En las próximas elecciones en Argentina cualquiera puede ganar

Se aproximan las elecciones generales en Argentina y sigue siendo altamente incierto qué candidato y de qué fuerza política podrá ser el triunfador. Argentina sufre una inflación mensual que oscila entre el 6 y 8 % y la pobreza afecta a cuatro de cada diez personas.

Es muy extraño que bajo esta situación no se descarte que el frente oficialista, ahora llamado Unión por la Patria, pierda la elección. Y es que Sergio Massa aterrizó en la cartera económica, hace ya un año, con un dólar paralelo que cotizaba en $296 y hoy sobrepasa los $550. La pobreza sigue marcando porcentajes por encima del 40%, según todas las mediciones, y la indigencia ronda el 10% de la población. Además, el Banco Central a fines de julio ya marcó un saldo negativo de 7.000 millones de dólares, mientras se siguen negociando acuerdos con el FMI para sortear la crisis y el país continúa endeudándose.

Hace un año, cuando la macroeconomía se encontraba en una situación menos horrible que la actual, Massa y su equipo comentaban que se estaba “coqueteando con la hiperinflación”. En este contexto, es difícil imaginar que el candidato del frente oficialista pueda ganar una elección, principalmente si el candidato es el ministro de Economía que nos sigue sucumbiendo en tamaña crisis macro y socio-económica.

Por otro lado, la coalición Juntos por el Cambio (JxC), que es una ampliación de la alianza Cambiemos, que ganó las elecciones presidenciales en 2015, sigue fortaleciéndose a nivel provincial y local. En las elecciones que vienen celebrándose en los diferentes distritos JxC ha conquistado espacios, ya sea por ganar gobernaciones o intendencias provinciales o porque suma legisladores en varios de estos territorios.

En este marco, las chances de JxC de ganar a nivel nacional, al presentarse orgánicamente como la principal oposición, deberían ser altísimas. Sin embargo, la escisión que existe al interior de la coalición, permite que la interna entre las “palomas”, los más dialoguistas que responden a la candidatura de Horacio Rodríguez Larreta, y los “halcones”, los más duros que responden a la candidatura de Patricia Bullrich, debilite un apoyo integral a la coalición.

La interna en Juntos por el Cambio por momentos se vuelve descarnada. En una campaña extremadamente sucia se pudo constatar, de cara a las PASO- elecciones internas-, celebradas en Santa Fe, como la senadora nacional Carolina Losada, “halcona” de JxC, vinculó al ex ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, “paloma” de JxC, al narcotráfico.

Pullaro ganó la interna holgadamente y Losada, quien fue apoyada por Patricia Bullrich y Mauricio Macri, debe ahora recalcular para volver al dialogo con quien acusó de graves delitos. Este tipo de enfrentamientos virulentos entre pares en la coalición se replica en la ciudad porteña y en varios distritos.

A nivel nacional, Bullrich deja entrever en sus spots de campaña que ella es el cambio y que Rodríguez Larreta, su competidor dentro de la coalición, puede representar una continuidad, es decir seguir haciendo lo que hace tan mal el oficialismo. Rodríguez Larreta, por su parte, recuerda que Bullrich fue parte del desastre de 2001, siendo ministra de Trabajo de la Alianza, Alianza que tuvo que interrumpir el mandato dos años antes porque la Argentina se desbordó políticamente.

Las PASO nacionales se celebrarán el 13 de agosto, y al día siguiente de la elección, quienes hayan perdido la elección, ya sea “halcones” o “palomas”, deberán convencer a sus electores de votar a sus férreos y descalificados opositores en la interna.

La tercera fuerza con chances de triunfar en las próximas elecciones, es La Libertad Avanza conducida por Javier Milei. Según diferentes sondeos de opinión, Milei estaría perdiendo apoyo electoral o no estaría ganando adeptos en este tramo de la campaña.  Como sea, se estima que el líder libertario alcanzaría probablemente el apoyo de aproximadamente un tercio del electorado desencantado con la política y con la “casta” que vive de la política y no para la política.

Probablemente esta posible pérdida de apoyo hacia Milei responda a que se volvió de público conocimiento la presunta compra y venta de candidaturas entre Milei y Sergio Massa, a partir de constatar que un alto porcentaje de candidatos en las listas de la fuerza libertaria en las provincias y municipios, son miembros del Frente Renovador de Massa y del kirchnerismo, de la “casta” según el ideario de Milei y su militancia.

Todo indica que en Argentina nos enfrentamos a una elección de tercios y por tal motivo, una segunda vuelta electoral pareciera lo esperable. Y es probable que esto ocurra porque Juntos por el Cambio no se junta, y debido a un dato que tal vez se esté subestimando. Y es que en las elecciones provinciales- en 19 provincias de 24 ya hubo o están celebrándose elecciones desdobladas con las nacionales- la abstención electoral alcanza entre el 30 y el 40% del padrón electoral.

Todo esto parece querer decir al menos tres cosas. En primero lugar, que, si se replica tal situación a nivel nacional, el porcentaje de los que no votan puede equivaler o superar a los porcentajes que las diversas encuestadoras les asignan a las tres fuerzas con chances de alcanzar la presidencia. En segundo lugar, que no todos los desencantados con la política optarían por Javier Milei, que en todas las provincias obtuvo una ínfima cantidad de votos o ni compitió. Y finalmente, que, si los desencantados con la política no votan, las fuerzas que cuentan con “techo bajo, pero piso alto”, como el oficialismo, pueden ganar una elección, incluso tras haber gobernado muy mal durante los últimos tres años y siete meses.

Migración: ¿Se puede hacer turismo en el infierno?

Ciertos diccionarios traducen la palabra alemana wandermut como pasión por viajar o valentía senderista. La palabra, sin embargo, ha pasado a ser una marca para grupos reducidos de turistas europeos que deciden internarse en el infierno. Y esta última palabra, según el testimonio de miles de migrantes latinoamericanos, no es otra cosa que la Selva del Darién.

No causó mucho revuelo, a decir verdad, la noticia sobre la empresa alemana llamada Wandermut que ofrece paquetes de dos semanas, enmarcados en el turismo de aventura, para atravesar esta inhóspita y peligrosa zona selvática que separa a Colombia y Panamá. La normalización sobre el Darién, en la opinión pública de América Latina, también dejó en un segundo plano que unos 200 mil migrantes pasaron por allí solamente en el primer semestre de 2023.

Por cruel paradoja, la noticia sobre los europeos que van a turistear al Darién coincidió en el tiempo con el hecho mucho más grave, y que debería alertar a diversos gobiernos y autoridades: un número cuatro veces superior al registrado en la primera mitad de 2022, atravesó la selva este año. Los turistas iban en busca, diríamos que de adrenalina, los miles de migrantes en pos de un sueño o huyendo de condiciones inospitas en sus países de origen.

Con teléfonos satelitales y la promesa de que un helicóptero podrá rescatarles en breve tiempo si les ocurre un accidente, los turistas pagan a Wandermut la suma de 3.600 euros, más el pasaje a Panamá, según indicaron voceros de la empresa. Los testimonios de migrantes una vez que cruzan la selva, dejan constancia de personas fallecidas en la travesía cuyos cuerpos sencillamente quedan en el Darién.

Recientemente un experto en temas humanitarios de Panamá registró el testimonio de una familia venezolana cuya madre y dos de sus hijas fueron violadas en grupo por una banda de delincuentes, mientras obligaban a que el esposo y un hijo adolescente presenciáran el acto. El Darién es el infierno, concluyó el experto a modo de resumen.

En la selva o tapón del Darién, que separa a Colombia de Panamá, no existen ni carreteras ni caminerías formales. Durante su travesía, los migrantes se enfrentan a bandas delictivas y a las adversidades generadas por la propia naturaleza. Pese a todo, este año va en camino de establecerse un nuevo récord de migrantes que atraviesan el Darién, para luego seguir avanzando por Centroamérica y México, en su camino hacia territorio estadounidense.

A inicios de julio, las autoridades migratorias de Panamá confirmaron que algo más de 200.000 personas ingresaron caminando a ese país tras pasar por el Darién, sólo en el primer semestre de este 2023. La cifra es cuatro veces más que la de similar período de 2022, cuando ya se había establecido un récord en comparación con años anteriores. El flujo migratorio lejos de disminuir ha crecido.

El total de migrantes que atravesaron la selva del Darién en 2022 fue de 248.284, un número que ya significó un hito. Sin embargo, de continuar en lo que queda del 2023 el ritmo del primer semestre, al final de este año se estima que medio millón de personas habrán atravesado este peligroso tramo.

Entre los migrantes que han cruzado el Darién en lo que va de año, más de la mitad son venezolanos (103.028), seguidos de haitianos (33.553), ecuatorianos (25.925), chinos (8.964) y colombianos (6.484). Otras nacionalidades numerosas son chilenos, indios o brasileños.

De acuerdo con cifras de la dirección de migración de Panamá, en 2019 entraron por el Darién 22.102 migrantes. En 2020 la cifra disminuyó a menos de diez mil debido a las medidas tomasdas por la pandemia, y en 2021 hubo una subida explosiva al alcanzar 133.726 y llegó a 248.284 en 2022. Las autoridades panameñas han advertido sobre los riesgos de cruzar esta selva: “aunque la migración es un derecho universal, es importante realizar la movilidad de forma regular, ordenada y segura”.

La presidenta de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Carolina Jiménez, destacó la masiva presencia de venezolanos encabezando en los últimos años este flujo migratorio. En los últimos año y medio, más de 250.000 venezolanos atravesaron este paso.

De acuerdo con diversos organismos especializados en movilidad humana y derechos humanos, la selva del Darién se ha convertido en uno de los pasos más peligrosos del mundo. El coordinador de atención a población migrante de la organización Fe y Alegría, Elías Cornejo, afirma que el tapón del Darién es una región selvática, que por razones geopolíticas, en el marco de la guerra fría se mantuvo inexpugnable, para evitar la expansión de la guerrilla colombiana hacia Panamá.

En la actualidad, según este experto panameño, es técnicamente posible abrir un paso para permitir un flujo controlado de migrantes, pero no hay voluntad política. Esto debería ser una de las primeras acciones a tomar a fin de crear un paso más seguro, además de permitir tener un mayor control de este flujo incesante.

Para Jiménez, esta situación debería llevar a que muchos gobiernos de la región se pregunten por las razones sobre la expulsión masiva de ciudadanos que se vive en países como Venezuela, Haití, Cuba y ahora también Ecuador. Tal debate no parece estar en la agenda pública, en este momento. Mientras tanto, el infierno sigue allí, en el Darién, sólo que ahora también se suman turistas, por más sorprendente que esto pueda parecer.

El efecto eureka y las relaciones entre América Latina, la Unión Europea y China

El despliegue del renovado poderío chino hacia el mundo moviliza recursos, despierta voluntades, reconfigura alianzas, inquieta a líderes occidentales, reorienta estrategias y modifica percepciones por parte de personalidades y entes estatales, comunidades de negocios e, incluso, moldea la opinión pública mundial dividiendo voces a favor o en contra. Así, particularmente en Europa y Estados Unidos se ha producido un efecto eureka, que evidencia que el poder de China no es neutro a escala política, social, económica, y amenaza sus intereses.

En América Latina y el Caribe (ALC), la presencia de China, a través de empresas, institutos de formación, redes académicas y medios de comunicación, ha incrementado su influencia en los ámbitos público y privado (a escala regional) al provocar una profunda atracción sobre su exitosa trayectoria económica que se basa en un rígido sistema político unipartidista y epicentro de un orden “heliocéntrico” alrededor del cual giran naciones en vías de desarrollo y desarrolladas.

Desde esta perspectiva, la III Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que se llevó a cabo en Bruselas los días 17 y 18 de julio de 2023 (luego de un vacío de ocho años), es un claro indicador de la simultaneidad de efectos eureka que China ha producido.

En primer lugar, sobre la misma Europa que ha modificado su posicionamiento mundial y sobre China; la Europa comunitaria parece querer recuperar un perdido estatus como “actor global” luego de haber atravesado profundas crisis económicas, desgajamientos como el brexit y, actualmente, la guerra en Ucrania.

El “despertar europeo” ha sido (y es) traumático; luego de décadas de intentar un modus vivendi con la Rusia de Vladímir Putin, la permisividad de su avance hacia el oeste (la anexión de Crimea y la invasión de Ucrania) demostró claramente el fracaso de la “estrategia de apaciguamiento”, dejando en evidencia la vulnerabilidad y dependencia europea de gobernantes autocráticos, quienes, en reiteradas ocasiones y por medio de la voz de estrategas e intelectuales, exponían al mismo tiempo a una “potencia emergente” con ansias de restauración (como parte del imaginario chino) y el “debilitamiento de la Europa comunitaria”, léase, la OTAN.

El epicentro de este efecto parece ser Alemania. La primera potencia económica europea y el primer socio comercial de China en la UE parece despertar de su largo letargo y reconocer, mediante la publicación de su strategy on China, la necesidad de combinar prudencia estratégica y garantías de seguridad (alimentaria y energética) mediante una pragmática gestión de negocios con el dragón asiático.

Se trata de un enfoque que reafirma estrategias sobre de-risking (la eliminación del riesgo a través de la restricción de vínculos con ciertas contrapartes, en lugar de gestionar el riesgo), pero no de-linking (la disociación consiste en desvincular un parámetro de otro). Para la Alemania pos-Ángela Merkel, China es ahora un competidor sistémico y un socio comercial de primer orden sobre el cual es necesario adoptar una nueva estrategia, con el fin de preservar su “seguridad económica”. China ha cambiado; por lo tanto, la visión sobre China también debe cambiar.

Otros países europeos comparten esta visión. Se han dado cuenta (como efecto eureka) de que China se ha vuelto más poderosa y asertiva en política exterior, controla sectores estratégicos en sus economías por medio de alianzas, fusiones y adquisiciones (Gran Bretaña) de empresas, circuitos logísticos críticos bajo el amparo de la BRI (Grecia), y, por su competitividad, amenaza sus intereses estratégicos en ALC. Complementa esta visión la perspectiva norteamericana que habla de una “amenaza china” aún más intimidante al apoyarse en la alianza “sin límites” con Rusia, por lo que integra, así, una coalición de “Estados autoritarios” antioccidentales.

La reacción europea y su revinculación con ALC puede interpretarse desde varios ángulos. Revalorizar el interés por ALC como proveedor de materias primas, recursos minerales, energéticos, de seguridad alimentaria; sostener la institucionalidad democrática; contener el avance de China sobre Gobiernos y líderes sociales; recuperar espacios de influencia cedidos por “distracción o desinterés” ante personas y entes gubernamentales y no gubernamentales, y reafirmar la importancia de ALC en la lucha contra el calentamiento global y el deterioro medioambiental son factores que están vinculados al cambio en la perspectiva europea acerca de la región. Un indicador del “redescubrimiento europeo” consiste en sus pretensiones por concretar la firma de un Acuerdo de Libre Comercio (ALC) entre la UE y el Mercosur.

Hoy siguen vigentes aspiraciones mutuas acerca de una más profunda interdependencia entre la UE y ALC, sin embargo, esta no se ha de lograr sosteniendo una reiterada narrativa europea (mantra) sobre desarrollo, democracia, valores humanos y lazos históricos, conceptos que hoy no seducen a decisores políticos y agentes económicos latinoamericanos. Reconocer la diversidad de intereses latinoamericanos es un prerrequisito para que la UE recupere espacios perdidos de poder.

A ojos latinoamericanos, China aparece como un socio más “eficiente” y pragmático en tanto avanza con proyectos de infraestructura, inversiones en sectores industriales, acuerdos en telecomunicaciones y planes de acción conjuntos de cooperación en áreas claves. Adicionalmente, China ha firmado varios Tratados de Libre Comercio (TLC) en la región, el más reciente con Ecuador.

¿Aún hay tiempo? 

Europa puede recuperar espacios perdidos aplicando una visión pragmática, adaptando una idea con ALC que no esté centrada en “valores y simbología” pretérita y difusa, sino asentada en bases reales que contemplen objetivos multinivel y multidimensional conjuntos (y no paternalista como en el pasado) sobre desarrollo compartido, impulso industrial, alianzas tecnológicas, apertura de mercados, educación digital, know how, joint ventures e intercambio universitario, entre otros puntos.

Se trata de acciones concretas y mantenidas en el tiempo, que requerirán un trabajo de “base” más proactivo e inclusivo con personas y entes subnacionales y no gubernamentales. En una región compleja donde la democracia no ha resultado ser eficiente en términos de mejorar la calidad de vida de su gente, el discurso meramente axiológico puede sonar vacío. En síntesis, será bienvenida la UE del siglo XXI a la región mediante el diálogo, la concertación para enfrentar desafíos comunes, el impulso al desarrollo y la formación de recursos humanos; a muchos nos hubiera gustado un despertar, un efecto eureka más temprano, pero… más vale tarde que nunca.

* Este texto fue publicado originalmente en la web de REDCAEM

Pamela Aróstica es Directora de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (Redcaem) e investigadora sénior del Centro de Estudios sobre Asia del Pacífico y la India (Ceapi), de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref), de Argentina. Doctora (Ph. D.) en Ciencia Política, de la Universidad Libre de Berlín, de Alemania.

Del cuarto oscuro a adentrarnos en el túnel

La humanidad enfrenta la emergencia climática, que es la crisis más disruptiva de todas. Debemos dejar de pensar en el problema desde la perspectiva intergeneracional; el problema está con nosotros y la ciencia nos urge a tomar medidas contundentes. Pero muchos políticos esconden la cabeza bajo la tierra como avestruces. Otros niegan directamente el fenómeno. Este último tipo de comportamiento no opera en el vacío, tampoco se circunscribe a un grupo de países. El negacionismo es un fenómeno que atrapa a millones de personas en todo el mundo. Se trata de un giro a la extrema derecha que empuja al planeta a una catástrofe anunciada.

¿Qué explica este comportamiento?

En lugar de pensar en el largo plazo, la complejidad del momento lleva a los agentes económicos a privilegiar el corto plazo. Ello se exacerba en contextos como el que actualmente se observa en Argentina, donde la corrida cambiaria y el temor hiperinflacionario nos precipita al “sálvese quien pueda”, premisa que no solo contrasta con la idea de preservación de una sociedad democrática, sino que también elimina toda posibilidad de resolver la emergencia climática.

A su vez, la consigna transmuta hacia una aceleración del extractivismo: la necesidad de divisas impone el “explótese lo que sea”. La renta que implica dejar el petróleo en el subsuelo se evapora y se da una corrida por vender el recurso en los mercados. Tal idea está detrás del celebrado modelo de Harold Hotelling, en el que se vincula el ritmo de extracción y la consiguiente renta que genera la actividad, pero a la tasa de interés que evidencian los mercados financieros. En un contexto de fuerte inflación, acelerar la tasa de extracción resulta un comportamiento racional. En un mundo que está en transición energética y que presenta fuertes probabilidades de que los activos devengan varados, tal comportamiento resulta ciertamente poco convincente.

Sin embargo, el ritmo de extracción no solo se ve influido por la tasa de interés, sino también por los impuestos o tasas que eventualmente se impusieran al carbono. Aquí nos referimos a la tasa pigouviana, que, al internalizar los costos, afecta la rentabilidad de la producción. Aunque parezca paradójico, la crisis petrolera de los años setenta convivió con el surgimiento de una mayor conciencia ambiental que, con el paso de los años, se convertiría en reclamo de un plan de transición energética.

El reconocimiento de la crisis climática en las más altas esferas del poder político (recordemos el manifiesto del exvicepresidente de Estados Unidos, Al Gore) coincidió con una era de baja inflación y mercados financieros estables. No obstante, aun cuando la denominada “divina coincidencia” saltara por los aires en 2007, las bajas tasas de interés perduraron en la siguiente década para evitar un mayor estancamiento. Dicha situación ocurrió simultáneamente con una baja sustancial en el costo de los equipos renovables: el cambio tecnológico mandaba señales.

También crece la conciencia verde en algunos grupos de consumidores, al tiempo que se propagan leyes y normas que condenan el uso del carbono. En términos del modelo, en una época de tasas bajas (nulas) y mayor conciencia ambiental, se retarda el que las petroleras busquen la renta.

Pero la pandemia, primero, y la invasión de Ucrania, después, marcarían el fin del “reinado” de la política monetaria. En un contexto de fuerte incertidumbre, la inmediatez del “sálvese quien pueda” hace que las ideas ambientales pierdan relevancia, al tiempo que ahora Gobiernos y empresas buscan hacerse con la renta: Hotelling prevalece ante Pigou. Súbitamente, el precio del barril se encuentra por encima de los 100 dólares y se multiplican los proyectos de prospección petrolera en todo el mundo. La voracidad por el petróleo no solo se explica por medio de las tasas bajas: la geopolítica importa, pero también influyen los intereses corporativos.

Pareciera que todos observasen a corto plazo, aunque dicha lectura resulta equivocada, al menos en algunos casos. La guerra aceleró el plan de transición en el seno de la Unión Europea, mientras que la introducción de la ley antinflacionaria en EE. UU. marcó un retorno de la política industrial. A ello se suma China, cuyo predominio industrial alcanza a importantes sectores verdes (eólico, solar, baterías y automóviles eléctricos).

Todo lo que se dijo anteriormente no quita que, en pos de mantener sus negocios, algunos empresarios, a la sazón financistas de la extrema derecha, enarbolen el negacionismo. Tal es el caso de los hermanos Koch, cuyos fondos nutren las billeteras de los libertarios en todo Occidente, con el objetivo de desmantelar toda política climática como la que propone el Partido Republicano en caso de llegar a la Casa Blanca o la enmienda al Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética que presentó Vox en 2020 en el Parlamento español. Este tipo de posturas no resulta extraña para quienes habitamos la región. Basta recordar los años de Jair Bolsonaro en el Palacio de Planalto.

Pero ahora se asoma en la Argentina. Muchos votantes, al llegar al cuarto oscuro, se envalentonaron y expresaron su bronca a la clase política “tradicional”. Independientemente de sus motivos, el apoyo a Javier Milei en las elecciones primarias del 13 de agosto ha alterado la agenda política. La “maquinaria negacionista”, que ha sido impulsada por la extrema derecha, está respaldada por empresarios, medios de comunicación, fundaciones conservadoras y, en este caso, por el sector petrolero.

Ahora habrá que esperar a lo que suceda en las elecciones presidenciales. Sin embargo, no olvidemos que no existe casta más peligrosa que la que embiste contra la democracia y el propio futuro del planeta.

El poder de la caricatura en la política mexicana

¿De qué manera nos sirven las caricaturas políticas para pensar en la dinámica con la cual se construyen los humores sociales y la opinión pública? El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador ha tenido una relación particular con estos “monitos”. Por un lado, si bien este aplaude las caricaturas que ridiculizan a sus adversarios y a los bloques de oposición, descalifica a los dibujantes de los medios que no son afines a su proyecto de gobierno. Ello convierte a las caricaturas, al igual que los periodistas, en actores relevantes de la política y, a veces, en objetivo de los políticos.

Otro ejemplo es el caso del expresidente Donald Trump. ¿Cómo olvidar la censura hacia caricaturistas como Michael de Adder cuando este dio rostro a las víctimas de la crisis migratoria en la frontera norte de México o la decisión de The New York Times de excluir caricaturas en su sección internacional por un cartón que molestó al exmandatario?

En México, la relación de la gráfica con la política y la sociedad en su conjunto ha sido tan importante que en la capital hay un museo dedicado a la caricatura y una estación del metro tapizada de ilustraciones de caricaturistas mexicanos. Nombres como Gabriel Vargas, Eduardo del Río, Abel Quezada, Manuel Ahumada, Rogelio Naranjo y Helio Flores, por mencionar algunos, están profundamente arraigados en el imaginario mexicano. Toda una revelación en momentos en los que prevalece la sobreexposición a todo tipo de imágenes digitales.

La relación entre la caricatura y la política mexicana no es reciente; este género nació casi de forma simultánea al surgimiento del Estado nacional. La primera caricatura política apareció pocos años después de la consumación de la independencia. Tiranía, considerada la primera caricatura política mexicana, se publicó en 1826 de la mano del italiano Claudio Linati, junto con Fiorenzo Galli y el poeta cubano José María Heredia, quienes instalaron el primer aparato tipográfico en el país y fundaron el bisemanario El Iris.


Si bien la revista duró pocos meses, fue el inicio de una larga tradición que pasaría a ser parte de la realidad mexicana con fuerza a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Más prensas tipográficas, la circulación de un mayor número de periódicos, la creación de un estilo mexicano de caricaturas alejado del estilo francés son algunos de los factores que permitieron la maduración y consolidación de este género en México.


Sin embargo, fue con la aparición del periódico La Orquesta, entre 1861 y 1877, que la caricatura política mexicana se estableció como un elemento recurrente. Fue la primera publicación en la que las caricaturas serían un elemento inherente al mismo: en cada número los editores y dibujantes, quienes a veces eran los mismos, emitían críticas durísimas al poder desde las imágenes que publicaban.

Algunos de los procesos que se abordaron en las distintas épocas de la publicación fueron las invasiones francesa y estadounidense, el Segundo Imperio Mexicano, las tensiones entre los Poderes de la Unión, la Guerra de Reforma, las tensiones entre liberales y conservadores, y las reelecciones del presidente Juárez.


La caricatura política emergió como un actor de peso en México justamente por su crítica frente al poder. Esa virtud doble de contestar el poder, pero desde una óptica satírica o humorística, es lo que la ha hecho tan eficaz y sólida. Las caricaturas políticas devienen muchas veces en una burla hacia los poderosos que, por un momento, abollan su halo de autoridad aparentemente intocable.

Sin embargo, las caricaturas no solo buscan generar humor, sino que también despiertan tristeza, enojo, indignación o miedo. En ocasiones, con trazos simples, la caricatura política nos afecta: a algunos les molesta, a otros los conmueve y a otros les incomoda.

Las caricaturas, en definitiva, traducen el estado de la opinión pública a partir, no solo de sus contenidos y provocaciones, sino también de las reacciones que generan. Y, al hacerlo, se convierten en un actor capaz de moldear la agenda pública. Más allá de que hablemos de dibujos proyectados en impresiones gráficas como los diarios o en memes que circulan por las redes sociales, su poder es innegable.

 *Este texto está escrito en el marco del X congreso de WAPOR Latam: www.waporlatinoamerica.org.

“Soy borrego” o la sacralización de la política en Ecuador

En Ecuador empezó la competencia por la Presidencia tras el decreto de disolución recíproca del 17 de mayo de 2023. La medida, expedida por el presidente Guillermo Lasso, anticipa las elecciones para completar el periodo vigente del binomio presidencial y de los cargos legislativos.

Para repetir la suerte en las elecciones municipales, capitalizar el voto subnacional y replicar los resultados en estas elecciones nacionales, la organización del expresidente Rafael Correa, la primera fuerza política del país, apuesta por la fidelización electoral y, entrelíneas, por una preocupante sacralización política.   

En estas elecciones, la Revolución Ciudadana puso en marcha una estrategia que busca, han dicho sus voceros, resignificar la principal descalificación atribuida a sus militantes por una parte de la opinión pública y cambiarla a favor de su campaña. Para esto utilizan imágenes creadas por la inteligencia artificial, en la que se pueden ver pequeños corderos humanizados como si se tratara de niños. Al parecer, la maniobra consiste en llamar al enternecimiento de los espectadores a través de la exhibición de crías de borregos en actividades típicamente humanas como estudiar o trabajar. La ley electoral del Ecuador prohíbe el uso de niños en las campañas electorales, precisamente para evitar la aparición de estos en piezas de proselitismo. ¿Qué supone esta maniobra publicitaria?    

Los portavoces del correísmo han explicado que, tras ser etiquetados como borregos, el uso de esta imagen como emblema de su campaña es un acto de resignificación, un proceso creativo de apropiación, una reinvención identitaria. Sin embargo, la maniobra publicitaria, al parecer, oculta el reconocimiento de la sacralización de la política como instrumento de acción pública.

Uno de los historiadores más importantes sobre la sacralización de la política en el mundo es Emilio Gentile, profesor emérito de la Universidad Sapienza de Roma. En Political religion: a concept and its critics–a critical survey, Gentile explica que la sacralización de la política es un proceso que pertenece a la sociedad moderna, por el cual la dimensión política adquiere un carácter religioso y se convierte en la madre de nuevos sistemas de creencias y mitos.

La religión política es un fenómeno contemporáneo que representa el pináculo de la rebelión contra la religión del dios bíblico, que el humanismo empezó y que tenía como objetivo sacralizar al hombre, pero que terminó en la deshumanización del hombre al sacralizar el Estado, la nación y la raza, afirma Gentile.

En The Sacralisation of politics: Definitions, interpretations and reflections on the question of secular religion and totalitarianism, Gentile, en compañía de Robert Mallett, agrega que la sacralización de la política es un aspecto importante de los diferentes totalitarismos durante el período de entreguerras. De hecho, generalmente se acepta que uno de los aspectos más definitorios, si no el más peligroso, del fenómeno totalitario, fue la sacralización de la política, también conocida como religión política, religión secular, misticismo e idolatría políticos.

Esto ocurre cuando, de manera más o menos compleja y dogmática, un movimiento político otorga un estatus mesiánico a una entidad terrenal que puede ser la patria, el Estado, la humanidad, la raza, el proletariado o la revolución, y la convierte en un principio incuestionable de la existencia colectiva, a la vez que la considera la fuente primaria de valores para el comportamiento individual y colectivo.

Gentile y Mallett afirman que las ideologías revolucionarias, la política mesiánica, la teología y las teorías escatológicas seculares como el hegelismo, el marxismo y las nuevas religiones contribuyeron significativamente a la sacralización de la política durante el siglo XIX. A partir de este momento la política estuvo plagada de profetas, apóstoles y mártires de estas nuevas religiones seculares que elevaron la humanidad, la Historia, la nación, la revolución, la sociedad, a los altares del absurdo.  

Además, Gentile afirma en Fascism as political religión que en la contemporánea secularización del Estado no hay una separación definitiva entre la religión y la política. La “sacralización de la política” estuvo notoriamente influenciada por el nazismo, el fascismo y el nacionalismo romántico. Incluso la democracia, el socialismo y el comunismo también contribuyeron al surgimiento de nuevos cultos seculares, aunque su tendencia alcanzó su punto máximo durante los movimientos totalitarios del siglo XX.

Esto es lo más sugestivo de la maniobra publicitaria de apropiación del borrego como símbolo de campaña: que detrás de la supuesta pertenencia a un rebaño está el reconocimiento de la presencia dominante de un actor que figura como pastor, y que sobre la organización política hay un líder con cualidades mesiánicas.

Más allá de sus aspectos demagógicos más generales, el “culto al líder” surgió dentro de los confines de la “religión fascista” y, como tal, fue el resultado de eso. Así como la figura carismática del papa no puede extrapolarse de la Iglesia católica, la figura carismática del líder fascista está indisolublemente ligada a toda la estructura de su universo simbólico, dice Gentile.  

En Fascism, totalitarianism and political religion: definitions and critical reflections on criticism of an interpretation, Gentile cataloga al fascismo como un fenómeno moderno, nacionalista, revolucionario, antiliberal y antimarxista que se ha elaborado sobre una redefinición innovadora de los conceptos de totalitarismo y religión política.

En términos del profesor de la Sapienza, “el fascismo no tenía una individualidad histórica propia del mismo modo que el liberalismo, la democracia, el socialismo o el comunismo. En cambio, fue una especie de epifenómeno antihistórico y antimoderno sin cultura ni ideología”. Y agrega que en todas partes el fascismo fue un movimiento para “subyugar y desviar a las masas inocentes y recalcitrantes”.

Los elementos nacionalistas, revolucionarios, antiliberales y antiprogresistas sitúan a algunas de las organizaciones personalistas latinoamericanas en la antítesis del progresismo. Y lo más preocupante es que sigue fielmente el diagnóstico de Gentile como fenómeno antimoderno, desprovisto de sustancia ideológica.

Aunque difícilmente ninguno de los fenómenos personalistas latinoamericanos alcanza a las proporciones conceptuales del fascismo, es innegable que la mezcla entre nacionalismo, personalismo y populismo tiene destellos totalitarios preocupantes.

La Cumbre CELAC-UE entre luces y sombras

Coautora María Victoria Alvarez

La semana pasada se realizó la III Cumbre UE-CELAC. ¿Qué lecciones podemos extraer para el futuro de las relaciones interregionales? Más allá de la tradicional retórica y los llamamientos para renovar y fortalecer las relaciones entre ambas regiones la Cumbre UE-CELAC dejó una sensación agridulce, presentando tanto oportunidades como desafíos para ambas partes.

Los consensos parecen haber sumado en amplitud, pero no en profundidad ni en sentido estratégico. La extensa Declaración final de 41 puntos no dejó de lado ningún asunto de la compleja y amplia agenda birregional, como el cambio climático, desarrollo sostenible, igualdad de género, protección y uso sostenible de los océanos, acceso al agua potable, transformación digital responsable, justicia social y lucha contra la corrupción y el crimen. Se trata de una extensa y desafiante lista de temas conjuntos, sin que se haya establecido un orden de prioridad. 

En lugar de poder enfocarse en la construcción de consensos fuertes en un número reducido de cuestiones clave la Declaración final se desvaneció en los mínimos comunes denominadores característicos de la agenda birregional, aunque impregnada de un tono cooperativo y referencias simbólicas clásicas. Los temas prioritarios aparecieron con mayor nitidez en la Hoja de Ruta: materias primas, crimen organizado y narcotráfico, nueva arquitectura financiera global, transición verde y digital, y, por supuesto, medio ambiente y cambio climático.

Al menos se puede señalar que los gobiernos latinoamericanos y europeos volvieron a dialogar al más alto nivel tras una pausa de ocho años, que se debió más a la desunión latinoamericana que al desinterés de la UE. América Latina estaba dividida entre gobiernos de derechas y de izquierdas, la CELAC se paralizó temporalmente y el gobierno brasileño no participó en las reuniones de la CELAC hasta finales de 2022.

La desunión latinoamericana persiste. Mientras que Europa tiene una posición común sobre la invasión rusa de Ucrania, América Latina tiene una variedad de posiciones, que van desde una condena inequívoca de Rusia, a un titubeo sobre la agresión rusa, a una postura abiertamente prorrusa. El régimen nicaragüense cada vez más aislado consiguió retrasar durante mucho tiempo la adopción de una declaración conjunta debido al párrafo sobre el conflicto de Ucrania (que al final no aceptó). Y un Lula discrepó de la declaración de su joven homólogo chileno sobre la invasión.

La declaración sobre el conflicto ucraniano fue bastante decepcionante desde una perspectiva europea y demuestra que no existe una asociación estratégica entre las dos regiones sobre esta cuestión existencial para Europa. También existe una brecha entre América Latina y Europa en cuanto a la protección de los derechos humanos y la democracia. La declaración conjunta de la cumbre menciona los crímenes del pasado (esclavitud), pero guarda silencio sobre los crímenes contra los derechos humanos en el presente. A la vista de la situación en muchos países latinoamericanos, la reafirmación de valores compartidos respecto a “elecciones libres y limpias, integradoras, transparentes y creíbles” parece cínico.   

La Cumbre demostró que América Latina y Europa están lejos de una asociación estratégica. Lo que existe son intereses estratégicos coincidentes en determinadas áreas. Europa ha estado muy dispuesta en la Declaración conjunta a acercarse a posiciones latinoamericanos para facilitar la cooperación entre ambas regiones, por ejemplo, aceptando el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas (tomando en cuenta las capacidades respectivas) para mitigar los efectos adversos del cambio climático.

Pero la Cumbre también ha revelado una tendencia de la UE a cooperar bilateralmente en lugar de multilateralmente con socios seleccionados caso por caso en temas específicos. En función de la afinidad política, la UE también busca una cooperación más estrecha y amplia con países individuales, como demuestra la firma de acuerdos bilaterales con Chile y Uruguay durante la reunión en Bruselas. 

Al mismo tiempo, la Declaración conjunta es un indicador de la heterogeneidad de América Latina como región y de las diferentes prioridades nacionales, ya que contiene temas que revisten especial importancia para gobiernos o subregiones específicos. Así, se condena la esclavitud como crimen de lesa humanidad y se hace referencia al plan de diez puntos de la Comunidad del Caribe para una justicia reparadora.

Además, se hace un llamado para levantar el embargo a Cuba, se menciona el deterioro de la seguridad pública y la situación humanitaria en Haití y se reafirma el apoyo al proceso de paz en Colombia. El texto también alienta un diálogo constructivo en las negociaciones sobre Venezuela en Ciudad de México. Y, de manera destacada, Argentina logra que por primera vez se mencione la cuestión de la soberanía sobre las islas Malvinas. En cambio, el texto final toma solamente nota de los trabajos en curso respecto el acuerdo entre la UE y el Mercosur.

Antes de la Cumbre la UE había incluido a América Latina en su programa Global Gateway, por lo que también ofrece incentivos materiales para una cooperación más estrecha. Sin embargo, esto presupone una voluntad de cooperación por parte de los gobiernos latinoamericanos. No se debe olvidar que la agenda interregional conecta temas altamente sensibles para América Latina, dado que la UE ha redescubierto el potencial de esta región como socio confiable en energía o materias primas estratégicas, pero ello podría incentivar prácticas insostenibles de explotación de recursos naturales.

También es importante señalar que América Latina no es el único socio de la UE. Esto a menudo se pasa por alto en América Latina. No solo América Latina tiene varias opciones en la política internacional sino también la UE. Por poner sólo un ejemplo, el hidrógeno verde también puede producirse en África, y muchos países asiáticos son en varios aspectos más prometedores económicamente que los latinoamericanos.

Ha sido importante que los gobiernos de la UE y de CELAC se reunieran, dialogaran, reconocieran los puntos en común y también los disensos. Pero existe el riesgo de que se repita la experiencia de otras cumbres que no lograron revitalizar el impulso ni la relevancia de estas relaciones, ni el interés de los líderes, actores económicos, políticos o sociales, ni de la opinión pública, y gestionaron agendas que se diluyeron en una amplia gama de temas.

La III Cumbre UE-CELAC demostró que las dos regiones están lejos de tener una visión estratégica común en la política internacional, que existen deficiencias en el proceso de concertación latinoamericano y profundos desacuerdos en las respectivas cosmovisiones. En definitiva, ambas regiones siguen teniendo pendiente reencontrarse y explotar al máximo el potencial de sus vínculos políticos, económicos, culturales y sociales.

María Victoria Alvarez es profesora e Investigadora de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Argentina. Cátedra Jean Monnet en la UNR. Directora del Grupo de Estudio sobre la Unión Europea en la UNR.

La Cumbre Amazónica y la lucha contra el hambre

Coautor Erbenia Lourenço

La Cumbre Amazónica, que tendrá lugar los días 8 y 9 de agosto en Belém, tiene como uno de sus principales objetivos producir un consenso entre los países de la región sobre las negociaciones climáticas globales. Otro objetivo es revitalizar la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica como agente promotor de la cooperación internacional para hacer frente a los problemas sociales que afectan a la gran selva.

La Amazonia se enfrenta a un grave problema de inseguridad alimentaria y nutricional (InSAN), siendo la región norte de Brasil la que presenta el mayor índice del país. Según datos de 2022 de la Red PENSSAN, cerca del 45,2% de los habitantes de la región norte sufren algún grado de inseguridad alimentaria. Por el contrario, la inseguridad alimentaria en el sur es sólo del 21,7%, lo que pone de manifiesto la inmensa desigualdad que vive la sociedad brasileña.

En el norte, a diferencia del sur/sureste, la inseguridad alimentaria también es mayor en las zonas rurales que en las urbanas. Esto significa que los productores de alimentos tienen menos para comer. Todo indica que la situación es similar entre los países vecinos, pero no existe ninguna encuesta de inseguridad alimentaria amazónica que proporcione datos comparables y unificados para los habitantes de esta región.

La cooperación regional, bien como la cooperación con países y organizaciones de fuera de la Amazonia son instrumentos pertinentes, y la intensificación de la actual crisis climática favorece la atención mundial hacia la región. Sin embargo, una cooperación internacional fructífera no es sencilla y la construcción de un regionalismo amazónico es aún más complicada. Las difíciles trayectorias del Mercosur y de la Unión Europea son ejemplos de ello.

Para debatir estos temas, el Instituto Hambre Cero (IFZ) promovió un seminario virtual sobre el tema «Regionalismo amazónico: ¿puede la lucha contra el hambre orientar la cooperación internacional entre los pueblos de la Amazonia?». En este espacio hubo consenso sobre el hecho de que, para alcanzar la construcción de políticas eficaces de seguridad alimentaria en la Amazonia, es esencial la participación social de las poblaciones locales y de los gobiernos.

En una región afectada por varios retos, como el cambio climático y la dificultad de acceso a los alimentos, una posibilidad es la valorización de los productos amazónicos y especialmente de sus cientos de frutas que, como el açaí, pueden contribuir a la lucha contra el hambre y al desarrollo económico sostenible de la región, siempre que no den lugar a monocultivos.

En la región es necesario repensar el modelo de producción y distribución de alimentos, fomentando el abastecimiento local seguro y reduciendo la dependencia de los alimentos ultraprocesados. Una buena idea es retomar el programa Bolsa Verde, una adaptación del Bolsa Família, para fomentar la preservación de los bosques y promover la regeneración de las zonas degradadas.

Sin embargo, las políticas de seguridad alimentaria no pueden tratarse de forma aislada. La lucha contra el hambre en la Amazonia requiere políticas macroeconómicas que promuevan el desarrollo inclusivo y aborden las desigualdades sociales, sin olvidar a las poblaciones urbanas, a menudo invisibilizadas por el drama real de las poblaciones que residen fuera de las ciudades.

La Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) es un actor importante en el proceso de cooperación regional. El Gobierno brasileño ha manifestado su deseo de fortalecer la OTCA para que pueda asumir un papel asertivo y eficaz que nunca ha tenido realmente. La Cumbre Amazónica será una oportunidad para profundizar estas discusiones y comenzar a definir horizontes que sean comunes y que justifiquen la cooperación de los países a través de la OTCA. El objetivo de transformar la lucha contra el hambre, así como la promoción de una alimentación sana, en un motor capaz de preservar y regenerar el medio ambiente puede cumplir precisamente esta función.

Aunque, debido a los problemas internos, a las diferencias entre los gobiernos y a la situación internacional, no será fácil establecer un amplio programa de cooperación; en Leticia, Colombia, el 8 de julio de 2023, el presidente Lula presentó algunas propuestas. Entre estas destacan la institucionalización del Observatorio Regional de la Amazonia; la creación de un comité de expertos amazónicos, inspirado en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), para generar conocimiento y producir recomendaciones con base científica; y la valorización del conocimiento y de los actores locales en la coordinación de las políticas públicas a través de acciones como la creación de un Foro de Ciudades Amazónicas y de un Parlamento Amazónico.

En cuanto al crimen organizado, considerado también una causa grave y una amenaza para la seguridad alimentaria de la región, Lula propuso la creación de un Centro Amazónico de Cooperación Policial Internacional en Manaus y la creación de un Sistema Integrado de Control del Tráfico Aéreo para interrumpir las rutas utilizadas por el crimen organizado. Para poner en práctica estas propuestas, Lula dejó clara la necesidad de dotar a la OTCA de directrices claras y recursos adecuados, así como de articularse en foros internacionales estratégicos de debate.

Aunque estas propuestas se formulen en un entorno político y geopolítico pantanoso en el norte de Sudamérica, la resistencia de los pueblos indígenas amazónicos a siglos de agresión y opresión sirve de inspiración para afrontar esta ardua tarea, que puede llevarse a cabo. En este sentido, la búsqueda de la seguridad alimentaria y nutricional puede ser un objetivo común que oriente la cooperación entre los países y pueblos amazónicos, incluidos los pueblos indígenas, los quilombolas y las comunidades ribereñas, sin marginar a las poblaciones urbanas.

La creación de condiciones institucionales y materiales para el disfrute del Derecho Humano a una Alimentación Adecuada, que incluye la generación de ingresos sin destruir el medio ambiente, debería ser un principio orientativo para la Cumbre Amazónica. Y mientras las negociaciones globales sobre el clima construyen, con razón, un consenso sobre el hecho de que la crisis ecológica conduce a catástrofes alimentarias, Brasil y sus vecinos tendrán la oportunidad de defender la posición de que la soberanía alimentaria, con la cooperación internacional, es un vector importante para combatir la deforestación y restaurar la biodiversidad.

Cualquier propuesta, sin embargo, debe basarse en conocimientos sólidos sobre el estado de la inseguridad alimentaria y nutricional en la Amazonia. Llevar a cabo este tipo de investigación podría ser una misión revitalizadora para la OTCA y agregadora para sus países miembros.

Erbenia Lourenço es Máster en Gestión Pública y Cooperación Internacional por la UFPB e investigadora del FomeRI.

* La Fundación Heinrich Böll – Brasil, apoya esta iniciativa del Instituto Hambre Cero.

Manifiesto por una nueva ciencia de la política

A más de un joven estudiante de ciencia política le habrá sucedido que cuando trata de explicar a otras personas qué estudia, la reacción más inmediata es la siguiente: “¡Ah, quieres ser político!”. Igualmente es preocupante que muchas personas que egresan de programas de ciencia política y se desempeñan en diferentes ámbitos laborales se lamenten de que los conocimientos adquiridos les hayan sido “poco útiles”. Ambas posturas reflejan un problema de esta disciplina. Para dedicarse a la política, no es necesario estudiar ciencia política; empero, para comprenderla científicamente y tratar de incidir en ella, sí.

Diferentes congresos de ciencia política tanto nacionales como internacionales se llevaron o se llevarán a cabo en 2023, el más importante, el Congreso Internacional de Ciencia Política, que se hará en el mes de julio en Buenos Aires. Otros se harán en junio, en Colombia; también en octubre, en México; y en diciembre tanto en Uruguay como en Chile. Los principales temas de estos congresos son los retrocesos democráticos, las crecientes derivas autoritarias, el debilitamiento del Estado de derecho, el aumento del crimen organizado, la corrupción, la impunidad, los flujos migratorios, etc. Pero ¿a cuáles y a cuántos líderes autoritarios actuales les preocupa lo que se discuta en estos congresos? ¿Cuántas personas que toman decisiones de cualquier nivel gubernamental están atentos a los análisis que se presentan? ¿Cuántos partidos modificarán sus reglas o propondrán nuevas formas de organización a partir de los resultados que se muestran en estos foros? Lo más probable es que ninguno de los individuos y colectivos que son centro de atención en estos congresos estén interesados en lo que se dice de ellos, así como tampoco les podría interesar a la mayoría de las personas.

Se podría decir que lo mismo sucede con otros congresos de otras disciplinas. Sin embargo, no necesariamente eso es así. La ciencia por esencia es elitista y meritocrática, pero, al menos, desde hace décadas, se han hecho mecanismos para transferir el conocimiento científico a la sociedad. Ello explica todos los desarrollos tecnológicos contemporáneos que inciden prácticamente en todos los ámbitos de la vida. Por ejemplo, la comunidad científico-médica tiene muchos congresos, y tampoco les inquieta que la mayoría de las personas no los entienda, pero sí les preocupan los descubrimientos de nuevas afecciones, los resultados positivos y negativos de experimentos y tratamientos sobre los ya conocidos, y la integración de las nuevas tecnologías y los nuevos fármacos en su práctica médica. Se guían por una actitud científica y están conscientes de que en su profesión proliferan las pseudociencias, los errores científicos y los fracasos médicos. ¿En cuántos de los congresos de ciencia política se discuten seriamente las posturas anticientíficas, los errores y las pseudociencias? ¿En qué medida se preocupan por la transferencia del conocimiento científico de la política al ámbito público?

La ciencia política es una de las más jóvenes disciplinas de las ciencias sociales. Tiene la ventaja de apoyarse en una amplia tradición del pensamiento político; durante décadas buscó una identidad como ciencia y primero dependió del derecho y la filosofía; luego, de la sociología y la economía. A finales del siglo XX logró afirmarse como una ciencia autónoma con sus objetos de estudio y metodologías propias. Quizá por ello es una ciencia muy academicista. Ahora, para trascender como profesión, tiene la ventaja de todo el conocimiento científico acumulado en sus ya casi dos siglos de existencia. ¿Cómo procurar, pues, la consolidación de la ciencia política en un mundo que se encuentra en constante transformación?

A continuación, se hacen las siguientes recomendaciones:

1. Se debe adoptar (verdaderamente) la actitud científica. En palabras de Lee McIntyre, se trata de la mentalidad que nos dice que nuestra ideología, creencias y deseos no tienen ninguna relevancia en el desarrollo del conocimiento científico.

2. Se deben impulsar las explicaciones predictivas. La ciencia política parece irrelevante a las personas que hacen política porque el 90% de sus análisis son posdictivos. Señalan lo que ya pasó, cómo, cuándo y por qué, pero, con algunas excepciones, como los estudios electorales, existe una resistencia a formular tendencias, sobre todo en eventos macro.

3. Se deben evadir las ideologías. Las ciencias sociales han estado infestadas de ideologías, y la ciencia política, mucho más. Las ideologías deben ser objeto de estudio, no modelos de interpretación. Ello se ha convertido en un lastre, por ejemplo, para entender por qué las democracias están en crisis.

4. Se debe emular la medicina como profesión. ¿Qué hace un politólogo o una politóloga? Al igual que en la medicina, y a partir de presupuestos científicos, del análisis del pasado y la investigación presente, puede identificar las causas de aquello que políticamente no funciona bien o que pudiera funcionar mejor, y ofrece alternativas. Esta dinámica tiene repercusiones en el ámbito público, político y gubernamental que no han sido exploradas ampliamente en la ciencia política.

5. Se deben consensuar conceptos clave. A diferencia de otras ciencias en las que los conceptos básicos son incontrovertibles porque ello les permite avanzar, en cada congreso de la ciencia política se discute qué es democracia, populismo, partidos u otros conceptos clave. Adoptar el consenso sobre conceptos clave permitiría una mayor consolidación de la disciplina.

6. Se deben desterrar las posiciones pseudocientíficas. Para que la ciencia política sea relevante, se debe rechazar abiertamente cualquier argumentación pseudocientífica que no se someta a las pruebas, sobre todo aquel tipo de investigación que selecciona datos ad hoc para confirmar sus prejuicios. Para ello se debe asumir que todo conocimiento puede ser refutable en términos científicos.

7. Se debe fomentar la replicabilidad. La ciencia política ha tendido a dejar pasar investigaciones poco rigurosas, o que parecen rigurosas pero que no lo son, y eso se descubre cuando no pueden ser replicadas. Para que un estudio sea replicable, los datos tienen que ser abiertos, accesibles, y las técnicas de análisis, conocidas. La replicabilidad confirma hallazgos y permite identificar errores; así avanza la ciencia.

8. Se debe fomentar la responsabilidad científica mediante valores democráticos. La libertad y la igualdad son dos valores que han permitido el desarrollo de las ciencias. Cuando en la comunidad politológica existen sectores que los relativizan, estos ponen en riesgo no solo a la disciplina, sino que también dichas actitudes son las que indirectamente degradan a la democracia.

9. Hay que abrirse a los idiomas. El inglés es la lingua franca de la ciencia, pero no debería ser la única ni tampoco un impedimento para que los que hagan ciencia política lean y transmitan el conocimiento en otras lenguas, en las cuales quizá ya se han expresado resultados (científica y probablemente) más relevantes.

10. Hay que fomentar la divulgación de la ciencia política. Es probable que algunas personalidades de la ciencia política digan que todo lo anterior ya se ha hecho o que incluso eso está superado. Pero lo saben ellos, no el resto del mundo. La aplicabilidad de la ciencia política no reside solo en el descubrimiento de la verdad, sino también en su contribución al mejoramiento de la sociedad, y ello se puede hacer si se difunde el conocimiento politológico más allá de los canales científicos y académicos.

Tal como señaló Hans Morgenthau, una ciencia política ensimismada, que solo se preocupa por sí misma, que es vista con indiferencia, que se centra en lo trivial y que no tiene amigos ni enemigos, devalúa implícitamente los problemas importantes que le dan sentido. Por esa razón, es hora de una nueva ciencia de la política.

El poder político en la sombra

Hace cincuenta años Héctor J. Cámpora ganó las elecciones presidenciales argentinas bajo la proclama de “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. En efecto, tras su triunfo electoral de marzo, liderando al Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), presentó su dimisión en julio de manera que Juan D. Perón pudo ser candidato en los comicios de septiembre del mismo año que lo devolvieron a la presidencia después de haber sido desalojado del poder por un golpe de estado 18 años antes.

En España, dos años después, en noviembre de 1975, el franquismo que se resistía a dejar el poder se refería a que todo había quedado “atado y bien atado” gracias a la supuesta continuidad que garantizaría el nuevo monarca. Sin embargo, aquella clase política se desmoronó en cuestión de meses como un castillo de naipes.

Durante décadas, en México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) pergeñó una forma de continuismo bajo la figura del “tapado”. Una candidatura concebida en la cúpula dirigente del régimen político para perpetuarse en el poder a través de un esquema inédito de continuismo con figuras presidenciales que hacían perfectamente el juego al establecimiento.

La pulsión por mantener el poder de manera vicaria es un asunto añejo que está presente en la política incluso cuando esta adopta formas democráticas de gobierno en las que hay un mínimo de competencia asegurada. En la mayoría de los casos se trata de lograr la continuidad de un proyecto político que suele estar vinculado con un caudillo que dice respetar la formalidad de la cláusula de la no reelección, pero que termina teniendo el control de la situación entre las bambalinas.

En América Latina, en las dos últimas décadas el número de escenarios en los que se han dado circunstancias similares afectan a la mitad de sus países. En Argentina, Néstor Kirchner auspició a Cristina Fernández; en Brasil, Lula da Silva lo hizo con Dilma Rousseff; en Colombia, Álvaro Uribe con Juan Manuel Santos; en Ecuador, Rafael Correa con Lenin Moreno; en Bolivia, Evo Morales con Luís Arce; en Paraguay los presidentes del Partido Colorado lo han hecho con sus conmilitones. Cierto que en Colombia, Ecuador y Bolivia el previsto continuismo no se dio campando los elegidos con un programa propio que incluso llevó a la ruptura con los patriarcas, pero la señal enviada al electorado era inequívoca.

Sin embargo, hay situaciones en las que el ejercicio sustitutorio conlleva la cobertura de una incapacidad física o legal para la acción del poder. El protagonista que está impedido para llevarla a cabo designa en el lecho de muerte al sucesor (Hugo Chávez en Nicolás Maduro) o se hace en los prolegómenos de la campaña electoral de quien no puede competir en ella (son los casos de Cristina Fernández y Alberto Fernández en Argentina; Vladimir Cerrón y Pedro Castillo en Perú; Mel Zelaya y Xiomara Castro en Honduras).

Esta propensión al sostenimiento en la sombra del poder político constituye un freno al desarrollo de la democracia en su aspecto de competencia real y efectiva entre opciones distintas. Al perseverar actores que instrumentalizan a otros para la consecución de sus objetivos la endogamia está garantizada. También supone un entorpecimiento a la alternancia y consolida la idea de la existencia de una elite enquistada que hace todo lo posible por seguir al mando. Por último, contribuye a la desinstitucionalización de la política al introducir el uso de prácticas informales o de interpretaciones fraudulentas de las reglas existentes.

La actualidad política en América Latina ofrece ahora mismo ejemplos de este ejercicio vicario del poder que oculta una práctica espuria de la liza abierta en Brasil, Ecuador, El Salvador y México. Se trata de casos distintos que, no obstante, comportan elementos de los observados más arriba que refuerzan la perversión del juego implementado.

El Tribunal Supremo Electoral de Brasil ha inhabilitado a Jair Bolsonaro hasta 2030, de manera que no podrá ser candidato hasta entonces, pero ello ha traído consigo la inmediata propuesta de que sea su esposa Michelle quien sea próxima candidata. En las elecciones presidenciales ecuatorianas del 20 de agosto, Rafael Correa, también inhabilitado para concurrir, ha apostado por la candidatura a la presidencia de Luisa González por el Movimiento Revolución Ciudadana quien, tras denunciar la traición que a su juicio cometió Lenin Moreno, de momento ha afirmado que Rafael Correa “será uno de sus principales asesores [pero] nunca le ofrecería un indulto”.

En El Salvador, el presidente Nayib Bukele y su vicepresidente han anunciado que dimitirán en diciembre para, según su particular criterio, poderse postular como “nuevos” candidatos en las elecciones de 2024. Por último, Andrés Manuel López Obrador, en un hábil ejercicio de cambio del relato en el movimiento que lidera, ha eliminado de la política mexicana la vieja y tendenciosa práctica del tapado sustituyéndola por la de las “corcholatas”. Intenta así convencer al electorado de que el momento actual del país está signado por la competencia entre las diferentes candidaturas en un proceso en el que él dispone de las reglas pretendiendo asegurar, por otra parte, que su sombra siga estando presente en el futuro.

Son casos diferentes que tienen un denominador común: el mantenimiento del poder en la sombra a toda costa por parte de cierta élite mediante mecanismos vicarios anulando las posibilidades de otras fuerzas políticas y soslayando cualquier dispositivo de control y de rendición de cuentas.