¿Es posible hacer prevención en salud a escala planetaria?

“Era domingo. Estábamos todos en casa y de un instante a otro nos rodeó el agua. Estuvimos seis horas en el techo hasta que pudieron rescatarnos”, recuerda Sandra, vecina de Río Ceballos. El 15 de febrero de 2015, los vecinos de diversas localidades de las Sierras Chicas, en la provincia argentina de Córdoba, vieron cómo se desbordaban los ríos y arroyos de la zona. Cauces que habitualmente eran para “mojarse los pies”, se transformaron en una avalancha de agua que se deslizó arrastrando vidas, viviendas, puentes y todo lo que encontró a su paso. En doce horas llovieron 300 milímetros: casi un tercio del promedio anual calculado para esta zona serrana.

Dos años antes, un grupo de científicos de la Universidad Nacional de Córdoba alertaba acerca de esta posibilidad en un informe técnico. El avance descontrolado de la frontera urbana y el desmonte del bosque nativo podían incrementar el riesgo de deslizamientos de tierra, roca y agua, y de inundaciones, precisamente en la cuenca de los ríos Ceballos y Saldán, en las Sierras Chicas.

“No fue la lluvia, fue el desmonte” denunció la asamblea de vecinos autoconvocados de la zona en el séptimo aniversario de la inundación que marcó la historia de la región. En aquel momento, sin embargo, los vecinos no habían sido alertados porque la información simplemente no estaba disponible para la sociedad.

Por ello, este grupo de damnificados y activistas inició un proceso de amparo colectivo en el que, entre otras cosas, solicita la instrumentación de un sistema de alertas tempranas que permita detectar, evaluar, informar y prevenir cualquier fenómeno meteorológico severo en la provincia.

La salud en clave planetaria

Día tras día, los medios de comunicación y las redes sociales muestran las consecuencias de las sequías, inundaciones, temperaturas extremas, incendios y otras catástrofes ambientales en distintos rincones del planeta. Incluso algunos anuncian que “la Tierra tiene fiebre” o que padece “una infección llamada humanidad”. Pero ¿podemos hablar de una salud planetaria? ¿Es posible encontrar indicadores de esa salud y medirlos? ¿Acaso esta información podría ayudarnos a tomar mejores decisiones a escala global?

Los efectos del cambio climático no sólo se evidencian en el aumento significativo de eventos meteorológicos extremos, cuya intensidad y magnitud crecientes impactan de forma directa en la vida cotidiana de las personas. Además, tienen una influencia decisiva en la salud de las personas de forma indirecta debido a la estrecha asociación entre la salud humana y factores como la calidad del agua, el aire y el acceso a los alimentos. De hecho, diversos foros y organismos internacionales alertan acerca de la necesidad de asumir una perspectiva de la salud que incorpore los desafíos que trae consigo el cambio climático.

Un enfoque de este tipo incluye un conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que tienen impacto sobre las condiciones de vida como los sistemas alimentarios y productivos, e incluso las formas de organización política. Más aún, es preciso incluir las complejas interconexiones y equilibrios entre la salud humana y la del planeta, entendiéndose ésta como un derecho universal que debe ser respetado para las generaciones presentes y futuras.

Medir, integrar y alertar

Para combinar datos sobre la tríada clima, ambiente y salud como una estrategia para monitorear aquellos focos que requieren más atención y cuidado, un consorcio de investigadores sudamericanos, provenientes de diversas disciplinas científicas y geografías se propone diseñar una plataforma digital con información de acceso público que estará alojada en la página web de la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina.

El equipo se propone recabar datos clave para construir indicadores que permitan reunir los datos que hoy se encuentran dispersos, fragmentados o expresados en diversas escalas temporales. Y es precisamente esta dispersión la que dificulta la creación de un sistema integrado de vigilancia y monitoreo que permita atender a las problemáticas en diferentes escalas territoriales. Esta plataforma, por lo tanto, podría contribuir a desarrollar intervenciones de mitigación o adaptación a la crisis climática.

“En todas sus fases, se promoverá la participación de actores clave y potenciales usuarios”, asegura la Dra. Sonia Muñoz, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba, quien lidera el proyecto. “Estamos convencidos de la importancia estratégica de la transdisciplinariedad a la hora de pensar y desarrollar la plataforma, como así también a la hora de comunicarla, tanto a tomadores de decisión como a la sociedad en su conjunto”.

Desde hace décadas, la comunidad científica realiza diversas mediciones que, en cada uno de sus informes, integra elementos que convergen en la necesidad de tomar medidas frente a la emergencia climática. Por ello, la posibilidad de diseñar una plataforma cooperativa regional que apunte a manejar datos integrados sobre indicadores clave en la tríada clima-ambiente-salud resulta un paso fundamental frente al panorama epidemiológico regional. Este planteamiento permitirá avanzar en el cierre de la brecha entre la investigación y la obtención de evidencia científica y las políticas públicas y prácticas en salud.

No sólo es importante identificar los puntos calientes que pueden implicar riesgos para la salud asociados al cambio climático, también es fundamental desarrollar las estrategias adecuadas para que esta información sea de fácil acceso para tomadores de decisión como las autoridades locales, provinciales y nacionales de los ámbitos de salud, ambiente, agricultura, sociales y educativos, entre otros. De esta manera, se podría mejorar la capacidad de respuesta durante emergencias y desastres climáticos, beneficiando así a la sociedad en su conjunto. 

Sin duda lo ocurrido en las Sierras Chicas de Córdoba no fue un hecho fortuito ni un episodio aislado; más bien es un síntoma de un fenómeno cada vez más extendido y frecuente al que es preciso atender y dar respuesta. La respuesta se encuentra en reunir la evidencia científica, volverla accesible para el conjunto de la sociedad y apoyar su aplicación en la práctica.

*Este texto es producto del Programa Clima, ambiente y salud + migración desarrollado por el Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global IAI y Latinoamérica21

Milei y una odisea

En el comienzo de La Odisea de los Giles -la estupenda película dirigida por Sebastián Borensztein (2019) e inspirada en el libro La Noche de la Usina (2016) de Eduardo Sacheri- el personaje principal de la historia, Fermín Perlassi (encarnado por el inigualable Ricardo Darín), presenta lo que será el argumento de este excelente largometraje. Buscando en el diccionario el significado de la palabra “gil” -un término muy despectivo en la jerga argentina-, Perlassi relata que, “según el diccionario, ‘gil’ ´es una persona lenta, a la que le falta viveza y picardía’ (…), aunque ya sabemos que [términos como] laburante, tipo honesto, gente que cumple las normas, terminan siendo sinónimos de gil (…). Pero un día, el abuso al que estamos acostumbrados los giles, se convierte en una verdadera patada en los dientes y uno dice ¡basta!”.

La oposición entre los honestos (los “giles”) y los deshonestos (los “vivos”) que la película sugiere no es nueva (a modo de rasgo de larga duración de la psicología política argentina) y tiene muchos antecedentes en los estudios de la ciencia política, la sociología y la historia, entre los que se destaca la conocida obra de Carlos Nino, Un país al margen de la ley. Así, el filme nos cuenta que, indignados ante la crisis del corralito de 2001, un grupo de amigos de una pequeña población rural de Buenos Aires decide emprender una muy arriesgada e incierta aventura para recuperar el secuestro de sus ahorros en dólares, en donde, además, hay funcionarios del banco del mismo pueblo implicados. Aunque el largometraje se estrenó en 2019 y hablaba sobre el ya entonces lejano corralito, no se puede evitar pensarlo como una metáfora casi anticipatoria de lo que ocurriría con el reciente resultado del ballotage en Argentina: a pesar de los miedos y la incertidumbre que generaba el candidato que resultaría ganador, la ira (la “bronca” en clave argentina) movilizaría a millones de electores a votar en contra de la propuesta política oficialista. La campaña de que Massa representaba a un artero y sutil engañador -consagrada con el adjetivo de “ventajita” con que Mauricio Macri lo bautizaría- parece haber tenido como una reverberación el invocar la idea, muy sensible y dolorosa para ciertos sectores, de que ser honesto, trabajador o respetuoso de las normas es de “giles”, es de tontos. Estos electores, hartos de esa visión (que muchos aún propugnan), habrían decidido votar en contra del “vivo” del ballotage, el “ventajita” Massa. 

Como corolario de la idea de que parece haber sido la bronca la emoción que catalizó buena parte del voto en la segunda vuelta (emoción que muchas encuestas y grupos de enfoque registraron en la previa a la elección), emerge el interrogante sobre la gobernabilidad de la presidencia de Javier Milei. Los cuarenta años de la relativamente joven actual democracia argentina testifican que, con excepción del gobierno de Macri, ningún partido o coalición no peronista pudo finalizar su mandato. La creciente polarización -tanto ideológica como afectiva- agudizada en el último tramo de la campaña electoral con mensajes fuertemente negativos de cada una de las dos fuerzas políticas respecto de la otra, no parecen augurar la formación de un gobierno que cuente con una base lo suficientemente amplia y consensuada. La polarización se observa no solo entre los partidos sino entre los ciudadanos. Los llamados a la resistencia en la calle de parte de diferentes actores económicos y sociales el día siguiente mismo de la segunda vuelta anticipan un panorama muy complejo en términos de gobernabilidad.  Sólo a modo de un par de ejemplos entre otras expresiones -catalogadas como “golpistas” por parte de sectores afines a Milei-, el director del sindicato de Aerolíneas Argentinas, Pablo Viró, afirmaba que “si se quiere cargar a Aerolíneas, nos van a tener que matar”. Un día después, el sacerdote Francisco “Paco” Oliveira sostenía que “no creo que este gobierno dure cuatro años” y que “si votaste a Milei, no vengás a buscar comida acá”, aludiendo al comedor para personas indigentes que dirige en Merlo.

Cabe aquí tener en cuenta el punto de partida económico y social del que será el gobierno argentino a partir del 10 de diciembre próximo. El presidente entrante recibirá un país con reservas negativas en el Banco Central, una inflación del 140% con una proyección estimada de 300%, una importante distorsión de los precios relativos, catorce tipos de cambio frente al dólar, niveles de pobreza del 40 % y de indigencia del 15%, una deuda pública altísima no sólo con el Fondo Monetario Internacional sino con el llamado “swap” con China y con otras entidades públicas y privadas. Dada la escasez de dólares, Argentina ha tenido dificultades para importar desde productos primarios, hasta medicamentos fundamentales, insumos hospitalarios críticos y manufacturas que son claves para la industria automotriz.

El enorme esfuerzo realizado por el oficialismo para llegar a los comicios en condiciones competitivas electoralmente (algo que se logró con la llegada al ballotage de un ministro de economía a pesar de las gravísimas dificultades producto de su propia gestión) se hizo apelando a políticas económicas caracterizadas por arduos problemas de inconsistencia temporal: se privilegió exclusivamente el presente para hacer recaer sus consecuencias en el futuro. Se trataba de llegar lo mejor posible a las elecciones para después ver. En los dieciocho meses del ministerio de Sergio Massa, la emisión incrementó la base monetaria en un 100%. Las políticas dirigidas a mejorar las chances electorales del candidato oficial costaron entre un 1.5 y 2.5 puntos del PIB argentino. Los recortes impositivos a los sectores más privilegiados en términos de ingresos, o los llamados “planes platita” -como distribuir prebendas imposibles de sostener en el tiempo y que finalizaban (justamente) con la celebración de las elecciones- parecen haber puesto a este país frente a lo que Elinor Ostrom, Premio Nobel de Economía, llamase la tragedia de los comunes: si una aldea tala todo el bosque hoy, llegará un momento en el que ya no habrá árboles que talar.

El margen de maniobra del gobierno entrante es muy reducido. No parece exagerado afirmar que, fruto de los resultados de la llamada “dependencia de la trayectoria” (o path dependence), los casi veinte años de gobiernos kirchneristas han llevado a Argentina a una situación en la que los problemas estructurales y no sus gobiernos son quienes “gobiernan”. El país no crece económicamente desde 2011 a pesar de los años dorados de las commodities que caracterizó a los primeros gobiernos de los Kirchner. Un inmenso desbalance entre el énfasis puesto en la redistribución y el maltrato hacia la producción está en la base del drama que recibe este gobierno. No puede haber redistribución si no hay qué distribuir. La tarea fundamental de la política es sobre como satisfacer deseos infinitos con recursos finitos. Buscando perpetuarse en el poder, el kirchnerismo deformó y banalizó la larga tradición de afinidad con la centro-izquierda que ha caracterizado largamente a amplios sectores en Argentina. Con sus políticas, invirtió los incentivos, favoreciendo al no-trabajo (los “vivos”) y perjudicando al trabajo (los “giles”). 

La expresión de un “basta” rotundo de parte de la mayoría del electorado ante un presente insoportable y en favor de un cambio es un capital muy importante, aunque podría desgastarse rápidamente. La luna de miel podría durar poco si no hay un esfuerzo de comunicación, didáctico -casi rousseauniano- de explicar los objetivos a mediano y largo plazo que persiguen los dolores iniciales, que serán importantes. No se podrá apelar a eslóganes fáciles -ni irresponsables- como ocurrió en la campaña electoral. La paciencia social no da más. En términos de políticas, habrá que pensar en procesos de diferentes temporalidades que deben darse simultáneamente: responder a las urgencias más acuciantes hoy, al mismo tiempo que reducir el déficit fiscal en lo inmediato es sólo uno de múltiples desafíos ciclópeos que emergen en el horizonte. 

Milei deberá, al mismo tiempo, satisfacer las demandas por las que fue votado, así como contener la protesta de sus opositores, no siempre democrática ni pacífica. Las catorce toneladas de piedra contra el Congreso durante el periodo de Macri es un antecedente amenazante. Como en la película de Berensztein, Argentina se enfrenta a una verdadera odisea. Da la impresión de que será muy difícil -en lo que parece no sólo un problema económico sino una disputa cultural-, que el gobierno electo pueda responder a las postergadas demandas de los “giles” al mismo tiempo que incluir a aquellos sectores que, fruto de políticas mal concebidas y de la falta de oportunidades -junto a una extensa y profusa narrativa-, se acostumbró a concebir a la política como el equivalente a un Estado que todo lo provea y a la economía como un reino de bienes infinitos. Éste parece ser un inmenso desafío. La gobernabilidad, y más aún, la propia paz social, están en juego.

España: un frágil gobierno en minoría aumenta la polarización

Coautor Martin Friedek

El jueves 16 de noviembre de 2023, el presidente en funciones del Gobierno de España, el socialista Pedro Sánchez, fue reelegido con 179 de 350 votos. Además del apoyo del Partido Socialista (PSOE, 121 escaños), contó entre otros con los votos de la plataforma electoral populista de extrema izquierda Sumar y partidos separatistas de Cataluña y el País Vasco.

Ninguna formación de gobierno desde la aprobación de la conciliadora Constitución democrática de 1978, tras el fin de la dictadura franquista, ha polarizado tanto a España como la actual. Las protestas contra la formación de este Gobierno y, sobre todo, contra la amnistía prevista para todos los implicados en la sublevación de 2017 en Cataluña llevan semanas creciendo. Son cientos de miles de ciudadanos indignados de una amplia mayoría social, que se extiende mucho más allá de los simpatizantes de los partidos de la oposición.

Los observadores extranjeros con simpatía por España están perplejos. Los acontecimientos actuales no encajan con la narrativa generalizada. Esta indica que el presidente socialista Sánchez, junto con el partido de extrema izquierda Podemos, supuestamente sacaron bien a España de la crisis del coronavirus durante la última legislatura (2020-2023) en una llamada «coalición de progresistas». Además, alude que consolidó la economía de España y, sobre todo, logró hitos sociopolíticos para más justicia, igualdad y oportunidades.

Antecedentes

Importantes concesiones a los separatistas en la anterior legislatura, como la modificación grupal de la ley penal (supresión de la sedición y minimización de la ley de malversación), fueron elogiadas por Pedro Sánchez como acciones clarividentes para contribuir así, según él, a la «pacificación» del conflicto territorial a través de la «desjudicialización» de un conflicto supuestamente político.

¿Por qué hay tanta gente que se resiste a la promesa de Pedro Sánchez de continuar con las políticas «progresistas» y de evitar que España «recaiga en el pasado restaurador y oscuro de la derecha»?

Una manzana de la discordia más concreta y actual son las concesiones que Sánchez otorgó a los partidos regionales que lo apoyan sin ninguna contrapartida significativa. Los partidos gobernantes PSOE y el partido de extrema izquierda Podemos (que apenas sigue existiendo), sufrieron derrotas devastadoras en las elecciones regionales y locales de mayo de 2023. Mientras, el PP ostenta ahora la jefatura del Gobierno en 12 de las 17 comunidades autónomas. En respuesta, Pedro Sánchez convocó a elecciones parlamentarias anticipadas, donde el PSOE fue capaz de mantener su resultado de las elecciones nacionales anteriores. Por otro lado, todas las demás fuerzas que votaron en el Congreso a favor de Pedro Sánchez han salido de las elecciones como perdedoras, sin excepción. Los partidos separatistas del País Vasco y Cataluña juntos recibieron sólo el 6% de los votos nacionales.

Valoración política

Las cifras explican en gran medida el desconcierto que provoca el hecho de que una minoría tan pequeña esté determinando políticamente o incluso chantajeando a una mayoría dentro de Cataluña, por no hablar de todo el país.

Como Pedro Sánchez ya rechazó categóricamente cualquier cooperación con el PP, depende de cada voto de los partidos centrífugos. El partido Junts per Catalunya con su líder prófugo Carles Puigdemont, cuyos siete escaños ayudaron a Sánchez a lograr un salto decisivo sobre la mayoría absoluta de 176 escaños, es una punta particular de la balanza.

Todos los partidos separatistas, pero Junts per Catalunya en particular, se caracterizaron por insistir en sus máximas exigencias en las negociaciones. Mientras, el partido gobernante, el PSOE, no dio muestras de éxito por su parte en las negociaciones. Entre estos acuerdos «pactos» está la ley de amnistía. El instrumento previsiblemente concederá una amnistía general a todos los implicados en el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017 en Cataluña, investigados por sedición, malversación e incluso terrorismo.

Una amnistía como contribución a una solución política al conflicto territorial habría sido concebible si Sánchez hubiera buscado una amplia mayoría junto al PP y si los separatistas hubieran renunciado a su máxima exigencia de separación de España. Ni ha ocurrido ni ocurrirá. Es más, la ley de amnistía reinterpreta ahora de hecho la democracia española de 1978 como un Estado ilegítimo. Desacredita a sus fuerzas de seguridad y convierte a los rebeldes contra la Constitución democrática en víctimas políticas. El posible nombramiento de comisiones políticas en el Parlamento para revisar el Poder Judicial daña su independencia y lo somete a un mandato político (lawfare).

Polarización irreconciliable

Con sus discursos excluyentes, sobre todo durante la sesión parlamentaria (investidura), Sánchez ha contribuido significativamente a la polarización irreconciliable. Calificó literalmente a todos los que no compartían su concepto de «generosidad», «reconciliación» y «paz social», de «reaccionarios» y «extrema derecha», contra los que hay que levantar un «muro». Esta es otra de las razones por las que personas del centro moderado, como socialistas críticos, liberales y democristianos, que no suelen manifestarse, salen ahora a la calle con banderas españolas y europeas. El hecho de que los principales socialistas deslegitimen estas manifestaciones calificándolas de incitación está exacerbando los ánimos.

Se especula sobre cuánto tiempo puede sobrevivir esta constelación política de gobierno. Hay que decir que no está unida por un proyecto político común positivo para el conjunto de España. Sino sólo por la motivación negativa de impedir a toda costa un gobierno PP-VOX.

Perspectivas para España

Esta coalición de perdedores electorales podría aguantar mucho tiempo. La razón es que la alternativa de nuevas elecciones se traduciría en un mayor debilitamiento de esta, como sugieren las primeras encuestas. Ninguno de los separatistas querrá renunciar a la oportunidad de oro que tienen actualmente, contando con un jefe de Gobierno que depende más que nunca de ellos y que les permite aplicar sus reivindicaciones máximas, mientras la supervivencia del gobernante en el poder dependa completamente de ellos.

La esperanza de los conservadores de que el Tribunal Constitucional pueda detener la ley de amnistía también parece prematura. El Tribunal Constitucional está formado actualmente por una mayoría de partidarios y dependientes de Sánchez. Estos probablemente dictaminarán que la amnistía es constitucional, en contra de la comunis opinio de expertos constitucionalistas publicada en innumerables artículos de opinión.

Está por ver si Europa puede detener este preocupante proceso, como también esperan muchos en el PP. Según el derecho constitucional, el conflicto regional catalán es y sigue siendo un conflicto territorial interno en España. Aunque los separatistas catalanes hayan intentado repetidamente internacionalizar su causa y conseguir apoyo europeo para sus objetivos durante la última década. Ahora el PP quiere llevar los acontecimientos a Europa. Tiene la esperanza de que la UE investigue e intente impedir cualquier violación del Estado de derecho por parte de Sánchez a nivel nacional. De forma similar a Polonia y Hungría.

Como nos ha recordado recientemente Anne Applebaum, no debemos perder de vista que el movimiento separatista en torno a Junts per Catalunya y Puigdemont estaba manifiestamente vinculado al régimen de Putin en Rusia, y que Rusia tiene un interés estratégico esencial en la independencia de Cataluña que daría a Putin una influencia histórica sin precedentes en el sur y el oeste de Europa y en el Mediterráneo.

Tres Españas

Sostenemos que ahora hay tres Españas en lugar de dos. Además de los conflictos históricos del país, Sánchez ha estilizado la disputa actual como un conflicto dicotómico entre «el progreso o la derecha». Una flagrante simplificación populista de la realidad. Incluso la mayoría de los catalanes quieren una convivencia próspera en reconocimiento de su singularidad lingüística y cultural, ya ampliamente reconocida y desarrollada en España.

La paradoja actual en España es que una minoría está actuando contra la voluntad política de una mayoría hasta ahora silenciosa que no está a favor ni de la amnistía ni de la separación de partes del país. Sin embargo, es evidente que esta mayoría ya no está dispuesta a permanecer en silencio. Existe el peligro de que en España también se produzcan acontecimientos al estilo Ziblatt/Levitsky, que debiliten la democracia desde dentro, incluso a través de las elecciones. Los expertos en América Latina ven sorprendentes paralelismos en el enfoque de Pedro Sánchez con los sistemas autoritarios de la izquierda bolivariana. Como en Venezuela, donde las instituciones fueron sucesivamente tomadas por los políticos y donde la democracia fue «reinterpretada».

Independencia

Si, como es de esperar, los separatistas (principalmente Junts, ERC y EH Bildu) continúan con su línea pública de independencia incondicional de Cataluña y el País Vasco con todas sus fuerzas y utilizan el recrudecimiento del debate en su beneficio, el Estado español lo tendría mucho más difícil para frenar el impulso esta vez que en 2017. Esto se debe a que el Gobierno de Sánchez ha suprimido en los últimos años los instrumentos de contención decisivos del Estado de derecho.

El ganador de las elecciones y presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, había ofrecido a Sánchez seis pactos de Estado PP-PSOE para organizar las reformas que se necesitan urgentemente al margen de extremistas y fundamentalistas. Feijóo llegó a ofrecer la alternancia en el liderazgo del Gobierno entre él y Sánchez para la próxima legislatura. Un acercamiento entre los grandes partidos centristas que probablemente sólo será posible en el periodo después de Sánchez. Esperemos que el país, que en realidad tiene tanto potencial, no sufra demasiado daño, ni interna ni externamente.

Martin Friedek es investigador, analista político y coordinador de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer para España y Portugal.

Necesitamos áreas verdes para soportar las olas de calor

Coautor Adán Castro Añorve

Las grandes ciudades del mundo están experimentando un incremento de las temperaturas, tanto por el cambio climático como por la falta de áreas verdes y el efecto de la isla de calor. Solo en 2023, Ciudad de México sufrió cuatro olas de calor y los golpes de calor, que elevan la temperatura corporal hasta alrededor de 40 grados, pueden llegar a ser mortales.

Para intentar contrarrestar estas ondas de calor, muchas ciudades del mundo están apostando a generar más áreas verdes, que son espacios con vegetación natural o inducida en forma de parques, plazas o zonas arboladas. Las áreas verdes, tienen la capacidad de amortiguar las altas temperaturas, y con ello, influyen directamente en mejorar la calidad del ambiente en las grandes urbes.

En América Latina, 17 ciudades han llevado adelante proyectos de mejora para mantener y ampliar sus áreas verdes con la ciudad brasileña de Curitiba a la vanguardia. Otras ciudades que destacan por sus mejoras son Belo Horizonte, Bogotá, Brasilia, Rio de Janeiro, São Paulo, Medellín, Monterrey, Puebla, Porto Alegre, Quito, Santiago y por debajo del promedio se encuentran ciudades como Buenos Aires, Montevideo, Guadalajara y Lima.

En otras zonas del mundo, las áreas verdes, además de apaciguar las olas de calor, también mejoran las condiciones de vida de los ciudadanos ya que ofrecen espacios para realizar deportes, mejora las relaciones sociales y fortalecer la conciencia ecológica. Nueva York, por ejemplo, cuenta con el Central Park, uno de los parques urbanos más visitados de todo el mundo, con 341 hectáreas, Barcelona con el Parque de la Ciudadela y Madrid con el famoso Parque del Retiro, que está considerado como un bien de interés cultural.

En la Ciudad de México, se cuenta con casi 68 kilómetros cuadrados de áreas verdes que en total cubren el 4.5% de su superficie. Sin embargo, esto no es suficiente para los más de 9 millones de habitantes. El Programa de Infraestructura Verde que impulsa el gobierno local,  tiene como finalidad vincular y aumentar la conexión entre áreas verdes y cuerpos de agua; distribuir igualitariamente los beneficios de servicios a la población; garantizar la confluencia social en estos espacios e incorporar acciones para minimizar impactos y efectos del cambio climático.

Sin embargo, estos esfuerzos no han logrado visibilizar el problema de los impactos del calor extremo en la salud en áreas marginadas. Las políticas ambientales y de salud en la Ciudad de México parecen estar disociadas y, si bien existen estrategias para la adaptación al cambio climático, los planes y programas no parecen enfocarse en los impactos del ambiente y la salud en el contexto del aumento de las ondas de calor.

Dentro de la misma ciudad existen contrastes, tanto térmicos como de vulnerabilidad de la población. Entre el centro y oriente de la ciudad puede haber diferencias de hasta 3ºC durante los períodos de temperaturas extremas. En las zonas centro y occidente de la ciudad se localizan las alcaldías con población de mayor poder adquisitivo, menos población vulnerable y mayores superficies de áreas verdes. Mientras que en el oriente de la ciudad habitan poblaciones de bajo poder adquisitivo, alto porcentaje de población infantil y adulta mayor de los 65 años y con pocas áreas verdes. En este marco, la cercanía de las poblaciones vulnerables a áreas verdes aminorarían los efectos de las ondas de calor.

Mientras que en la Ciudad de México el promedio es de 7.5m2 de áreas verdes por habitante, la recomendación de la Organización Mundial de la Salud recomienda un promedio de 16.4m2, más que el doble. Por lo tanto, aún se está lejos de alcanzar el confort térmico en la sexta ciudad más poblada del mundo.

Mapas comunitarios

En este contexto, una herramienta útil para evaluar la eficiencia de las áreas verdes es la cartografía participativa o mapeo comunitario. La elaboración de estos mapas ayuda a complementar el conocimiento técnico, con los conocimientos de la vida real de las personas. Se trata de un proceso abierto que plasma las ideas sobre cómo se entiende el territorio, su medio ambiente, la cultura, los problemas y sus posibles soluciones y nos indican las necesidades de los habitantes

Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México está realizando mapas participativos para evaluar las áreas verdes como amortiguadoras de las olas de calor en la Ciudad de México. También se está avanzando el análisis de imágenes satelitales para mapear la temperatura de zonas con y sin áreas verdes en el oriente de la ciudad.

El objetivo del proyecto “Consulta y cartografía ciudadana sobre áreas verdes y su papel en la salud pública, caso: calor extremo en la Ciudad de México”, es construir puentes de comunicación entre las dependencias y la comunidad para mejorar la salud pública. De esta manera, se puede promover la conservación de áreas verdes y mejorar la toma de decisiones de las instancias públicas, considerando la opinión de la población con base en los mapas participativos.

Así, con la participación activa de la academia, el gobierno local que se involucra con los programas de áreas verdes y la ciudadanía con el mapeo comunitario, es posible identificar los focos rojos de vulnerabilidad y planear mejor las áreas verdes y los servicios de atención a la salud. Todo ello hará posible afrontar de mejor manera las olas de calor cada vez más frecuentes en la Ciudad de México.

*Este texto es producto del Programa Clima, ambiente y salud + migración desarrollado por el Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global IAI y Latinoamérica21

Adán Castro Añorve es Profesor de Salud Pública en la Facultad de Medicina (UNAM-México). Médico especializado en métodos estadísticos, estudios de maestría en Ciencias de la Complejidad, modelación e inteligencia epidemiológica, análisis de datos en salud, emergencias sanitarias.

México 2024: candidatos mediocres, democracia en riesgo

El nivel del debate político en México está por los suelos. No ayuda tener un presidente que ha vaciado de sustancia el lenguaje político, y cuya palabra es como el ruido de la calle: se le oye, pero no se le escucha. En este contexto, las campañas que empiezan rumbo a las elecciones presidenciales del próximo año no apuntan a ser un combate de ideas, qué va. Pero eso no significa que las elecciones de 2024 sean inconsecuentes. Todo lo contrario. Se juega ni más ni menos que la supervivencia del país tal como lo conocemos. Para dejarlo claro, en estas elecciones hay dos opciones muy claras. Por un lado, los partidos tradicionales (PAN, PRI, PRD), que defienden el orden constitucional de 1917 y el legado de la transición democrática (1977-1996). Por el otro, el oficialismo de Morena y sus aliados (MC, PT, PVEM), que proponen un nuevo régimen político todavía sin contornos precisos pero con AMLO y su entorno en el centro. De forma tal que, desde cierto punto de vista, y habida cuenta de lo que nos jugamos, los candidatos en si no son tan relevantes. Pero volvamos nuestra mirada hacia ellos.

Claudia Sheinbaum: la delfín de AMLO

Claudia Sheinbaum es la candidata del oficialismo. Se trata de una funcionaria gris cuya trayectoria política ha corrido siempre bajo la sombra y dirección de AMLO, de donde no se ha apartado un milímetro. Pero si creen que se trata de almas políticas gemelas, jeje, ya se fueron con la finta. AMLO y Sheinbaum no podrían ser más diferentes por origen e historia. AMLO es un líder social llegado de la entraña misma de los trópicos mexicanos, que llegó al poder agitando la calle. Sheinbaum pertenece a una clase media ilustrada capitalina, y su ascenso al poder ha seguido derroteros meritocráticos, en la medida que ha sabido mostrarle a AMLO lo que él más aprecia en un subordinado: sumisión absoluta. Esto es al punto que en los últimos años hemos visto lo que yo llamaría la tropicalización de Claudia Sheinbaum. En efecto, si durante toda su carrera política se mostró como una figura fría y académica, dándose aires intelectuales, en los últimos tres años se ha mimetizado con su jefe. Es impresionante verlo. Ha adoptado el mismo tono de voz y las muletillas de su jefe. Da pena ajena.

Xóchitl Gálvez: puede, ¿pero lo quiere?

Por el lado de la alianza opositora tenemos a la senadora Xóchitl Gálvez, quien irrumpió con fuerza este año para hacerse de la candidatura opositora. Irónicamente fue el mismo AMLO quien la impulsó. En un arrebato de soberbia, no la quiso recibir en su programa matutino y rectificar sus infundadas críticas a la senadora. Xóchitl despertó gran entusiasmo entre la población, quien en un principio la percibió como alguien que podría plantarle cara a López. Ello entre otras cosas porque descolocaba el discurso pro-pobres e indigenista, clientelista de este gobierno: Xóchitl es una indígena otomí que por sus méritos escaló económicamente. Ese inicial entusiasmo, sin embargo, se ha ido diluyendo. La senadora, lejos de írsele a la yugular a AMLO y Sheinbaum, ha preferido hacer una campaña de ocurrencias y gracejadas, que ha tenido poca resonancia entre la sociedad. Su barco hoy hace agua y muchos se preguntan si realmente quiere ganar. Su partido, el PAN, fue un partido que durante muchos años no quería ganar, sino que se conformaba con ser oposición y fungir de compás moral. Pareciera que Xóchitl va en esa línea.

Samuel García: 15 minutos de infamia

Al momento de escribir estas líneas no queda claro que Samuel García será candidato. Tampoco se sabe si sigue siendo gobernador del estado de Nuevo León (fronterizo con Texas). En los últimos días armó un sainete al dudar si seguir como gobernador o lanzarse por la presidencia de México. Mientras se aclara el asunto, lo que hay que saber de él es que su candidatura fue impulsada por AMLO para dividir el voto opositor. Lo segundo a saber es que sus principales cartas políticas son su supuesta juventud (35 años) y una pretendida llaneza en su habla de impostado estilo ranchero. Pero donde unos ven frescura, otros vemos chabacanería; cuestión de enfoque y de gustos personales. Ah, y una cosa más: el principal capital político de García es su esposa, la influencer Mariana Rodríguez Cantú, quien le presta sus reflectores y seguidores en redes sociales. Estamos ante otro caso de lo que en EUA llaman un power couple.

Verástegui: el llanero solitario

Queda otro candidato: Eduardo Verástegui, actor de telenovelas a quien quizá recuerden en Una luz en el camino (1998), Soñadoras (1998-1999) y Alma rebelde (1999). Verástegui se ha reinventado como un libertario mexicano, y presume su cercanía con Javier Milei, y el líder de Vox en España, Santiago Abascal. Lo cierto es que lo tiene muy difícil. Pero en política no hay imposibles. Para muestra un botón: entre mis conocidos que apoyan a AMLO, la candidatura de Verástegui es vista con buenos ojos. Lo perciben como el Bukele mexicano. ¿Cómo explicar que un votante de AMLO considere votar por un candidato en las antípodas? Respuesta: porque quizá no estén en las antípodas. Bukele, AMLO, Trump, Sanders, Milei y Verástegui; todos ellos se presentan como outsiders, anti-establishment, y declarados enemigos de imaginadas “castas”, “mafias del poder”, “viejas ideas”, “vieja política”. “The Swamp”, “Washington”, “la politiquería”. No importa cómo lo llamen. El objetivo es conectar con la inmensa y justificada frustración y enojo que existe contra los gobiernos. Aunque ello nos cueste la democracia.

Argentina y Ecuador: dos países, un camino

El método comparado en Ciencias Sociales busca establecer las causas de un fenómeno confrontando casos similares o diferentes con el fin de identificar el origen de un hecho. Si queremos entender lo que pasa en Argentina comparándola con un país similar, la intuición nos llevaría a Uruguay. Desde un pasado colonial parejo hasta su ubicación sobre el Río de la Plata, pasando por el flujo migratorio parecido, la forma de hablar o la producción de carne y soja, hay un sinnúmero de semejanzas. También comparten la maternidad del tango y de Gardel –a pesar de que el zorzal criollo es natural de Tacuarembó– y alojan, cada uno de los países, a uno de los mellizos Salvo-Barolo. Sin embargo, el país de la Banda Oriental del Río Uruguay tiene un sistema político mucho más estable que el de la Nación Argentina. Dan fe de ello las élites porteñas que migran a enfrente en busca de tranquilidad a pesar de mantener sus empresas y trabajos en Argentina.

Mientras Uruguay aparece en todos los índices como la democracia más consolidada de América Latina, el sistema político de Argentina muestra muchos problemas de funcionamiento a pesar del firme compromiso democrático de sus ciudadanos, y ahí está la diferencia entre los dos casos. Resulta evidente, por ejemplo, lo distintos que son los sistemas de representación política: por un lado, hay unos partidos consolidados que han desarrollado una lógica de competencia inclusiva; por el otro, está un sistema de partidos de lógica maniquea que tiende a la polarización necesaria en la “razón populista”. También contrasta que mientras al sur del Río de la Plata abunda el personalismo y es tierra fértil para el brote de dirigentes políticos ególatras, en Uruguay los líderes han ejercido de antihéroes y han puesto por delante al colectivo antes que a la “conducción” siguiendo el ejemplo de los Treinta y Tres Orientales y del prócer Artigas que se fue al Paraguay a tomar mate con Ansina.

Si hay un país con el que se puede comparar Argentina, usando los criterios de lo que los politólogos metodólogos (o viceversa) llaman Most Similar Systems Design (MSSD), es Ecuador. El MSSD busca variables explicativas en las que los países sean similares, y no cabe duda de que son los dos casos de América Latina que mejor cumplen esta premisa, si tomamos en cuenta que comparten una clara tendencia al default (impago de las deudas) en términos económicos y al populismo en términos políticos. Me explico y desarrollo.

Aunque las “crisis por deuda” son habituales de América Latina, Argentina y Ecuador ocupan las primeras posiciones, respecto a los otros países de la región, en el número de veces que han incurrido en distintas formas de impago y morosidad durante esta tercera ola democrática. A pesar de las diferencias –sobre todo por el tamaño del PIB y la industria–, las dos economías comparten la dependencia del sector externo, los altos niveles de desigualdad o la desconfianza en sus monedas nacionales, que, en el caso de Ecuador, se solucionó con la dolarización, medida que quiere adoptar el presidente Milei y que ya usó el peronista Menen en su versión convertible. Son dos economías con tendencias inflacionarias e instaladas en el déficit presupuestario, el mismo que acaba traduciéndose en más deuda, en emisión inorgánica o en otros trucos contables en el caso de Ecuador que no puede activar la máquina de los billetes. También se parecen, y esto está relacionado con el ciclo político, en que muchas de las autoridades económicas no han precautelado los equilibrios macroeconómicos, pues su visión de la economía considera que estos son algo propio de economistas ortodoxos fieles al Consenso de Washington.

Aunque el peronismo se haya convertido en el tipo ideal weberiano de populismo latinoamericano, uno de los padres fundadores, junto a Getulio Vargas, es el ecuatoriano José María Velasco Ibarra, que ocupó por primera vez la presidencia de la república en 1934. Desde entonces, el velasquismo fue uno de los pivotes de la política ecuatoriana hasta inicios de 1970. Los sistemas políticos de Ecuador y Argentina siempre tienden al populismo y es así como, en el siglo XXI, mientras en los Andes la brecha se construía sobre el correísmo, en la tierra de Evita el eje de la política era el kirshnerismo. Quizá eso explica que el ecuatoriano Jaime Durán Barba entienda tan bien la política argentina como para haber vencido al todopoderoso peronismo como estratega.

En los dos países el populismo y el modelo económico han confluido en las propuestas de dolarización gracias a dos presidentes que, además de populistas, comparten como apodo “El Loco” por sus exabruptos: Abdala Bucaram en Ecuador y Javier Milei en Argentina. Abdalá no terminó su gobierno y no pudo poner en marcha su plan de dolarización. Ahora queda por saber si Milei lo podrá hacer. De ser así, más allá de lo que pueda pasar con otras políticas y sus consecuencias, el cambio de moneda modificará sustancialmente el funcionamiento de la economía y de la política argentina, tal y como sucedió en Ecuador cuando se dolarizó. En este sentido, no me cabe duda de que el “peronismo/K”, tal y como lo conocemos, será su primera víctima.

¿Cómo será la inserción internacional de la Argentina de Milei?

A partir de la toma de posesión presidencial el próximo 10 de diciembre, el nuevo gobierno argentino, sustentado por un importante capital político, tendrá que enfrentar desafíos extremadamente complejos. Más allá del apoyo de su propio partido (La Libertad Avanza), la gestión del mandatario será respaldada por otras organizaciones de centroderecha, principalmente aquellas identificadas con la coalición Juntos por el Cambio, encabezada por el expresidente Mauricio Macri y la ex candidata Patrícia Bullrich.

En este marco, Javier Milei y su gobierno tendrán alrededor de cinco o seis meses para impulsar las –radicales– reformas propuestas en su programa. Existen algunas dudas de si, una vez en el sillón presidencial de Rivadavia, el nuevo mandatario optará por la polarización y la imposición de una terapia de shock en los campos económico y social que podrían llevar a una eventual agudización de la conflictividad, o si adoptará un estilo más moderado y pragmático. En ambos casos, la dignidad presidencial y la capacidad de liderazgo serán puestas a prueba. Todo ello con importantes repercusiones tanto dentro como fuera del país.

En lo concerniente a la inserción internacional, es previsible que la agenda económica del nuevo gobierno de Buenos Aires asuma una posición prioritaria, máxime en el contexto de los notorios desequilibrios macroeconómicos que afectan al país. En consecuencia, es probable que haya un sensible acercamiento a los organismos financieros, incluyendo al Fondo Monetario Internacional, al Banco Interamericano de Desarrollo o a la banca privada.

A pesar de los discursos de campaña, no es esperable que el gobierno vaya a deteriorar aún más sus relaciones bilaterales y multilaterales, tanto con potencias económicas como China o Brasil, como con procesos de integración, foros y agrupaciones –ello incluye, entre otros, a la eventual adhesión del país a los Brics+. Desde cualquier punto de vista, los costos de romper con dichos socios económico-comerciales serían totalmente contraproducentes, espurios e irresponsables, especialmente en una época de urgente necesidad de divisas, de exportaciones y de acceso a tecnologías.

Asimismo, tampoco es creíble que el nuevo gobierno decida interrumpir su participación en el Mercosur, ya que sus implicaciones económico-comerciales y político-diplomáticas serían sumamente elevadas. Entretanto, parece inobjetable alertar que el diálogo, la concertación y la cooperación al interior de dicho proceso de integración serán cada vez más complejas. Nótese que tres de los países miembros del Mercosur serán gobernados por mandatarios de centroderecha, dejando al Brasil un tanto aislado. Además, en ausencia de un claro liderazgo brasilero-argentino, lo más probable es que el Mercosur continúe adoleciendo de parálisis, estagnación, inercia y contradicciones.

Argumentos político-ideológicos semejantes sugieren que es previsible un posicionamiento mucho menos propositivo y colaborativo de la Argentina de Milei en foros regionales de alto nivel, tales como la Celac, la Unasur o la Comunidad Iberoamericana de Naciones. Todo ello sin ignorar que el estilo estridente, excéntrico, populista e irreverente del referido político anarcocapitalista puede generar contradicciones más o menos intensas con la moderación, la dignidad presidencial y el pragmatismo demostrado por otros gobernantes de la región, especialmente de líderes como Luiz Inácio Lula da Silva, Andrés Manuel López Obrador, Gabriel Boric o Gustavo Petro.

En otras palabras, es probable que las directrices de diálogo, consulta y concertación político-diplomática sean alteradas de forma explícita. Llévese en cuenta que el nuevo titular del sillón presidencial de Rivadavia y las autoridades del palacio de San Martín –sede de la cancillería argentina a ser encabezada por la doctora Diana Elena Mondino– proponen una sensible aproximación geopolítica a las potencias Occidentales, incluyendo los Estados Unidos, Israel y posiblemente la Unión Europea.

En paralelo, es factible que Milei se erija en uno de los principales exponentes de la derecha radical latinoamericana. En este marco, es previsible que un “efecto Milei” pueda ser replicado en las próximas elecciones de países como Chile, Colombia, Perú, El Salvador e incluso Venezuela. El impulso a la derecha política generado por la victoria del candidato libertario argentino también se sentirá en movimientos sociales de la misma índole presentes en numerosos países de la región –sobre todo en el seno de asociaciones y colectivos empresariales, religiosos, mediáticos o populistas de “mano dura”–, ya que muchos de ellos afirman estar enzarzados y luchando en la misma guerra cultural contra el multiculturalismo, el socialismo y el progresismo hemisférico y global.    

En suma, después de haberlo intentado con muchas otras alternativas políticas, económicas y sociales más conocidas y tradicionales, junto a una alta y creciente sensación de frustración, hartazgo y escepticismo con relación al desempeño de la élite política y a los persistentes desequilibrios macroeconómicos, el electorado argentino votó mayoritariamente por un programa ultraliberal, antisistema y de derecha nacionalista.

Javier Milei asume el sillón presidencial de Rivadavia en medio de una grave crisis. La población del país está a la expectativa de lo que el nuevo mandatario pueda efectivamente realizar, en un tiempo relativamente breve. Dependiendo de sus resultados en la gestión pública, Milei podrá confirmarse como el principal referente de la derecha local, como un títere del macrismo o como un nuevo Fujimori. En todos esos escenarios prospectivos, sus implicaciones y desdoblamientos serán sumamente trascendentes, principalmente en el contexto latinoamericano, hemisférico e incluso global.

“Islas de calor”, un riesgo para la salud pública

El 19 de junio de 2023, en el metro de Ciudad de México que trasladaba a Juan a su consulta, la temperatura era de 42°C. Ni bien llegó a la clínica, el primer paciente del día fue una mujer mayor que reportó mareos y náuseas durante los dos últimos días. Y es que, durante el mes de junio, la onda de calor (también denominada ola de calor) que afectaba a la capital mexicana, una de las mayores metrópolis del mundo, ya estaba teniendo consecuencias en la salud de sus habitantes.

Ese día, de acuerdo con lo reportado por el Servicio Meteorológico Nacional, se registró una temperatura máxima extrema para la Ciudad de México de 41°C, mientras que la Secretaría de Salud informó de 1.072 casos asociados a temperaturas extremas y 100 defunciones a nivel nacional atribuibles a la tercera onda de calor del verano, ocurrida entre el 1 y 22 de junio.

En los últimos años, este fenómeno se ha vuelto cada vez más frecuente y los científicos apuntan a que debido al calentamiento global en años recientes estamos observado un incremento de la temperatura y en particular de las ondas de calor durante los veranos. Esto está causando el aumento de enfermedades asociadas al calor extremo principalmente en las zonas donde se presenta el fenómeno conocido como isla de calor urbana.

Pero ¿qué son las islas de calor?

El término isla de calor se refiere a aquellos sitios o áreas dentro de las ciudades en los cuales la temperatura de la superficie de calles y edificaciones es sensiblemente mayor a la registrada en las superficies en la periferia de las zonas urbanizadas, con diferencias que pueden alcanzar hasta los 10 °C. Estas islas de calor son producto del crecimiento y desarrollo de las zonas urbanas, la construcción de nuevas edificaciones y el aumento de calles y avenidas cubiertas por materiales como el asfalto o el concreto que permiten la acumulación de calor durante el día.

Además, como parte de la actividad propia de las ciudades, existen otras fuentes de calor como los automóviles y vehículos de transporte público y de carga o equipos de refrigeración como los aires acondicionados -cada vez más usados- cuya temperatura también es almacenada en las superficies de fachadas y calles. Todo el calor acumulado durante las horas de día es liberado lentamente durante las noches.

 

Las consecuencias del calor extremo

El aumento de las temperaturas tiene impactos en la salud y bienestar de la población que se manifiestan de diferentes formas, que van desde la pérdida de confort, el cual puede asociarse a irritabilidad y falta de concentración, hasta la deshidratación, problemas respiratorios, insolaciones y cansancio. Los golpes de calor pueden incluso causar la muerte, ya que, ante las altas temperaturas, la capacidad del organismo para disipar el calor puede ser superada, siendo los niños, adultos mayores y personas con padecimientos respiratorios los sectores más vulnerables de la población.

Los golpes de calor, de acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se presentan cuando la temperatura asciende por encima de los 40 °C, superando la temperatura del organismo, considerada como normal entre los 36,5 y 37,2 °C. Esto ocurre principalmente cuando la persona pierde la capacidad de autorefrigerarse a través del sudor debido a la deshidratación.

Los efectos asociados a las islas de calor urbanas y a las ondas de calor son un problema que tiene consecuencias en la población mundial. En su informe de 2022, The Lancet Countdown publicó los resultados de un estudio realizado en 43 países en el cual destaca que la mortalidad relacionada con el calor aumentó alrededor de 68% en personas mayores de 65 años entre los periodos 2000-2004 y 2017-2021. Para el mismo periodo, el informe reporta los porcentajes de cambio y número de decesos por país. En el caso de Latinoamérica, destacan Ecuador, con un porcentaje de cambio del 1477% (300 decesos); Honduras, con el 547% (190); Brasil, el 191% (3.920); México, con el 123% (2.070), y Argentina con el 85% (1.300).

Otro efecto es la dificultad para la conservación de los alimentos, los cuales tienden a descomponerse con mayor facilidad si están expuestos a mayores temperaturas, por lo que resulta necesario el uso de sistemas de refrigeración para su preservación.

El caso de la Ciudad de México

Pero antes de llevar a cabo cualquier tipo de acción ya sea para prevenir o disminuir este fenómeno, es necesario conocer al detalle cuáles son las zonas donde se presentan las mayores temperaturas, cuál es la cantidad de población expuesta y las condiciones propias de cada lugar. Por ello, desde la Universidad Nacional Autónoma de México, un grupo de investigadores integrantes del Seminario de Cambio Climático, Biodiversidad y Salud están realizando un estudio con el objetivo de identificar las zonas de mayor vulnerabilidad, así como la percepción de la población en dos alcaldías, para poder proponer medidas que atenúen los efectos de la isla de calor en la población.

Según los resultados preliminares de la encuesta, el 10% de las personas afirman que durante las ondas de calor suelen sufrir dolores de cabeza, mientras que casi la mitad lo sufren solo algunas veces. Además, casi un tercio de los encuestados indicaron sufrir mareos en algunas ocasiones y el 15% que en los días calurosos regularmente tienden a sufrir náuseas o vómitos.

La información obtenida en este estudio permitirá afinar las líneas de acción para identificar las acciones más adecuadas y pertinentes para prevenir y atender a la población expuesta a estas islas de calor. De hecho, estudios realizados por diversos investigadores indican que aquellas zonas en las cuales hay poca o nula vegetación, las temperaturas tienden a ser más elevadas que en aquellas en las que se cuenta con la presencia de arbolado urbano.

¿Cómo solucionarlo?

El impacto de los efectos derivados de las islas de calor es de tal importancia, que, desde diversas instancias nacionales e internacionales, gubernamentales, académicas y de la sociedad civil organizada (ONGs) se han propuesto diversas iniciativas y acciones para reducir la concentración de calor en las ciudades y, por tanto, el riesgo de afectación a la población. Entre ellas destacan el incremento del arbolado urbano y zonas verdes, pintar techos y fachadas con colores claros, instalar las denominadas azoteas verdes, lo cual consiste en cubrir estas superficies con vegetación natural. Estas acciones generan una mayor reflectancia, disminuyendo así el almacenamiento del calor. Algunas otras medidas son las de fomentar la ventilación natural y la instalación de equipos de bajo consumo energético y calorífico en las edificaciones.

La atención para minimizar o atender los efectos asociados a las islas de calor urbanas depende de la sociedad en su conjunto; las acciones deben llevarse a cabo desde diferentes trincheras y a diferentes escalas, desde las diversas esferas de gobierno, instancias académicas, sociedad civil organizada (ONGs), y desde el seno familiar y en lo personal. Todas estas esferas deben trabajar de manera coordinada y en armonía. Desde lo individual y familiar podemos hacer mucho para minimizar el consumo de energía, desde la sustitución de equipos ahorradores hasta plantar árboles en nuestros predios o incluir vegetación en las azoteas. Desde los gobiernos y las ONGs se deben impulsar mecanismos que permitan adecuar el marco legal para favorecer el arbolado urbano y diseños arquitectónicos acordes con el clima de cada ciudad, ello con la finalidad de renaturalizar las zonas urbanas. Las opciones son variadas, por lo que lo primero con que se debe contar es con la voluntad civil y política para atender una problemática que puede incrementarse significativamente de ser ignorada, como consecuencia del calentamiento global.

El derecho a la no maternidad

La maternidad ha sido una parte intrínseca de la vida de muchas mujeres en todo el mundo a lo largo de la historia. En Argentina, tres cuartas partes de las madres, el 76%, considera que ser madre es la mejor vivencia que una mujer puede experimentar. Además, para un tercio de las mujeres argentinas, tener hijos es esencial para vivir una vida plena.

Varios son los gatillos de esa creencia. La recompensa emotiva es uno de ellos; al final, 8 de cada 10 mujeres señalan que se sienten realizadas cuando ven a sus hijos progresar, lo que destaca la profunda satisfacción que encuentran en el papel de la maternidad. Además, las madres argentinas tienen una autoevaluación muy positiva de su desempeño. Por diferentes lados, el discurso de la maternidad como fuente de satisfacción personal en la vida de las mujeres queda evidente.

Sin embargo, los tiempos están cambiando, y la no maternidad se está volviendo una opción cada vez más común y aceptada. Un estudio global realizado por la red de consultoras WIN en 39 paísesha arrojado luz sobre este fenómeno, mostrando que un 18% de las mujeres adultas encuestadas a nivel global no tiene hijos y no planea tenerlos en el futuro. En Argentina, el estudio muestra que este porcentaje se encuentra en línea con la tendencia global, con un 16% de las mujeres adultas que no son madres y no tienen planes de serlo (una proporción similar o muy próxima a la de otros países de América Latina: 16% en Chile y Perú, 15% en México y 12% en Brasil). 

La tendencia hacia la no maternidad se materializa más allá de las preferencias o sensaciones individuales. La tasa de fecundidad en América Latina y el Caribe en 2022 se estimó en 1,85 nacidos vivos por mujer, una cifra que ha estado por debajo del nivel de reemplazo desde 2015. Se proyecta que esta tasa seguirá disminuyendo, aunque con diferencias: en Haití continuará alta, con 2,8 hijos por mujer, pero en países como Puerto Rico, Chile y Uruguay rondará entre 1,3 y 1,5 hijos por mujer.

El descenso de la natalidad y la mortalidad a nivel mundial plantea desafíos y preguntas sobre el futuro de la demografía global. La longevidad creciente y la disminución de la tasa de natalidad están interconectadas, y requieren una gestión adecuada y un enfoque en la cultura del cuidado y la reciprocidad.

Cuando observamos los resultados por edad se vuelve evidente que la principal resistencia femenina a la maternidad ocurre en las jóvenes de 18 a 24 años a nivel global. En ese grupo, la oposición a la convención maternal como destino llega al 30%, una cifra que en Argentina se dispara al 47%, lo que significa que 5 de cada 10 mujeres jóvenes no tienen la intención de ser madres, muy por encima del promedio global. 

El deseo de no ser madre está ligado a la creciente libertad de elección que las mujeres están experimentando en la actualidad. Tener hijos se considera cada vez menos un mandato y más una elección individual. En algunos casos, la maternidad es vista como algo que puede limitar las oportunidades y la libertad personal. Además, las preocupaciones económicas juegan un papel importante. La incertidumbre económica y la falta de perspectivas pueden influir en la decisión de no tener hijos. En algunos países europeos, la preocupación por el cambio climático está influyendo en las decisiones de algunas personas de no tener hijos. En el caso de Argentina se le suma el pesimismo con relación al rumbo del país. 

La maternidad conlleva costos importantes, como se refleja en diversos estudios. Existe una brecha en términos de desarrollo profesional y salario igualitario entre hombres y mujeres, y también entre mujeres con hijos y sin hijos, en detrimento de las primeras. Además, la mayoría de las mujeres que trabajan consideran que combinar maternidad y empleo es un desafío. Las madres dedican casi el doble de tiempo que los padres a sus hijos, y las actividades relacionadas con la educación de los hijos recaen en gran medida en las madres, a pesar de que las mujeres trabajen. La igualdad de género ha avanzado en muchos aspectos, pero persisten desigualdades en el ámbito doméstico y en el cuidado de los niños. Aunque ha habido cambios en las percepciones y valores, las prácticas efectivas cambian lentamente, lo que puede influir en la decisión de las mujeres de ser madres o no. Las desigualdades en el hogar son más visibles y generan más cuestionamientos y frustración en la actualidad. La decisión de ser madre o no serlo no debe ser un obstáculo para lograr la igualdad de género. Es fundamental abordar las desigualdades económicas y las diferencias en la carga de trabajo doméstico para permitir a las mujeres tomar decisiones informadas sobre su futuro reproductivo. 

En resumen, el fenómeno de la no maternidad está en aumento y plantea preguntas importantes sobre la igualdad de género, la economía y la demografía. La no maternidad es un fenómeno complejo que refleja el cambio cultural y las nuevas realidades de las mujeres en la sociedad moderna. Las mujeres tienen más opciones que nunca, y estas opciones deben ser respetadas y apoyadas en un mundo en constante evolución.

 

Sociedades en cambio… ¿viejos liderazgos?

Mucho ha cambiado la América Latina del siglo XXI, un periodo marcado por un ciclo pendular de las ideologías: primero gobernó la izquierda, luego la derecha y ahora de nuevo la izquierda. La primera ola progresista se diferencia mucho de la segunda por las condiciones políticas, sociales y económicas de la región. Sin embargo, solo hay una similitud, y es que algunos de sus líderes siguen en el poder, se han afianzado a la presidencia, mientras que otros han vuelto a través de las urnas. 

En estos casos se puede analizar que no ha habido un cambio de élites, como lo han escrito Wright Mills o Gaetano Mosca, quienes mencionan que parte de conservar el poder tiene que ver con la renovación de cuadros ya sea en el poder o los partidos. Tenemos ejemplos de ello en varias latitudes como Cristina Fernández en la vicepresidencia de Argentina, Luiz Inácio Da Silva como presidente de Brasil, Evo Morales abanderado por su partido Movimiento Al Socialismo como candidato para las próximas elecciones, Daniel Ortega instalado en el poder desde 2006 en Nicaragua o Nicolás Maduro en Venezuela. 

Son diversos los contextos que vive cada país, pero todos tienen en común que sus líderes se han mantenido vigentes en la política impidiendo la renovación de cuadros políticos. El peronismo argentino se concentró en la pareja Néstor-Cristina, lo cual ha sido perjudicial para el oficialismo, ya que con las elecciones de octubre su abanderado Sergio Massa ha enfrentado dificultades para consolidar su propia imagen. Incluso desde 2022 se analizaba la posibilidad de que Cristina Fernández compitiera por la presidencia, pero en marzo de 2023 declaró que no lo haría debido a que fue inhabilitada por una sentencia judicial.

En Brasil Lula Da Silva venció al presidente Jair Bolsonaro. Su imagen despertó emoción en la ciudadanía, empero, ahora enfrenta otros problemas que le han impedido repetir los éxitos de sus dos primeros mandatos (2003-2010). La Guerra en Ucrania, la polarización en el país y un Congreso de mayoría opositora son los retos del presidente. Sus acercamientos con Rusia y las nulas condenas a las izquierdas autoritarias le han ganado críticas, junto con el déficit fiscal que tiene el país y la caída de la inversión.  

Mientras tanto, Bolivia es un caso particular de la región. Después de las protestas de 2019 que culminaron con la renuncia de Evo Morales y el interinato de Janine Áñez, el partido Movimiento Al Socialismo recuperó la presidencia con Luis Arce Catacora. Sin embargo, el presidente y el expresidente se han confrontado por el modelo de desarrollo, la producción de cocaína y el incremento del crimen. Las críticas entre los dos han llegado al punto de que Morales ya fue respaldado por su partido para competir por la presidencia y Arce ha sido expulsado durante el Décimo Congreso de Movimiento Al Socialismo. 

Este es uno de los escenarios más interesantes, ya que el liderazgo carismático de Evo Morales se ha impuesto sobre el liderazgo tradicional o legal de Luis Arce Catacora, de acuerdo a las tipologías de Max Weber. No obstante, esto también se asimila a la novela del mexicano Martín Luis Guzmán La sombra del caudillo, en la cual se retrata que existen presidentes constitucionales pero el poder político reside en el Jefe Máximo de la Revolución. Lo mismo pasa en Bolivia: la figura de Evo Morales se ha sobrepuesto a la del presidente en turno, a pesar de pertenecer al mismo partido, y hay una disputa que clama el regreso del expresidente al Palacio Quemado.

Por otro lado, Nicaragua y Venezuela se han convertido en autocracias modernas, ambas dirigidas por líderes autoritarios que han suprimido las libertades políticas, debilitado las elecciones y la institucionalidad. Ambas naciones enfrentan crisis políticas, económicas y sociales. Por ejemplo, Daniel Ortega luchó contra la dictadura de Somoza para construir una república, pero ahora se ha afianzado en el poder desde 2006, el país se ha vuelto hermético y ha retrocedido en el tiempo. El ideal de Augusto César Sandino de un país libre y soberano ha sido disuelto por el gobierno orteguista. 

Asimismo, Venezuela se convirtió en una autocracia desde que Hugo Chávez reformó la Carta Magna, los poderes y el Estado. El traspaso de poder hacia Nicolás Maduro representó la continuidad del chavismo, pero a diferencia del primer gobierno el país ya no goza del boom petrolero y el régimen se ha vuelto hostil hacia los opositores. Venezuela es uno de esos casos paradójicos donde personajes prometieron un futuro mejor en aras de la democracia, pero esta última ha sido sofocada. 

La crítica a estos casos no tiene que ver con cómo ejercen el poder, sino que los liderazgos descritos han personificado el poder político impidiendo que haya nuevos rostros que revitalicen las estructuras partidistas. Los mandatarios que se han mencionado tuvieron aciertos y errores en sus gobiernos, pero el mundo ha cambiado y la sociedad también. Seguir estrategias que ya no corresponden a la temporalidad puede generar mayores costos que beneficios, hay otras necesidades y retos que solo pueden ser atendidos con la llegada de nuevos perfiles. 
No obstante, los distintos casos abordados deberían ponernos a pensar en algo: ¿qué pasará cuando estos liderazgos lleguen a faltar? Especular no sirve de nada, pero la Ciencia Política y la Historia nos permiten hacer prospectiva. En el caso de los líderes autoritarios sus regímenes no logran mantenerse a la falta del líder. Quizá algunos inicien transiciones hacia otros modelos. Mientras que los liderazgos electos que hoy gobiernan pueden convertirse en pilares o guías políticos, algunos llegan a tener su propia corriente ideológica, como el lulismo o el kirchnerismo.