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De la Espriella y la Gran Norteamérica 

La victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia fortalece el avance de las derechas en América Latina y acerca a Bogotá al proyecto hemisférico impulsado por Estados Unidos.

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales colombianas tiene un impacto a nivel latinoamericano en el terreno ideológico, pero también favorece la reorganización del hemisferio a cargo de los Estados Unidos y la autodenominada “Doctrina Donroe”. Desde 2023 las izquierdas han sido derrotadas en varios países, y tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca se ha impulsado la reconstrucción de un área de influencia ligada a gobiernos derechistas.

Hasta hace unos días Colombia era uno de los países excluidos de la Cumbre Escudo de las Américas, en la que presidentes de derecha y algunos de izquierda como el guyanés Mohamed Irfaan Ali firmaron un acuerdo para garantizar la seguridad hemisférica. El triunfo de Abelardo de la Espriella en las elecciones colombianas sin duda abrirá un nuevo capítulo en la relación Washington-Bogotá, más cercana y menos confrontativa que la que tuvieron con Gustavo Petro.

Ahora bien, el triunfo de la derecha debe tener una lectura a nivel geopolítico, porque aunque el debate está centrado en la disputa ideológica en el subcontinente, lo cierto es que existe un impacto en la región. Desde que el Departamento de Guerra estadounidense publicó el mapa de la Gran Norteamérica que abarca desde Alaska y Groenlandia hasta Ecuador, Colombia se convirtió en un país prioritario para la Seguridad Nacional de los estadounidenses, y ante las crecientes confrontaciones entre Petro y Trump, la colaboración solo se lograría con un presidente de derecha.

Colombia tiene un papel clave porque al norte colinda con Centroamérica, al este con Venezuela, actualmente tutelada por Washington, y al sur con Ecuador, Perú y Brasil. Desde El Salvador, omitiendo Nicaragua, hasta Argentina la derecha proliferó en los últimos años, las recientes elecciones de Perú, con la presidenta electa Keiko Fujimori, y la victoria de Abelardo de la Espriella han pintado de azul toda la costa del Pacífico. 

No es un tema menor, puesto que una cordillera de gobiernos derechistas facilita la colaboración y cooperación entre Washington y Latinoamérica. Incluso geográficamente la izquierda ha sido replegada hacia el Atlántico, donde los estadounidenses también han estado reconfigurando las salidas marítimas, como en el caso del Gran Caribe. El triunfo del candidato derechista está dentro de los países que Estados Unidos considera como su área de influencia; por lo tanto, no sería extraño que en un futuro cercano Colombia se sumara a la iniciativa Escudo de las Américas.

La importancia de Colombia no pasó desapercibida ya desde que, en la primera vuelta, el presidente Trump felicitó “al Tigre”, apodo de De la Espriella por su contundente triunfo. Unos días antes de la segunda vuelta, el mandatario volvió a dar su apoyo al candidato derechista y, tras los comicios del 21 de junio, Trump y el Secretario de Estado, Marco Rubio, felicitaron al presidente electo y destacaron su intención de colaborar en materia de seguridad, migración y combate al crimen.

Por otro lado, el nuevo presidente es parecido a Javier Milei en el terreno económico, es promotor de la mano dura contra la inseguridad como el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, durante décadas aliado de la derecha tradicional colombiana abanderada por el expresidente Álvaro Uribe, y además es un empresario y representante de la derecha antisistema como Donald Trump.

De la Espriella es una mezcla de varios elementos que han triunfado en las elecciones, y no hay que olvidar que, al igual que Milei y Bukele, formó su propio movimiento, Defensores de la Patria. Es llamativo que en algunos casos las derechas antisistema han proliferado desde el primer mandato de Trump, como Bukele en El Salvador y Jair Bolsonaro de Brasil; otras lo hicieron entre 2020-2024, como Milei en Argentina, y ahora en el segundo mandato del magnate ocurre lo propio en Colombia con De la Espriella.

No es casualidad que personajes como los antes mencionados tengan características similares en cuanto a la mano dura contra la inseguridad y defiendan la construcción de mega cárceles. Al contrario, las derechas radicales se volvieron atractivas, y como escribió el sociólogo Pablo Stefanoni en La rebeldía se volvió de derecha, sus discursos, la agresividad, la confrontación y su radicalismo han seducido a varias naciones, como ocurrió en el caso colombiano.

Colombia se ha pintado de azul, pero al menos en 2026 existen dos paradas electorales más: Haití en agosto, que es esencial para el dominio del Caribe, y Brasil en octubre, donde el lulismo se enfrentará al bolsonarismo una vez más. En un virtual triunfo de las derechas en estas naciones, la reconfiguración hemisférica alcanzaría su punto más profundo.

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Cientista Político. Graduado en la Universidad Nacional Autônoma de México (UNAM). Diplomado en periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién.

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