pobres, casi iletrados y de procedencia rural. Según cálculos de estas organizaciones, estas personas suman casi el 40% de la población carcelaria, una cifra difícil de comprobar. El objetivo del gobierno es mostrar a la audiencia “delincuentes” presos. O sea, maximizar el efecto de su política ante una ciudadanía que, por lo menos, se ve menos asediada por la delincuencia.

Así las cosas, Bukele, obviamente, sigue al mando del ejecutivo y será reelecto, pues los niveles de adhesión, que en algún momento bajaron de forma sensible, han vuelto a subir considerablemente. En ello influyen sus inteligentes campañas en redes sociales, su carisma, sus creíbles aunque falsas declaraciones, la incipiente seguridad que se respira en las calles, pero, sobre todo, una oposición desprestigiada y desperdigada.

Bukele, por ahora, maneja todos los hilos del poder y nadie parece poder quitárselos, máxime considerando que cuenta con el apoyo prácticamente irrestricto de las fuerzas armadas y de seguridad. Desde la oposición, relegada dentro de las estructuras del Estado, en especial del Parlamento, no se cuenta con estrategias para enfrentar al oficialismo. Y si bien es en algunas zonas rurales donde el presidente cuenta con menos adhesiones, los votos, aunque fueran mayoritariamente a algún candidato opositor, no serían suficientes para contrarrestar el apoyo que tiene en los grandes centros urbanos.

Por otro lado, a pesar de los supuestos “encontronazos” con Washington, la oposición es consciente de que desde el norte se prefiere confrontar a un personaje como Bukele y su narrativa que a una oposición frontal a los intereses estadounidenses en la región.