Nuevos progresismos latinoamericanos

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El primer ministro peruano, Guido Bellido, fue duramente insultado y atacado por los congresistas de oposición cuando dirigía unas palabras de saludo al Congreso de su país en kechwa. A decir verdad, ese gesto simbólico fue lo más sustancioso que dijo; ningún anuncio de fondo sobre las reformas que se preparan o sobre las metas que se proponen. La elección de Elisa Loncón, intelectual y activista mapuche, como presidenta de la Asamblea Constituyente chilena, fue también un emblema de los cambios institucionales que todavía no se perfilan, pero que se intuyen. Como en Perú, en Chile esos gestos iniciales también han despertado rencores aletargados y reacciones desproporcionadas. Junto a Colombia, los tres grandes países del pacífico sudamericano se erigieron durante las dos últimas décadas como los adalides más exitosos de la estabilidad neoliberal. Y los tres se encuentran ahora asediados, luego de poderosos estallidos de protesta popular, multitudinariamente joven, por una sorprendente reacción de los profusos damnificados de ese triunfo.

Chile, Colombia y Perú ¿Nuevos progresismos latinoamericanos?

Cada uno tiene sus peculiaridades. Las protestas peruanas no alcanzaron la masiva magnitud de las de sus vecinos al norte y sur. Chile conoció un diluido progresismo con Michelle Bachelet, cuyas tímidas reformas ni siquiera pretendieron horadar seriamente el modelo económico que acumulaba más o menos silenciosamente un inaudito número de náufragos en sus costas. En Perú, Ollanta Humala ni siquiera llegó a imaginar el perfil de alguna reforma antes de abandonarla. Nada parecido en Colombia, asolado por veinte años de irrestricta hegemonía uribista, asentado como estuvo siempre, en la mano dura contra una guerrilla que perdió en 1999 la última oportunidad de una paz con dignidad.

El boom del precio de las materias primas acumuló excedentes y permitió una tímida redistribución de los ingresos, comparada con la década regresiva de 1990, incluso en estos países, heraldos de la ortodoxia económica. ¿Por qué no se produjeron trastrocamientos políticos similares a los de Bolivia, Ecuador y Venezuela? Un rasgo común en Chile, Perú y Colombia fue lo que podríamos llamar una auténtica derechización de la sociedad, que yace como fuerza subyacente tras la férrea permanencia del modelo económico liberalizador.

El fujimorismo en el Perú es impensable sin el hastío, el horror y el shock de una década de una de las más violentas guerras civiles del hemisferio. Según el informe de derechos humanos, tras la guerra, Sendero Luminoso ostenta el dudoso honor de haberse convertido en la única guerrilla del continente en haber asesinado a más personas que el ejército. Vencer por la fuerza a Sendero fue la base de la hegemonía política incontestada por una década de una más de las corruptas dinastías políticas a que nos tiene acostumbrados la historia de América Latina. Desde el año 2000, el fujimorismo ha sido una primera minoría, pero su influencia se asienta precisamente en el descrédito que cualquier lucha social o discurso de redistribución sufrió por la tragedia de haber incubado lo más parecido a la brutalidad de Pol Pot en el continente.

El uribismo en Colombia tiene una historia de éxito basada en un origen similar. Las FARC no se parecen a Sendero Luminoso, pero la guerra duró cinco veces más; y se enredó también, hasta degradarse, con demasiados estambres del narcotráfico y la violencia delincuencial. Se volvió para demasiados, por demasiado tiempo, en una forma de vida, antes que en una elección forzada por un tiempo limitado. La victoria militar uribista, con su cortejo de intransigencia y atropello a cualquier derecho humano mínimo, arrojó la guerra de guerrilla a los márgenes de los que había salido en los años ochenta.

Uribe y Fujimori encarnaron la mano dura para combatir el desorden y la incertidumbre. La sociedad se derechizó al calor de esa lucha contra quienes decían representar, en el discurso que articulaban, un programa de igualdad social y justicia económica. Las atroces crueldades económicas del neoliberalismo, con su cortejo de incertidumbres y desigualdades, palidecían ante los logros viriles del guerrero intransigente. Quienes enarbolaban un discurso de justicia y redistribución, opuesto al neoliberalismo, terminaban empañados por la sombra difusa de sus precedentes militares.

En Chile no hubo una guerra semejante. Pero la Unidad Popular (1970-1973) sufrió una derrota similar, sin precedentes. Impuesto por el miedo, el experimento neoliberal chileno, fue capaz de reducir la pobreza hasta mínimos históricos en el Tercer Mundo, pero a costa de una polarización y desigualdad crecientes. La derechización de la sociedad chilena es más difícil de explicar; quizá resida en una combinación de factores de largo plazo, como una clase dominante bastante más homogénea, con factores de plazo medio, como una serie de mecanismos tecnocráticos paliativos de las desigualdades, digitados desde un Estado inusualmente fuerte para los estándares latinoamericanos. Lo cierto es que las exclusiones neoliberales estallaron ante todo entre los jóvenes, que fueron acumulando agravios lentamente, primero en la forma de desafección y abandono, luego en la forma de una ira callejera largamente encadenada.

Sea como fuere, el resultado es una aguda deslegitimación de los tres países “modelo” del orden liberalizador en Sudamérica. Aquellos que habían resistido exitosamente la ola rosada y eran exhibidos por los opinólogos de la prensa mainstream como el ejemplo de lo que había que hacer. Ante su descalabro en el imaginario popular de sus propios países, el amparo de las fuerzas políticas que ahora se encuentran a la defensiva es pobre: solo les queda vociferar que la alternativa es aun peor. Que los ejemplos de la Nicaragua neosomocista de Daniel Ortega y Rosario Murillo, o el desastre económico del madurismo, están ahí para ilustrarlo.

Aprender de las experiencias pasadas y crear alternativas

Así que, en esas condiciones, a estas nuevas izquierdas incubadas en el seno de una similar experiencia histórica de derechización social, agudización de las desigualdades y exclusiones económicas, y dificultad para erigir una alternativa política, les conviene leer bien las experiencias del más reciente progresismo latinoamericano.

No les corresponde, ni por principios ni por estricta conveniencia política, quedar atados al ejemplo de unas autocracias dignas de ser sus enemigas. Incluso aquellas experiencias alejadas de los prototipos extremos del madurismo o el orteguismo, el correísmo ecuatoriano y el evismo boliviano, exhiben una deriva caudillista incompatible con la vigorosa maduración de movimientos sociales activos, audaces y autónomos que requiere una auténtica transformación radical y de largo plazo del modelo económico y de la sociedad dominante.

Desde Mariátegui hasta Allende, pasando por las experiencias autonomistas de las colonias de Sumapaz, hay en la memoria, la historia y la imaginación de estos tres países, la capacidad de inventar caminos alternativos a partir de los materiales que se encuentran dispersos a su paso.

Uno de esos materiales es la enorme fuerza del rechazo que generan las injusticias y crueldades del modelo neoliberal, pero otro es la fracasada forma en que las previas experiencias andinas del progresismo manejaron la compleja relación entre movimientos sociales transformadores y movimientos políticos en el Estado. Hay mejores vías. Y en estos países se pueden experimentar alternativas.

Foto de Paulo Slachevsky

Lasso y el nuevo Parlamento ecuatoriano

El pasado 22 de agosto, el nuevo parlamento ecuatoriano cumplió los primeros 100 días de gestión parlamentaria. Estos primeros meses nos permiten avizorar los frentes que marcarán la relación entre el Legislativo y el Ejecutivo liderado por Guillermo Lasso. Y el rostro que comienza a posicionarse como clave para los próximos dos años es el de Guadalupe Llori, diputada indígena del partido Pachakutik que encarna la resistencia a crear un frente común de izquierda junto al correísmo, principal grupo político de esta nueva legislatura.

Las controvertidas y reñidas elecciones presidenciales ecuatorianas mostraron el importante peso electoral que aún tiene el correísmo. Sin embargo, por otra parte, especialmente en la segunda vuelta, se evidenció también el enorme rechazo que despierta entre sus adversarios. Esto ha quedado expresado, en cierta medida, en la asignación de curules de la nueva Asamblea Nacional. Más allá del efecto que pudo haber tenido la implementación del método Webster en esta elección, pareciera que el Poder Legislativo será la principal instancia de coordinación y articulación con la que tendrá que lidiar el nuevo gobierno en esta nueva etapa política del Ecuador.

Aún así, el parlamento ecuatoriano como institución pública, tiene por delante mucha credibilidad que reconstruir. La gestión saliente alcanzó alrededor de un 10% de respaldo popular de su gestión. Y si bien la expectativa de la ciudadanía sobre esta nueva legislatura mejoró considerablemente hasta promediar un 38% de confianza, la gravedad de la crisis sanitaria y financiera del país no ofrecen mucha holgura de respaldo social.

Esta desconfianza también se debe a que más de la mitad de la representación parlamentaria de la pasada legislatura (2017-2021) cambió de afiliación partidaria durante su gestión. Este fenómeno de transfuguismo —conocido coloquialmente en Ecuador como «camisetazos»—, además de distorsionar la representatividad política, contribuye al descrédito generalizado que persiste sobre la Asamblea Nacional en su conjunto. A pesar del probado repudio público que tiene esta práctica, en la actual legislatura ya van registrados siete casos de transfuguismo.

Fuente: Observatorio Legislativo. Fundación Ciudadanía y Desarrollo. Agosto 2021

El nuevo arco parlamentario

En este contexto, a primera vista destaca en la nueva correlación de fuerzas el desmoronamiento organizacional del correísmo. Alianza País, además de dividirse en la legislatura anterior, en la actualidad quedó sin curules. Sin embargo, el correísmo tiene presencia en los 49 diputados del partido Unión por la Esperanza (UNES) alimentados electoralmente por la candidatura de Andrés Arauz. Por otra parte, destaca el crecimiento de la representación de los partidos de izquierda no alineada al correísmo, como la Izquierda Democrática (18 curules) y el movimiento indigenista Pachakutik (27 curules).

Este distanciamiento tan marcado entre las izquierdas, ofrece espacios de interlocución con el partido que respalda al Presidente Lasso (Movimiento Creando Oportunidades CREO) el cual tan solo obtuvo el 12% de la representación parlamentaria. De igual manera destaca el crecimiento de la representación política del Partido Social Cristiano, (PSC) principal aliado estratégico del gobierno.

A pesar de esta correlación de fuerzas en la que el gobierno es minoría, después de sortearse algunas dificultades se pudo conseguir una alianza inicial al menos para el nombramiento de las principales autoridades de la Asamblea Nacional. Un adelanto, quizá, del tipo de relación que tendremos entre Ejecutivo y Legislativo al menos para los próximos dos años. Una pauta de gobernabilidad que si bien no pareciera de hostilidad ni bloqueo, tal como ocurre en sistemas políticos como el peruano, pero que podría plantear una estrecha vigilancia al Ejecutivo y una contención política a sus iniciativas. Este sería un entorno poco favorable para cambios muy radicales, al menos en el corto o mediano plazo.

Entorno parlamentario 2021

Es importante advertir, que el análisis de la gestión legislativa, no sólo debe hacerse desde la producción cuantitativa de leyes y la ratificación de tratados internacionales. También es importante examinar la capacidad contralora que tiene el parlamento sobre la gestión pública en su conjunto. De aquí la importancia de su operatividad institucional, independientemente su correlación de fuerzas, lo cual permita la gobernabilidad democrática del país.

Un rasgo importante a destacar es la agenda parlamentaria 2021-2024, la cual por primera vez desde 2008 no se había elaborado en observancia a la Ley Orgánica de la Función Legislativa. Esto constituye un rasgo importante de autonomía institucional que contrasta con las gestiones anteriores.

Sin embargo, más allá de esta declaración de buenas intenciones, hemos podido conocer durante estos primeros meses las tensiones entre las principales bancadas, lo cual tiene su expresión en la proliferación de exhortos, así como también en las objeciones a las leyes aprobadas por la gestión saliente. Lo propio se ha visto también en las recurrentes acusaciones de corrupción, el rechazo del informe de gestión del presidente Lenín Moreno y las protestas de sectores sociales importantes como los maestros.

De esta manera el tablero político resultante de las elecciones en el Ecuador, para este 2021 ya está desplegado, teniendo como telón de fondo los rigores que impone aún la pandemia y una gestión saliente con cuestionables resultados socioeconómicos.

En este sentido, el principal punto de tensión seguramente será la aprobación del presupuesto general del Estado, así como las principales iniciativas legislativas que busque el nuevo gobierno como la Ley de Comunicación. Aún así, la Asamblea Nacional ya ha aprobado cuatro leyes, orientadas tres de ellas hacia la reactivación económica. Un guiño temático interesante considerando que quien ocupa el Palacio de Carondelet, llegó allí prometiendo una nueva conducción fiscal del país que permita mejorar la maltrecha economía ecuatoriana.


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Fotos: Fernando Lagla / Asamblea Nacional

Estados Unidos pone las armas, México los muertos

La situación de violencia en México es grave y parte de esta situación es responsabilidad del tráfico ilegal de armas proveniente, en su totalidad, de Estados Unidos. Desde hace años, en parte como efecto de la lucha contra el narcotráfico, México suma miles de muertos a una sombría estadística que asombra, preocupa y genera pavor en su sociedad. Como dicen en el norte azteca, “los gringos ponen las armas, nosotros ponemos los muertos”.

La demanda mexicana

El pasado 4 de agosto, el gobierno federal mexicano presentó una demanda civil por daños ante la Corte Federal de Massachusetts, Estados Unidos, contra once empresas fabricantes de armas por la venta irresponsable y negligente que habrían estado concretando en territorio mexicano, favoreciendo así al tráfico ilegal de armas lo cual ha provocando daños directos al país.

Tras la presentación de la demanda, el pasado 21 de agosto, Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno de México comunicó que la corte estadounidense aceptó a trámite la demanda presentada. «La Corte Federal en Massachusetts aceptó el litigio (…) Es un primer gran paso, ahora vienen la notificación y el proceso legal. Avanzamos», publicó el canciller en sus redes sociales. La demanda se presentó en Boston porque es la ciudad sede de las empresas demandadas.

Sin embargo, a pesar de esta aceptación judicial, hay que tener en cuenta que el proceso puede prolongarse por años, máxime teniendo en cuenta el poder político de dichos fabricantes que tienen entre sus principales apoyos a la muy poderosa Asociación del Rifle, a la cual pertenecieron, entre otros famosos, los ya fallecidos John Wayne y Charlton Heston. Su lema: “las armas no matan; los hombres matan” es una falacia de cabo a rabo que encuentra muchos adeptos en un pueblo históricamente acostumbrado al manejo de armas de fuego.

Según el gobierno mexicano, el objetivo de esta demanda es doble. Por un lado busca lograr un aumento de los controles dentro mismo de Estados Unidos, y por otro obtener una compensación económica, cuyo monto todavía no se ha dado a conocer. 

Las empresas demandadas son Smith & Wesson; Barrett Firearms Manufacturing; Beretta USA; Beretta Holding; Century International Arms; Colt’s Manufacturing Company; Glock, Inc.; Glock Ges.m.b.H.; Sturm, y Ruger & Co.

Asimismo, se demanda a Witmer Public Safety Group e Interstate Arms como distribuidores y proveedores de las armas. Debe señalarse que Barrett fabrica el fusil de francotirador calibre 50, que es el preferido por los narcos mexicanos.

Cifras que estremecen

La presentación judicial del país azteca, cita algunas cifras que estremecen: el tráfico ilegal supera el medio millón de armas de fuego anuales que colaboraron a causar, sólo en el año 2020, más de 36 mil víctimas, lo que representa una tasa de 29 homicidios por cada 100 mil personas.

De acuerdo con una revisión de datos publicados por los medios de prensa mexicanos, la realidad no sólo es grave, sino que va in crescendo. De 23.100 muertos en 2017, se pasó a 36.750 en 2020.

Aunque no todas las fuentes coinciden en las cifras, sí hay coincidencia en que desde el año 2007 fueron asesinados más de 350 mil mexicanos, muchos de ellos totalmente ajenos al conflicto armado por causa del narcotráfico. Del total de muertos del año pasado, unos 5 mil eran jóvenes, en tanto unos 300 eran niños.

Demanda adelantada

Los abogados del gobierno mexicano vienen trabajabdo en la demanda desde inicios de 2020, pero un suceso apuró la presentación ante la Corte. Se trata de la oferta de indemnización que presentó la Remington Arms a los familiares de las víctimas de la matanza en una escuela de Connecticut. En ese hecho, ocurrido en 2012, 26 niños y adultos fueron asesinados con armas de su fabricación.

Aunque leyes federales aprobadas a inicios de este siglo, amparan a los fabricantes ante una demanda civil, Remington, consciente que la impunidad tiene límites, estableció negociaciones privadas para resarcir a las familias de los asesinados con 33 millones de dólares. Por ello, el gobierno mexicano estimó que este era el momento propicio para presentar su propia demanda.

Y es que, de hecho, las empresas fabrican armas diseñadas especialmente para los narcos con el objetivo de atraer al nada despreciable mercado de los carteles. Incluyen diferentes arreglos estéticos y de funcionamiento pensados expresamente para los jefes y sicarios del narcotráfico.  Como ejemplo, la pistola Colt calibre 38, que lleva la imagen de Emiliano Zapata, todo un ícono mexicano, incluye el lema más famoso del revolucionario: “Es mejor morir de pie que vivir toda una vida arrodillado”.


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Foto de Jesús Villaseca Pérez. en Foter.com

El “liderazgo político pandémico” y las mujeres gobernantes

En 2020 se dio un cambio significativo en la apreciación de los liderazgos políticos de las mujeres, aunque es muy pronto saber si esta valoración persistirá en el tiempo. La forma como algunas jefas de Estado o de gobierno manejaron la pandemia de la Covid-19 llevó a que se realzara su gestión. En Brasil, por ejemplo, un estudio realizado con el apoyo de la Universidad de Sao Paulo y de la Universidad de Barcelona, que indagó sobre la gestión de la pandemia por parte de los alcaldes y las alcaldesas, muestra que las alcaldías lideradas por mujeres mostraron una mortalidad 43,7% menor que las lideradas por los hombres.

Liderazgos femeninos frente a la pandemia

Un mes después de que el director de la Organización Mundial de la Salud declarara que la Covid-19 era una pandemia, salió publicado un artículo en Forbes en el que se señaló que los países que mejor la habían manejado tenían en común que eran gobernados por una mujer. Se destacó la labor realizada por Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán; Angela Merkel, canciller de Alemania; las primeras ministras Jacinda Ardern, de Nueva Zelandia; Sanna Marin, de Finlandia; Katrín Jakobsdóttir, de Islandia; Mette Frederiksen, de Dinamarca y Erna Solberg, de Noruega.

A partir de entonces, se publicaron artículos de prensa en todo el mundo resaltando su gestión en el manejo de la pandemia. Se destacaron cualidades como el cuidado de la ciudadanía que privilegió la vida de las personas por encima de la racionalidad económica. Todo ello con un enfoque que no desmontaba los estereotipos de género, sino que en muchos casos los profundizaba y se seguía aplicando el doble rasero: se evaluaban las conductas de manera distinta si las desarrollaba un hombre o una mujer.

América Latina no fue una excepción. Aunque la región actualmente no tiene mujeres gobernantes en la cúspide del Poder Ejecutivo, hay mujeres que dirigen gobiernos regionales o locales.

El estudio mencionado al inicio del texto, además de mostrar una mortalidad sensiblemente menor de las alcaldías lideradas por mujeres, demuestra también que estas tuvieron un 30,4% menos de hospitalizaciones por Covid-19. Además, los autores del estudio concluyeron que si la mitad de los municipios de Brasil hubiesen estado liderados por mujeres, la mortalidad en el país hubiese sido menor en un 15%.

Es importante destacar que un enfoque excesivo en el género de los liderazgos para determinar los factores de éxito en la gestión de la pandemia puede resultar contraproducente para las mujeres; se corre el riesgo de que se les evalúe con mayor exigencia y que reciban un rechazo mayor si no cumplen con los estándares establecidos.

¿Qué tienen en común los países liderados por mujeres que han gestionado con éxito la pandemia?

Lo primero a destacar es que los siete países pertenecen al Norte global. Presentan una sólida institucionalidad, alta inversión social, incluida la salud pública (está demostrado que los países dirigidos por mujeres invierten más en esta área y eso está asociado con un menor número de muertes por la Covid-19), están en los primeros lugares del Índice de Desarrollo Humano y hay una presencia alta de mujeres en los órganos legislativos que está por encima del 30% .   

Por lo tanto, estos países estaban entre los más preparados para gestionar la pandemia. Cabe destacar, no obstante, que se observaron diferencias entre estos países y otros liderados por hombres que también están entre los que tienen mayor Índice de Desarrollo Humano y una institucionalidad sólida, como Suecia y Reino Unido.

Esta información puede llevar a conclusiones simplistas de que las mujeres lo hicieron mejor por razones de género, pero es necesario profundizar y responder a un conjunto de interrogantes: ¿cómo fueron estas actuaciones? ¿qué medidas se tomaron? ¿qué determinó una gestión exitosa?

Liderazgo pandémico

Basándose en una investigación sobre la gestión de la pandemia de la primera ministra de Nueva Zelandia, Jacinta Ardern, considerada una de las más exitosas, Suze Wilson desarrolló el concepto de “liderazgo pandémico” y los elementos que se tuvieron en cuenta en el manejo de la Covid-19. Su estudio establece un marco analítico que permite evaluar las actuaciones de las siete mujeres gobernantes señaladas en este artículo.

El primer factor se refiere a la importancia que se le dio a las orientaciones y directrices de las personas expertas en pandemia a la hora de tomar decisiones. En el caso de Ángela Merkel, se asesoró con una red de expertos provenientes de distintas agencias de salud pública y universidades.

Otro elemento a destacar es el manejo de información seria, creíble y oportuna, que llegue a la ciudadanía. La primera ministra neozelandesa ha sido elogiada por la manera cómo ha manejado la información a través de las redes sociales y se ha mantenido en contacto con la ciudadanía. También destaca el caso de la primera ministra de Finlandia, quien usó a influencers para informar a la población más joven y evitar la propagación del virus.

La empatía ha sido uno de los factores altamente valorados en el contexto de la pandemia. Se han destacado los liderazgos que han reconocido públicamente el impacto de las medidas tomadas en la vida cotidiana y el mensaje que han transmitido sobre la necesidad de unir esfuerzos. En este caso destaca la primera ministra de Noruega, quien usó la televisión para hablarle a la niñez de su país sobre el virus.

El manejo de aspectos prácticos por parte de quienes ejercen el liderazgo también ha sido importante. En ese sentido, Jacinda Ardern grabó videos sobre la vida cotidiana para concientizar sobre el confinamiento, mientras que Ángela Merkel explicó que se garantizaría el abastecimiento permanente de alimentos e instó a la ciudadanía a evitar el acaparamiento.

Estas líderes actuaron, además, de forma rápida y oportuna, y aunque tomaron medidas impopulares que afectaron la economía como el confinamiento obligatorio, las estrategias permitieron un manejo eficiente de la Covid-19. Pero no hay una relación directa entre esta forma de actuar y el hecho de ser mujeres. También algunos hombres gestionaron de forma eficiente la pandemia, aunque no se hable de ellos.

Lo dicho anteriormente no desconoce el hecho que, por socialización de género, las mujeres lideresas hayan tenido más desarrollados ciertos rasgos fundamentales para el manejo de la pandemia, como la empatía y la cercanía con la población.

Que estos rasgos, considerados “típicamente” femeninos, sean valorados de forma positiva, lo que no ocurría anteriormente, parece abrir un camino nuevo en el estudio del liderazgo político. También hay que reconocer el impacto que tiene en la representación simbólica el hecho de que la gestión de las mujeres gobernantes sea evaluada positivamente.


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Kabul, EE.UU. y América Latina

Cayó Kabul, los talibanes volvieron al poder, pero la derrota también impactará el ámbito internacional. ¿Cuán seguros se sienten hoy los aliados de Estados Unidos en el mundo? ¿la OTAN que pensará? ¿Ucrania? ¿Corea del Sur? ¿Japón? Y especialmente, ¿cómo impactará todo esto a nuestra región?

Las críticas recién empiezan, la urgencia es salvar a los militares occidentales y a sus colaboradores afganos más cercanos. Pero es indudable que la administración Biden pagará severos costos. Ya vemos los primeros signos: los sectores ultranacionalistas le reclaman debilidad e improvisación al gobierno demócrata —olvidando que fue Trump quien empezó tratos con los talibanes— y los rusos y chinos hicieron lo mismo hace semanas y meses. El tema se transformará en uno de los principales puntos de la agenda doméstica y electoral.

Para empezar, este desenlace era previsible, ya desde tiempos de Trump los norteamericanos habían anunciado su retiro. Lo que sorprendió fue la rapidez con la que se desmoronó el gobierno pro-occidental y el desbande de su ejército. Con ello, en vez de una retirada ordenada asistimos a una estampida de occidentales que aún no concluye.

La victoria talibana no es vital en el cuadro global, pero si acarrea importantes consecuencias para su región mas inmediata, en especial para India, Pakistán, Irán, China más Rusia y sus aliados limítrofes con los afganos (tayikos y uzbecos).

Pero la potencia que resiente en especial este colapso es Estados Unidos. Por cierto, los antecedentes auguran un fatídico futuro para las mujeres afganas, que se suma a la desmedrada situación que soportan las mujeres en otros países musulmanes y en especial, al secuestro y esclavitud al que bandas terroristas someten a niñas y jóvenes en regiones de África.

En ese contexto, la principal repercusión de la caída de Kabul será en Estados Unidos.

De Saigón a Kabul, las derrotas de EE.UU.

En Mayo de 1975 cayó Saigón. Los mayores recordamos los helicópteros abandonando abarrotados la embajada estadounidense y a los miles de refugiados a bordo de todo tipo de embarcación. La primera gran derrota militar de la potencia occidental en su historia. La sociedad norteamericana fustigó duramente a sus dirigentes, mas de 50,000 jóvenes muertos a miles de kilómetros, muchos más lisiados para toda la vida, un colosal gasto militar y un gigantesco arsenal abandonado a las tropas norvietnamitas.

La derrota agravó la posición del presidente Richard Nixon que ya venía con viento en contra por el escándalo de espionaje al partido demócrata. Nixon corrió la suerte de Saigón. En la durísima critica interna se fue imponiendo la máxima de nunca más intervenir en guerras lejanas. El futuro vería a Estados Unidos usando su diplomacia, su economía, la cooperación militar e incluso su poder blando, como fue la política de los DD.HH. del presidente Carter. Por supuesto, la CIA y demás agencias de inteligencia aumentaron sus acciones encubiertas. Todo cabía, menos enviar tropas. Hasta que Al Qaeda atacó a Estados Unidos el 11-S.

La reacción nacionalista fue gigantesca y demandó castigo a los culpables, y fue entonces que Estados Unidos volvió a intervenir, esta vez en Asia Central, en Iraq y Afganistán. La historia es conocida, y terminó hace pocos días, otra vez con helicópteros y un angustioso puente aéreo.

Gulliver en América Latina

A pesar de las imágenes, Estados Unidos sigue siendo la primera potencia militar y económica del mundo y en la región eso se nota aún mas. Un sólo dato: el poderío estratégico del Comando Sur es superior a la totalidad del potencial de todas las FF.AA. latinoamericanas, suponiendo que actuasen de manera combinada. Que decir de la economía.

¿Y qué sucede en América Latina? Estamos en tiempo de pandemia y recesión económica, lo cual retroalimenta la temporada de protestas y movilizaciones que sacuden desde hace un par de años a diferentes países del continente. En esta coyuntura, sobresalen algunos gestos que desafían directamente a la potencia del norte.

Veamos. En El Salvador, el presidente Bukele, que goza de un amplio apoyo, pretende abandonar al dólar y manifiesta su simpatía por Pekín. En Haití, el desastre es sistémico y además de terremotos y temporales, también se dan magnicidios con mercenarios colombianos contratados por una empresa radicada en Miami. Y en Cuba y Nicaragua las autoridades no acusan recibo de los mensajes de Washington.

Sudamérica no canta mal las rancheras y en varios países asistimos a diversos procesos nacionales que ponen en entredicho la hegemonía de Estados Unidos. La OEA muestra sus límites para servir de espacio de diálogo mientras UNASUR colapsó y PROSUR nunca nació. ¿Puede la potencia parapetarse en la región mientras pasa el mal rato afgano? Gran pregunta.

Las dos potencias subregionales, Brasil y México se encuentran en momentos diferentes. Os brasileiros están muito ocupados en su interna. Poco espacio de maniobra.  En cambio, México ha activado su diplomacia: se ha hecho cargo de la CELAC y, sobre todo, sirve de sede a una nueva ronda de negociación entre el gobierno de Maduro y la oposición.

Si miramos la historia reciente, tras la derrota en Viêt Nam, los americanos oscilaron en América Latina de forma diversa, como paladines de los DD.HH. con Carter, hasta los duros días de Reagan y la contrainsurgencia en Centroamérica. Se puede opinar sobre cual le fue mas fructífera, pero nadie puede negar que después de la derrota en el sudeste asiático, los americanos intensificaron su presencia en el continente.

Agreguemos que la debilidad de la que los conservadores acusan hoy a Biden tiene en Florida uno de sus principales bastiones, y muchas veces Miami ha pautado la política de Washington respecto a América Latina. ¿Ocurrirá lo mismo ahora con la caída de Kabul?

Foto de The U.S. National Archives

La población de Venezuela se reduce y envejece

A inicios de agosto se difundió un informe de Naciones Unidas señalando a Venezuela como el país con mayor pérdida de población en los últimos años, incluso más que Siria. Se calcula que el año pasado el país contaba con casi 28 millones y medio de habitantes, población similar a la que tenía en 2010, y unos cuatro millones de habitantes menos de lo que se esperaba. Esto no sorprende debido a la migración masiva y a las precarias condiciones de vida. Lo que sí sorprende es el acelerado envejecimiento de la población y los efectos que esta nueva composición de la pirámide poblacional tendrá en el futuro desarrollo económico y social del país.

La primera causa de esta reducción es la migración masiva, especialmente la que se ha dado en los últimos seis años, sin desconocer que el flujo comenzó a registrar ligeros incrementos desde el año 2000. Se estima que aproximadamente 5,6 millones de personas han huido de Venezuela y que, aún cuando se presentan flujos de retorno, especialmente por la pandemia, estos no son significativos frente a las cifras de salida.

La migración de población joven económicamente activa

Las estadísticas, realizadas en precarias condiciones por organizaciones no gubernamentales, dentro y fuera de Venezuela, así como de Naciones Unidas han permitido evidenciar que la migración está compuesta en su mayoría por población joven económicamente activa. Esto explica, en buena medida, el envejecimiento en pocos años de la población y la gran cantidad de menores de edad a cargo de sus abuelos u otros familiares mayores.

Y es que la curva poblacional empezó a descender justamente en el año 2015 cuando se dio una de las primeras oleadas masivas migratorias y se empezó a evidenciar internacionalmente el acelerado deterioro de las condiciones de vida en Venezuela, producto de las políticas implementadas desde el gobierno.

Como bien lo ha expresado la profesora venezolana en demografía, Anitza Freitez, el envejecimiento en el país se adelantó casi 20 años. Esto, sumado a una infraestructura profundamente deteriorada, ha hecho que el país no esté preparado para atender a los niños y adultos mayores que no cuentan con familiares en edad productiva.

Si para muchos sobrevivir en Venezuela resulta un drama por los desafíos físicos y psicológicos, para esta población es aún más difícil. Evidencia de ello son los numerosos casos de personas mayores que han fallecido sin atención. A esto se suma la devaluación de las pensiones que equivalen a menos de un dólar. Por esto, no es de extrañar que más del 80% de la población adulta mayor en Venezuela vive en situación de pobreza.

Otro problema generado por esta situación es que los menores de edad quedan expuestos al reclutamiento de grupos criminales urbanos o a los peligros que representa la migración de niñas y niños sin acompañantes. Este es un fenómeno que ha aumentado en los últimos años y que expone a los menores a otra cantidad de riesgos como el tráfico de personas.

Y es que migrar no garantiza una mejora de las condiciones de vida ni de seguridad. Muchas de las personas que han salido en los últimos años del país lo hacen caminando o en barcas artesanales poco seguras sin contar con los recursos económicos mínimos para cubrir sus necesidades durante el recorrido. De esta manera, los migrantes quedan expuestos a diversos peligros y en muchos casos carecen de protección debido a su condición irregular.

Además del tráfico de migrantes, la trata de personas y el reclutamiento forzado, los migrantes están expuestos a recurrentes expresiones de xenofobia en algunas sociedades receptoras e incluso desde las mismas autoridades. El reciente pronunciamiento de la Alcaldesa de Bogotá sobre su intención de crear un comando especial contra la criminalidad de extranjeros y de realizar “identificaciones forzosas” es un claro ejemplo de ello. Esta discriminatoria propuesta, sin embargo, parece inspirarse en una política del gobierno de Perú de 2020 que creó una brigada con la misma finalidad.

Sin embargo, también es importante reconocer el esfuerzo que han hecho gobiernos de algunos países vecinos, en especial Colombia, con la implementación del Estatuto Temporal de Protección. Este, además de otorgar a los venezolanos el beneficio de regularización, permiten conocer con mayor claridad las características de la población migrante, algo que debería provenir del régimen venezolano pero que producto de su negacionismo ha llevado a la ausencia de cifras y a una mala gestión migratoria.

La esperanza de vida

Otro aspecto a tener en cuenta son las dificultades relacionadas con la calidad de vida, particularmente la alimentación y la salud que tiene un gran impacto sobre la esperanza de vida y su retroceso en el país. La mortalidad infantil ha sufrido un retroceso de dos décadas debido a la desnutrición en niños, niñas y mujeres gestantes, mientras que la tuberculosis es una de las principales causas de muerte en las cárceles. Esto sin ahondar en las cifras de muertes violentas.

Y en cuanto a las cifras de muertes provocadas por la pandemia, que ha generado un impacto a nivel global, en el caso de Venezuela se desconocen ya que lo reportado por medios y algunas organizaciones no gubernamentales dista de las estadísticas y registros oficiales.

Todo esto nos deja en claro que el abordaje de la crisis de la migración venezolana requiere de atención coordinada e inmediata por parte de los países de la región. Pero tampoco podemos olvidar a las más de 28 millones de personas que aún viven en Venezuela, e incluso aquellos que no desean migrar y que necesitan de toda la cooperación internacional posible para seguir trabajando para mejorar las condiciones de vidas de miles de personas en medio de una dictadura.


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Foto de EU Civil Protection and Humanitarian Aid en Foter.com

Somos una de las principales víctimas del cambio climático

Existe una alta probabilidad de superar, en la próxima década, el aumento medio de la temperatura global de 1,5 grados centígrados, incumpliendo así el objetivo fijado en el Acuerdo de París. De mantenernos en esta línea, el mundo llegaría a un punto de no retorno que nos llevaría a complejos cambios en los procesos físicos, químicos y biológicos en todo el planeta, lo cual provocaría una alta imprevisibilidad sobre el clima, especialmente sobre los patrones de lluvia. Estas fueron las conclusiones de la sexta edición del Informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas.

El documento presenta un panorama extremadamente preocupante de los efectos del calentamiento global, revelando como nunca antes los riesgos y desafíos que los cambios climáticos suponen para el planeta. El informe remarca la necesidad de adoptar medidas más radicales para reducir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, ya sea reduciendo las emisiones o capturando el dióxido de carbono y el metano.

El informe sugiere una ambiciosa reducción de las emisiones netas de gases de efecto invernadero a nivel mundial. El recorte propuesto del 7% anual ayudaría a mantener el calentamiento global dentro de los 1,5 grados centígrados para 2050. El informe reafirma que la actividad humana en la era industrial (siglo XVIII) ha sido preponderante en el calentamiento global, con 1,07 grados centígrados.

Sin embargo, algunos procesos ya iniciados no se revertirán tan pronto. El aumento del nivel de los océanos, debido al deshielo de las regiones polares, continuaría incluso durante este siglo, aunque atenuado y cambiando de rumbo, dando esperanzas a las próximas generaciones. 

En las últimas décadas y, sobre todo, en los últimos años, los riesgos climáticos que hasta hace poco eran «posibilidades» empezaron a ser «realidades». La ocurrencia de eventos extremos está llamando más la atención al provocar, no sólo pérdidas económicas de billones de dólares, sino también miles de muertes, tanto en los países más pobres como en las naciones consideradas desarrolladas.

Las sequías prolongadas afectan a los países latinoamericanos y africanos, y las inundaciones se convierten en una constante en toda Asia. Las olas de calor excesivas han afectado a Canadá, Estados Unidos y Grecia. Alemania y Japón, por su parte, se han visto sorprendidos por impactantes tormentas torrenciales que han dejado muerte y destrucción a su paso.

Los incendios forestales han azotado a gran parte de Norteamérica, mientras que los huracanes golpean con mayor frecuencia y fuerza a las naciones caribeñas y centroamericanas, y a la costa oeste de Estados Unidos. Hace unas semanas, varias ciudades brasileñas fueron azotadas por un intenso frío polar, con temperaturas cercanas a cero en las regiones agrícolas tropicales.

Los países desarrollados son los principales responsables del calentamiento global

La crisis climática que estamos viviendo es el resultado de un proceso de industrialización y urbanización global a largo plazo. Las naciones más ricas fueron las que más contribuyeron al calentamiento global al aumentar sus emisiones de gases de efecto invernadero junto con el crecimiento de sus industrias y ciudades.

Decir esto no es excluir a las naciones más pobres de la responsabilidad de tomar medidas para combatir el cambio climático, sino más bien mostrar que las medidas globales deben considerar una paradoja: los países y pueblos que menos han contribuido a las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero son los que corren más riesgo de sufrir los efectos del cambio climático.

Sin duda, estas regiones y países disponen de menos recursos para financiar los cambios necesarios y, además, carecen de infraestructuras sociales básicas en cantidad y calidad suficientes para que el grueso de su población pueda estar más segura ante los fenómenos meteorológicos extremos.

¿Qué pasa con América Latina y el Caribe en esta coyuntura?

América Latina y el Caribe se encuentran entre las regiones más amenazadas por la emergencia climática. Los países de la región, densamente poblados y todavía con considerables déficits urbanos y sociales ya están sintiendo el agravamiento de los efectos relacionados con los fenómenos extremos.

El informe profundiza la preocupación dado que la región puede sufrir cambios que hagan inviables actividades económicas claves como la agricultura familiar o el turismo, además del riesgo para la vida misma. De hecho, el número de refugiados climáticos viene aumentando en la región.

Si bien previo a la pandemia la situación de los países de la región ya estaba resultando difícil, la pandemia empeoró la situación social de millones de personas. Las estimaciones de la Organización del Trabajo (OIT) indican que el número de parados y desempleados desde México hasta la Patagonia puede alcanzar los 50 millones. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe calcula un avance significativo de la pobreza, que ha llegado a 209 millones, de los cuales 78 millones viven en la pobreza extrema, o sea con menos de 2 dólares al día.

La crisis climática se suma de esta manera a la realidad latinoamericana y caribeña. Y al igual que lo observado en relación al covid-19, también se ve afectada por el negacionismo de una parte de la población e inclusive presidentes como en el caso de Brasil, un país clave para pensar en los desafíos climáticos globales, tanto por su rol de gran productor agrícola mundial como por los biomas que se encuentran en su territorio.

El elevado desempleo y la necesidad de recuperación económica conllevan el riesgo de reforzar las medidas de estímulo económico a corto plazo, utilizando el capital social productivo ya instalado y que se basa en gran medida en el carbono. Así, se corre el riesgo de que la llamada recuperación pospandémica amplíe las inversiones en nuevas estructuras productivas y en las ya existentes que siguen siendo muy contaminantes y emiten gases de efecto invernadero.

Esto podría llevarnos tanto a nuevas tragedias, como a un posible «bloqueo climático», como señala Mariana Mazzucato, profesora de la Universidad de Sussex. Según ella, los fenómenos climáticos extremos serán mucho más intensos y las próximas generaciones tendrán que vivir con periodos de bloqueo forzados por los problemas climáticos: contaminación atmosférica, tormentas, sequías y olas de calor excesivas.

Parece que, al igual que en una pandemia, necesitamos aplanar la curva del cambio climático para evitar un colapso del sistema y planificar una nueva normalidad para garantizar la vida y supervivencia de las futuras generaciones.

Foto de 8zil em Foter.com

Milei y el ascenso de la derecha libertaria en Argentina

“Vamos a derrumbar el modelo defendido por la casta política que solo nos ha hecho más pobres”. “No vengo a guiar corderos, vengo a despertar leones”. Así, a los gritos, vestido con campera de cuero y pelo largo, como un rockstar, Javier Milei se dirigía a un numeroso público, sobre todo joven, un soleado sábado siete de agosto en una plaza pública.

A los días, en un programa radial exclamaba que él y sus votantes iban a echar a los políticos “….con una patada en el culo”. En un programa de TV proponía el desmantelamiento del Estado empezando por “….el cierre del Banco Central”. Otro día proponía las privatizaciones de las calles, que los vecinos la gestionen, las cuiden, cobren peaje, y que los automovilistas, con su GPS, sepan que calles tomar y cuanto les va a costar.

De la TV a la política

Javier Milei, es un economista mediático que se hizo conocido por su paso asiduo por los programas de televisión, sus posiciones ultraliberales y su look particular de pelo largo y flequillo que le cae por el rostro. Y en víspera de las elecciones intermedias de noviembre, en los últimos meses saltó de la fama televisiva a la política. Fundó, con otros socios, un partido -Avanza Libertad- y se postula como primer candidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires (CABA).

Su capital político es su irreverencia discursiva, su apariencia desenfadada y juvenil, un liberalismo exacerbado que tiene adeptos urbanos y el atrevimiento a decir y proponer todo lo que es impolíticamente correcto en un electorado que tiende del centro a la centroizquierda. Su acierto estratégico: apelar a una porción del electorado que está definitivamente harta de la política y la clase política, algo que se viene manifestando desde principios de siglo. El escenario es propicio: una crisis socioeconómica in crescendo agravada por la pandemia que tampoco ha sido bien gestionada por el gobierno actual.

El público que sigue fervorosamente a Milei, para quién es una especie de gurú insultante —outsider de la política—, se compone básicamente de jóvenes urbanos, de clase media y media alta, de buen nivel educativo y sin problemas a futuro pero que se sienten frustrados e inhibidos para desarrollar sus carreras y profesiones. Es el mismo público joven que afirma que es mejor emigrar aunque el país pierda un valioso capital humano. Lo cierto es que es un público totalmente hastiado de la clase política argentina, sus entuertos pasados y presentes, y sus disputas partidarias que aplazan una y otra vez las resoluciones de los problemas urgentes del país.

Es un público que capta claramente las incongruencias actuales de la política argentina pero que solo la rechazaba individual o socialmente, es decir en círculos de amigos. Milei les ofrece el discurso, el tono y la agresión necesaria contra ese status quo, a la vez que una propuesta política cuyo sentido último es derribar la institucionalidad vigente por caduca, corrupta e ineficiente. La simbiosis entre Milei y ese público fue inmediata.

Milei y su Avanzada Libertad

A partir de esa relación convocante, Milei abandonó todo intento de presentarse a primarias por Juntos Cambiemos, la alianza política que llevó a Mauricio Macri a la presidencia en 2015, y decidió jugársela por su lado. Junto a otras personas de perfil similar, aunque menos estruendosas, fundaron Avanza Libertad y se lanzaron a la campaña.

Avanza Libertad es, en esencia, una configuración política ultraliberal en lo económico. No hay más novedad que esa. Milei le agrega las propuestas desenfadadas y aparentemente contracorriente, propias de las actuales corrientes libertarias: hiperindividualismo, derechos de las personas sin restricciones, libertad absoluta de decisión —importante entre quienes rechazan la vacuna Covid-19— y nula injerencia del Estado en cuestiones de decisión personal. Por otro lado, evita lo que sostienen otras corrientes libertarias: racismo, homofobia, condena al discurso de género y diversidad sexual o la apelación a fundamentos religiosos, posiciones que son límites claros en la cultura política argentina debido, también, a su predominio laico.

El discurso de Milei es liberal en el sentido histórico de la Escuela Austríaca (Von Hayek, Ropke,) y el legado de Milton Friedman. Es decir, una centralidad absoluta del mercado como productor y distribuidor de los bienes sociales, y un liberalismo que se traslada a todas las demás arena de la vida social: educación, salud, vivienda, transporte, trabajo, legislación, normas, etc.

En conclusión, el Estado debe abstenerse de todo lo que se desee y pueda ser ofertado por un privado. Y en esta coyuntura política, se suma el rechazo absoluto a lo que, algunos consideran, un aprovechamiento de la pandemia para atropellar las libertades individuales y conculcar derechos.

La pregunta no es si a Milei y su partido les irá bien en esta elección, ya que con viento a favor conseguirán algunas diputaciones. El tema es como va a evolucionar el partido y el personaje.

La política argentina tiene, desde la transición democrática de 1983, una clara tradición de permitir la emergencia de terceras fuerzas políticas —por sobre el peronismo y el radicalismo— y luego dejarlas caer, es decir, no extender ese apoyo electoral más que por dos o tres elecciones. Se puede entonces pensar, con cierto fundamento, que la perdurabilidad de esta fuerza política y el liderazgo de Milei, es muy incierto.

Quizás Milei devenga, por su poder de convocatoria, en un dirigente taquillero de Juntos Cambiemos o como se siga llamando esa alianza política liberal. Y quizás, satisfecho su ego, se dedique luego de un breve paso por la política a la arena escénica, la cual maneja muy hábilmente.

Es posible que encauzada —un poco— la crisis que vive la Argentina y tras una renovación política en 2023, amaine la furia política del sector que apoya a Milei y así se atenúe su poder de convocatoria. Lo cierto es que, hoy, es la figura emergente de la política argentina. No tanto por intención de voto sino por la articulación de un discurso nuevo, apto para este escenario de decepción y desafección política.


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Foto del Foro Económico Mundial en Foter.com

Turbulento inicio del gobierno de Pedro Castillo

A pocas semanas de asumir el cargo, Pedro Castillo, como cualquier presidente ha desarrollado dos tareas propias de quien asume las riendas del gobierno, nombrar a sus ministros y distribuir cargos entre sus partidarios de confianza. Ambas decisiones generaron controversias y llevaron a sus opositores a sobredimensionar de forma insistente todo aquello que contribuya a erosionar la legitimidad del presidente. 

De acuerdo a la Constitución peruana, el presidente tiene treinta días para presentar su gabinete ministerial y exponer la Política General del Gobierno ante el Congreso, que es quien le otorga o no la confianza a los ministros. Es decir, avalan la continuidad o no en sus cargos, de forma semejante a los sistemas parlamentarios, pero con la diferencia de que el Congreso peruano tiene apenas dos oportunidades para negarle la confianza al gabinete y las propuestas del gobierno. Si la segunda vez el congreso aprueba la censura, el Presidente puede cerrar el Congreso y llama a nuevas elecciones legislativas.

Los primeros roces entre el gobierno y la oposición

El primer gabinete ministerial de Castillo aún no se ha presentado ante el Congreso. Sin embargo, Héctor Bejar, un ex guerrillero en los años 60, fue presionado para renunciar como ministro de relaciones exteriores por una declaración que fue señalada por la oposición como una afronta a la Marina de Guerra del Perú al ser vinculada con prácticas de terrorismo de Estado. Luego de la renuncia de Bejar, los hechos fueron confirmados por algunos periodistas quienes verificaron en la época el modus operandi de algunos miembros de las fuerzas navales. Lo cierto es que Bejar renunció, pero las declaraciones dejaron mal parada la institución militar.

Otra acusación al gabinete del presidente Pedro Castillo, señaló al Primer Ministro, Guido Bellido, por haber elogiado, hace más de 8 años en su cuenta privada de redes sociales a algunos miembros del movimiento terrorista Sendero Luminoso. La controversia ha llevado a una investigación en el Ministerio Público, como si la ley de apología al terrorismo no fuera suficiente. Bellido puede ser comunista, pero no hay ninguna ley que declare está tendencia como ilegal. Es más, Bellido se ha manejado con cierta prudencia y moderación frente a posiciones intolerantes de la extrema derecha.

Por otro lado, luego de una segunda vuelta extremadamente polarizada, era de esperar que el inicio del gobierno tuviese una desaprobación del 46% como declara la encuesta del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Existe una clara incertidumbre entre los sectores que votaron por Castillo, ya que, si bien aún no se ha nombrado a la mayor parte de los nuevos funcionarios, ha habido algunos casos que han generado cuestionamientos tanto por no contar con la formación idónea o la experiencia que los vincule a la función pública. Estos casos, ventilados públicamente, han contribuido a disminuir las expectativas sobre la gestión gubernamental del profesor.

Ante la controversia asociada a su primer ministro, la oposición viene ensayando la posibilidad de una destitución del Presidente, y es que en el sistema político peruano la destitución (vacancia) siempre es posible. Pero en el actual caso peruano, esto no es probable ya que para que se materialice la destitución se necesitan que se cumplan ciertos requisitos.

Requisitos para destituir al presidente

El primer requisito se refiere a una de las causales que la oposición invoca, que es declarar al presidente de incapacidad moral. La figura de la vacancia es imprecisa, dado que esta figura no es un acto de naturaleza judicial -como es el caso del impeachment que implica generalmente una denuncia, la necesaria caracterización del crimen, indagación y colecta de pruebas, testimonios, informes, exposición de argumentos de la defensa, etc.- y sí un acto fundamentalmente político. De esa forma, el acto inmoral cometido por el presidente puede ser estirado a diestra y siniestra por los actores involucrados.

El segundo requisito es que la oposición debe obtener los votos para aprobar la vacancia. A diferencia de un impeachment, que generalmente es un proceso más largo, la vacancia o destitución del presidente en el Perú puede desarrollarse en dos sesiones del congreso. En una primera se debe aprobar una moción (pedido previo) que debate la destitución del presidente por mayoría simple (66 votos) que lleva a una siguiente sesión donde se debate la aprobación o no de la vacancia.

Luego de aprobada de la moción, se necesitan al menos 87 votos para que se apruebe la destitución del Presidente. En otras palabras, si bien Pedro Castillo no tiene mayoría en el Congreso, él necesita de 43 congresistas para que se opongan a la vacancia. Pero ¿de cuántos votos dispone hoy Pedro Castillo? Castillo tiene una bancada de 37 parlamentarios, y a estos se suman otros cinco del partido Juntos por el Perú, socio en el gobierno. Por lo que le faltaría apenas un voto que puede ser obtenido entre los partidos de centro o de parlamentarios independientes. Por lo tanto, de momento esta situación por ahora es bastante improbable.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que los mecanismos con los que cuentan los parlamentarios opositores para obstruir la política del gobierno son numerosos. Por ejemplo, pueden llamar constantemente a los ministros a las comisiones del Congreso, pueden crear comisiones parlamentarias de investigación, censurar individualmente a los ministros, realizar interpelaciones o procedimientos parlamentarios que puede dificultar la actividad normal del ejecutivo.

Si bien el presidente, Pedro Castillo, ha dejado una serie de flancos abiertos en torno a la gestión gubernamental, su mayor debilidad se encuentra en el frente interno. Lo cierto es que las predicciones catastróficas de la oposición de que el gobierno buscaría llevar al país un proceso comunista o seguiría un modelo económico semejante al de Venezuela o Cuba no se están cumpliendo. Castillo se está mostrando bastante moderado en sus propuestas, está jugando dentro de la legalidad, y si bien existe una continua incertidumbre económica, esta se debe en buena medida al escenario de anormalidad generado por la pandemia que afecta a todos los países de la región.

De momento, no existe ninguna tentativa para llevar al Perú al populismo o a la irresponsabilidad fiscal. Lo que sí se verifica, son acciones de algunos actores políticos que buscan paralizar el gobierno de Pedro Castillo y el país con el objetivo de obtener ventajas políticas.


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Foto de Presidencia de la República del Perú

La divergencia entre “la familia” y “las familias”

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Entre el 2016 y 2018, América Latina vivió protestas y manifestaciones de grupos conservadores contra políticas como el reconocimiento del matrimonio igualitario, la identidad de género y la incorporación de educación sexual y reproductiva en libros de texto escolares. Su impacto en la política ha forzado cambios de timón en las políticas públicas, sin embargo, la pandemia y la crisis políticas que ha sufrido la región han frenado el avance conservador. No obstante, hay altas probabilidades que pasada la pandemia se viva un retorno de estas movilizaciones y volvamos a vivir confrontaciones sociopolíticas importantes. 

La familia

Uno de los temas centrales de estos movimientos es, obviamente, la familia. Y aquí hay que hacer una distinción entre el plural y el singular ¿deberíamos hablar de una pluralidad de configuraciones familiares existentes o de un tipo ideal de familia? Los hechos nos remiten ineluctablemente al uso del plural. Existe una gran variedad de configuraciones familiares: familias biparentales con hijos, monoparentales, multigeneracionales, mujeres jefas de hogar, biparentales heterosexuales, biparentales homosexuales o compuestas. También existen familias sustitutas, familias de acogida, y un largo etc.

Por otro lado, no todas las familias se constituyen sobre la base de un contrato matrimonial, sino que existe un gran número de uniones de hecho. Si traemos a colación el elemento cultural, veremos familias basadas en la monogamia y otras en la poligamia. Las categorías son muchas.

Cuando el movimiento conservador se refiere a “la familia”, en singular, por lo general está tomando como base el pensamiento judío-cristiano que la define como la unión de un hombre y una mujer que tienen hijos para cumplir las funciones de reproducción, supervivencia y regulación social dadas desde el poder patriarcal. Así entonces, “se reconoce a la familia desde una única versión, anclada en la estructura madre, padre e hijos; la única familia socialmente reconocida es la que hoy se denomina familia nuclear”, como lo define la psicóloga Mariana Andrea Pinillos Guzmán.

Las voces tradicionalistas y conservadores que se basan en este concepto de familia, sin embargo, no son tan homogéneas. Existen posiciones extremas y otras más moderadas. Los más extremistas usan la calificación de “familias disfuncionales” para referirse a todo tipo de configuración que no sea la biparental heterosexual nuclear.

Los más moderados, en cambio, ven la diversidad y no descalifican a las familias monoparentales, las compuestas biparentales heterosexuales o las extendidas, entre otras. El tema contencioso para los moderados tiene más que ver con la orientación sexual y el género. Su punto de quiebre es la familia nuclear biparental homosexual. Pero aún, dentro de ese mismo tópico, existen a su vez posicionamientos diferentes entre aquellos que se oponen sobre todo al  reconocimiento legal de la familias biparental homosexual o la utilización de “matrimonio” como referencia para describirlo, pero no les incomoda en el mismo grado la unión libre, considerándolo como un tema privado.  

Los niños y adolescentes

La otra cuestión importante es la relativa a los niños y adolescentes como “sujetos de derechos”. Hay diferentes tendencias. Una se opone a la idea de familia compuesta de “sujetos”, adelantando la idea de la familia como único sujeto. Se entiende la familia como una unidad o grupo humano que se concibe como una sola voz, un conjunto que no se puede dividir y donde los padres son los principales voceros. 

Esta concepción se nutro de la doctrina de la tutela, que ve al niño como un “objeto” que los padres o tutores cuidan y ordenan, idealmente sin interferencia del Estado. Es en este marco en el que la idea de “autonomía progresiva de los niños” es uno de los conceptos de mayor controversia. No sólo en lo que concierne a los hijos, sino también en lo relativo a la autonomía de la mujer en los sectores más patriarcales del conservadurismo.

En cambio, el ala más moderada no se opone a la noción del niño como sujeto de derechos y lo reconoce como tal, ni pretende cuestionar la autonomía de la mujer. Su preocupación tiene más que ver con los “límites de la autonomía” y las dinámicas que se deberían propiciar para que el niño y el adolescente asienten su posición y participación en la familia, aceptando una suerte de “derecho condicionado o relativo”. Por otro lado, los moderados insisten también en que todos los miembros de la familia tienen derechos y que el desafío es el desarrollo armónico de los mismos.

Finalmente, uno de los debates más encendidos ha sido entorno a la educaciónde los hijos. En ese rubro se argumenta sobre todo que la educación que ofrece el Estado debe poder ser vetada o controlada por las asociaciones de padres. Esto se refiere sobre todo a la educación sexual integral.

Sin embargo, mientras ciertos representantes rechazan el uso del concepto “educación sexual integral”, otros lo redefinen adaptándolo al enfoque de familia, haciendo referencia al Amoris Laetitia —exhortacion apostólica— del Papa Francisco, que habla de educación sexual. Al mismo tiempo,  no todas las asociaciones de padres son iguales. En las movilizaciones masivas se notó la gran incidencia de las asociaciones de padres de las escuelas privadas y confesionales, pero en algunos casos, se notó menos ímpetu de las asociaciones de padres de escuelas públicas, lo cual demuestra que no estamos ante un frente monolítico.

Estas diferencias, sobre todo en los países de la región donde el conservadurismo es más influyente, pueden ser útiles para encontrar un discurso alternativo que permita superar algunos de los obstáculos existentes en el plano de las políticas públicas dirigidas a la niñez y la adolescencia, el género y la salud sexual y reproductiva. Siempre tomando en cuenta que la creación de una plataforma de diálogo, distinta a la que se ha dado en el periodo 2016 a 2018, deberá además lidiar con el problema de un movimiento tradicionalista y conservador fuertemente afectado por teorías de la conspiración y las noticias falsas. Característica esta que es propia de movimientos de carácter reactivo y de defensa de un sistema de valores que sienten amenazado.

La esperanza es que esa resistencia innecesaria debería ser superada con la insistencia en los hechos, la ciencia y el pluralismo. Valores que nos permitan enfrentar desafíos muy reales y actuales, como lo son la violencia hacia la mujer, la discriminación, el embarazo y el matrimonio precoz, las muertes maternas, las enfermedades de transmisión sexual, y otros.  


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