El domingo, Paraguay decide

El próximo domingo 30 de abril se celebran las octavas elecciones generales de Paraguay desde que en 1989 se pusiera fin al régimen autoritario de Alfredo Stroessner. Si bien se presentan 13 duplas a la Presidencia y vicepresidencia, la oficialista, del Partido Colorado, que está conformada por Santiago Peña y Pedro Alliana, y la de la Concertación Nacional para un nuevo Paraguay, liderada por Efraín Alegre y Soledad Núñez, son las que tienen mayores probabilidades.

Las encuestas locales, sobre las cuales reina un manto de duda y desconfianza por su falta de rigor metodológico, indican en su mayoría una victoria clara a favor del candidato colorado Peña de entre el 10% y el 13%. Solo una de estas da como triunfador al líder de la Concertación Nacional por un margen estrecho que ronda el 4%. Por otro lado, la encuesta internacional Atlas Latinoamérica indica un triunfo del candidato de la Concertación por un escaso margen del 2%. En lo que sí coinciden todas, las locales y Atlas, es en los niveles favorables de intención de voto hacia el candidato antisistema Paraguayo “Payo” Cubas.

Las encuestas de las últimas semanas posicionan a Payo Cubas, del Partido Cruzada Nacional, en niveles de ascenso sorprendentes que rondan el 23% de intención de voto. Este ex congresista de perfil disruptivo, expulsado del Senado en este período por inconducta, se define a sí mismo como “anarquista romántico” y ha atraído con ideas populistas y autoritarias a un sector del electorado que está harto de la política (y los políticos) tradicionales. Le juega en contra el hecho de no contar con estructura política a escala nacional y tampoco con equipo suficiente como para cubrir las mesas de votación.

Otras candidaturas como las encabezadas por Euclides Acevedo, del Movimiento Nueva República, y el exfutbolista y ultraderechista José Luis Chilavert, tienen poco protagonismo y escasas chances, según todas las encuestas.

Estas nuevas elecciones serán atípicas, debido a los siguientes factores. El primero es el señalamiento del Departamento de Estado de Estados Unidos a Hugo Velázquez y a Horacio Cartes (vicepresidente actual, y expresidente de la república y presidente actual del Partido Colorado, respectivamente) por corrupción y la imposición de sanciones económicas.

El segundo aspecto es la reforma electoral que ha implicado la incorporación del voto preferencial y el uso de máquinas electrónicas de votación que serán empleadas por primera vez en unas elecciones generales en el país.

Por último, el surgimiento de la figura de la Concertación como espacio político novedoso, distinto a las tradicionales alianzas electorales. Este espacio nuclea a 23 partidos y a 2 movimientos políticos de oposición, por lo que tiene un carácter plural y heterogéneo.

¿Qué está en juego?

Alternancia o continuidad son las opciones que se presentan al electorado paraguayo. La Asociación Nacional Republicana (ANR) o Partido Colorado ejerce el poder desde 1948, con una breve interrupción de 5 años entre el 2008 y el 2013, cuando el exobispo Fernando Lugo lideró una alianza de partidos de oposición que derrotó al Partido Colorado. El mandato de Lugo fue interrumpido a escasos meses de que concluyera y terminó el ciclo su vicepresidente, el liberal  Federico Franco.

A partir del 2013, la ANR retomó el poder con Horacio Cartes y luego con Mario Abdo Benítez. En ambos casos hay un denominador común: tanto Cartes como Benítez derrotaron a Efraín Alegre, hoy candidato, por tercera vez, de la oposición paraguaya. En esta oportunidad, Alegre ha logrado nuclear a, prácticamente, toda la oposición paraguaya, y su partido, el Liberal Radical Auténtico (PLRA), es el socio principal y organización mayoritaria de la oposición.

Alegre es un histórico político del PLRA que cuenta con una vasta trayectoria política. Ha sido diputado, senador, exministro de Obras Públicas, presidente partidario y candidato a la Presidencia de la república en dos oportunidades. Lo acompaña como vicepresidenta Soledad Núñez, ingeniera civil, exministra de la Vivienda, del gobierno de Cartes, y reconocida por su trayectoria en organizaciones de la sociedad civil y como emprendedora.

El Partido Colorado, por su parte, buscará la continuidad en el poder mediante la candidatura de Santiago Peña. Peña fue ministro de Hacienda del gobierno de Cartes, dejó el PLRA en 2016, al cual estaba afiliado, para poder continuar como ministro ante una exigencia de la junta de gobierno del Partido Colorado de que todos los ministros fuesen colorados. Pedro Alliana, expresidente del partido y de la Cámara de Diputados, es quien acompaña a Peña como vicepresidente.

En este marco, la campaña electoral se ha caracterizado por un entusiasmo moderado de la ciudadanía y las limitaciones del Partido Colorado para gastos de campaña, producto de las sanciones económicas impuestas por el Departamento de Estado. Esto no ha evitado la violencia política de los discursos, sobre todo en redes sociales, y la proliferación de informaciones falsas, denuncias de todo tipo y campañas que pretendieron distraer la atención de la ciudadanía para confundirla.

Sin embargo, la Concertación ganó protagonismo con la presentación pública de un paquete de propuestas de contenido social en materia energética, de salud, empleo y seguridad, entre otras, que llamaron la atención de la opinión pública. Peña enfatizó en cuanto al empleo, y prometió la generación de 500.000 puestos de trabajo.

A diferencia de otros casos en la región, el clivaje de estas elecciones no ha sido ideológico, sino más bien de oposición de modelos de país y apelaciones simbólicas al cambio o la continuidad. “La patria o la mafia” ha sido el eslogan escogido por Alegre para marcar diferencia con sus oponentes políticos del Partido Colorado y, más específicamente, del movimiento Honor Colorado, al que pertenece Peña y que lidera Cartes.

La gobernabilidad, la necesidad de convocar a un acuerdo político amplio para impulsar las  reformas de fondo que el país necesita y el fortalecimiento de la institucionalidad exigen, de quien resulte electo, una gran habilidad política para dirigir este proceso histórico.

El domingo 30 de abril el electorado paraguayo tomará la decisión.

Incompetencia para ejercer política

Ecuador y Perú son posiblemente los dos países latinoamericanos que atraviesan hoy el momento más delicado en cuanto a democracia se refiere. Mientras el primero se encuentra inmerso en un proceso de juicio político en contra del presidente, el segundo languidece tras la crisis política de diciembre de 2022, que llevó al mandatario al encarcelamiento. Dos países, por otra parte, que desde 1985 acumulan, de manera respectiva, siete y cuatro interrupciones en el mandato presidencial, y cuyo índice de democracia, que fue elaborado hace poco por The Economist Intelligence Unit, presenta el peor valor de la serie que empezó en 2006.

La academia centra las explicaciones del éxito o, en estos casos, del fracaso de la política, en hechos que ocurren en tres tipos de ámbitos. El primero se relaciona con asuntos que están vinculados con el diseño institucional. Aquí la forma de gobierno, presidencialista o parlamentaria, con sus diferentes matices, tiene mucho que ver, sin olvidar aspectos que están relacionados con los niveles de descentralización o con la legislación electoral y partidista existente. El segundo se refiere a la capacidad que la política tiene de afrontar (y de resolver) problemas que la gente considera perentorios. Por último, existen condicionantes de naturaleza estructural en el marco societal y cultural que pueden dificultar el ejercicio de la política por la profunda carga de desigualdad que acarrean históricamente.

Sin embargo, hay cierta negligencia al tener presente el carácter explicativo que las personas, que ejercen puestos de responsabilidad en la conducción de la política, tienen sobre la calidad del quehacer de esta. La dimensión que supone la competencia como pericia, aptitud o idoneidad para hacer algo queda ignorada por el carácter todopoderoso, legitimador, que tienen las elecciones. La persona elegida recibe, sin más, el mandato irrestricto de las urnas para llevar a cabo la propuesta que hizo al electorado.

Los presidentes electos en Ecuador y Perú en 2021, Guillermo Lasso y Pedro Castillo, respectivamente, constituyen dos buenos casos de estudio, si se sigue la senda esbozada por Plutarco en Vidas paralelas. Castillo perdió el poder y sumió al país en una seria crisis política, y Lasso puede perderlo en las próximas semanas, bien porque avance el juicio político en su contra, bien porque convoque elecciones anticipadas. Pero también ha conducido al país a un indudable escenario de descomposición.

Ambos parten de una condición política opuesta. Asimismo, su perfil individual es muy diferente en cuanto a su trayectoria personal y al contexto en el que iniciaron su andadura. No obstante, un factor no siempre recogido en el análisis político, aunque sí en ambos casos por la crónica periodística, los une: la incompetencia.

Resulta chocante que al tratar de entender las razones de un fracaso se ponga el acento exclusivamente en factores de orden organizacional o procedimental, con lo que se dejan de lado los que están relacionados con los que atañen a la persona que lideró la acción. La experiencia, el conocimiento, las habilidades comunicacionales, la empatía, el carácter, la integridad, la salud suponen un hilo de elementos que configuran a quienes van a asumir la responsabilidad del mando en la esfera pública.

Todo ello establece un conjunto de habilidades y de conocimiento. Son componentes que se requieren en cualquier profesión, entendida como una tarea a la que se dedica tiempo y esfuerzo con una remuneración como contrapartida y que en el ámbito de la política supone, además, el manejo del poder con una determinada finalidad.

Nikki Haley, nacida en 1972, exgobernadora republicana de Carolina del Sur y embajadora ante las Naciones Unidas durante el gobierno de Donald Trump, ha propuesto recientemente que los políticos deberían someterse a pruebas de competencia mental y cognitiva desde que cumplan los 75 años. Si bien su idea tiene un claro componente militante en contra del presidente Joe Biden, así como por el hecho de que ella misma está compitiendo en este momento con Trump para la nominación presidencial republicana de 2024, no deja de constituir un mecanismo notable, aunque muy limitado y paradójico.

La relevancia reside en entender que existe la necesidad de que los políticos se sometan a cierto tipo de exámenes que evalúen su nivel de capacitación para el cargo, pero ¿por qué ligarlos a la edad? ¿Solo esta influye en la competencia mental y cognitiva? El despropósito permanente en la acción de Gobierno al faltar cualquier plan al respecto, la incapacidad de argumentar de modo coherente en público durante un breve lapso, el desconocimiento de asuntos notorios, esenciales, del día a día, la falta de sensibilidad ante el sufrimiento y la ausencia de valores permean manifiestamente el comportamiento de parte de la clase política sin que nadie pareciera objetar nada, y suponiendo únicamente argumentos para justificar la desconfianza y el descrédito.

El credo democrático auspicia que cualquiera, con la sola limitación de la mayoría de edad y la no interdicción por decisión judicial, puede presentarse a una elección. Sin embargo, pareciera que la satisfacción de la responsabilidad inherente al ejercicio del poder requiriese de un freno ante la incompetencia.

El problema, no obstante, radica al constituir tanto los parámetros que la definen, en la línea de los elementos antes enunciados, como la agencia independiente que pudiera determinarla. Ello no debe ser impedimento para que la incompetencia de Pedro Castillo y de Guillermo Lasso, así como de otras personas que integran la clase política, sea un asunto que la sociedad abierta tenga que abordar sin demora.

La amenaza del autoritarismo pasajero

En los últimos años se han publicado libros como El ocaso de la democracia, de Anne Applebaum; Cómo mueren las democracias, de Ziblatt y Levitsky; Yo, el pueblo, de Urbinati, o Vida y muerte de la democracia, de Keane. Sin duda, el subcontinente y el mundo viven un momento de erosión democrática, y mucho se ha escrito sobre estos regímenes y sus líderes populistas. Pero, a diferencia del siglo pasado, estos líderes ya no llegan al poder por las armas, sino a través de elecciones y desde ahí comienzan a moldear la institucionalidad y debilitar la estructura del Estado.

La seducción electoral

El ascenso de los nuevos autoritarismos por la vía electoral implica que amplios sectores de la sociedad se sienten atraídos por sus posturas, discursos o, incluso, se identifican con estos personajes. La pregunta entonces es: ¿por qué después de 25 años de democracia, muchas sociedades latinoamericanas han optado por candidaturas antidemocráticas?

Las personas que simpatizan con un proyecto lo hacen porque se sienten parte de él e incluso el populista les hace sentir que él mismo proviene de ese pueblo lastimado. Por lo tanto, hay un sentimiento de empatía entre ambos. La seducción de cierta parte de la población ante una retórica que promete acabar con sus problemas y hacerlos partícipes de las decisiones tiene un efecto atractivo, a diferencia de la contraposición de propuestas característico de la democracia.

La nostalgia y el autoritarismo

En las sociedades modernas se están presentando crisis institucionales y sociales, que son el caldo de cultivo perfecto para que amplios sectores de la población se sientan atraídos por los liderazgos populistas. La especialista Anne Applebaum afirma que esta atracción surge porque grandes sectores de la población anhelan el pasado de sus naciones o por un resentimiento contra la clase política que no logra combatir sus problemas de seguridad, pobreza y desigualdad. Por lo tanto, estos sectores son más propensos a votar por propuestas populistas.

Pero el populismo no actúa por sí solo, sino que utiliza un arma poderosa: la desinformación. Ejemplo de esto hay muchos, pero uno de los más recientes fue la toma del Capitolio de Estados Unidos, producto del fanatismo hacia Donald Trump. A ello hay que sumar la retórica sobre el fraude electoral, que fue difundido por diferentes canales de comunicación, y que se materializó en imágenes violentas nunca antes vistas en ese país.

El resultado es una población con vastos sectores atraídos por perfiles populistas y autoritarios novedosos para la ciencia política. No obstante, este fenómeno existe desde la democracia romana, el populismo tiene varias expresiones y ejemplos en la Historia, desde el nazismo y el fascismo en Europa, hasta el primer peronismo en Argentina, el nacionalismo revolucionario en México o el varguismo en Brasil. La similitud es que todos se sostenían en un líder carismático y en un discurso antisistema.

El populismo en América

En estos últimos años hay dos países que han brindado imágenes al mundo de lo que el populismo y el fanatismo pueden causar. Uno es la ya mencionada toma del Capitolio de Estados Unidos en 2021. El segundo caso fue la toma de los edificios de los tres poderes de Brasil por parte de los seguidores de Jair Bolsonaro. El hecho ocurrió a cinco días de que Luiz Inácio da Silva asumiera como presidente.

La experiencia de Brasil tiene raíces en la posición del expresidente Bolsonaro, que, si bien no llamó a una insurrección, la alentó con su silencio tras la derrota en la segunda vuelta del 30 de octubre de 2022. Sus seguidores pedían la entrada de las Fuerzas Armadas para evitar lo que llaman el socialismo del siglo XXI y por medio del argumento de que hubo un fraude durante la jornada electoral. Estos actos se extendieron a través de la toma de carreteras y marchas por parte de los fanáticos que se sentían en la obligación de defender a su líder.

¿La fe mueve países?

Por momentos, la política y las instituciones se desgastan y erosionan, y esto es parte de las transiciones que viven los países. Y ante el descrédito de los partidos, candidatos y Gobiernos, los candidatos outsiders surgen como un rayo de esperanza para dilatados sectores de la población que se siente comprendida.

Sin embargo, cuando estos líderes alcanzan el poder muestran un perfil religioso que se basa en la confianza ciega hacia su persona para poder, así, justificar la concentración de poder, el debilitamiento de la ley y la erosión democrática. Por suerte, la política no responde a patrones establecidos, sino a los inputs y outputs de los contextos nacionales y los fenómenos que se presentan. Por eso, si bien el populismo puede debilitar la institucionalidad de la democracia, no prevalecerá sobre esta.

Unasur: segundas partes nunca fueron buenas

Hay una máxima muy difundida entre periodistas y entrenadores deportivos: «equipo que gana, no se toca». La idea detrás de la frase es muy básica: ¿para qué modificar un mismo grupo de jugadores o una táctica si con ella se han obtenido buenos resultados? La idea suena tan razonable que el mundo de la política también quiere aplicarla.

En su tercera experiencia presidencial, Lula ha adoptado este lema como un mantra. Y, por lo menos en lo referido a la política exterior, ha comenzado a reconstruir el camino de sus anteriores mandatos. Si bien el cuerpo técnico ha cambiado (porque ya no está Marco Aurelio García), la estrategia sigue siendo la misma que impulsó el excanciller Celso Amorim. Los resultados de esa continuidad no tardaron en verse, y ahí está Brasil reviviendo su posicionamiento geopolítico en torno al bloque conocido como BRICS, que integra junto a Rusia, India, China y Sudáfrica.

¿Nueva estrategia?

Lo llamativo de la estrategia brasileña es que vuelve a confirmar jugadores que no trajeron muy buenos resultados en la temporada anterior. De hecho, Lula ha designado a Dilma Rousseff al mando del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, con sede en Shanghái, China, a donde el líder del Partido de los Trabajadores viajó presuroso antes de cumplir sus 100 días como primer mandatario.

Lula repite el esquema de juego. Por lo pronto, el legado de autoritarismo que la izquierda del siglo XXI regó en América Latina no parece motivo suficiente para que el político brasileño ofrezca algún tipo de autocrítica al respecto. El mensaje es claro: si Lula no cambia, es porque evalúa que su estrategia pasada no salió tan mal. Y en esto, posiblemente, no se equivoque, ya que aquellos fueron los años dorados de su liderazgo y prestigio regional.

La nueva temporada de Unasur

Mientras refuerza los vínculos con China, y en el contexto de las desafortunadas declaraciones sobre Rusia y la guerra con Ucrania, Lula recuperó otra pieza del viejo equipo con el que gestionó su política exterior entre 2003 y 2010: la Unión de Naciones Suramericanas, mejor conocida por sus siglas Unasur.

Esta organización tuvo un rol clave en la política petista (PT) de entonces, que se puede graficar en la metáfora del «bombero pirómano». Es decir, mientras alentaba y protegía a Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales, se presentaba a nivel global como quien podía contenerlos en las líneas rojas que preocupaban a las grandes ligas internacionales. Para Estados Unidos eso fue suficiente en una región que hace tiempo no aparece en los primeros puestos de su interés geopolítico. En cambio, para los ciudadanos latinoamericanos que sufrieron el esplendor de los líderes bolivarianos, los resultados fueron desastrosos en el deterioro democrático, la calidad de vida y la vigencia de los derechos humanos.

A pesar de esto, uno de los puntos fuertes que legitimó la existencia de la Unasur fue la batería de conferencias, artículos y libros elaborados por especialistas, internacionalistas y demás académicos. El soft power intelectual legitimó a la Unasur adjudicándole un éxito que nunca se materializó ni se observó en la realidad. Esto no es de extrañar, ya que la izquierda autoritaria ha mostrado más habilidad en mejorar la calidad de vida de sus intelectuales y organizaciones de expertos que en mejorar la del resto de la población.

Unasur: ¿éxito o fracaso?

La vuelta de la Unasur fue recibida con algarabía por los viejos accionistas que continuaban integrándola: Bolivia, Guyana, Surinam y Venezuela. Pero, además, fue aclamada por los nuevos líderes de la izquierda regional: Gustavo Petro y Gabriel Boric. También por el peronista Alberto Fernández, quien además ve con interés la oportunidad laboral que se abre en la secretaría general, reservada para un expresidente, ya que a fines de 2023 perderá su actual trabajo.

A diferencia de otros espacios latinoamericanos, la Unasur no pretende funcionar como un organismo de integración regional clásico, sino que privilegia la cooperación política, donde las coincidencias ideológicas cumplen un rol clave. La Unasur es parte central de una estrategia que se sostiene en un entramado de redes de organizaciones internacionales y trasnacionales que toman la forma de constantes reuniones, encuentros y cumbres.

Estos eventos son de diferentes niveles: gubernamentales y no gubernamentales, presidenciales, ministeriales, de expresidentes, partidarios, de especialistas, ideológicos, bilaterales o multilaterales. Desde la Unesco hasta el Foro de San Pablo, pasando por la Celac o las asambleas de Clacso. De hecho, el anuncio de la vuelta de Argentina a la Unasur se realizó en el marco de una reunión del Grupo de Puebla y del Consejo Latinoamericano de Justicia y Democracia.

Estos espacios colectivos —y sus reuniones permanentes— aportan a la difusión de un activo nacionalismo patriagrandista, muy afecto al autoritarismo iliberal latinoamericano. Además, muestra a los líderes en permanente actividad y ayuda a consolidar sus discursos y proyectos nacionales. Sobre todo, permite mantener bajo control, incluso aislar, a quienes en esos niveles no integran el colectivo de la izquierda populista o se atreven a impugnarlo.

El papel de la Unasur 2.0

La Unasur adquiere un lugar importante entre las redes trasnacionales de cooperación por otros dos motivos poco resaltados hasta el momento. Primero, porque tiene un pasado de intervención directa en los asuntos nacionales para socorrer a sus integrantes en problemas. Esto se vio en la legitimación de las fraudulentas elecciones venezolanas de 2013, la amplificación de crisis menores en Ecuador para beneficiar al proyecto autoritario de Rafael Correa, la participación en la disputa del Gobierno de Santa Cruz de la Sierra con Evo Morales, o en el conflicto de Colombia con las FARC, entre otros.

En segundo lugar, porque es el primero de los espacios internacionales latinoamericanos que realza la cuestión de la defensa y la seguridad regional a través de su Consejo de Defensa Sudamericano. Ninguna otra organización ha puesto al mismo tiempo énfasis en la condición ideológica de sus presidentes y en la coordinación de las fuerzas armadas que ellos dirigen.

Lula mantiene la formación de su equipo y las estrategias implementadas a partir de 2003, pero el mundo de hoy cambió radicalmente respecto al de inicios del siglo XXI. La posibilidad de abrirle las puertas de la Unasur —como ya pasó con la Celac— a China y a Rusia los habilitará a jugar en un campo hasta ahora vedado. Así, podrían intervenir en la política nacional de los países sudamericanos con inédita legitimidad.

A pesar de tanto entusiasmo construido artificialmente, la Unasur dejó de existir sin pena ni gloria cuando un par de países que la integraban decidieron suspender su financiamiento. Finalmente, no había mucho más que un relato bien elaborado, pero eso es, justamente, lo que hoy le permite resurgir y convertirse en una potencial amenaza para la libertad de la región. La Unasur es un gigante con pies de barro.

*Texto publicado originalmente en Diálogo Político

México y la lucha contra el fentanilo

Los cargos anunciados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos en tres distritos federales en contra de la fracción de Los Chapitos (hijos del Chapo Guzmán), del Cártel de Sinaloa, por la producción y distribución de fentanilo en las ciudades estadounidenses, ha sido contundente. Es una política de Estado en territorio ajeno. Así lo expresó el fiscal general, Merrick Garland, desde la mismísima Casa Blanca, al señalar a 28 personas que estarían involucradas en el trasiego de esta droga sintética.

Este posicionamiento ha llevado a dos lecturas en México. Una, que está vinculada con el futuro de la política del Gobierno obradorista de “abrazos, no balazos”. Y, la otra, que es el primer paso en la ruta estadounidense en contra de la narcopolítica mexicana.

La política de “abrazos, no balazos” en materia de lucha contra el crimen organizado, más allá de la mofa que ha provocado en los círculos políticos de Washington, está cercada y no parece tener futuro. Y es que la producción y distribución de fentanilo está causando miles de muertes de consumidores de Estados Unidos y ha activado las alarmas políticas hasta convertirse en parte medular del debate público.

En Estados Unidos, los líderes del Partido Republicano se han pronunciado por que se reconozca a los cárteles mexicanos como “organizaciones terroristas”, lo que ha sido rechazado por la mayoría de los representantes demócratas por lo que implicaría en materia de seguridad y soberanía nacional. Sin embargo, la postura demócrata no significa afinidad con la visión del oficialismo mexicano y menos en un año electoral en el que el juego de suma cero se impone en aquellos temas que rentabilizan votos.

Esto explica la postura del gobierno de Joe Biden en cuanto al fentanilo, un asunto socialmente muy delicado que exige decisiones duras en el combate contra su producción y distribución. Esto pone en entredicho la política sostenida por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador que ha sido interpretada en algunos círculos políticos y mediáticos norteamericanos como de complicidad con las organizaciones criminales.

La búsqueda de los hijos de Joaquín “el Chapo” Guzmán en territorio mexicano seguramente no quedará a la espera de una traición dentro del Cártel de Sinaloa a cambio de los 10 millones de dólares que se ofrecen por cada uno. Lo que probablemente habría detrás de lo que suceda sería la colaboración binacional, incluyendo operaciones encubiertas de las agencias de seguridad estadounidenses.

Por ello, llama la atención la postura del Gobierno mexicano y las palabras de López Obrador, quien, ante la infiltración norteamericana en el Cártel de Sinaloa, ha dicho que se trata de una “intromisión abusiva”, lesiva para la soberanía nacional. Esto, sin duda, afectará la cooperación binacional en materia de lucha contra el trasiego de fentanilo hacia los Estados Unidos y, de hecho, esta semana se volvió a mencionar en medios estadounidenses que México es un narco-Estado.

Aunque el canciller de México, Marcelo Ebrard, aporte cifras de logros “sin precedentes” en la lucha contra la epidemia del fentanilo, lo cierto es que a las autoridades norteamericanas estos resultados no les convencen y lo que tienen en el imaginario es la política permisiva de “abrazos, no balazos” del presidente López Obrador.

La tensión entre los Gobiernos no significa, al menos de momento, que se vaya a avanzar mucho más allá del intento de recortar la producción y distribución de fentanilo y, en este sentido, es una torpeza del propio Gobierno negar que en México no se produce la droga, cuando los propios datos del canciller demuestran lo contrario.

De momento, las autoridades estadounidenses han sido cuidadosas de no mezclar a los empresarios de la droga con los viejos y nuevos políticos. Esto quedó en evidencia en el juicio de Genaro García Luna, el exsecretario de Seguridad durante el mandato de Felipe Calderón, cuando el juez Brian Cogan rechazó que se implicara a políticos mexicanos.

Por lo tanto, no hay motivos para pensar que el Gobierno estadounidense esté buscando algo más con la lucha contra Los Chapitos. Por lo tanto, aparentemente se conservaría el statu quo y se mantendría la calma de los gobernantes que recibieron favores de esta fracción criminal durante los comicios de 2021 y que podrían estar alistándose para influir en la decisión del voto en los comicios estatales de este año.

En definitiva, el anuncio del Departamento de Justicia de los Estados Unidos y la DEA es una sacudida para el Gobierno mexicano, pues, a su juicio, no es suficiente su capacidad para atender un problema creciente para la sociedad norteamericana. Sin embargo, de momento parece que esto no afectaría la coyuntura electoral con respecto a otoño, cuando estará en juego la nominación del candidato oficialista mexicano y el nuevo presidente de los vecinos norteamericanos.

Deepfakes o cómo dejar de preocuparnos por la verdad

Un video podría mostrar a un periodista a pie de calle preguntando al presidente de Chile, Gabriel Boric, por los personajes políticos que más lo han influido y este, sin dudar, respondería: “Mao y la revolución china. Punto”. Otro video podría mostrar al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en su conferencia matutina diaria anunciando que, debido al éxito de la recuperación del control gubernamental del petróleo y de la luz, se expropiarán los bancos extranjeros. Y otro podría mostrar a Joe Biden sentado en su escritorio de la oficina oval de la Casa Blanca anunciando la criminalización de la migración latinoamericana como parte de su plataforma de campaña electoral.

Ninguno de estos videos existe, pero de haberse hallado y de haber sido reproducidos en los reels y las historias que se viralizan por las redes sociales, no hubiésemos desconfiado de su existencia. ¿Por qué habríamos de dudarlo? Porque si existieran, lo más probable es que fuesen deepfakes, es decir, videos creados a partir de diferentes herramientas tecnológicas de inteligencia artificial que pueden hacer decir a quien sea lo que sea.

Estas herramientas tecnológicas, que nos permiten crear videos innovadores para educación o publicidad, también pueden acarrear inestabilidad política y acrecentar el clima de polarización de nuestras sociedades actuales. La complejidad de los deepfakes es tal que los dos casos más representativos son contradictorios.

Durante todo el 2018 el presidente de Gabón, Ali Bongo, no apareció en público. Los rumores sobre el padecimiento de una grave enfermedad, o incluso sobre su muerte, iban en aumento. Para detenerlos, hacia fin de año el presidente apareció en un video en el que deseó un “feliz año” a los gaboneses. El video era real, pero sus opositores asumieron que era falso e intentaron un golpe de Estado.

Este año, la televisión estatal de Venezuela difundió un video en el que un conductor de una supuesta agencia de noticias, House of News, relataba el buen estado de salud de la economía venezolana. Más tarde se demostró que los videos eran deepfakes, es decir, clips creados por el Gobierno venezolano y distribuidos con la intención de viralizar la “buena noticia”.

A pesar de sus diferencias, ambos casos nos muestran que los deepfakes abren un nuevo campo de problemas sociales porque nos llevan a cuestionar el criterio de verdad de nuestra sociedad actual: la imagen.

Mientras una noticia falsa puede reconocerse, por ejemplo, por su descuidada redacción o por la falta de referencias confiables, un deepfake se construye con base en elementos visuales que le otorgan la verosimilitud necesaria para hacernos creer que aquello que estamos viendo es real. Aspectos tan familiares como la oficina presidencial o una conferencia matutina son el vehículo adecuado para que un deepfake imponga una mentira, pues la imagen deja fuera de toda duda el contenido del mensaje.

A partir del lenguaje audiovisual, el deepfake busca posicionar en la esfera mediática un tema que sea benéfico o perjudicial para determinado individuo o grupo. Al vaciar de veracidad a la propia imagen, se producen infinidad de impactos que pueden generar divisiones y prejuicios sociales e incrementar la polarización.

A su vez, la manipulación digital permite que los dichos y hechos reales puedan ser negados por sus autores o por cualquier otra persona, ya sea porque su autor juega la carta de la manipulación, es decir, apela a que tal video o imagen es un deepfake creado para perjudicarlo o, quizá peor, porque cambia su postura frente a un hecho, esto es, acepta su autoría inicialmente y, tiempo después, argumenta que era un deepfake.

Por lo tanto, los deepfakes envuelven la comunicación digital en una duda mediática que sitúa a las audiencias en el peor escenario: cualquier video, imagen, audio debe ser puesto en tela de juicio. El régimen de verdad legitimado por la imagen supondría el fin de los dichos y hechos para imponer la duda mediática.

¿Hasta dónde podrán llegar los deepfakes? ¿Tendremos conciencia de los límites éticos para impedir su difusión? ¿Podremos limitar los efectos perversos que pueden implicar? ¿O los deepfakes son la crónica de una batalla perdida?

En el siglo XVII el filósofo francés René Descartes, buscando un conocimiento absolutamente cierto, imaginó que un genio maligno le hacía dudar de todas sus experiencias. En el siglo XXI el genio maligno son los deepfakes y están instaurando un régimen de duda mediática que nos llevará a dejar de preocuparnos por la verdad porque todo podría ser falso.

La profundización de las relaciones entre Brasil y China

La visita del Presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva a China ha suscitado gran interés en varias regiones del mundo, y no es casualidad. Desde hace algún tiempo, China es el mayor socio comercial de Brasil y de varios países latinoamericanos y, por esta razón, es natural esperar que esta asociación económica conduzca a estrechar los lazos culturales, políticos y diplomáticos entre los países y regiones en un futuro próximo.

Además, especialistas y estudios recientes señalan una marcada brecha entre la importancia de las relaciones y asociaciones económicas entre los dos países y el fortalecimiento de los lazos políticos y diplomáticos entre ellos, brecha que, en el caso brasileño, se vio acentuada por algunas iniciativas y declaraciones equivocadas de administraciones recientes

Tal vez, aún más importante que esos lazos económicos entre ambos países, en el contexto actual, sea destacar que ambas naciones comparten una herencia común y una tradición de respeto a la soberanía nacional de los pueblos, con predominio de soluciones pacíficas y diplomáticas a los problemas internacionales, en detrimento del intervencionismo militar y de la mentalidad de «guerra fría» de algunos países que, aún hoy, y con medios de destrucción cada vez más sofisticados, insisten en estimular las tensiones y la posibilidad de enfrentamientos armados en todo el mundo.

Esta vocación por el desarrollo pacífico y el compromiso con el multilateralismo en las relaciones internacionales se vio reforzada por el reciente nombramiento de la ex presidenta de Brasil Dilma Rousseff al frente del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), la institución financiera de los BRICS, un acontecimiento de la mayor importancia en un momento en que la economía mundial atraviesa fuertes incertidumbres y turbulencias en el período post-pandémico. 

En este contexto, la integración económica entre países, especialmente del sur global, se torna aún más relevante y estratégica, exigiendo la creación de mecanismos financieros y monetarios que hagan esta interacción aún más rápida y ventajosa para las partes interesadas, dentro de los principios de relaciones win-win que han guiado los intercambios comerciales chinos con otras regiones del globo en los últimos años.

En definitiva, parece prometedor para los intereses nacionales brasileños que se produzca una integración cada vez más acelerada con China, a través de proyectos de infraestructuras, la lucha contra las desigualdades sociales y la creación de mecanismos financieros que hagan que estos intercambios sean aún más intensos y beneficiosos para ambos países. 

Además, en un mundo cada vez más multipolar, es fundamental que las negociaciones de paz predominen por sobre el estímulo de un clima de beligerancia y las iniciativas de países que, con el pretexto de «defender la democracia», sólo provocan un aumento de la inestabilidad política, con la expansión de alianzas y bases militares, así como inversiones en tecnologías de bajo retorno social y bajo potencial de creación de externalidades positivas para inversiones capaces de estimular un desarrollo económico más inclusivo y con respeto al medio ambiente.

Por esta razón, los desafíos para una mayor integración entre Brasil, China y el Sur global no deben ser subestimados en ningún momento. Las fuerzas opuestas a la consolidación de un mayor multilateralismo a escala internacional tenderán a utilizar todos los medios para obstruir dicha integración, sin excluir el aumento progresivo del clima de beligerancia y la intensificación de las inversiones en bases militares y equipos bélicos en todo el mundo.

Por lo tanto, una agenda que fortalezca el multilateralismo, debe buscar el diálogo con todas las fuerzas interesadas en la pacificación. En este sentido, fueron muy positivas las agendas tratadas en la visita del Presidente Lula, que contemplaron diversos temas de interés de la comunidad empresarial y de ambas poblaciónes, con la perspectiva de firmar diversos acuerdos comerciales que abarquen una amplia agenda, incluyendo la intensificación del comercio, inversiones en infraestructura y proyectos ambientales, proyectos de reindustrialización, energías limpias y renovables, cambio climático, entre otros temas contemplados por la amplia agenda de negociación entre los dos países

Esta agenda no será fácil de implementar, y requerirá un fuerte esfuerzo de planificación y articulación conjunta entre Brasil y China, además de la superación de los obstáculos que seguramente se interpondrán en el camino de una relación más estrecha entre ellos.

Por último, cabe señalar que, lejos de un «choque de civilizaciones», lo que presenciamos hoy en el mundo es la confrontación entre dos perspectivas distintas que se perfilan para el futuro de la humanidad, perspectivas que atraviesan las diferentes regiones y países de un mundo cada vez más globalizado e integrado económicamente. 

En este contexto, la profundización del diálogo y de las relaciones entre Brasil y China puede contribuir al establecimiento de un clima de paz y a una mayor integración económica entre países y pueblos soberanos. Las dificultades a las que hay que hacer frente no deben subestimarse, sino que, por el contrario, deben servir de estímulo para los desafíos que vienen por delante.*

* Este texto fue publicado originalmente en la web de REDCAEM

Más allá de los seres humanos está la Madre Tierra

Bajo el liderazgo de Bolivia, en el año 2009 se estableció el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra mediante una declaración de la Asamblea General de Naciones Unidas. Este proceso de búsqueda de armonía con la naturaleza, responde a las luchas históricas anticoloniales de los pueblos originarios de este país, América y el mundo. 

Si bien culturas como la egipcia, mesopotámica, inca, azteca y quizás todas han aprendido maneras de modificar el ambiente y adaptarse a las condiciones en función de sus necesidades, no fue hasta el origen de las primeras ciudades modernas que se comenzó a observar el deterioro en componentes del ambiente como el suelo, el agua, o el aire debido a la generación de desechos. 

La relación moderna entre humanos y ambiente

A pesar de que se tiene evidencia de conflictos relacionados con el ambiente desde épocas tempranas de la historia de la humanidad, como guerras por territorios con riquezas naturales o por la producción de desechos en las ciudades emergentes, no es hasta finales de los 60′ que tomó fuerza la preocupación por el medio ambiente. Esto debido a las fuertes evidencias que se observaban en la salud de la población y de los demás seres vivos. En aquellos años la pobreza era vista como la peor forma de contaminación y la preocupación sobre este tema tenía lugar en los países desarrollados.

Más de 50 años más tarde, esta sigue siendo la tendencia. Los países llamados “en desarrollo” no pueden darse el lujo de limitar su ritmo de crecimiento ya que aún no se han cubierto las “necesidades básicas”. Sin embargo, los países desarrollados tampoco se comprometen seriamente a reducir sus impactos negativos en el ambiente, debido a que deben mantener su estatus basados en la expansión. Esta tendencia está ligada al sistema económico que predomina en la actualidad donde la generación de utilidades es lo primordial.

Durante las primeras conversaciones internacionales sobre cuestiones ambientales en la conferencia de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano en 1972, que después se denominó “Cumbre de la Tierra”, primó la concepción de los seres vivos como “recursos”, incluyendo a los humanos, como lo mencionó en su declaración el jefe de la delegación china. “De todos los recursos la gente es el más importante”. A partir de esta Cumbre, el interés de la comunidad internacional por la contaminación y sus efectos en la biósfera no dejó de crecer. 

El 15 de diciembre del mismo año, la Asamblea General aprobó una resolución en la que se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el cual tenía la tarea de “establecer una agenda ambiental a nivel global para promover la implementación coherente de la dimensión ambiental del desarrollo sostenible en el sistema de las Naciones Unidas”. 

Posteriormente se crearon otros organismos enmarcados en el mismo objetivo de coadyuvar en la construcción de un “desarrollo sostenible”. Debe recordarse que el concepto de “desarrollo fue propuesto por el presidente Truman de Estado Unidos en 1949 para referirse a la existencia de países pobres, a los que denominó “subdesarrollados”, los cuales tenían el único destino de volverse “desarrollados”. Es decir, de buscar alcanzar las condiciones de vida de países como el suyo.

El hecho de que se iniciaran las discusiones sobre el ambiente con el enfoque de un “Medio Humano” da cuenta de que la preocupación giró, desde su inicio, en torno al riesgo que corre el ser humano y no a las demás formas de vida. A 50 años de la Cumbre de la Tierra y de la implementación de sus instrumentos de gobernanza a nivel internacional, se observa un creciente calentamiento global que está ocasionando cambios climáticos devastadores en todas las regiones del mundo, una creciente consumismo y producción desmedida de desechos tóxicos, enfermedades y pandemias emergentes a raiz de una relación no saludable con la Tierra.  

Madre Tierra, relaciones para la vida

En 2009, bajo el liderazgo de Bolivia, se iniciaron negociaciones intergubernamentales sobre los principios de Armonía con la Naturaleza en la Asamblea General de Naciones Unidas. El mismo año, se estableció el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra.

A diferencia de las visiones y relaciones que se habían generado con la Tierra en la época colonial y más tarde moderna, los pueblos originarios tenían y mantienen una relación con la tierra como de Madre e hijas(os), de ahí la visión de Madre Tierra o Pachamama. Este vínculo familiar y maternal con nuestro entorno da como resultado una relación en la que prima el deseo profundo de bienestar real de la/el otra(o). No solamente de deseo de producir y ganar a costa de la Madre, sino el deseo de su bienestar porque su vida y la vida en general son importantes.

Con la modernidad, el sentido de la vida y el vínculo con la “Madre”, se ha transformado en mero utilitarismo. Debemos usar a la “Madre” como recursos para generar ganancias y mejorar nuestro estatus de vida. No en base a necesidades, sino a ambiciones de crecimiento y expansión desmedidas.

Esta forma de percibir y pensar a la Madre Tierra se ha convertido en parte de nosotras(os) como individuos modernos. Por ello, a pesar de los efectos negativos que observamos a diario en nuestros hábitos, no tomamos medidas drásticas para recuperar nuestro vínculo con la Madre Tierra. 

El calentamiento global continúa incrementándose y con él aumentan los incendios forestales de gran magnitud y los glaciares se derriten cada vez más rápido, provocando infinidad de consecuencias en los seres humanos. 

Por ello, este y todos los días deberían ser el día de la Madre Tierra para que de forma constante re-pensemos, re-construyamos y re-encontremos nuestro camino y el sentido de la vida con el objetivo de mantener la vida misma en todas sus formas. No debemos olvidar que somos parte de la Madre Tierra.

México, el renovado INE y un voto de confianza

Recientemente la Cámara de Diputados de México designó a cuatro nuevas consejerías del Instituto Nacional Electoral (INE), incluyendo a su Presidencia. La Constitución mexicana establece la renovación escalonada de quienes integran el Consejo General, con la intención de que los gobiernos y actores políticos de turno no influyan en la toma de decisiones del INE. Lo mismo sucede con la integración de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) con el objetivo de mantener la división de poderes.

A través de un proceso de selección, cuestionado por la integración del Comité Técnico de Evaluación, que además por mandato jurisdiccional debía garantizar la paridad de género, se definió que será una mujer quien presidirá- por nueve años-  al máximo Órgano de dirección del INE.

La polarización que se vive entorno a una posible reforma electoral que se encuentra en análisis por la SCJN y el abierto enfrentamiento entre el Titular del Poder Ejecutivo y el propio INE, específicamente en referencia al expresidente Lorenzo Córdova, dificultaba la generación de consensos entre las fuerzas políticas representadas en el Congreso.

Los intentos de acuerdo que le garantizaran al partido oficialista (Morena) imponer a una persona afin en la Presidencia del Consejo General y una consejería y a los partidos de oposición otras dos posiciones no llegaron a buen término.  Por ello, se optó utilizar el sistema de sorteo entre las personas que integraban las quinteta, algo establecido en la propia Constitución como último recurso.

La designación de los puestos a través de un sorteo genera algunas reflexiones. En primer lugar este método hace más transparente el procedimiento de elección ya que se elimina la discrecionalidad de la decisión de las cúpulas partidistas. Además, se elimina todo tipo de compromisos entre las personas designadas y los actores políticos. De esta manera, tanto la nueva Consejera Presidenta como las nuevas consejerías pueden asumir sus cargos, ganados por  sus propias capacidades y a la bondad de la suerte, libres de compromisos políticos. 

El procedimiento de designación, permitió que los mejores 20 perfiles llegaran a la fase final, donde se pudo destacar la capacidad y experiencia en la mayoría de los candidatos. De hecho, tres de las personas designadas cuentan con experiencia en el ejercicio del cargo en cuerpos colegiados. Y es que una de las principales necesidades en los órganos colegiados es la apertura y el carácter para la generación de consensos entre pares y en la necesaria y cuidadosa interlocución con los partidos políticos.

En México hemos estado acostumbrados a los acuerdos entre fuerzas políticas y el sistema democrático ha funcionado a partir de los equilibrios y las diferentes opiniones. Pero el sistema de insaculación le proporciona al INE una oportunidad para innovar y cuidar los procesos en donde se han dado fallas y en el pasado.

De las cuatro personas que llegan al Consejo General, dos cuentan con experiencia en órganos jurisdiccionales, la tercera se ha especializado en materia de género y elecciones por sistemas normativos indígenas (este último, tema que no se ha explorado en el INE) y la Consejera Presidenta ha presidido un organismo local electoral, lo cual le inyecta a la institución la necesaria visión local de los procesos comiciales.

Además, la llegada de una mujer al Consejo General y la composición paritaria del mismo sirven para equilibrar discursos y acciones en la materia, evaluar avances, insertar nuevas temáticas en la agenda y eventualmente, innovar en las tareas de educación cívica, tan necesaria en México y donde el INE requiere de alianzas estratégicas para incidir en la formación de ciudadanía. Otra temática importante que debería ser considerada es la de tecnificar los procesos electorales a través de la urna electrónica y el voto por internet, área en la cual el INE ha avanzado con dificultad.

Además, es importante sumar esfuerzos para que los procesos internos del INE puedan realizarse de manera más ágil lo cual le ahorarría costos a la institución. Es posible hacer más con menos, siempre y cuando no se vulneren los derechos de las personas y las obligaciones constitucionales del Órgano electoral. 

En esta nueva etapa, el INE ya ha mostrado solidez al no detener ninguna etapa de los procesos electorales locales en dos entidades federativas. Además, la visión de la Consejera Presidenta le ha llevado a mantener los perfiles valiosos que garanticen estabilidad a la institución. Ello demuestra que se vislumbran habilidades directivas para hacer frente a la  institución. 

Nadie cuenta con un cheque en blanco. Pero el nuevo INE sí cuenta con un voto de confianza para seguir su camino institucional y poder garantizar elecciones libres, periódicas, auténticas y en paz. La elección presidencial de 2024, con un padrón electoral que podría rozar las 100 millones de personas, será la prueba de fuego. El reto no es sencillo, pero hay una institución fuerte y con gran confianza ciudadana. 

Lanzamiento del Programa del SRI2023, el encuentro más grande del mundo en Investigación e Innovación en Sostenibilidad

Conoce el programa completo del evento transdisciplinario que reúne a los mayores expertos mundiales en sostenibilidad y cambio climático y que por primera vez se llevará a cabo en América Latina y el Caribe.

20 de abril de 2023 – Más de 1.500 personas, entre líderes mundiales en el campo de la investigación medioambiental y sobre sostenibilidad, expertos gubernamentales, representantes de la sociedad civil, emprendedores e innovadores, participarán del 26 al 30 de junio de 2023 en Ciudad de Panamá en la tercera edición del Congreso de Investigación e Innovación en Sostenibilidad (Sustainability Research & Innovation Congress – SRI2023, por sus siglas en inglés).

El evento, que será completamente híbrido (presencial y online) y bilingüe (en español e inglés), es organizado por el Belmont Forum y Future Earth, en colaboración con el Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI) y la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación de la República de Panamá (SENACYT).

Este evento anual mundial tiene tres objetivos principales: abordar el conocimiento sobre la sostenibilidad desde perspectivas distintas, es decir, de forma transdisciplinaria; constituir una plataforma para compartir ideas innovadoras e inspiradoras; y crear un espacio inclusivo para la acción y la colaboración entre los distintos actores sociales implicados. 

UN EVENTO TRANSDISCIPLINARIO

“El SRI nació de la necesidad de unir a las diferentes comunidades que son necesarias para hacer posible la sostenibilidad”, afirma la Dra. Erica Key, Directora de Future Earth US Global Hub. “Comprende no solo a los expertos científicos, sino también a los innovadores que están creando nuevos productos, nuevas aplicaciones, nuevos sistemas financieros, y los une con los tomadores de decisiones que formularán políticas y nuevas prácticas, y los artistas y comunicadores que lo traducirán en una realidad compartida”.

Presentación del Congreso SRI2023 en Panamá, 12 de abril de 2023. De izquierda a derecha, Dra. Veera Mitzner, Directora Asociada de Future Earth; Dra. Nicole Arbour, Directora Ejecutiva del Belmont Forum; Lic. Anabella Vásquez, jefa de la Oficina de Cooperación Internacional de la Senacyt; Dr. Eduardo Ortega Barría, secretario nacional de la Senacyt; Dr. Marcos Regis da Silva, director ejecutivo del IAI.

“Queremos que todos estos actores diferentes se reúnan en un mismo espacio”, agrega Key, “con un solo objetivo: un futuro sostenible para todos”.

También la Dr. Nicole Arbour, Directora Ejecutiva del Belmont Forum, subraya la importancia de la transdisciplinariedad para este evento y para abordar los desafíos a los que se enfrentan la humanidad y nuestro planeta.

“Gran parte de la sociedad y de la academia solo se comunican con personas que utilizan el mismo lenguaje y hablan de los mismos temas, como si vivieran en silos”, explica Arbour. “La transdisciplinariedad, en cambio, significa pensar el mundo como un solo sistema: se trata de grupos de personas diferentes que piensan de diferentes maneras para resolver un mismo problema. Esta es la manera adecuada de abordar el cambio climático global”.

“La investigación sobre cambio climático global es un tema muy complejo”, añade la Dr. Arbour. “Pero reuniendo a todas estas personas, esperamos crear un espacio en el que podamos fomentar este debate desde distintos puntos de vista para construir redes y confianza”.

“Cuando hablamos de cambio climático, no nos referimos solo a los cambios que afectan a los ecosistemas, a la destrucción de la biodiversidad o al aumento de las migraciones de las poblaciones. Estamos hablando de una interacción muy compleja de todos estos factores”, manifiesta el Dr. Marcos Regis da Silva, Director Ejecutivo del Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI)

“Por eso necesitamos una nueva visión de la ciencia, nuevas metodologías y también nuevas tecnologías, para que podamos entender la complejidad de estos desafíos y al mismo tiempo desarrollar soluciones basadas en el punto de vista de distintas disciplinas”.

“Una metodología transdisciplinaria”, añade Regis da Silva, “implica la participación de varias comunidades diferentes: locales, indígenas, científicas, pero también las comunidades de tomadores de decisiones y de los políticos. Nosotros podemos ofrecer este evento como la oportunidad para una mayor colaboración entre estas comunidades diversas, para lograr una cooperación más efectiva”.

LA IMPORTANCIA DE CELEBRAR EL SRI2023 EN PANAMÁ

Después de su primera edición (2021) en Brisbane, Australia, y de la segunda (2022) en Pretoria, Sudáfrica, el Congreso SRI se realizará por primera vez en América Latina y el Caribe, una región profundamente afectada por las consecuencias del cambio climático.

Panamá cuenta con un número relevante de centros de investigación científica, de organismos intergubernamentales, globales y regionales, y en los últimos años se ha posicionado entre los países más innovadores en el ámbito de la economía verde y la economía azul. 

Además, por su posición geográfica, Panamá ha sido históricamente un cruce de culturas y continentes y actualmente, además de ser un hub logístico y de transporte marítimo global, se está posicionando como un polo de atracción de primer nivel para la búsqueda de soluciones a problemas regionales y globales a través de múltiples actores. 

“Estamos muy ilusionados con que este año el SRI se celebre en Panamá”, afirma el Dr. Eduardo Ortega Barría, Secretario Nacional de SENACYT. “Es importante traer este tipo de eventos a América Latina y el Caribe, una región que tiene muchas necesidades en tema de sostenibilidad y que requiere un cambio de respuesta a sus problemas. Panamá se va a convertir en un espacio propicio para abordar los retos de nuestra región y proponer acciones basadas en la ciencia para avanzar en la solución de estos retos”.

El Dr. Marcos Regis da Silva, Director Ejecutivo del Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI), identifica cuatro razones principales por las que es muy importante que este evento se celebre en Panamá. La primera es que América Central será la región del mundo más afectada por el cambio climático y por la desaparición de biodiversidad

La segunda, según el Dr. Regis da Silva, es “la excelente comunidad científica” que se ha ido desarrollando en LAC, aun a falta de recursos económicos. “Hay centros de investigación en Argentina, en Brasil y en otros países que están a un nivel mundial muy alto. Sin embargo,”, sigue el Dr. Regis da Silva, “carecemos de un marco para facilitar y promover nuevas metodologías científicas. Este evento, precisamente, es una gran oportunidad para crear nuevas colaboraciones entre científicos americanos y representantes de distintos sectores de la comunidad global”. 

Y, finalmente, el tercer motivo será la posibilidad para América Latina de desarrollar un tipo de proyectos científicos que podrían ayudar a los exponentes políticos a tomar mejores decisiones. 

“Este evento fortalecerá las redes de colaboración regional, generará alianzas estratégicas y generará sinergias que impactarán positivamente a todos los países de América Latina y el Caribe”, añade el Dr. Eduardo Ortega Barría.

SRI2023: UN PROGRAMA AMBICIOSO Y LLENO DE INICIATIVAS

El programa del Congreso girará alrededor de 4 temas principales:

1) Cambiar el Rumbo del Cambio Climático: Acción Colaborativa para la Transformación Institucional, en el que se explorarán nuevos caminos hacia cambios informados y justos en sistemas críticos como los modelos de gobernanza, financieros, legales, impositivos, energéticos y de producción, transporte, investigación, educación y valores.

2) Comunidades Saludables e Inclusivas, en el que el SRI2023 explorará diversas formas de mejorar la salud y el bienestar en todo el mundo.

3) Una Mente Planetaria Pacífica, en el que se buscará respuesta al desafío de cómo lograr una solidaridad global y aceptar la administración conjunta del planeta Tierra.

4) América Latina y el Caribe, Ciencia e Innovación para la Sostenibilidad, para mostrar la riqueza de la ciencia y la innovación en sostenibilidad de LAC. Desde soluciones locales exitosas hasta investigación académica avanzada, la región tiene una gran cantidad de conocimientos e innovación para ofrecer al resto del mundo. Además, el SRI2023 espera fortalecer el diálogo y las redes regionales al ofrecer una plataforma inclusiva para una mayor visibilidad y colaboración. Entre los enfoques que se abordarán están: Estrategias de cogestión de la biodiversidad/agua; Prácticas agrícolas y mineras sostenibles; Turismo sostenible en regiones vulnerables; La diáspora latinoamericana y caribeña como recurso para la transformación innovadora.

Además de las conferencias y encuentros, el 28 de junio será el día del Idea Market, una oportunidad para que estudiantes, jóvenes profesionales e innovadores muestren sus investigaciones, avances, conceptos, diseños, prototipos y productos de sostenibilidad con la audiencia global del SRI y un panel de expertos.

El mismo día el Congreso abrirá sus puertas a la audiencia local y ofrecerá a los participantes la oportunidad de interactuar con las partes interesadas en el lugar. La Jornada de Puertas Abiertas se organiza en colaboración con la Universidad Tecnológica de Panamá y el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Se trata de una oportunidad única para grupos y organizaciones de la sociedad civil, empresas e instituciones educativas de mostrar su trabajo a la audiencia global del SRI2023 de profesionales de la sostenibilidad reunidos en Panamá.

Sigue las noticias del evento también en las redes sociales del SRI: 

Twitter, Instagram, Facebook, YouTube, LinkedIn

SENACYT: La Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) de Panamá es una institución cuya misión es convertir la ciencia y la tecnología en herramientas para el desarrollo sostenible de Panamá. Sus proyectos y programas están enfocados a potenciar el desarrollo científico y tecnológico del país centroamericano y cerrar la brecha de la desigualdad y fomentar un desarrollo equitativo que mejore la calidad de vida de los panameños.

Inter-American Institute for Global Change Research (IAI): El IAI es una organización intergubernamental financiada por 19 países de las Américas, dedicada a perseguir los principios de excelencia científica, cooperación internacional y el intercambio completo y abierto de información científica para aumentar la comprensión de los cambios globales (cambios a escala planetaria en el sistema terrestre) y sus implicaciones socioeconómicas.

Future Earth: Future Earth es una red global de científicos, investigadores e innovadores que colaboran para un planeta más sostenible. Su misión es promover la investigación en apoyo de las transformaciones hacia la sostenibilidad global. Su visión es la de un mundo sostenible y equitativo para todos, donde las decisiones sociales estén informadas por conocimientos compartidos y de libre acceso.

The Belmont Forum: The Belmont Forum es una asociación internacional que moviliza fondos para la investigación sobre cambio climático y medioambiental y acelera su entrega para eliminar las barreras críticas para la sostenibilidad. Establecido en 2009, el Belmont Forum es una asociación de organizaciones de financiación, consejos científicos internacionales y consorcios regionales comprometidos con el avance de la ciencia transdisciplinaria.