Ecuador se ha convertido en una escuela de violencia

Ante la más reciente oleada de violencia en Ecuador, todas las escuelas de cuatro ciudades de una de las provincias más pobres, Esmeraldas, cerraron por varios días las puertas a 130.000 estudiantes el pasado mes. En un país con una tasa de pobreza del 28%, la incertidumbre educativa de no contar lo mínimo -un espacio físico para que los maestros impartan clases-, ha vuelto el país invivible para las nuevas generaciones. El gobierno continúa fallando a los niños y jóvenes y contribuye activamente al aumento de la violencia generalizada.

Durante siete años y sin apenas darse cuenta, Ecuador ha ido mostrando poco a poco todos los signos de estar convirtiéndose en un «punto caliente» del crimen organizado. Un indicador de la amplitud y profundidad que ha alcanzado la actividad criminal son las 15.000 municiones encontradas la semana pasada en el interior de la mayor prisión de Ecuador, desde donde se vienen denunciando reiteradamente desde hace años tiroteos y motines en los que los presos son decapitados y sus cadáveres quemados.

En medio de asesinatos políticos, extorsiones sistemáticas, secuestros, tiroteos en restaurantes y peluquerías, la clase dominante ha podido mantener a sus hijos dentro de los confines de sus comunidades cerradas cercanas a privilegiados colegios privados. Mientras tanto, los brotes de violencia han provocado durante algunos años el cierre periódico de las escuelas como último recurso para proteger a los estudiantes de la muerte, las amenazas y el reclutamiento por parte de las bandas.

Sin embargo, privar a los jóvenes de la herramienta fundamental que es la educación puede contribuir en realidad a la crisis actual. La falta de escolarización en Ecuador tiene una clara correlación con la violencia: El 11% de los 31.300 presos totales tienen entre 18 y 22 años, mientras que el 19% de todos los presos no han terminado la escuela secundaria.

Ecuador mostró una débil respuesta educativa durante la pandemia de Covid-19, cuando las autoridades y líderes nacionales y locales hicieron poco por garantizar la enseñanza a distancia, al no proporcionar a los estudiantes la tecnología necesaria para conectarse, ni acceso a Internet. Cancelar hoy las clases presenciales significa que los alumnos no podrán seguir las lecciones a distancia, volverán a quedarse rezagados y, más pronto que tarde, abandonarán la escuela por completo. Ante la reducción de oportunidades, los desertores escolares gravitan hacia grupos delictivos que se solapan con los cárteles de la droga o se integran en ellos librando batallas territoriales, lo que abona aún más el conflicto.

Los niveles de gaslighting o incompetencia son asombrosos. Ingenuamente -o intencionadamente, para ayudar a disipar las críticas contra el gobierno central- el Ministerio de Educación lanzó en 2022 el Plan Escuelas Seguras. El plan contemplaba dotar de vigilancia policial a los lugares donde se ubican las escuelas. Pero los agentes, que no han sido cooptados por los grupos criminales, carecen de formación y recursos de calidad y son blanco de la violencia impune que controla algunas zonas del país, por lo que tienen las manos atadas.

Tampoco es posible dedicar la fuerza policial a vigilar escuelas cuando hay necesidades más apremiantes en otros lugares. El efecto sería tan nulo como el de otro elemento absurdo del plan destacado por el ministro del Interior, Juan Zapata: la puesta en marcha de festivales por la paz y talleres de crianza como medida para reducir los niveles de violencia.

Los síntomas de violencia son ignorados desde hace tiempo, tanto por el Gobierno como por organismos intergubernamentales. En 2017, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) celebró la disminución de la tasa de homicidios dolosos en Ecuador, señalando la legalización de las pandillas como clave para reducir la violencia a través de la inclusión social. Fue el mismo año en el que el narcotráfico transnacional, junto con sus nocivas implicaciones, comenzaba a mostrar dañinas señales de su expansión en el país.

Como era de esperar, la violencia en las escuelas ecuatorianas se había vuelto tan profunda y generalizada, que algunos estudiantes preferían evitar asistir a clases, independientemente de si también estaban expuestos a la violencia dentro de sus familias. Ese mismo año, el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) descubrió que el 37% de los estudiantes había presenciado al menos un episodio violento en su escuela, o cerca de ella, cuatro semanas antes de ser encuestados. Sin embargo, los documentos oficiales culpaban a las familias de la violencia escolar, ignorando la conexión con conflictos sociales más amplios. Con unas tasas de finalización de la enseñanza secundaria del 72%, los jóvenes desocupados y desempleados eran una bomba de relojería a punto de estallar.

Aunque en el sector de la educación se hicieran inversiones acordes con las necesidades urgentes de restablecer los niveles anteriores de paz en Ecuador, las esperanzas de que la escolarización cambie el futuro de los desfavorecidos y marginados son vanas si el gobierno es incapaz de combatir el crimen organizado. Las prisiones que funcionan bajo el mandato de los cárteles de la droga y que llevan la voz cantante mediante la cooptación y la connivencia con el ejército, la judicatura y la policía ya no necesitan reclutar miembros en los recintos escolares. Las bajas educativas de la guerra criminal llenarán sus filas durante años.

Una de las premisas de la educación es que las escuelas ofrecen oportunidades de aprendizaje y pueden promover el bienestar de los estudiantes. Por lo tanto, su cierre sólo puede suponer un agravamiento de la actual crisis de Ecuador y tener efectos negativos y duraderos en las trayectorias de vida de todos los estudiantes, no sólo de quienes son directamente afectados por la violencia.

Constitución, extractivismo y el conflicto en Jujuy (Argentina)

A mediados de junio, el gobernador de la provincia argentina de Jujuy, Gerardo Morales, recién reelecto por el opositor Juntos por el Cambio, hizo aprobar en la cámara provincial una reforma de la constitución de la provincia. La reforma ha desatado un conflicto al interior de la provincia, con repercusiones en la política nacional, de cara a la elección presidencial de octubre, y se enmarca en una cuestión hace años presente en Sudamérica: el extractivismo minero y las tierras que comunidades aborígenes ancestrales reclaman como propias.

A nivel regional, ha habido enfrentamientos entre comunidades locales y gobiernos por temas vinculados al extractivismo en numerosas ocasiones. En Bolivia, el gobierno de Evo Morales se vio enfrentado a comunidades locales por el tratado de la ruta interoceánica (TIPNIS), así como en Ecuador hubo conflictos y una ruptura definitiva de las relaciones entre la Confederación Nacional Indígena del Ecuador (CONAIE) y el gobierno de Rafael Correa luego de la habilitación de inversiones petroleras en tierras comunales.

En Argentina, la reforma constitucional que promovió el gobernador Morales, dicho sea de paso, candidato a vicepresidente para las elecciones primarias de una de las dos listas del opositor Juntos por el Cambio, promueve entre otras cosas la modificación de un articulado anterior por el cual se establecía que “el derecho a la propiedad privada no podrá ser efectuado en oposición a la función social o en detrimento de la salud, seguridad, libertad o dignidad humanas”. 

Además, la reforma indica que “las leyes procesales de la Provincia deben incorporar mecanismos y vías rápidas y expeditivas que protejan la propiedad privada y restablezcan cualquier alteración en la posesión, uso y goce de los bienes a favor de su titular”. Y se añade que “será considerada grave violación al derecho de propiedad la ocupación no consentida por parte de una o varias personas que impida al titular de la propiedad ejercer los derechos que le asisten según esta Constitución”.

Por otro lado, también se dio de baja un artículo que garantizaba derechos ancestrales de las comunidades indígenas sobre sus territorios, a la vez que lo suplanta por otro articulado que establece que el Estado promoverá la entrega de otras tierras para el desarrollo de las comunidades afectadas. La nueva Constitución se resguarda, además, de las protestas de las comunidades afectadas ya que considera que el Estado debe asegurar “la convivencia democrática” asegurando los derechos de todas las personas. Y para ello establece la “prohibición de cortes de calles y cortes de rutas, así como toda otra perturbación al derecho a la libre circulación de las personas y la ocupación indebida de edificios públicos”.

Muchos países latinoamericanos han reformado sus constituciones en las últimas tres décadas para dar paso a modificaciones sustantivas en el desenvolvimiento económico y político de los países y han introducido cambios estratégicos afines a los programas políticos de los gobiernos que promovieron esas reformas. En esta clave se debe entender la reforma de la Constitución provincial de Jujuy: modificaciones que aparecen como las más importantes y publicitadas, junto a reformas de base que dan pie al despliegue de nuevos intereses y proyectos. Y en el caso de Jujuy, la reforma se enmarca en el extractivismo minero en relación a la nueva perla de la economía mundial: el litio.

Parece ser que la Argentina tiene, después de Bolivia y Chile, el tercer gran yacimiento mundial de litio, componente esencial de las nuevas baterías que alimentan desde celulares a autos eléctricos. Y, en Argentina, los yacimientos de litio están en Jujuy, en territorios que hasta ahora solo eran depósitos de sal, mineral estratégica y comercialmente menor. Esas salinas, más las tierras contiguas que se verán afectadas por este extractivismo expansivo dado que necesita rutas, canales comerciales, ingresos de maquinarias, es lo que suscitó el reclamo de comunidades aborígenes del lugar, que, si bien son muy pequeñas en relación a sus vecinos, siempre han sido marginadas por los gobiernos de turno.

Pero este nuevo escenario modificó esa relación a la vez que generó nuevas demandas y formas de acción colectiva de la protesta social. Ante la reforma constitucional, y la lectura que se hizo de ella en función de los intereses de las potenciales compañías mineras, estalló la protesta en forma de cortes indefinidos de rutas estratégicas para el comercio y el turismo del noroeste argentino, y la comunicación fronteriza con Bolivia.

La primera represión del gobierno de la provincia para desalojar los cortes nacionalizó el conflicto, dado que se añadió la cuestión política electoral en vista de las elecciones primarias de agosto (PASO) y las generales de Octubre, teniendo en cuenta que el gobernador Morales es precandidato a la vicepresidencia junto a Horacio Rodríguez Larreta por Juntos por el Cambio. Esto movilizó al oficialismo nacional junto a los candidatos del oficialista Unión por la Patria a repudiar la represión contra los manifestantes en las rutas y a rechazar la nueva constitución bajo la consigna de que responde a los intereses de las mineras.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, si bien el gobierno nacional apoyo la protesta en el caso de Jujuy, en otras provincias el mismo gobierno generó y sostiene otro tipo de relación con el extractivismo y las corporaciones mineras transnacionales.

Por ello, más allá de cómo evolucione el conflicto, que pareciera diluirse en el tiempo, lo cierto es que una vez más se plantea el dilema estructural entre las necesidades económicas de nuestros países y la preservación ambiental en la región. El extractivismo minero es absolutamente dañino del medio ambiente, pero seduce con la rentabilidad inmediata. Mientras, a mediano plazo, se evidencia cada vez más la posibilidad del colapso ambiental.

El papel de las escuelas en la prevención del extremismo violento

Coautores Lucas José Ramos Lopes y André Bakker da Silveira

A nivel global, las razones que llevan a los jóvenes a realizar ataques extremistas en las escuelas son complejas y multifactoriales. Sin embargo, deben entenderse desde el contexto más amplio y general de la violencia en las escuelas. La violencia es un fenómeno dinámico relacionado con el ámbito escolar que durante mucho tiempo ha sido desatendido y subestimado por la sociedad y los gobiernos.

Además de comprender las múltiples facetas de la violencia en la escuela y su comunidad, pensar estratégicamente sobre la prevención del extremismo violento también requiere comprender los llamados factores push y pull: factores que empujan y atraen. Estos factores representan situaciones que influyen en la entrada de una persona en espacios extremistas y la llevan a apropiarse de la ideología allí presente, lo que puede resultar o no en un acto de violencia extremista.

Los factores de empuje son el aislamiento social y el sentimiento de ser víctima de la sociedad, el gobierno o los movimientos sociales (típicos en grupos masculinistas, como los incels -célibes involuntarios- que ven el feminismo como un enemigo a combatir). Los factores de atracción son aquellos ofrecidos por grupos extremistas, pero desorganizados, que hacen que un individuo se sienta conectado con la ideología o causa, y tenga un sentido de pertenencia y propósito, a través de la simplificación del mundo.

Según el Anuario Brasileño de Seguridad Pública 2023, la discriminación, que es un comportamiento que debe ser considerado como una alerta en la búsqueda de la prevención del extremismo violento, forma parte del cotidiano de la escuela. El 15,5% de los directores entrevistados afirman haber observado discriminación contra algún miembro de la comunidad escolar. Tanto desde la perspectiva del agresor como de la víctima, la discriminación también debe ser vista como un factor que empuja a los jóvenes hacia el extremismo violento, ya que es notable el poder de esta violencia en la formación de identidades individuales, como la homofobia, el racismo, el capacitismo, el sexismo, la gordofobia o la xenofobia, entre otras.

Es importante recordar que la escuela, como institución, también produce y reproduce violencia simbólica y microviolencia con mecanismos propios que pueden excluir, restringir libertades y formas de expresión. La violencia institucional en la escuela se da en un entramado de significados, gestos y palabras y está determinada por la estructura de la institución.  Muchas veces esta incluso desatiende las manifestaciones espontáneas de violencia y hace la vista gorda ante violaciones de otros derechos.

El Anuario Brasileño de Seguridad Pública 2023 también llama la atención sobre la naturalización de la violencia, pero revela algo más complejo. Un ejemplo son los datos relacionados con el robo de material escolar, mochilas, cuadernos, estuches, dinero, muchas veces celulares y otros objetos. A menudo, esto es visto como un acto banal y no se tiene en cuenta que puede conducir a una pérdida de confianza en la institución escolar.

Afirmar la escuela como lugar de protección, así como de acogida, requiere apoyarla en la recomposición de la capacidad de comunicación con las nuevas culturas de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, así como de sus familias, tomando en cuenta las desigualdades sociales que transforman y muchas veces tensan las relaciones sociales.

Ninguna escuela es una isla

De acuerdo con el Informe de Recomendaciones para Combatir el Discurso del Odio y el Extremismo en Brasil, publicado por el Ministerio de Derechos Humanos y Ciudadanía, elementos extraescolares como el culto a la violencia como forma de justicia y el armamentismo, están asociados con la violencia contra las escuelas. Además, la violencia que sucede alrededor de la escuela genera un sentimiento de inseguridad y pone a los estudiantes y docentes en un constante estado de alerta y estrés, impactando negativamente la interacción y el aprendizaje. Los episodios de disparos, las balas perdidas y las operaciones policiales alrededor de las escuelas desencadenan ansiedad y miedo. Solo en 2021, 1.295 escuelas, el 1,7% del total nacional, informaron episodios de tiroteos y balas perdidas. En el mismo año, el 0,9% de las escuelas brasileñas vieron interrumpidos sus calendarios académicos por episodios de violencia.

La violencia contra la niñez y la adolescencia impacta en las escuelas con diferentes contornos, variables extramuros y otros fenómenos como la violencia urbana, el autoritarismo y el extremismo. Conocer los factores que empujan y ponen en contacto a niños y jóvenes con ideologías extremistas permite visualizar cómo la institución escolar, con sus ya conocidas múltiples formas de violencia, puede contribuir de manera práctica.

La prevención se puede dividir en tres frentes: primario, secundario y terciario. El segundo está dirigido a individuos ya identificados como agresores o que están inmersos en una cultura extremista, mientras que el primero y el segundo están enfocados a la sociedad en su conjunto y grupos vulnerables, respectivamente. A nivel escolar, será necesario capacitar e informar a la comunidad, al personal escolar y, en especial, a los educadores, para que comprendan el problema y actúen en prevención primaria y secundaria.

La solución a estos problemas no pasará simplemente por respuestas individuales o de seguridad pública con políticas represivas. Es urgente implementar programas de convivencia escolar que consideren el pluralismo democrático y deconstruyan estereotipos y posiciones hegemónicas a través de una política pública de prevención para que el riesgo cotidiano se transforme en cotidiano protector.

*Este texto es parte del proyecto (Re)conectar: ​​acercando a las personas a las escuelas para superar la violencia, realizado por el Instituto Aurora, con el apoyo institucional de L21. Para apoyar la iniciativa, visite: https://apoia.se/reconectar_escolas

Secretaria Ejecutiva de la Coalición Brasileña por el Fin de la Violencia contra Niños y Adolescentes. Maestría en Derechos Humanos por la Pontificia Universidad Católica de Paraná (PUCPR).

Gerente de Investigación y Proyectos del Instituto Aurora para la Educación en Derechos Humanos. Máster en Filosofía por la Universidad Federal de Paraná (UFPR) y miembro titular de la Comisión Municipal de Derechos Humanos de Curitiba.

Una crisis hídrica socialmente construida en Uruguay

Coautora Micaela Trimble

Desde fines de abril, más de la mitad de los uruguayos ha venido enfrentando problemas de cantidad y calidad del agua. La población está siendo abastecida por agua con concentraciones oscilantes de salinidad, proveniente de una mezcla de agua dulce del embalse de Paso Severino y agua salobre del estuario del Río de la Plata. La Administración Nacional de las Obras Sanitarias del Estado (OSE) viene gestionando, en coordinación con el Ministerio de Salud Pública, el aumento de las concentraciones de sodio y cloruro en el agua distribuida como alternativa para evitar los cortes de agua. En medio de la crisis, el discurso oficial culpabiliza los factores climatológicos, al mismo tiempo que apuesta a que la solución venga de la mano de las lluvias.

Ese discurso ha conllevado también un fortalecimiento de la defensa de proyectos hidráulicos que permitan aumentar la oferta de agua como el Proyecto Neptuno. Mientras que las medidas de gestión y control de actividades que se desarrollan en el territorio de la cuenca del Río Santa Lucía, de donde se abastece a la zona metropolitana de Montevideo, no han tenido la misma suerte.

El problema del agua

Mientras el discurso oficial mencionaba que el agua de OSE era “bebible”, pero sin atender los patrones de potabilidad, las sociedades médicas recomendaban que algunos grupos sociales como los afectados por hipertensión arterial, enfermedad renal crónica, insuficiencia cardíaca, cirrosis o embarazadas evitaran el consumo. Entre las consecuencias de las medidas adoptadas por el gobierno, estuvo la promoción del consumo de agua embotellada lo cual amplió las desigualdades sociales en el acceso al agua potable y segura al consumo, previsto constitucionalmente como derecho humano.

Inicialmente, la preocupación por la falta de lluvias era con el sector productivo agropecuario, uno de los principales sectores económicos del país, lo cual llevó a la declaración de una emergencia agropecuaria. Posteriormente, con la intensificación del problema, se incorporó también la preocupación por el agua para el consumo de la población. Y varios meses después, se declaró una emergencia hídrica, agilizando las inversiones en obras.

El Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) relata que los últimos tres años han sido extremadamente secos y señala una relación entre este período seco con la fase “La Niña” del fenómeno de la Oscilación Sur del Pacífico. Además, existen estudios que muestran que esta sequía fue intensificada por las acciones humanas que han generado un aumento de temperatura.

Aunque hay factores climáticos en juego, resulta llamativo que el gobierno no se haya enfocado en otras dimensiones, como por ejemplo las medidas de gestión del agua y del suelo. Tampoco ha escuchado alternativas propuestas por actores de la cuenca y la zona afectada. Desde la oposición política, se ha criticado el hecho de no haber concretado proyectos hidráulicos propuestos por gestiones anteriores. En su lugar, se le dio prioridad al Proyecto Neptuno, una propuesta que involucra al sector privado y la construcción de una planta que potabilizará agua del Río de la Plata.

Desde la academia y las organizaciones sociales involucrados con la temática se considera que existen problemas de larga data relacionados con la falta de implementación y control de medidas para la reducción del deterioro ambiental de la cuenca. Esto está asociado a diversos conflictos entre los diferentes usos del agua y del suelo en la cuenca. Se suma a esto, una baja permeabilidad a la participación social en la toma de decisiones relacionadas a la planificación, gestión y control del agua.

Otro aspecto que genera preocupación es la pérdida de agua potable en las redes de distribución por falta de mantenimiento. El International Benchmarking Network for Water and Sanitation Utilities (2015) muestra que Uruguay posee una pérdida de casi 50% del agua potable producida en las plantas potabilizadoras. En este marco es planteada la interrogante ¿Por qué el gobierno está apostando a ampliar la oferta de agua, en lugar de tomar medidas para reducir significativamente las pérdidas de la propia red de distribución?

De las decisiones centralizadas al agua embotellada

Los ámbitos participativos, establecidos a raíz de la reforma constitucional de 2004 e integrados por diversos sectores, fueron tardíamente convocados para abordar la crisis. La Comisión de Cuenca y el Consejo Regional de Recursos Hídricos sesionaron recién en junio, cuando la crisis ya estaba avanzada, con protestas sociales casi diarias.

Sin embargo, no es la primera vez que estos ámbitos son ignorados y su función se ve seriamente afectada. En otros países del Cono Sur, también se ha visto que, en momentos de crisis, los procesos de toma de decisiones tienden a ser más centralizados, menos transparentes y participativos, y explicitan la desigualdad de poder entre los diferentes actores involucrados.

En el caso de Uruguay, hay un sector que salió aún más empoderado: el mercado de agua embotellada. Las ventas de agua se triplicaron tras la reducción intencional de la calidad del agua distribuida a la población. En consonancia con lo planteado por otros investigadores, más allá de discutir el subsidio del agua embotellada para la población con menor renta, se debería cuestionar esta forma de pasar la responsabilidad de abastecimiento público de agua potable al sector privado.

Como conclusión, vale señalar que en Uruguay no falta agua y que solo la lluvia no traerá la solución a esta crisis. Estas afirmaciones pueden generar sorpresa, pero esta crisis va más allá de la falta de agua en los reservorios o de la salinidad del agua que sale del grifo. Nos muestra, por un lado, la insistencia en las mismas respuestas gubernamentales en la ampliación de la oferta de agua a través de proyectos hidráulicos. Y por otro lado, evidencia los problemas con la participación social y la ampliación de la discusión de una crisis que afecta a aproximadamente 2 millones de personas.

Agua no falta en Uruguay, pues incluso frente a la crisis del abastecimiento en la zona metropolitana, no faltó oferta de agua (embotellada). Es decir, no hay dudas de que se observó un déficit cuali y cuantitativo de agua dulce que afectó de forma desigual a parte de la región centro-sur del país. Pero la crisis resulta de las medidas adoptadas (o no), generando consecuencias.

El gobierno optó por reducir la calidad del agua pública distribuida, con el conocimiento de que tal medida podría generar la reducción de la confianza de la población en la empresa pública y un mayor consumo de agua embotellada (que puede mantenerse). Es decir, se apostó al clima (por las lluvias) y a los mecanismos de mercado. El primero no puede ser culpable por decisiones políticas; el segundo, no busca prestar un servicio equitativo a la población y tampoco gestionar un bien común.

Micaela Trimble es profesora de la Unidad de Ciencia y Desarrollo de la Facultad de Ciencias de la Udelar. Investigadora Asociada del Instituto SARAS (Uruguay). Doctora en Manejo de Recursos Naturales y Medioambiente por la Universidad de Manitoba, Canadá.

La inevitable convulsión social en Perú

Luego de cuatro meses de un relativo apaciguamiento de los ánimos de los miles de ciudadanos que protestaron a lo largo y ancho del territorio peruano, esta semana el país retoma un cuadro de gran preocupación por su seguridad pública. Los discursos de la presidenta Dina Boluarte y los esfuerzos de su equipo no han sido suficientes para evitar que la población peruana exprese su descontento con la política nacional.

Perú es un país que ha enfrentado, en los últimos años, una serie de episodios de inestabilidad política marcados por la caída y ascenso de personalidades al poder. En los últimos cinco años, el país ha tenido seis jefes de Estado diferentes. La sexta figura en ocupar tal cargo fue elegida en 2021 como vicepresidente del país. Tras un intento de golpe de Estado, marcado por la orden de disolver el Congreso, el presidente Pedro Castillo fue destituido y detenido ante las acusaciones que aún recaen sobre el ex mandatario. Su compañera de fórmula, la actual Presidenta Dina Boluarte, fue la primera mujer en la historia republicana de Perú en gobernar el país.

Boluarte, abogada de formación y con experiencia en diversos cargos de la administración pública, asumió el cargo en diciembre de 2022 y ya en sus primeros actos como presidenta tuvo que enfrentarse a fuertes protestas organizadas por distintos sectores de la sociedad. Al principio, un pequeño grupo de partidarios del ex presidente Castillo salió a las calles. Poco a poco, los movimientos aglutinaron a estudiantes, trabajadores, mujeres y representantes de diversas minorías sociales para cuestionar la legitimidad del gobierno de turno. Aunque las protestas no están unificadas en sus intereses, convergen en el deseo de que el actual presidente adelante las elecciones que constitucionalmente deberían celebrarse en 2026.

La reacción de los poderes públicos ante las protestas fue bastante dura. Especialmente en Ayacucho y Juliaca, dos ciudades peruanas, decenas de personas fueron violadas -y algunas asesinadas- por las Fuerzas de Seguridad Nacional, que exigieron la paralización inmediata de los movimientos de protesta. Entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, la violencia urbana alcanzó niveles que preocuparon incluso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que declaró estar observando muy de cerca la situación en el país.

A mediados de junio, tras un periodo de negociaciones entre el gobierno y la población, se reanudaron las protestas. En vísperas del 202 aniversario de la independencia de Perú, las calles de Lima y otras partes del país volvieron a llenarse de descontento.

La presidenta, que parecía estar negociando unas elecciones anticipadas, ha empezado a dar señales de que pretende permanecer en el cargo hasta que expire el mandato para el que fue formalmente investida en 2022. En sus discursos oficiales, la presidenta culpa al Congreso de la imposibilidad de resolver el impasse. Para que se celebraran nuevas elecciones, el legislativo nacional debía ser habilitado, cosa que no ocurrió. En una reciente encuesta de opinión pública publicada por Latinobarómetro, la presidenta peruana tiene uno de los niveles más bajos de aprobación popular entre los líderes latinoamericanos, sólo superada por el presidente ecuatoriano Guillermo Lasso.

En un discurso de más de tres horas ante el Congreso y las principales autoridades peruanas, la presidenta Boluarte lamentó la violencia entre las fuerzas de seguridad y la población sin reconocerse, sin embargo, responsable de estos enfrentamientos. Su discurso careció del mea culpa esperado por diversos sectores de la sociedad. La presidenta defendió también un «pacto de reconciliación nacional» destinado a restablecer el orden público nacional, que ya ha sufrido pérdidas económicas inesperadas.

Al mismo tiempo que tendía la mano a la población, también pidió al Congreso que autorizára la ampliación de las capacidades de seguridad del poder ejecutivo. La justificación es la posibilidad de que grupos criminales, incluidos terroristas, se aprovechen de la debilidad social en la que se encuentra el país para cometer diversos delitos.  

En las próximas elecciones en Argentina cualquiera puede ganar

Se aproximan las elecciones generales en Argentina y sigue siendo altamente incierto qué candidato y de qué fuerza política podrá ser el triunfador. Argentina sufre una inflación mensual que oscila entre el 6 y 8 % y la pobreza afecta a cuatro de cada diez personas.

Es muy extraño que bajo esta situación no se descarte que el frente oficialista, ahora llamado Unión por la Patria, pierda la elección. Y es que Sergio Massa aterrizó en la cartera económica, hace ya un año, con un dólar paralelo que cotizaba en $296 y hoy sobrepasa los $550. La pobreza sigue marcando porcentajes por encima del 40%, según todas las mediciones, y la indigencia ronda el 10% de la población. Además, el Banco Central a fines de julio ya marcó un saldo negativo de 7.000 millones de dólares, mientras se siguen negociando acuerdos con el FMI para sortear la crisis y el país continúa endeudándose.

Hace un año, cuando la macroeconomía se encontraba en una situación menos horrible que la actual, Massa y su equipo comentaban que se estaba “coqueteando con la hiperinflación”. En este contexto, es difícil imaginar que el candidato del frente oficialista pueda ganar una elección, principalmente si el candidato es el ministro de Economía que nos sigue sucumbiendo en tamaña crisis macro y socio-económica.

Por otro lado, la coalición Juntos por el Cambio (JxC), que es una ampliación de la alianza Cambiemos, que ganó las elecciones presidenciales en 2015, sigue fortaleciéndose a nivel provincial y local. En las elecciones que vienen celebrándose en los diferentes distritos JxC ha conquistado espacios, ya sea por ganar gobernaciones o intendencias provinciales o porque suma legisladores en varios de estos territorios.

En este marco, las chances de JxC de ganar a nivel nacional, al presentarse orgánicamente como la principal oposición, deberían ser altísimas. Sin embargo, la escisión que existe al interior de la coalición, permite que la interna entre las “palomas”, los más dialoguistas que responden a la candidatura de Horacio Rodríguez Larreta, y los “halcones”, los más duros que responden a la candidatura de Patricia Bullrich, debilite un apoyo integral a la coalición.

La interna en Juntos por el Cambio por momentos se vuelve descarnada. En una campaña extremadamente sucia se pudo constatar, de cara a las PASO- elecciones internas-, celebradas en Santa Fe, como la senadora nacional Carolina Losada, “halcona” de JxC, vinculó al ex ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, “paloma” de JxC, al narcotráfico.

Pullaro ganó la interna holgadamente y Losada, quien fue apoyada por Patricia Bullrich y Mauricio Macri, debe ahora recalcular para volver al dialogo con quien acusó de graves delitos. Este tipo de enfrentamientos virulentos entre pares en la coalición se replica en la ciudad porteña y en varios distritos.

A nivel nacional, Bullrich deja entrever en sus spots de campaña que ella es el cambio y que Rodríguez Larreta, su competidor dentro de la coalición, puede representar una continuidad, es decir seguir haciendo lo que hace tan mal el oficialismo. Rodríguez Larreta, por su parte, recuerda que Bullrich fue parte del desastre de 2001, siendo ministra de Trabajo de la Alianza, Alianza que tuvo que interrumpir el mandato dos años antes porque la Argentina se desbordó políticamente.

Las PASO nacionales se celebrarán el 13 de agosto, y al día siguiente de la elección, quienes hayan perdido la elección, ya sea “halcones” o “palomas”, deberán convencer a sus electores de votar a sus férreos y descalificados opositores en la interna.

La tercera fuerza con chances de triunfar en las próximas elecciones, es La Libertad Avanza conducida por Javier Milei. Según diferentes sondeos de opinión, Milei estaría perdiendo apoyo electoral o no estaría ganando adeptos en este tramo de la campaña.  Como sea, se estima que el líder libertario alcanzaría probablemente el apoyo de aproximadamente un tercio del electorado desencantado con la política y con la “casta” que vive de la política y no para la política.

Probablemente esta posible pérdida de apoyo hacia Milei responda a que se volvió de público conocimiento la presunta compra y venta de candidaturas entre Milei y Sergio Massa, a partir de constatar que un alto porcentaje de candidatos en las listas de la fuerza libertaria en las provincias y municipios, son miembros del Frente Renovador de Massa y del kirchnerismo, de la “casta” según el ideario de Milei y su militancia.

Todo indica que en Argentina nos enfrentamos a una elección de tercios y por tal motivo, una segunda vuelta electoral pareciera lo esperable. Y es probable que esto ocurra porque Juntos por el Cambio no se junta, y debido a un dato que tal vez se esté subestimando. Y es que en las elecciones provinciales- en 19 provincias de 24 ya hubo o están celebrándose elecciones desdobladas con las nacionales- la abstención electoral alcanza entre el 30 y el 40% del padrón electoral.

Todo esto parece querer decir al menos tres cosas. En primero lugar, que, si se replica tal situación a nivel nacional, el porcentaje de los que no votan puede equivaler o superar a los porcentajes que las diversas encuestadoras les asignan a las tres fuerzas con chances de alcanzar la presidencia. En segundo lugar, que no todos los desencantados con la política optarían por Javier Milei, que en todas las provincias obtuvo una ínfima cantidad de votos o ni compitió. Y finalmente, que, si los desencantados con la política no votan, las fuerzas que cuentan con “techo bajo, pero piso alto”, como el oficialismo, pueden ganar una elección, incluso tras haber gobernado muy mal durante los últimos tres años y siete meses.

Migración: ¿Se puede hacer turismo en el infierno?

Ciertos diccionarios traducen la palabra alemana wandermut como pasión por viajar o valentía senderista. La palabra, sin embargo, ha pasado a ser una marca para grupos reducidos de turistas europeos que deciden internarse en el infierno. Y esta última palabra, según el testimonio de miles de migrantes latinoamericanos, no es otra cosa que la Selva del Darién.

No causó mucho revuelo, a decir verdad, la noticia sobre la empresa alemana llamada Wandermut que ofrece paquetes de dos semanas, enmarcados en el turismo de aventura, para atravesar esta inhóspita y peligrosa zona selvática que separa a Colombia y Panamá. La normalización sobre el Darién, en la opinión pública de América Latina, también dejó en un segundo plano que unos 200 mil migrantes pasaron por allí solamente en el primer semestre de 2023.

Por cruel paradoja, la noticia sobre los europeos que van a turistear al Darién coincidió en el tiempo con el hecho mucho más grave, y que debería alertar a diversos gobiernos y autoridades: un número cuatro veces superior al registrado en la primera mitad de 2022, atravesó la selva este año. Los turistas iban en busca, diríamos que de adrenalina, los miles de migrantes en pos de un sueño o huyendo de condiciones inospitas en sus países de origen.

Con teléfonos satelitales y la promesa de que un helicóptero podrá rescatarles en breve tiempo si les ocurre un accidente, los turistas pagan a Wandermut la suma de 3.600 euros, más el pasaje a Panamá, según indicaron voceros de la empresa. Los testimonios de migrantes una vez que cruzan la selva, dejan constancia de personas fallecidas en la travesía cuyos cuerpos sencillamente quedan en el Darién.

Recientemente un experto en temas humanitarios de Panamá registró el testimonio de una familia venezolana cuya madre y dos de sus hijas fueron violadas en grupo por una banda de delincuentes, mientras obligaban a que el esposo y un hijo adolescente presenciáran el acto. El Darién es el infierno, concluyó el experto a modo de resumen.

En la selva o tapón del Darién, que separa a Colombia de Panamá, no existen ni carreteras ni caminerías formales. Durante su travesía, los migrantes se enfrentan a bandas delictivas y a las adversidades generadas por la propia naturaleza. Pese a todo, este año va en camino de establecerse un nuevo récord de migrantes que atraviesan el Darién, para luego seguir avanzando por Centroamérica y México, en su camino hacia territorio estadounidense.

A inicios de julio, las autoridades migratorias de Panamá confirmaron que algo más de 200.000 personas ingresaron caminando a ese país tras pasar por el Darién, sólo en el primer semestre de este 2023. La cifra es cuatro veces más que la de similar período de 2022, cuando ya se había establecido un récord en comparación con años anteriores. El flujo migratorio lejos de disminuir ha crecido.

El total de migrantes que atravesaron la selva del Darién en 2022 fue de 248.284, un número que ya significó un hito. Sin embargo, de continuar en lo que queda del 2023 el ritmo del primer semestre, al final de este año se estima que medio millón de personas habrán atravesado este peligroso tramo.

Entre los migrantes que han cruzado el Darién en lo que va de año, más de la mitad son venezolanos (103.028), seguidos de haitianos (33.553), ecuatorianos (25.925), chinos (8.964) y colombianos (6.484). Otras nacionalidades numerosas son chilenos, indios o brasileños.

De acuerdo con cifras de la dirección de migración de Panamá, en 2019 entraron por el Darién 22.102 migrantes. En 2020 la cifra disminuyó a menos de diez mil debido a las medidas tomasdas por la pandemia, y en 2021 hubo una subida explosiva al alcanzar 133.726 y llegó a 248.284 en 2022. Las autoridades panameñas han advertido sobre los riesgos de cruzar esta selva: “aunque la migración es un derecho universal, es importante realizar la movilidad de forma regular, ordenada y segura”.

La presidenta de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Carolina Jiménez, destacó la masiva presencia de venezolanos encabezando en los últimos años este flujo migratorio. En los últimos año y medio, más de 250.000 venezolanos atravesaron este paso.

De acuerdo con diversos organismos especializados en movilidad humana y derechos humanos, la selva del Darién se ha convertido en uno de los pasos más peligrosos del mundo. El coordinador de atención a población migrante de la organización Fe y Alegría, Elías Cornejo, afirma que el tapón del Darién es una región selvática, que por razones geopolíticas, en el marco de la guerra fría se mantuvo inexpugnable, para evitar la expansión de la guerrilla colombiana hacia Panamá.

En la actualidad, según este experto panameño, es técnicamente posible abrir un paso para permitir un flujo controlado de migrantes, pero no hay voluntad política. Esto debería ser una de las primeras acciones a tomar a fin de crear un paso más seguro, además de permitir tener un mayor control de este flujo incesante.

Para Jiménez, esta situación debería llevar a que muchos gobiernos de la región se pregunten por las razones sobre la expulsión masiva de ciudadanos que se vive en países como Venezuela, Haití, Cuba y ahora también Ecuador. Tal debate no parece estar en la agenda pública, en este momento. Mientras tanto, el infierno sigue allí, en el Darién, sólo que ahora también se suman turistas, por más sorprendente que esto pueda parecer.

El efecto eureka y las relaciones entre América Latina, la Unión Europea y China

El despliegue del renovado poderío chino hacia el mundo moviliza recursos, despierta voluntades, reconfigura alianzas, inquieta a líderes occidentales, reorienta estrategias y modifica percepciones por parte de personalidades y entes estatales, comunidades de negocios e, incluso, moldea la opinión pública mundial dividiendo voces a favor o en contra. Así, particularmente en Europa y Estados Unidos se ha producido un efecto eureka, que evidencia que el poder de China no es neutro a escala política, social, económica, y amenaza sus intereses.

En América Latina y el Caribe (ALC), la presencia de China, a través de empresas, institutos de formación, redes académicas y medios de comunicación, ha incrementado su influencia en los ámbitos público y privado (a escala regional) al provocar una profunda atracción sobre su exitosa trayectoria económica que se basa en un rígido sistema político unipartidista y epicentro de un orden “heliocéntrico” alrededor del cual giran naciones en vías de desarrollo y desarrolladas.

Desde esta perspectiva, la III Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que se llevó a cabo en Bruselas los días 17 y 18 de julio de 2023 (luego de un vacío de ocho años), es un claro indicador de la simultaneidad de efectos eureka que China ha producido.

En primer lugar, sobre la misma Europa que ha modificado su posicionamiento mundial y sobre China; la Europa comunitaria parece querer recuperar un perdido estatus como “actor global” luego de haber atravesado profundas crisis económicas, desgajamientos como el brexit y, actualmente, la guerra en Ucrania.

El “despertar europeo” ha sido (y es) traumático; luego de décadas de intentar un modus vivendi con la Rusia de Vladímir Putin, la permisividad de su avance hacia el oeste (la anexión de Crimea y la invasión de Ucrania) demostró claramente el fracaso de la “estrategia de apaciguamiento”, dejando en evidencia la vulnerabilidad y dependencia europea de gobernantes autocráticos, quienes, en reiteradas ocasiones y por medio de la voz de estrategas e intelectuales, exponían al mismo tiempo a una “potencia emergente” con ansias de restauración (como parte del imaginario chino) y el “debilitamiento de la Europa comunitaria”, léase, la OTAN.

El epicentro de este efecto parece ser Alemania. La primera potencia económica europea y el primer socio comercial de China en la UE parece despertar de su largo letargo y reconocer, mediante la publicación de su strategy on China, la necesidad de combinar prudencia estratégica y garantías de seguridad (alimentaria y energética) mediante una pragmática gestión de negocios con el dragón asiático.

Se trata de un enfoque que reafirma estrategias sobre de-risking (la eliminación del riesgo a través de la restricción de vínculos con ciertas contrapartes, en lugar de gestionar el riesgo), pero no de-linking (la disociación consiste en desvincular un parámetro de otro). Para la Alemania pos-Ángela Merkel, China es ahora un competidor sistémico y un socio comercial de primer orden sobre el cual es necesario adoptar una nueva estrategia, con el fin de preservar su “seguridad económica”. China ha cambiado; por lo tanto, la visión sobre China también debe cambiar.

Otros países europeos comparten esta visión. Se han dado cuenta (como efecto eureka) de que China se ha vuelto más poderosa y asertiva en política exterior, controla sectores estratégicos en sus economías por medio de alianzas, fusiones y adquisiciones (Gran Bretaña) de empresas, circuitos logísticos críticos bajo el amparo de la BRI (Grecia), y, por su competitividad, amenaza sus intereses estratégicos en ALC. Complementa esta visión la perspectiva norteamericana que habla de una “amenaza china” aún más intimidante al apoyarse en la alianza “sin límites” con Rusia, por lo que integra, así, una coalición de “Estados autoritarios” antioccidentales.

La reacción europea y su revinculación con ALC puede interpretarse desde varios ángulos. Revalorizar el interés por ALC como proveedor de materias primas, recursos minerales, energéticos, de seguridad alimentaria; sostener la institucionalidad democrática; contener el avance de China sobre Gobiernos y líderes sociales; recuperar espacios de influencia cedidos por “distracción o desinterés” ante personas y entes gubernamentales y no gubernamentales, y reafirmar la importancia de ALC en la lucha contra el calentamiento global y el deterioro medioambiental son factores que están vinculados al cambio en la perspectiva europea acerca de la región. Un indicador del “redescubrimiento europeo” consiste en sus pretensiones por concretar la firma de un Acuerdo de Libre Comercio (ALC) entre la UE y el Mercosur.

Hoy siguen vigentes aspiraciones mutuas acerca de una más profunda interdependencia entre la UE y ALC, sin embargo, esta no se ha de lograr sosteniendo una reiterada narrativa europea (mantra) sobre desarrollo, democracia, valores humanos y lazos históricos, conceptos que hoy no seducen a decisores políticos y agentes económicos latinoamericanos. Reconocer la diversidad de intereses latinoamericanos es un prerrequisito para que la UE recupere espacios perdidos de poder.

A ojos latinoamericanos, China aparece como un socio más “eficiente” y pragmático en tanto avanza con proyectos de infraestructura, inversiones en sectores industriales, acuerdos en telecomunicaciones y planes de acción conjuntos de cooperación en áreas claves. Adicionalmente, China ha firmado varios Tratados de Libre Comercio (TLC) en la región, el más reciente con Ecuador.

¿Aún hay tiempo? 

Europa puede recuperar espacios perdidos aplicando una visión pragmática, adaptando una idea con ALC que no esté centrada en “valores y simbología” pretérita y difusa, sino asentada en bases reales que contemplen objetivos multinivel y multidimensional conjuntos (y no paternalista como en el pasado) sobre desarrollo compartido, impulso industrial, alianzas tecnológicas, apertura de mercados, educación digital, know how, joint ventures e intercambio universitario, entre otros puntos.

Se trata de acciones concretas y mantenidas en el tiempo, que requerirán un trabajo de “base” más proactivo e inclusivo con personas y entes subnacionales y no gubernamentales. En una región compleja donde la democracia no ha resultado ser eficiente en términos de mejorar la calidad de vida de su gente, el discurso meramente axiológico puede sonar vacío. En síntesis, será bienvenida la UE del siglo XXI a la región mediante el diálogo, la concertación para enfrentar desafíos comunes, el impulso al desarrollo y la formación de recursos humanos; a muchos nos hubiera gustado un despertar, un efecto eureka más temprano, pero… más vale tarde que nunca.

* Este texto fue publicado originalmente en la web de REDCAEM

Pamela Aróstica es Directora de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (Redcaem) e investigadora sénior del Centro de Estudios sobre Asia del Pacífico y la India (Ceapi), de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref), de Argentina. Doctora (Ph. D.) en Ciencia Política, de la Universidad Libre de Berlín, de Alemania.

Del cuarto oscuro a adentrarnos en el túnel

La humanidad enfrenta la emergencia climática, que es la crisis más disruptiva de todas. Debemos dejar de pensar en el problema desde la perspectiva intergeneracional; el problema está con nosotros y la ciencia nos urge a tomar medidas contundentes. Pero muchos políticos esconden la cabeza bajo la tierra como avestruces. Otros niegan directamente el fenómeno. Este último tipo de comportamiento no opera en el vacío, tampoco se circunscribe a un grupo de países. El negacionismo es un fenómeno que atrapa a millones de personas en todo el mundo. Se trata de un giro a la extrema derecha que empuja al planeta a una catástrofe anunciada.

¿Qué explica este comportamiento?

En lugar de pensar en el largo plazo, la complejidad del momento lleva a los agentes económicos a privilegiar el corto plazo. Ello se exacerba en contextos como el que actualmente se observa en Argentina, donde la corrida cambiaria y el temor hiperinflacionario nos precipita al “sálvese quien pueda”, premisa que no solo contrasta con la idea de preservación de una sociedad democrática, sino que también elimina toda posibilidad de resolver la emergencia climática.

A su vez, la consigna transmuta hacia una aceleración del extractivismo: la necesidad de divisas impone el “explótese lo que sea”. La renta que implica dejar el petróleo en el subsuelo se evapora y se da una corrida por vender el recurso en los mercados. Tal idea está detrás del celebrado modelo de Harold Hotelling, en el que se vincula el ritmo de extracción y la consiguiente renta que genera la actividad, pero a la tasa de interés que evidencian los mercados financieros. En un contexto de fuerte inflación, acelerar la tasa de extracción resulta un comportamiento racional. En un mundo que está en transición energética y que presenta fuertes probabilidades de que los activos devengan varados, tal comportamiento resulta ciertamente poco convincente.

Sin embargo, el ritmo de extracción no solo se ve influido por la tasa de interés, sino también por los impuestos o tasas que eventualmente se impusieran al carbono. Aquí nos referimos a la tasa pigouviana, que, al internalizar los costos, afecta la rentabilidad de la producción. Aunque parezca paradójico, la crisis petrolera de los años setenta convivió con el surgimiento de una mayor conciencia ambiental que, con el paso de los años, se convertiría en reclamo de un plan de transición energética.

El reconocimiento de la crisis climática en las más altas esferas del poder político (recordemos el manifiesto del exvicepresidente de Estados Unidos, Al Gore) coincidió con una era de baja inflación y mercados financieros estables. No obstante, aun cuando la denominada “divina coincidencia” saltara por los aires en 2007, las bajas tasas de interés perduraron en la siguiente década para evitar un mayor estancamiento. Dicha situación ocurrió simultáneamente con una baja sustancial en el costo de los equipos renovables: el cambio tecnológico mandaba señales.

También crece la conciencia verde en algunos grupos de consumidores, al tiempo que se propagan leyes y normas que condenan el uso del carbono. En términos del modelo, en una época de tasas bajas (nulas) y mayor conciencia ambiental, se retarda el que las petroleras busquen la renta.

Pero la pandemia, primero, y la invasión de Ucrania, después, marcarían el fin del “reinado” de la política monetaria. En un contexto de fuerte incertidumbre, la inmediatez del “sálvese quien pueda” hace que las ideas ambientales pierdan relevancia, al tiempo que ahora Gobiernos y empresas buscan hacerse con la renta: Hotelling prevalece ante Pigou. Súbitamente, el precio del barril se encuentra por encima de los 100 dólares y se multiplican los proyectos de prospección petrolera en todo el mundo. La voracidad por el petróleo no solo se explica por medio de las tasas bajas: la geopolítica importa, pero también influyen los intereses corporativos.

Pareciera que todos observasen a corto plazo, aunque dicha lectura resulta equivocada, al menos en algunos casos. La guerra aceleró el plan de transición en el seno de la Unión Europea, mientras que la introducción de la ley antinflacionaria en EE. UU. marcó un retorno de la política industrial. A ello se suma China, cuyo predominio industrial alcanza a importantes sectores verdes (eólico, solar, baterías y automóviles eléctricos).

Todo lo que se dijo anteriormente no quita que, en pos de mantener sus negocios, algunos empresarios, a la sazón financistas de la extrema derecha, enarbolen el negacionismo. Tal es el caso de los hermanos Koch, cuyos fondos nutren las billeteras de los libertarios en todo Occidente, con el objetivo de desmantelar toda política climática como la que propone el Partido Republicano en caso de llegar a la Casa Blanca o la enmienda al Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética que presentó Vox en 2020 en el Parlamento español. Este tipo de posturas no resulta extraña para quienes habitamos la región. Basta recordar los años de Jair Bolsonaro en el Palacio de Planalto.

Pero ahora se asoma en la Argentina. Muchos votantes, al llegar al cuarto oscuro, se envalentonaron y expresaron su bronca a la clase política “tradicional”. Independientemente de sus motivos, el apoyo a Javier Milei en las elecciones primarias del 13 de agosto ha alterado la agenda política. La “maquinaria negacionista”, que ha sido impulsada por la extrema derecha, está respaldada por empresarios, medios de comunicación, fundaciones conservadoras y, en este caso, por el sector petrolero.

Ahora habrá que esperar a lo que suceda en las elecciones presidenciales. Sin embargo, no olvidemos que no existe casta más peligrosa que la que embiste contra la democracia y el propio futuro del planeta.

El poder de la caricatura en la política mexicana

¿De qué manera nos sirven las caricaturas políticas para pensar en la dinámica con la cual se construyen los humores sociales y la opinión pública? El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador ha tenido una relación particular con estos “monitos”. Por un lado, si bien este aplaude las caricaturas que ridiculizan a sus adversarios y a los bloques de oposición, descalifica a los dibujantes de los medios que no son afines a su proyecto de gobierno. Ello convierte a las caricaturas, al igual que los periodistas, en actores relevantes de la política y, a veces, en objetivo de los políticos.

Otro ejemplo es el caso del expresidente Donald Trump. ¿Cómo olvidar la censura hacia caricaturistas como Michael de Adder cuando este dio rostro a las víctimas de la crisis migratoria en la frontera norte de México o la decisión de The New York Times de excluir caricaturas en su sección internacional por un cartón que molestó al exmandatario?

En México, la relación de la gráfica con la política y la sociedad en su conjunto ha sido tan importante que en la capital hay un museo dedicado a la caricatura y una estación del metro tapizada de ilustraciones de caricaturistas mexicanos. Nombres como Gabriel Vargas, Eduardo del Río, Abel Quezada, Manuel Ahumada, Rogelio Naranjo y Helio Flores, por mencionar algunos, están profundamente arraigados en el imaginario mexicano. Toda una revelación en momentos en los que prevalece la sobreexposición a todo tipo de imágenes digitales.

La relación entre la caricatura y la política mexicana no es reciente; este género nació casi de forma simultánea al surgimiento del Estado nacional. La primera caricatura política apareció pocos años después de la consumación de la independencia. Tiranía, considerada la primera caricatura política mexicana, se publicó en 1826 de la mano del italiano Claudio Linati, junto con Fiorenzo Galli y el poeta cubano José María Heredia, quienes instalaron el primer aparato tipográfico en el país y fundaron el bisemanario El Iris.


Si bien la revista duró pocos meses, fue el inicio de una larga tradición que pasaría a ser parte de la realidad mexicana con fuerza a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Más prensas tipográficas, la circulación de un mayor número de periódicos, la creación de un estilo mexicano de caricaturas alejado del estilo francés son algunos de los factores que permitieron la maduración y consolidación de este género en México.


Sin embargo, fue con la aparición del periódico La Orquesta, entre 1861 y 1877, que la caricatura política mexicana se estableció como un elemento recurrente. Fue la primera publicación en la que las caricaturas serían un elemento inherente al mismo: en cada número los editores y dibujantes, quienes a veces eran los mismos, emitían críticas durísimas al poder desde las imágenes que publicaban.

Algunos de los procesos que se abordaron en las distintas épocas de la publicación fueron las invasiones francesa y estadounidense, el Segundo Imperio Mexicano, las tensiones entre los Poderes de la Unión, la Guerra de Reforma, las tensiones entre liberales y conservadores, y las reelecciones del presidente Juárez.


La caricatura política emergió como un actor de peso en México justamente por su crítica frente al poder. Esa virtud doble de contestar el poder, pero desde una óptica satírica o humorística, es lo que la ha hecho tan eficaz y sólida. Las caricaturas políticas devienen muchas veces en una burla hacia los poderosos que, por un momento, abollan su halo de autoridad aparentemente intocable.

Sin embargo, las caricaturas no solo buscan generar humor, sino que también despiertan tristeza, enojo, indignación o miedo. En ocasiones, con trazos simples, la caricatura política nos afecta: a algunos les molesta, a otros los conmueve y a otros les incomoda.

Las caricaturas, en definitiva, traducen el estado de la opinión pública a partir, no solo de sus contenidos y provocaciones, sino también de las reacciones que generan. Y, al hacerlo, se convierten en un actor capaz de moldear la agenda pública. Más allá de que hablemos de dibujos proyectados en impresiones gráficas como los diarios o en memes que circulan por las redes sociales, su poder es innegable.

 *Este texto está escrito en el marco del X congreso de WAPOR Latam: www.waporlatinoamerica.org.