Superando la brecha digital: la cooperación educativa entre América Latina y China

Con el auge de la digitalización, tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial están redefiniendo el panorama educativo global. Sin embargo, el problema de la brecha digital sigue siendo grave, especialmente en los países del hemisferio sur, donde el proceso de digitalización ha exacerbado las desigualdades educativas. Las raíces de esta brecha son complejas e incluyen diferencias nacionales, falta de consensos globales, conflictos de intereses y tensiones geopolíticas.

Desde mediados del siglo XX, los países del «Sur Global» han promovido el crecimiento económico a través de la cooperación regional y la colaboración tecnológica, desempeñando un papel destacado en el escenario internacional. En la era de la digitalización y la inteligencia artificial, estos países deben intensificar la cooperación tecnológica y el intercambio de recursos para reducir las desigualdades educativas y mejorar la calidad de la educación.

La colaboración en el ámbito educativo digital entre América Latina y el Caribe (ALC) y China se ha convertido en un modelo ejemplar para el mundo. En 2023, el Foro de Cooperación en Tecnología Digital China-ALC se celebró en Chongqing, donde se presentó la «Iniciativa de Chongqing», que tiene como objetivo profundizar la cooperación entre ambas partes en áreas clave como educación, salud y agricultura.

En noviembre de 2024, durante la 31ª Reunión Informal de Líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Lima, el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, instó a los países a unirse a la «Iniciativa de Cooperación Global para el Flujo Transfronterizo de Datos», promovida por China, para garantizar un flujo de datos seguro y eficiente que permita que los beneficios de la digitalización lleguen a todo el mundo.

Logros de la cooperación en el ámbito educativo digital

En primer lugar, se debe considerar la Alianza Global para la Educación en Línea y los MOOC. En 2020, el Ministerio de Educación de China lideró la creación de la Alianza Global para la Educación en Línea y los MOOC, lanzando las plataformas internacionales de enseñanza online “iCourse” y “XuetangX”. Estas plataformas ofrecen cursos en múltiples idiomas y fomentan programas educativos integrados a nivel global, permitiendo a los estudiantes participar en experiencias de aprendizaje en línea y explorar el reconocimiento mutuo de créditos. En 2024, el Instituto Tecnológico de Monterrey en México, tras la Universidad de Chile, se unió a la alianza, ampliando aún más su impacto.

En segundo lugar, podemos considerar los Talleres Luban que constituyen un reconocido programa internacional de educación vocacional impulsado por el municipio chino de Tianjin. Estos programas adoptan un modelo de colaboración entre gobierno, instituciones educativas y empresas. Este enfoque combina la integración transnacional de la educación y la industria, involucrando a docentes bilingües y expertos técnicos para lograr un equilibrio entre la internacionalización y la adaptación local. Hasta 2024, se han establecido 21 talleres Luban en 20 países de Asia, Europa y África. En diciembre de 2024, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos del Perú formalizó un convenio con la Universidad Abierta de Chongqing y la empresa china CETC International Co., Ltd. para operar el primer Taller Luban en Sudamérica, fortaleciendo la cooperación en infraestructura y economía digitales.

En tercer lugar, podemos destacar el Programa «Semillas del Futuro» de Huawei que forma parte de la responsabilidad social empresarial de Huawei para jóvenes y busca desarrollar talento en tecnologías de la información y la comunicación (TIC), especialmente en mujeres, mediante becas, concursos académicos y formación online. Desde su inicio en ALC en 2014, ha abarcado unos 20 países de la región y ha formado a más de 2,100 estudiantes. Huawei también ha colaborado con más de 450 universidades en la región, ofreciendo cursos con certificación y destacando en competiciones globales de TIC.

Desafíos y perspectivas de la cooperación en educación

A pesar de los logros, las diferencias en los sistemas normativos y las etapas de desarrollo entre los países de ALC presentan desafíos para la coordinación e implementación de políticas. Las disparidades en regulaciones sobre protección de datos y ciberseguridad, así como la digitalización desigual en la gobernanza educativa, dificultan la cooperación.

Para enfrentar estos retos, ALC y China deben seguir fortaleciendo su colaboración mediante medidas como la cooperación tecnológica y transferencia de conocimientos. Esto implica promover tecnologías digitales inclusivas y adaptables para apoyar la transformación educativa digital en los países de ALC.

Otra propuesta relevante es la creación de plataformas de cooperación que permitan establecer plataformas regionales o internacionales para la investigación y aplicación de tecnologías digitales, concentrando recursos científicos y ofreciendo soluciones educativas inteligentes.

Para terminar, es necesario fomentar la participación en la creación de estándares globales. Esto supone participar activamente, bajo el marco del Sur Global, en la formulación de estándares para la educación inteligente, desarrollando sistemas autónomos de gobernanza de datos y reforzando la voz de los países del sur en el ámbito internacional.

A través de estas iniciativas, China y ALC podrán superar juntos la brecha digital, promoviendo la equidad y la calidad educativa, y construyendo un futuro sostenible en la era digital.

*Este texto fue publicado originalmente en la web de  REDCAEM

Fin de la cooperación, momento de reflexión

Después de la Segunda Guerra Mundial muchos de los tomadores de decisión se dieron cuenta que la forma más eficiente y efectiva de asegurar la paz y el bienestar propio era a través de la garantía de paz y bienestar ajeno. Muchos gobiernos del mundo se organizaron para generar una gran arquitectura global que satisficiera ese objetivo. Se generó por un lado un sistema de instituciones multilaterales de alcance global y regional, que se unieron en el imaginario de ser parte de las “Naciones Unidas”, y en paralelo se consolidaron las llamadas agencias de desarrollo de carácter nacional.

Dentro de todo, era un sistema imperfecto, porque existían visiones opuestas que impedían la implementación de una agenda única. Nunca se impuso un gobierno global, simplemente un sistema de gobernanza que puso en pausa a las guerras con potencial de enfrentar directamente a las grandes potencias. En cualquier caso, la búsqueda de contención al socialismo soviético provocó que los segmentos liberales utilizaran al sistema estatal e internacional como un medio de difusión de su agenda a través de la inversión de millonarias sumas de dinero que se inyectaban al sistema global.

A través de esa inversión, los países occidentales, principalmente Estados Unidos, se aseguraron puestos en la toma de decisiones y mantuvieron el sistema de manera que la propuesta soviética no se expandiera, pero indirectamente también se logró contener los vicios del propio capitalismo. Aunque se protegía a la empresa privada y el rol del libre comercio, se aseguraban condiciones mínimas de supervivencia para la mayoría de los ciudadanos e incluso se difundió el imaginario de que todos los miembros de una sociedad merecían condiciones de dignidad básica.

Bajo este sistema, la humanidad pudo desafiar los vicios de la guerra (en la tendencia que el siglo XX estaba ofreciendo), el hambre (aunque no se erradicó por completo) y las enfermedades (al menos en sus facetas más mortales). Sin embargo, para muchos segmentos que no se beneficiaban de este modelo, así como críticos del capitalismo y neoliberalismo, ha sido insuficiente, pues el proceso de cambio resultaba demasiado lento. A pesar de que las estadísticas reflejan una mejora significativa de la calidad de la vida humana, al menos en comparación con el sistema previo, la persistencia de los problemas contra los que esta arquitectura global lucha resulta frustrante e insatisfactoria para muchos. Millones de personas siguen muriendo en conflictos de escala media, por inanición, falta de agua potable y enfermedades prevenibles. A esto se suma que millones de personas viven por debajo de la línea de la pobreza mientras el 1% más rico del planeta acumula casi la mitad de la riqueza global.

Aunque el sistema ha venido mostrando signos de agotamiento desde hace más de dos décadas, las advertencias han sido ignoradas en todos los niveles de decisión. El modelo se ha anquilosado, atado a esquemas de gran burocracia, procesos lentos y trámites engorrosos. Lo que muchos tomadores de decisión no se dieron cuenta es que el sistema depende de que los Estados promuevan su cambio, y entre ellos, el más relevante siempre ha sido Estados Unidos.

Es decir, cambiar al sistema no estaba realmente en manos de la gran burocracia internacional de las Naciones Unidas, aunque su silencio cómodo los transformaba en cómplices. Mientras tanto, los políticos de turno han utilizado el sistema internacional vigente para beneficiarse económicamente de la paz temporal creada a través del importante trabajo de agencias especializadas, las cuales han reducido gradual y sostenidamente los conflictos a través de la inyección de recursos económicos y proyectos que mejoraban la calidad de vida de las fuerzas productivas globales.

No obstante, la pandemia de COVID-19 lo cambió todo. La humanidad se enfrentó a un período de intensa crisis que puso en jaque al sistema, paralizó la economía y extrajo recursos de la cooperación para salvaguardar los intereses nacionales y privados. Con esto se elevó las alarmas sobre la efectividad del modelo vigente, pero sobre todo despertó uno de los elementos de supervivencia más poderosos para el individuo, y más peligrosos para la sociedad articulada: la desconfianza.

La enfermedad que, llevó a gran parte de las personas a pensar que sus vidas podían estar en juego, independientemente de sus posibilidades personales, terminó por ser una caja de Pandora que aceleró una multicrisis, donde prácticamente todos los segmentos de la vida humana se han visto entorpecidos o deteriorados, incluyendo la economía, la educación, la salud, el empleo y la seguridad. Los orígenes de este virus aún son motivo de debate, con segmentos que lo consideran un acto premeditado mientras que otros aún lo ven como un accidente, algo que de hecho contribuye a la inestabilidad y la desconfianza interpersonal e internacional. Mientras que los resultados de su mala gestión golpearon severamente la credibilidad de las instituciones globales.

Esto ha sido aprovechado por ciertos segmentos de la élite económica global que desde hace tiempo eran señalados como responsables de las falencias del sistema. Los reportes sobre la ponzoña que representa la desigualdad económica, la evasión y efusión fiscal, y la desproporcionada impartición de justicia venían creciendo desde comienzos del siglo XXI.

¿Qué mejor que un chivo expiatorio para alejar las miradas y desviar las culpas?

Es así como, a pesar de la importante evidencia de cómo la cooperación y la ayuda al desarrollo han traído estabilidad y prosperidad al mundo, el 0.1% más rico ha decidido que esa era ha llegado a su fin. Algunos atisbos de institucionalidad pujan por hacerse presentes. No obstante, la falta de organización de la sociedad civil, que a fin de cuentas es el verdadero motor de cambio estructural, hace que estas victorias sean temporales.

Si los grandes titiriteros del poder global consiguen convencer a la población mundial de que las instituciones democráticas, que están a su servicio, o al menos hacen un contrapeso sistémico a los intereses de las élites, no son necesarias, el mundo entrará en un ciclo de autoritarismo cercano al período feudal. Esto implicaría que el aparato político dejaría de tener interés en responder a las necesidades de las mayorías, pasando directamente a la imposición de quienes acumulen más poder; incluso negando la legitimidad de los reclamos.

Los defensores del nuevo régimen se esforzarán en señalar que no es una réplica exacta. Sin embargo, el retorno a un régimen en donde se tienda a ensanchar aún más la brecha entre quienes ostentan el poder y quienes están al final de la pirámide social demostrará que la esencia del nuevo sistema será semejante al del feudalismo de antaño, con pocos destinados al poder y muchos obligados a seguirlo.

Y aunque existen algunos focos de sana resistencia y debate, todo parece indicar que los anticuerpos para luchar contra esta infección sistemática son demasiado débiles para evitar la consagración de este nuevo e incierto escenario global. Quienes carecemos de herramientas de poder tendremos que ser pasivos espectadores de cómo el mundo que conocíamos queda atrás, hasta que la historia retome un nuevo ciclo, sin garantías de que en esa nueva etapa el homo sapiens siga siendo la especie dominante en la Tierra.

Teleacoplamientos: una historia sobre litio y transformaciones globales asimétricas

Aapo se levantó y miró por la ventana. El mar Báltico estaba tranquilo como siempre al amanecer. Pasaron muchos años desde las mañanas con cielos enrarecidos por el smog. La transformación social y ambiental aquí ha sido un éxito, y todos hicieron algo por ello. Aapo mira orgulloso su nuevo auto eléctrico. Se siente parte de esta transformación desde hace 10 años, cuando el gobierno impulsó la transición desde combustibles fósiles a energías de fuentes renovables. Para 2030 todo el parque automotor será eléctrico, movido con baterías de litio, un elemento inocuo y sin consecuencias para el ambiente. Al menos para el suyo.

Al otro lado del mundo, al levantarse, Amaru también mira por la ventana. La Puna amanece tranquila. En un rato partirá con su rebaño de llamas en busca de alimento. Hace un tiempo que es más difícil encontrar comida y agua en las vegas cercanas y sus antiguos senderos hoy están restringidos por alambres. A lo lejos, el humo de los autobuses anuncia la llegada de trabajadores a las minas de litio. En su pueblo, hay una nueva escuela, un nuevo playón deportivo y pronto habrá una enfermería. Pero a pesar de las mejoras, Amaru y su gente sienten que, junto con el litio, se está yendo parte de su vida y de su ambiente.

Nuestro mundo inmediato incluye no más que unas decenas o cientos de kilómetros, y acostumbramos pensar que lo que hacemos impacta solamente a nuestro entorno. Sin embargo, en un mundo globalizado nuestras decisiones pueden afectar a puntos remotos del planeta con los cuales no estamos en contacto directo. Los volúmenes de materiales y especies que intercambiamos a escala global tienen un impacto inédito. Las ciencias vienen estudiando estos flujos de materia y energía entre sitios a distancias significativas – algo conocido como «teleacoplamientos» -, y sus consecuencias ambientales y sociales.

Un vehículo eléctrico como el de Aapo, fabricado en Europa o Asia, incluye piezas de orígenes muy diversos. Sus baterías se componen de plástico y metales comunes, pero para su funcionamiento es indispensable el más liviano entre los metales, el litio. El litio es un elemento simple pero difícil de obtener y de procesar. Gran parte del utilizado hoy en baterías se encuentra como cloruro de litio disuelto en salares de Los Andes. Para obtenerlo, es necesario procesar allí grandes cantidades de salmuera en procedimientos que requieren evaporar grandes volúmenes de agua, utilizando incluso agua dulce subterránea. En los ambientes áridos de los Andes, con condiciones climáticas extremas y una biodiversidad única, el agua es un elemento extremadamente vital y crítico. Para obtener el litio de la batería del automóvil de Aapo, probablemente fue necesario utilizar el agua que hoy falta en la Puna de Amaru. Sin esa agua, falta también la biodiversidad única de esas vegas y el alimento de los animales, fundamentales para el sustento de su familia y la identidad de su comunidad.

Litio: ¿desde dónde y hacia dónde?

La región de la Puna sudamericana donde habita Amaru integra el famoso «triángulo del litio», que abarca partes de Bolivia, Chile y Argentina y concentra más del 60% de las reservas mundiales. Esto ha llamado la atención de empresas multinacionales (por su valor económico), y de gobiernos locales y extranjeros (por su valor estratégico). Si bien su explotación representa ingresos económicos importantes para estos países, también representa altos riesgos para el ambiente y la justicia socio-ambiental, que implica que la gente pueda permanecer en un entorno propio y saludable. Actualmente la explotación de litio es extractivista, es decir, una apropiación intensiva de bienes naturales que son luego exportados a mercados globales. Chile, Argentina y Brasil están entre los primeros cinco productores de litio, con Bolivia cerca de integrar esta lista.

El litio sudamericano es utilizado por China y países del Norte Global para producir baterías para la transición energética. Como ocurre con otras materias primas exportadas desde Sudamérica, las ganancias económicas para el país y comunidades locales son mínimas, recibiendo y asimilando en cambio altos costos o pasivos ambientales. Estos últimos, en el caso del litio, incluyen desecación de humedales (vegas de la Puna, el Altiplano o Atacama), pérdida de biodiversidad y paisajes que forman parte de la identidad local, cambios en el clima y perjuicios para la salud humana y del ambiente.

Chile, el segundo productor mundial de litio a partir de salares, ya está sufriendo consecuencias socioambientales. El Salar de Atacama se está hundiendo a un ritmo de entre uno y dos centímetros por año, y en él los niveles de agua subterránea han descendido hasta 10 metros respecto del nivel histórico. Además, el excesivo uso del agua dulce de napas profundas circundantes tiene consecuencias que sin dudas serán críticas a futuro por las características de aridez de la región, con menos de 25 mm de lluvias anuales. La extracción de litio hoy representa, sin dudas, hipotecar el futuro de estas reservas estratégicas de agua. Problemas similares a estos se están viendo actualmente en Argentina. 

¿Cómo alcanzar una transición energética justa a escala global?

Aapo intenta hacer su parte, pero simultáneamente y sin saberlo está aportando a generar consecuencias catastróficas para Amaru y los socioecosistemas de Sudamérica. Tanto las empresas que fabricaron su auto como los gobiernos que planearon la transición energética pensaron sólo en el aquí y en el ahora. Lamentablemente, los gobiernos en Sudamérica también. Aprovechando el momento histórico en el que el recurso abundante alcanza valores altos en el mercado internacional, estos gobiernos ven una excelente posibilidad de ingreso de divisas. La situación desnuda además una asimetría de fuerzas y capacidades para negociar formas sustentables de utilización de los bienes naturales comunes. Incluso existen disputas entre América del Norte y Asia por el control del litio sudamericano.

¿Cuál es la solución? En primer lugar, intentar que la extracción de litio sea un proceso socioambiental sustentable. Para ello, aún debemos desarrollar técnicas que permitan la extracción sin consecuencias negativas. Además, los países sudamericanos que básicamente exportan materias primas, deben participar de la transición hacia una movilidad sustentable en eslabones superiores de la cadena, como mínimo en la producción de baterías. Por último, los actores que desarrollan estas transiciones deben ser conscientes de las consecuencias de los teleacoplamientos e interrelaciones en cada etapa del ciclo de vida de los productos (producción, uso y disposición final). Para ello se necesita comunicar acerca del origen de cada componente de los vehículos, incluyendo trazabilidades sobre las formas de obtención de materiales.En 2023, la Unión Europea aprobó una regulación sobre productos libres de deforestación (EUDR), una medida política innovadora con implicaciones directas en la gobernanza de las cadenas globales de productos básicos, o «commodities«. Implica una trazabilidad por la que ciertos bienes, como la carne o granos, deben certificar que su producción no implicó deforestaciones en el país de origen. Regulaciones similares podrían aplicarse al litio importado en la Unión Europea para fabricar baterías o automóviles. Si bien aún resta tiempo para poder evaluar la eficacia de estas medidas, podrían representar un gran primer paso. Necesitamos políticas de este tipo para desarrollar un pensamiento global, centrado no sólo en el comercio sino también en preservar la diversidad (biológica y cultural), la igualdad de derechos y la salud de los socio-ecosistemas del planeta. Un planeta del que tanto Aapo como Amaru sean parte.

¿Huntington tenía razón?

La idea de un ‘choque de civilizaciones’ global no era errónea: simplemente era prematura”, sostiene Nils Gilman en el último número de la revista estadounidense Foreign Policy. El contexto: nos encontramos ante un reordenamiento de las relaciones internacionales tan significativo como el de 1989, 1945 o 1919. Como ocurriera con estos momentos cruciales anteriores, el fin del orden internacional liberal que se formó en la década de 1990 es un momento cargado en igual medida de incertidumbres y temores, a medida que viejas certezas, tanto buenas como malas, se difuminan.

Precisamente en aquellos años ’90, uno de los debates más destacados en las relaciones internacionales fue entre el ensayo El fin de la historia de Francis Fukuyama (que apareció, proféticamente, meses antes de la caída del Muro) y el Choque de civilizaciones, de Samuel Huntington, publicado cuatro años después.

Mientras el internacionalista liberal Fukuyama anticipaba que el fin de la Guerra Fría presagiaba una paz perpetua entre Estados alineados con los principios generales de la democracia electoral y el capitalismo -lo que Fukuyama llamó “la forma final de gobierno humano”-, el realista Huntington preveía en cambio un mundo marcado por un conflicto continuo, aunque a lo largo de ejes completamente diferentes.

Para Huntington, los actores geopolíticos más relevantes en el orden posterior a la Guerra Fría serían “civilizaciones”, entendidas en los términos definidos por el historiador británico Arnold Toynbee, y las “líneas de falla” entre ellas serían los lugares de ruptura o punto de fricción.

Huntington -que no disimulaba su etnocentrismo anglosajón- enumeraba entre siete y ocho “civilizaciones” principales: la occidental, la confuciana, japonesa, islámica, hindú, eslava-ortodoxa, latinoamericana y -posiblemente- africana. Los conflictos más importantes del futuro -aventuraba- ocurrirían a lo largo de las fallas culturales que separarían a estas «civilizaciones» entre sí.

La visión de Huntington del nuevo orden era decididamente más pesimista que la de Fukuyama, aunque ambos no eran concluyentes. Fukuyama terminaba su ensayo con el famoso argumento de que el precio de “la paz perpetua” sería el tedio tecnocrático, en el que “la audacia, el coraje, la imaginación y el idealismo” de la lucha ideológica darían paso “al mero cálculo económico, la resolución interminable de problemas técnicos, preocupaciones ambientales y la satisfacción de demandas sofisticadas de los consumidores”. Para Fukuyama, los próximos “siglos de aburrimiento” crearían una crisis existencial para las personas que buscan reconocimiento social en un mundo desprovisto de oportunidades de gloria política.

Por el contrario, Huntington argumentaba que las identidades de grupo, basadas en distinciones culturales antagónicas se volverían más obvias a medida que las ideologías universalizadoras de la Guerra Fría disminuyeran. En su libro de 1996 “Choque de civilizaciones”, que amplió el argumento de su artículo original, previó un equilibrio inestable, basado en potencias centrales que impondrían su dominio sobre sus propias “esferas de influencia”. Allí también anticipaba que la hostilidad hacia los inmigrantes sería un rasgo característico de la política interna en un orden mundial definido por el choque de civilizaciones.

Entonces, para Huntington, por un lado, los choques de civilizaciones eran “la mayor amenaza a la paz mundial” en el sentido de que el énfasis en la ineludible diferencia cultural formaría el sustrato de una hostilidad interminable. Por otro lado, mientras los actores principales reconocieran la imposibilidad de intentar imponer su propio sistema cultural a civilizaciones “extrañas”, “un orden internacional basado en civilizaciones (sería) la salvaguardia más segura contra la guerra mundial”. La hostilidad cultural entre civilizaciones puede ser inevitable, concluía Huntington, pero con buena suerte, el “choque” puede consistir simplemente en un ruido metálico, en lugar de un conflicto violento.

Pero el argumento contiene un supuesto controvertido, el de asociar civilizaciones con espacios geográficos distintivos y fronteras geopolíticas establecidas: aquí “nosotros, los occidentales”, allí “ellos, los musulmanes”; aquí nosotros, “los latinoamericanos”, allá ellos, «los africanos». Si hace treinta años esta forma de categorizar resultaba discutible, ahora, es decididamente caprichosa y arbitraria. La globalización ha liberado al Genio de la lámpara, y pretender meterlo adentro a la fuerza puede significar mayores grietas, fisuras y barreras dentro mismo de las sociedades. Las civilizaciones contemporáneas, empezando por la occidental, son multiculturales por naturaleza.

Mientras el viejo orden agoniza, la cuestión central que preocupa hoy a las relaciones internacionales es la naturaleza del tipo de orden por venir. Está claro que no hay “fin de la historia” y tampoco está escrito que ella esté marcada por el “choque de civilizaciones”. Concluye, al respecto, Gilman: “Cualquiera que sea la etiqueta que finalmente se le asigne a este nuevo orden, sus características definitorias incluirán el transaccionalismo de suma cero en la economía internacional, la política de poder de Tucídides en la que ‘los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben´’ y afirmaciones contundentes de políticas identitarias centradas en los “Estados civilizacionales”. En términos del augurio -o maldición- china: sin dudas, viviremos “tiempos interesantes”.

*Texto publicado originalmente en el periódico Clarín

China y la depredación del Atlántico Sur: amenazas económicas y ambientales para Argentina

En los últimos años, la pesca ilegal en el Atlántico Sur se ha convertido en un problema de dimensiones alarmantes. La flota pesquera de China, considerada como la más grande del mundo, ha intensificado su presencia en aguas cercanas a la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Argentina, extrayendo recursos de manera descontrolada y poniendo en riesgo la sostenibilidad de los ecosistemas marinos regionales. A pesar de los esfuerzos del gobierno argentino por regular y proteger sus recursos pesqueros, la realidad geopolítica y la falta de un marco regulador internacional más estricto han convertido a este problema en un desafío persistente.

El papel de China en la pesca ilegal en el Atlántico Sur

China ha adoptado una estrategia agresiva de expansión pesquera global, que incluye subsidios estatales a su flota de aguas distantes y el uso de «banderas de conveniencia» para operar en regiones estratégicas sin ser detectada. Según una entrega reciente de Expediente Público, en la última década, las horas de pesca de la flota china en el Atlántico Sur aumentaron en un 800%, pasando de 59,204 horas en 2013 a casi 470,000 en 2022. Esta actividad ha convertido a la región en un epicentro de sobrepesca y competencia desleal con la industria pesquera argentina.

El Estado chino financia directamente la expansión de su flota a través de subsidios que rondan los 2.400 millones de dólares anuales. Gracias a este respaldo económico, los barcos chinos pueden operar en altamar durante meses sin necesidad de regresar a puerto. Esta estrategia, combinada con el uso de buques de reabastecimiento y frigoríficos en altamar, permite que las embarcaciones permanezcan en la zona de pesca de forma ininterrumpida, evadiendo controles y regulaciones, según comenta Sergio Almada, coordinador del Equipo Interdisciplinario para el Control de los Espacios Marítimos y Recursos (EICEMAR).

Además, muchas de estas embarcaciones navegan con banderas de terceros países, como la de Panamá, para evitar ser identificadas como parte de la flota china. Investigaciones de InSight Crime han revelado que al menos 250 buques chinos utilizan esta estrategia, lo que dificulta aún más la tarea de las autoridades argentinas para regular y sancionar estas actividades.

El impacto ambiental y económico.

El daño ambiental generado por la pesca china en el Atlántico Sur es inmenso. La sobreexplotación del calamar Illex argentinus, una de las especies más importantes para la industria pesquera argentina, ha puesto en riesgo su sostenibilidad. Este cefalópodo no solo es un recurso clave para la economía local, sino que también forma parte fundamental de la cadena alimenticia de otras especies marinas, como delfines, pingüinos y diversas aves. La depredación sin regulación podría provocar un colapso ecológico con consecuencias irreversibles.

Desde el punto de vista económico, la pesca ilegal representa pérdidas anuales millonarias para Argentina. Se estima que la captura irregular en aguas cercanas a la ZEE argentina genera una pérdida de entre 2.000 y 20.000 millones de dólares anuales. Mientras la flota pesquera argentina opera bajo regulaciones estrictas, los buques chinos extraen recursos sin pagar impuestos ni generar empleo local, debilitando así la competitividad de la industria pesquera nacional.

A su vez, la presencia masiva de estos barcos en la región ha provocado un aumento en los costos de vigilancia y patrullaje. La Prefectura Naval Argentina y la Armada han debido intensificar sus operativos para monitorear la actividad de las flotas extranjeras, lo que implica un gasto considerable de recursos estatales. A pesar de estos esfuerzos, la detección y sanción de embarcaciones infractoras sigue siendo un desafío complejo debido a la falta de acuerdos internacionales sólidos para abordar la pesca ilegal en altamar.

La respuesta de Argentina y sus limitaciones

El gobierno argentino ha intentado contrarrestar la pesca ilegal con diversas medidas. Entre ellas, el uso de tecnología satelital y patrullajes aéreos para detectar incursiones en la ZEE. Además, se ha propuesto la prohibición del reabastecimiento en altamar, una táctica utilizada por las flotas chinas para evitar el ingreso a puertos donde podrían ser inspeccionadas. Sin embargo, estas acciones han demostrado ser insuficientes para frenar la magnitud del problema.

El marco legal internacional impide que Argentina tome acciones coercitivas fuera de su ZEE. Más allá de las 200 millas náuticas, las embarcaciones extranjeras pueden operar sin restricciones siempre que no ingresen a territorio soberano. Esto ha generado un vacío legal que permite a la flota china explotar los recursos marinos de forma incontrolada.

A pesar de los esfuerzos diplomáticos para lograr acuerdos bilaterales con China, la realidad es que la pesca ilegal sigue siendo un tema de difícil resolución. La dependencia económica de Argentina con respecto a China, su segundo socio comercial más importante, limita la capacidad de Buenos Aires para tomar medidas más drásticas sin afectar otras áreas de la relación bilateral.

El Atlántico Sur como punto de interés geopolítico

El interés de China en el Atlántico Sur no es solo pesquero, sino también estratégico. La cercanía con el Estrecho de Magallanes y la Antártida convierte a esta región en un punto clave para la expansión geopolítica china. Informes han sugerido que algunas embarcaciones chinas podrían estar involucradas en actividades de inteligencia o logística militar, lo que ha generado preocupaciones en la comunidad internacional sobre la presencia china en esta zona.

Estados Unidos y otras potencias han comenzado a observar con mayor atención el rol de China en el Atlántico Sur, lo que podría derivar en una mayor presión diplomática para regular la actividad pesquera y evitar que la región se convierta en un foco de tensión geopolítica.

Propuestas para una solución efectiva

Para abordar el problema de la pesca ilegal china en el Atlántico Sur, Argentina necesita una estrategia integral que combine vigilancia, cooperación internacional y presión diplomática, de acuerdo con varios expertos consultados por Expediente Público. Entre las medidas que podrían implementarse destaca el aumento de patrullaje naval, mejoras en la tecnología de monitoreo satelital para detectar y disuadir incursiones ilegales, así como la puesta en marcha de un régimen de multas más elevado a las embarcaciones que violen la normativa pesquera.

De igual modo, es necesario establecer alianzas con otros países afectados por la pesca ilegal, buscando fortalecer los marcos reguladores en aguas internacionales e impulsar acuerdos para dificultar la logística de las flotas extranjeras que operan irregularmente. En este sentido, deben entablarse, de manera urgente, negociaciones diplomáticas con China, y exigir al gigante asiático mayor responsabilidad en la explotación de recursos pesqueros en el Atlántico Sur.

Elecciones en Bolivia: economía en crisis y democracia a la baja

Antes de escribir este texto, he esperado más de tres horas para cargar el tanque de gasolina de mi coche. En Bolivia escasean el diésel y la gasolina, pero también los dólares y el apoyo a la democracia. Existe un tipo de cambio oficial y otro paralelo como consecuencia de la crisis cambiaria, lo que ha llevado a que muchos productos de la canasta familiar e importados hayan subido más del 50%; el mal humor se ha incrementado. En este contexto el apoyo a la democracia está bajando lo cual es preocupante de cara a una nueva elección.

Según el Informe de la Fundación Milenio 2024, el déficit fiscal sigue expandiéndose; la deuda pública se incrementó el 12,1 % del PIB en 2023. Además, la producción de gas sigue en retroceso, y si bien la tasa de ocupación permanece alta, el mercado laboral está lastrado por la precarización de los puestos de trabajo y un acelerado aumento del cuentapropismo. Y lo preocupante es que la percepción de la población de que existe una crisis e incertidumbre va en aumento, afectando la confianza de las empresas y otros actores económicos. A todo ello se suma el veto a la exportación de carne bajo el pretexto de garantizar la producción para el consumo interno. Bajo este contexto, la democracia en Bolivia pierde apoyo, como en gran parte del mundo.

En este marco, de cara a las elecciones generales del 17 de agosto, más de una docena de precandidatos a la presidencia prometen resolver la crisis económica y sacar al MAS del gobierno. Pero parece que sus ideas están más centradas en los debates superficiales que en los temas estructurales como el riesgo a caer, aún más, en el autoritarismo.

Según el Latinobarometro 2024, en Bolivia el apoyo a la idea de que “la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno” ha perdido cuatro puntos entre 2023 y 2024. En contraste, la idea de que “en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático” aumentó tres puntos entre los años referidos. Esta es una señal preocupante teniendo en cuenta la crisis de representatividad de los partidos políticos y la desconfianza con un posible fraude electoral.

Además, la sensación de cercanía con algún partido político en Bolivia, según el mismo informe, es uno de los más bajos en América Latina: 21% frente al 62% en Uruguay. Con respecto a la representación parlamentaria, 8 de cada 10 personas siente que este no los representa políticamente y 9 de cada 10 cree que las elecciones son fraudulentas.

El pobre manejo económico del MAS (Evo Morales y Luis Arce durante casi dos décadas) está dejando al país en un mar de deudas y con cinturones de pobreza. Y el sometimiento político de las instituciones democráticas (Tribunal Constitucional, Tribunal Supremo Electoral y Poder Judicial) ha desinstitucionalizado al Estado

En este contexto, el realineamiento ideológico de los precandidatos opositores (fragmentados) a la presidencia tras la erosión de los partidos políticos tradicionales es un síntoma del momento actual. Por ello, muchos coinciden en su narrativa agresiva hacia el establishment (MAS) y en favor de las privatizaciones. El reajuste económico desde la perspectiva de la derecha y evitar que la izquierda política continúe en el poder, es el nuevo credo de una parte de la población. La dimensión socio-económica predomina sobre la política-institucional.

El realineamiento ideológico de las precandidaturas presidenciales entre la centro derecha y la derecha radical está condicionado por propuestas económicas: disminución del número de empleados públicos, reducción del déficit fiscal, libre comercio, industrialización del litio (empresas de EEUU), quitar la subvención a los hidrocarburos, cerrar las empresas estatales deficitarias, seguridad jurídica para la inversión privada (nacional e extranjera). En resumen, privatizar y acercarse a Trump.

Por otro lado, Evo Morales, aunque ya no es parte del partido oficialista, pretende postularse (mediante otra sigla partidaria) pero su candidatura oficial no es segura porque constitucionalmente no puede. Además, el ex presidente tiene un caso abierto por posible trata de personas con agravante, por la acusación de haber mantenido una relación íntima con una adolescente en 2015, cuando ejercía la Presidencia de Bolivia.

La escasez de diésel, gasolina y dólares ha condicionado una agenda de cambios socioeconómicos que los diversos precandidatos de la centro derecha y derecha radical (fragmentados) buscan capitalizar electoralmente con propuestas económicas que tienen diferentes estilos, pero con el mismo deseo político: sacar al MAS del gobierno. Si bien tienen el viento ideológico a su favor, todavía no consiguen un barco político que los unifique.

El tema ausente de esta agenda de cambios es el bajo apoyo a la democracia. Y esto es abono para el surgimiento de nuevos populismos que prometan un futuro paradisíaco con el objetivo de atornillarse al poder.

Ecuador en la encrucijada: dos candidatos, una nación polarizada

El pasado 9 de febrero Ecuador celebró la primera vuelta de las elecciones generales en un contexto marcado por una creciente ola de violencia y una profunda polarización política. Al frente de la Misión de Observación Electoral de Transparencia Electoral, supervisamos este proceso electoral y ofrecimos una visión objetiva de los acontecimientos que lo rodearon.

Ecuador ha enfrentado serios desafíos en seguridad. La expansión del narcotráfico y el crimen organizado ha elevado los índices de violencia, lo que ha situado al país en una posición delicada en términos de seguridad ciudadana. Esta situación ha generado incertidumbre y desconfianza entre la población, cosa que ha afectado al clima electoral.

La polarización política se ha intensificado, con dos figuras principales emergiendo en el escenario electoral: el presidente en funciones, Daniel Noboa, y la exlegisladora de izquierda Luisa González. Estos dos candidatos representan visiones opuestas para el futuro del país, lo que exacerba las divisiones existentes y refleja la fragmentación del electorado ecuatoriano.

Ecuador, ubicado en la región noroccidental de América del Sur, posee una posición geoestratégica de gran relevancia. Su acceso al océano Pacífico lo convierte en un punto clave para el comercio internacional y las rutas marítimas. Además, su proximidad al Canal de Panamá y su pertenencia a la cuenca del Pacífico le otorgan un papel destacado en las dinámicas comerciales y geopolíticas de la región.

Históricamente, Ecuador ha mantenido una política exterior orientada hacia la defensa de su soberanía y la promoción de la integración regional. Es miembro fundador de organizaciones como las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos, y participa activamente en iniciativas que buscan fortalecer la cooperación y el desarrollo en América Latina.

En el contexto actual, la posición geopolítica de Ecuador adquiere una dimensión adicional debido a las tensiones globales y regionales. La competencia entre potencias como Estados Unidos y China por la influencia en América Latina coloca a Ecuador en una situación en la que sus decisiones políticas y económicas pueden tener repercusiones más allá de sus fronteras.

En términos comerciales, Ecuador ha diversificado sus relaciones internacionales. Según datos del Banco Central del país, durante el período 2016-2023 las exportaciones acumuladas de enero a noviembre de Ecuador a China han sido, en promedio, de USD 2.844 millones. Por su parte, en 2023 el comercio no petrolero entre Estados Unidos y Ecuador dejó un saldo favorable de 1.474 millones de dólares.

Además de Estados Unidos y China, otros socios comerciales destacados de Ecuador incluyen la Unión Europea, Rusia y Colombia, con quienes mantiene intercambios comerciales significativos en diversas áreas.

La reelección de Donald Trump en 2024 ha redefinido las relaciones de Estados Unidos con América Latina. La administración Trump ha adoptado políticas más confrontativas, enfocándose en temas como la migración, el comercio y la seguridad. Estas políticas han generado tensiones con varios países de la región, incluyendo a Ecuador.

Uno de los aspectos más destacados ha sido la imposición de aranceles y medidas comerciales restrictivas a naciones que, según la administración Trump, no cooperan en temas migratorios o de seguridad. Aunque Ecuador no se ha visto directamente afectado por medidas similares, la posibilidad de enfrentar sanciones comerciales ha influido en las decisiones gubernamentales y en el debate político interno.

Además, la creciente influencia de China en América Latina ha sido motivo de preocupación para la administración Trump. China ha incrementado sus inversiones en la región, y se ha convertido así en un socio comercial clave para varios países. Ecuador, en su búsqueda de diversificar las relaciones económicas, ha fortalecido sus lazos con China, lo que podría generar fricciones con Estados Unidos en el marco de la política exterior de Trump.

A pesar de las tensiones y desafíos mencionados, la jornada electoral del 9 de febrero transcurrió sin incidentes mayores. La participación fue notable, con más del 83% de los votantes acudiendo a las urnas, lo que refleja el compromiso cívico de la población en momentos críticos para la nación. Es importante destacar que en Ecuador el voto es obligatorio, lo que contribuye a una alta tasa de participación electoral.

Aunque nuestra misión no se desplegó al interior del país, observamos que el Consejo Nacional Electoral (CNE) desempeñó eficazmente su labor, proporcionando información oportuna y veraz, lo que fortaleció la confianza en el proceso electoral.

Los resultados preliminares indicaron un empate técnico entre Daniel Noboa y Luisa González con aproximadamente el 44% de los votos. Esta estrecha diferencia confirmó la necesidad de una segunda vuelta, programada para el próximo 13 de abril.

Es relevante destacar que, aunque Noboa lideró ligeramente en los primeros conteos, González superó las expectativas, especialmente en regiones donde el correísmo había tenido menor influencia en elecciones anteriores. Este desempeño subraya una posible reconfiguración del mapa político ecuatoriano.

Daniel Noboa ha buscado estrechar lazos con la administración de Donald Trump. Asistió a la investidura de Trump en enero de 2025 y ha manifestado su intención de fortalecer las relaciones bilaterales entre Ecuador y Estados Unidos. Además, ha adoptado políticas comerciales similares a las de Trump, como la imposición de aranceles del 27% a importaciones mexicanas, buscando impulsar la manufactura local y alinearse con las estrategias comerciales estadounidenses.

Por su lado, Luisa González es considerada la heredera política del expresidente Rafael Correa. Durante su carrera política ha ocupado diversos cargos en su administración y ha mantenido una estrecha relación con él. Aunque esta asociación le ha brindado una base sólida de apoyo, también ha sido objeto de críticas debido a los casos de corrupción asociados al gobierno de Correa. González ha defendido la gestión de su mentor, calificando las acusaciones como persecución política, y ha prometido continuar con las políticas de la Revolución Ciudadana en caso de ser electa.

La segunda vuelta se perfila como un desafío significativo para ambos candidatos. Noboa deberá defender su gestión en un contexto de críticas por su enfoque de mano dura en seguridad y acusaciones de autoritarismo. Por su parte, González enfrentará el reto de ampliar su base electoral más allá del correísmo, buscando alianzas con otros sectores políticos y sociales.

La posición del movimiento indígena, representado por Pachakutik y su líder, Leonidas Iza, será determinante. Su apoyo podría inclinar la balanza en favor de uno u otro candidato, convirtiéndolos en actores clave en la definición del próximo gobierno. Tanto Noboa como González necesitarán forjar alianzas y acuerdos políticos con diversas fuerzas políticas. 

¿Cómo Suriname llegó a la secretaría general de la OEA?

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La elección del canciller de Suriname, Albert Ramdin, como secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) por aclamación unánime refleja con claridad lo que los Estados miembros esperan de su gestión: un armador de consensos que devuelva el diálogo a la organización y evite la fragmentación en un contexto de incertidumbre global.

Albert Ramdin no es un reformista ni un líder carismático. Es un operador diplomático con vasta experiencia en la gestión de conflictos y la administración de organismos multilaterales. Su trayectoria en la OEA, CARICOM y como ministro de Relaciones Exteriores de Surinam le ha otorgado un profundo conocimiento del funcionamiento institucional y sus limitaciones. Así se convirtió en una opción idónea para tiempos de crisis.

Sin embargo, el perfil técnico y la tendencia a priorizar la estabilidad sobre el cambio pueden generar dudas sobre la capacidad de Ramdin para revitalizar la OEA. En este momento, la organización enfrenta cuestionamientos sobre su relevancia.

Con un presupuesto cada vez más limitado y una creciente fragmentación en la región, su gestión deberá centrarse en evitar la parálisis institucional más que en liderar un proceso de transformación. Lo segundo podría reivindicar una vez más la imagen de la OEA como un foro de diálogo con poca capacidad de incidencia real.

Apuesta por la estabilidad

La elección de Ramdin responde a una estrategia clara: consolidar un liderazgo pragmático que brinde estabilidad en un contexto regional difícil. En este marco, el surinamés, con una trayectoria consolidada en la mediación y construcción de acuerdos, emergió como la opción más confiable frente a alternativas más disruptivas. La alternativa era el canciller paraguayo, Rubén Ramírez Lezcano, quien proponía una reestructuración profunda del organismo en la búsqueda de su resignificación.

En un escenario marcado por tensiones regionales y restricciones presupuestarias, una figura del Caribe se apunta como apuesta por la prudencia. La prioridad será optimizar lo que ya existe en la OEA. En ese sentido, Ramdin representa una garantía de gestión eficiente en tiempos de crisis.

El respaldo del bloque del Caribe fue clave para posicionar a Ramdin, asegurándole 14 de los 18 votos necesarios y una campaña con mayor soltura. Más adelante, la decisión de apoyo de Brasil resultó decisiva, articulando el respaldo de un bloque de países progresistas que terminó por inclinar la balanza. Este giro también influyó en otros gobiernos que se sumaron a la corriente mayoritaria.

Sin embargo, reducir este proceso a una cuestión ideológica sería un error, ya que no explicaría el respaldo de Estados Unidos y sus aliados, cuyo apoyo terminó por consolidar el resultado. Aunque cada bloque tuvo razones distintas para votar al surinamés, todos coincidieron en un punto: el consenso, el diálogo y la búsqueda de soluciones.

Contrastes y geopolítica

A diferencia de su predecesor, Luis Almagro, cuyo liderazgo fue marcado por una postura confrontativa y personalista, Ramdin adopta un enfoque más discreto y negociador. Su manejo de temas sensibles como Venezuela, Nicaragua y Cuba sigue esa línea. En lugar de asumir posiciones tajantes, promete delegar el poder de decisión a la Asamblea General y a los órganos especializados, rescatando su función original como espacios de deliberación. Esta estrategia, sin embargo, será su mayor desafío, pues sus críticos la interpretan como un signo de inmovilismo ante crisis democráticas en la región.

Otro punto controversial de su elección fue el respaldo de China a su candidatura, a pesar de que Pekín solo funge como observador sin derecho a voto. No obstante, el apoyo de Estados Unidos en la Asamblea disipó la idea de que la elección respondía a una disputa geopolítica. Esto fue reafirmado por Mauricio Claver-Carone, asesor de Donald Trump. Descartó cualquier trasfondo estratégico para China y subrayó que, para Washington, Ramdin es un interlocutor confiable y Surinam un aliado clave.

El desafío de Albert Ramdin

Los países de la región optaron por asegurar una conducción sin giros abruptos ni apuestas inciertas. A pesar del apoyo unánime, el desafío de Ramdin no será menor. Deberá demostrar que la OEA sigue siendo un espacio relevante para la cooperación hemisférica.

Sus esfuerzos estarán centrados en preservar el funcionamiento del organismo sin grandes reformas estructurales, priorizando la estabilidad sobre la transformación. Más que liderar un cambio radical, su reto será evitar el declive de la OEA y reafirmarla como un foro útil para la gobernanza regional en tiempos de polarización y crisis.

*Texto publicado originalmente en Diálogo Político

Integrando saberes por la conservación de la biodiversidad amazónica

La Amazonia es el bioma de los superlativos. El bosque tropical más grande del mundo, a menudo descrito como uno de los ecosistemas más diversos del planeta, todavía es un territorio en gran parte desconocido para la ciencia. Sin embargo, mucho de lo que es “desconocido” para los investigadores académicos es profundamente familiar para los pueblos tradicionales, como las comunidades ribereñas, los pueblos indígenas y los recolectores de caucho, que acumulan conocimiento ecológico sobre los ecosistemas que habitan. Este conocimiento se manifiesta en la identificación de especies, en la gestión sostenible de los recursos naturales y en la comprensión de las interacciones ecológicas. Muchas de estas prácticas contribuyen a la conservación de la biodiversidad al evitar la explotación depredadora y promover la regeneración natural de áreas degradadas.

Los pueblos tradicionales desempeñan un papel esencial en la defensa de sus territorios y recursos naturales contra actividades ilegales, como la deforestación y la minería. Estos garantizan la gestión sostenible de los recursos naturales y participan activamente en las políticas ambientales, reforzando la importancia de los conocimientos tradicionales para la conservación de la Amazonía. Por lo tanto, pensar en un futuro sostenible requiere un diálogo de saberes sin jerarquías, para fortalecer las complementariedades.

Esta relación, sin embargo, enfrenta desafíos. Para muchos habitantes de las riberas de los ríos, la llegada de científicos puede ser recibida con sospecha, especialmente cuando sus conocimientos se tratan como secundarios. El conocimiento que acumulan sobre los ciclos del agua, la fauna y la flora a menudo se considera meramente empírico. Los investigadores, por otra parte, a menudo carecen de la formación necesaria para integrar este conocimiento. Sin embargo, cada vez hay más investigaciones que demuestran que esta integración es esencial para mejorar las estrategias de conservación.

Hay ejemplos concretos que muestran cómo esta integración puede ser fructífera. El tapir enano (Tapirus kabomani), descubierto oficialmente por la ciencia en 2013, era conocido desde hacía siglos por las poblaciones locales. Lo mismo ocurrió con los peces ornamentales del Xingu y con los hongos utilizados en la cestería yanomami. La gestión comunitaria del pirarucu (Arapaima gigas) es otro ejemplo: a partir de la observación directa de los peces que emergen para respirar, se permitió desarrollar un método de conteo preciso para garantizar una pesca sostenible. Esto ha permitido la recuperación de poblaciones silvestres y ha generado beneficios sociales como la generación de ingresos, seguridad alimentaria y fortalecimiento de la organización social.

Cómo aunar distintos saberes desde la perspectiva de una científica ribereña

Para Maria Cunha, una de las autoras de este artículo que deambula entre los mundos de la ciencia y el extractivismo — práctica tradicional que consiste en la recolección sostenible de recursos naturales, como frutas, semillas, resinas y peces, para consumo personal, comercio o uso industrial —, la relación entre los habitantes de las comunidades ribereñas y los científicos académicos está marcada por una dinámica compleja de intercambio de conocimientos, desafíos de entendimiento mutuo y procesos de reconocimiento de conocimientos tradicionales.

Esta interacción se da en territorios donde el conocimiento empírico, construido a partir de la experiencia directa con el entorno natural, se encuentra con el conocimiento científico sistematizado. Para los habitantes ribereños, el territorio no es sólo un espacio físico, sino un lugar de pertenencia y construcción de identidad. Cada río, arroyo, bosque y ciclo del agua conlleva significados culturales y prácticos. El conocimiento sobre las técnicas de pesca, las prácticas de gestión de la tierra y el uso de plantas medicinales se transmite de generación en generación, y se basa en la observación cuidadosa de los ciclos naturales.

Cuando los científicos académicos ingresan a estos territorios, el encuentro puede ser al mismo tiempo enriquecedor y desafiante. Para muchos habitantes de las riberas de los ríos existe una percepción inicial de distancia, ya sea por el uso de un lenguaje técnico o por el enfoque metodológico que, a veces, desconoce los saberes locales. Y cuando este conocimiento tradicional es negado o subestimado, muchos habitantes de las riberas de los ríos se sienten invisibles. Pero sus experiencias y conocimientos acumulados durante generaciones no deben considerarse irrelevantes, pues han asegurado una coexistencia armoniosa con la biodiversidad durante siglos y milenios.

Este sentimiento de desvalorización puede generar desconfianza, resistencia e incluso cierto aislamiento en relación a los investigadores, creando barreras que dificultan compartir información valiosa sobre el territorio, el uso sostenible de los recursos naturales junto con la dinámica de la vida local. El impacto emocional de esta negación va más allá de la frustración: afecta el orgullo comunitario, la autoestima colectiva y el sentido de pertenencia.

Por otra parte, cuando los científicos demuestran un interés genuino en aprender, escuchar e integrar este conocimiento en sus estudios, surge un ambiente de intercambio mutuo, donde los conocimientos académicos y tradicionales se complementan, formando una poderosa confluencia, como diría el pensador Nego Bispo. Se crea así un espacio donde la ciencia no sólo observa, sino que también escucha, comprende y valora las voces locales.

Así, los habitantes de las riberas dejan de ser vistos como simples objetos de estudio y pasan a ocupar el papel de protagonistas en la producción de conocimiento, reafirmando la importancia de sus prácticas, narrativas y modos de vida. En este patrimonio se enriquecen tanto los científicos como las comunidades, construyendo puentes que respetan la diversidad de conocimientos y fortalecen el compromiso con la preservación cultural y ambiental de los territorios.

A pesar de los avances, aún existen desafíos relacionados con la asimetría de poder entre académicos y comunidades, además de la necesidad de un mayor reconocimiento institucional del valor de los conocimientos locales. Es fundamental que las instituciones académicas respeten y fortalezcan este conocimiento, reconociéndolo como parte esencial de la construcción del conocimiento científico. Es fundamental que el abordaje se realice de manera que los miembros de la comunidad comprendan la dinámica como una forma de fortalecer y agregar valor a lo que ya saben.

Incluso de manera no intencional, el acto de investigar puede reproducir prácticas colonizadoras cuando se apropia del conocimiento sin considerar los impactos sobre quienes lo comparten. Pregúntese siempre: ¿Mi investigación empodera o silencia? ¿Valorar o invisibilizar? Estas preguntas son fundamentales para construir un diálogo que siente las bases de una buena relación entre ambas partes, pues el conocimiento de los territorios es posiblemente el ingrediente principal para una Amazonía más justa y sostenible.

El conocimiento tradicional como base para la conservación

La conservación en la Amazonía sólo será efectiva si incluye a las comunidades locales como protagonistas. Esto significa integrarlos activamente en los procesos de toma de decisiones y de gestión territorial. Las experiencias exitosas de gestión comunitaria demuestran que la conservación no es sólo una cuestión ambiental, sino también social y cultural.

Es esencial superar el estereotipo de que las comunidades son meros guardianes pasivos de la biodiversidad. Son agentes activos, portadores de tecnologías sociales fundamentales para equilibrar el uso sostenible y la preservación. Valorar estas prácticas fortalece tanto la conservación como la justicia social y la equidad. Para muchos investigadores la conservación es resultado de proyectos, pero la Amazonía nos enseña que debe ser una forma de vida. La protección de la biodiversidad está estrechamente vinculada a la calidad de vida local.

Ante los crecientes desafíos, integrar el conocimiento tradicional y científico es una necesidad. Invertir en asociaciones que amplifiquen las voces de la comunidad es esencial para garantizar que la conservación sea colaborativa. Después de todo, no hay forma de preservar la Amazonía sin las personas que la habitan.

La popularidad (potencialmente frágil) de Javier Milei

El carisma y el liderazgo personalista son aspectos comunes de la política contemporánea. Ahora bien, ambos comparten una característica: son potencialmente inestables. Inicialmente representan un “economizador” para la gente a la hora de construir una preferencia política. No tienen que estar muy informados o identificados con un espacio político en particular, para contar con una opinión sobre las diferentes opciones políticas, sino que alcanza con construir una “imagen” sobre los líderes. Por ejemplo, en la Argentina es común escuchar “soy mileista”, “soy macrista”, “soy cristinista” (también en su forma negativa “no soy…”). Y cada uno de estos referentes han sabido explotar sus respectivas cualidades desde las cuales transmitir su carisma.

De esta manera, un líder personalista y carismático, no solo lidera su espacio político de manera incuestionable, sino que aparenta tener cierta cualidad que, a ojos de sus seguidores, lo diferencia del resto y lo hace políticamente atractivo. El problema es que la rápida popularidad que puede ganarse de esta manera, también puede perderse con la misma velocidad. Básicamente esto ocurre cuando el líder termina fracasando en aquello que prometía. Ahí se pierde liderazgo, se pierde el carisma y se gana en oposición. Todo esto puede pasar muy rápido.

La rápida construcción de un liderazgo

Javier Milei no solo representa un líder carismático, sino que lidera un espacio personalista construido y centrado en su imagen (La Libertad Avanza). Con una personalidad estridente apareció en los medios de comunicación antes de lanzarse a la política como un “outsider” en 2021. Dos años después se transformó en presidente de la Argentina. Y lo hizo “sin un partido”. Lo hizo gracias a lo que representaba su figura: algo diferente a lo conocido (en crisis). Como muchos decían, era una suerte de salto al vacío.  

Milei ganó la presidencia en una coyuntura favorable para que un líder como él obtuviera la victoria. Una crisis económica sumada a una insatisfacción generalizada con “la casta” y la consiguiente retracción electoral de las fuerzas políticas tradicionales, implican un combo que sienta las bases para que un “outsider” tenga expectativas electorales. Milei supo aprovechar esta situación y ganó.

Esa personalidad disruptiva, alejada del “establishment” y bajo la promesa de resolver los problemas económicos (él se suele presentar como un especialista en crecimiento económico con o sin dinero), fue una novedad para un electorado que en gran parte buscaba algo nuevo. Para muchos esa “diferencia” representó la razón del voto. Eso nos lleva al siguiente punto.

Los diferentes tipos de votantes de Milei

En términos de lo anterior, podemos decir que la popularidad y victoria de Milei estuvo alimentada por diferentes razones: enojo ciudadano, la búsqueda de algo diferente y también apoyo genuino a las ideas libertarias que el primero ha representado. A estos factores hay que sumarle el voto antiperonista (especialmente presente en el balotaje de 2023).

El punto es que todos estos factores pueden relacionarse (en tendencia) con grupos diferentes de votantes. La clave de entender esto, está en que el núcleo duro (es decir el votante estable que no va a defeccionar ante un fracaso) de Milei solo está asegurado en uno de ellos: quienes efectivamente piensan como él. Aquellos que en las redes dicen “es exactamente lo que voté”.

¿Qué significa lo anterior? Si aceptamos esta distribución del voto mileista, podemos concluir que una gran proporción de su base electoral tiene un componente volátil. Esto implica que, salvo aquel grupo vinculado al núcleo duro, el resto puede tranquilamente el día de mañana dejar de acompañar al liderazgo de Milei.

Las potenciales implicancias de lo anterior para la (¿frágil?) popularidad de Milei

De acuerdo a datos del Directorio Legislativo, el nivel de aprobación de Javier Milei se ha mantenido relativamente estable en la Argentina, transformándolo en uno de los presidentes de América Latina con mayor tasa de aprobación.

Hay una serie de factores que han ayudado a esta continuidad pero dos de particular importancia el económico y el político. El primero se vincula a lo que ha sucedido con la inflación. Durante 2024 la inflación ha ido bajando progresivamente, siendo este uno de los factores que el gobierno ha utilizado como bandera de victoria en cada declaración pública. A nivel político, se destaca la ausencia de alternativas competitivas en una oposición en crisis. Hoy en día no existe un “referente” que pueda competir en igualdad de condiciones con Milei. Este último sigue siendo, como vimos recién, muy popular. Seguramente la baja de la inflación haya ayudado.   

El resultado económico y la carencia de alternativas competitivas en la oposición, favorece entonces la persistencia de la popularidad del liderazgo carismático y personalista de Milei. Esta es la foto actual. Pero el escenario es como el de un castillo de naipes: sólido hoy, pero frágil mañana. Que se caiga un naipe (la economía), puede llevarse por delante otros (como la popularidad de Milei y la no competitividad de la oposición).

¿Qué ocurriría si la inflación volviera a dispararse? ¿Qué ocurriría si las preocupaciones de la ciudadanía abandonan la inflación y pasan a inclinarse más a aspectos macroeconómicos como el consumo en un contexto de ajuste y restricción presupuestaria? Estos son sólo ejemplos ilustrativos de cimbronazos económicos que pueden desafiar la actual popularidad del presidente de la Argentina. Y esto podría ocurrir rápidamente, porque su popularidad se nutre ampliamente de una ciudadanía descontenta, que podría también sumar a dicho enojo a Milei si no se cumplen sus expectativas.

Las imágenes y la volatilidad

El caso de Milei es ilustrativo de varias facetas de la política contemporánea a nivel mundial. Representa un liderazgo personalista, carismático y con tintes populistas, que emerge a partir de un contexto de crisis.

Estos elementos no hacen más que agregar ingredientes a la ya conocida política centrada en imágenes abstractas. Esta generalidad construida décadas atrás desde la televisión, hoy se crea también desde las redes sociales.

Pero las imágenes son volátiles: hoy me gusta lo que veo, mañana tal vez ya no. Milei, como otros líderes mundiales construidos desde el carisma y el personalismo, se enfrenta a esta encrucijada. Su popularidad se sostiene en el éxito y en la persistencia de este último. En la Argentina eso significa que la economía se recupere y se estabilice en el tiempo. La política contemporánea no acepta traspiés. Esto último es sinónimo de rápida impopularidad y de generación de una ventana de oportunidades para la oposición.