Las elecciones presidenciales de 2023 en América Latina

La política latinoamericana incluye un número crecientemente variado de procesos electorales, desde primarias y referendos, hasta comicios legislativos e incluso para elegir a los máximos órganos judiciales. Sin embargo, las elecciones presidenciales permanecen como el momento cumbre para la ciudadanía, los partidos, los medios, así como en el interés de la comunidad internacional.

En 2023 están programadas tres elecciones presidenciales: en Paraguay (abril), Guatemala (junio) y Argentina (octubre). A esas, previstas en los calendarios constitucionales correspondientes, podría sumarse el adelanto de la cita presidencial en tres países andinos. En efecto, con distintos grados de probabilidad, podrían acudir a las urnas, Perú, como un intento de salida de la precaria gobernabilidad; Ecuador, si prosperan la destitución del presidente y la disolución del Congreso; incluso Venezuela, como nuevo episodio en el tire y afloje entre el régimen y la oposición. La sola consideración de esos escenarios ratifica la turbulencia que atraviesa la política regional.

Sean tres o más, las presidenciales se desarrollarán en el “ciclo de la pandemia”, abierto en 2020 y signado por la convergencia de crisis, sociopolítica, económica, sanitaria, derivadas de la pandemia de coronavirus y que han acentuado el malestar ciudadano con las instituciones y las autoridades.

En el ámbito electoral, esta fase se caracteríza por una participación disminuida; las dificultades del oficialismo para conservar el poder y el buen viento para la oposición, sea tradicional o encarnado por un outsider. Además, estas elecciones se han caracterizado por el auge de una retórica defensiva de valores morales tradicionales y el crecimiento de las redes sociales como cancha de la política y las campañas. Lo más probable es la continuidad de esas tendencias, aunque, en cada país, se conjuguen de manera distinta y puedan producirse excepciones.

El escenario más definido se halla en Paraguay, tierra de uno de los últimos bipartidismos históricos que subsisten en América Latina. En una contienda que se anuncia ajustada, tal como ocurrió hace un lustro, rivalizarán Santiago Peña, del oficialista Partido Colorado, ganador de seis de las siete elecciones desde el retorno a la democracia, y Efraín Alegre, líder de la Concertación, coalición que reúne organizaciones de derecha e izquierda, articulada alrededor del Partido Liberal. Su enfrentamiento se anticipaba desde hace casi un año y se ratificó tras las primarias respectivas. El margen de sorpresa de terceras candidaturas parece reducido. Está en juego la permanencia colorada en el gobierno o su segunda salida del poder en más de tres décadas. 

En una ola poco propicia para los oficialismos, el Partido Colorado tiene bazas por jugar, incluyendo una estructura con alta capacidad de movilización territorial, recursos y lealtad con los colores de la organización. Peña confía en que su pertenencia al ala opositora del partido le permita retener a los insatisfechos con la promesa de la alternancia dentro del mismo espectro. Al frente, Alegre procura canalizar la insatisfacción con el funcionamiento de la democracia y el Estado, agravada por la percepción de una extendida corrupción, con la promesa de la alternancia. Empero, la campaña giró menos alrededor del debate de políticas públicas que de las sanciones de Estados Unidos contra el expresidente y jefe del Partido Colorado Horacio Cartes, así como a otros dirigentes de ese partido, por “corrupción significativa”.

En Guatemala, hay menos certezas. En uno de los sistemas políticos más volátiles y fragmentados del mundo, ningún partido ha conseguido reelegirse, ni siquiera regresar al poder: todos y cada uno de los partidos gobernantes han sido distintos. El deterioro democrático, con cierres para la libertad de expresión y reducción de la independencia judicial forma el telón de fondo. Las chances del oficialismo parecen exiguas.

Por ahora, despuntan en las encuestas dos mujeres con trayectoria política. Zuri Ríos, hija de un presidente militar, y la exprimera dama Sandra Torres, más progresista. Ellas y los otros aspirantes todavía deben completar la validación de la candidatura, una etapa que ha probado no ser un mero formalismo, como ilustró la inhabilitación de Thelma Cabrera, una voz crítica contra el statu quo y próxima a los movimientos indígenas. La valla a su postulación ha desteñido las credenciales de los comicios. Como ha ocurrido invariablemente desde la instauración democrática, todo apunta a una resolución en segunda vuelta.  

De las tres elecciones, la de Argentina se celebra con el padrón más grande. Pese a ser una de las principales economías regionales, arrastra una inflación y devaluación altas y endémicas, que lastran el crecimiento, generan frustración, obligan a continuas y contrapuestas negociaciones con los organismos internacionales y los sectores de trabajadores.

Numerosas incógnitas persisten en la ecuación electoral. Si Paraguay y Guatemala prohíben la reelección, Argentina la autoriza, pero las opciones de Alberto Fernández, si decidiera presentarse, parecen modestas. Esto no significa que el oficialismo esté descartado de la lucha pues la abigarrada galaxia del peronismo posee la habilidad de promover una candidatura que reivindique el balance gubernamental -si se concretan evoluciones positivas, cada vez más improbables- como otra que enfatice las críticas -en la situación opuesta-.

La oposición liberal tendrá que conciliar sus propias disputas, cuyo tono se endurece, en tanto que la que surge en las fronteras del sistema político, con un mensaje frontal, aguarda recolectar los frutos del hastío. Todavía reina el suspenso sobre quiénes figurarán en las boletas. De a poco, se destapan los candidatos que deberán pasar por el tamiz de unas primarias con gusto de presidencial anticipada por su carácter simultáneo para los partidos y obligatorio para la ciudadanía.       

La política latinoamericana continuará rediseñándose a partir de los resultados de estas presidenciales, pero seguirá bajo el tenso signo de la incertidumbre de gobiernos entrantes a los cuales las sociedades les dan créditos de corto plazo y condiciones severas.

Putin y los cuatro latinos

Vladimir Putin tiene en América Latina cuatro aliados fundamentales, pero las relaciones de Rusia con Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, no están basadas, como se suele creer, en “lo ideológico”, sino en cuestiones económicas. No hay afinidad ideológica entre estos cuatro países y Putin. Lo que hay son intereses económicos y objetivos geopolíticos comunes, especialmente en sus posiciones frente a Estados Unidos.

En ciertos ámbitos periodísticos latinoamericanos se califica a Putin y su gobierno de izquierdista. Nada más ajeno a la verdad. El presidente ruso es un nacionalista y conservador que añora el poderío de la extinta Unión Soviética. No añora el comunismo ni el socialismo, sino el poder que la URSS ostentaba. Desde que es presidente, incluyendo el período en el cual colocó a Medvedev en su nombre, su objetivo ha sido siempre transformar a la Madre Patria rusa en la primera potencia mundial.

Desde los socios latinoamericanos…

Quienes sí siguen siendo fieles custodios de la ideología que los llevó al poder, aun con contradicciones, que, en definitiva, suelen ser la esencia de todo proceso político revolucionario, son los gobiernos de Bolivia y Cuba.

Por su parte, en Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega no conserva ni una pizca de los viejos ideales del sandinismo. Este gobierno, que en los úlimos años se ha centrado en encarcelar a los antiguos compañeros de armas y a cualquiera que se le oponga, mal puede considerarse heredero político-ideológico de quienes concretaron la revolución en los años 80.

En Venezuela, en tanto, el chavismo murió incluso antes del fallecimiento de su líder y creador. De aquello, hoy sólo queda una administración que sobrevive gracias a que sus enemigos son más incoherentes y tan corruptos como ellos. A Maduro y su régimen sólo le queda un discurso incoherente, luego de haber sepultado el Socialismo del Siglo XXI sin el más mínimo decoro. 

Por lo tanto, no podemos decir que exista afinidad ideológica entre estos cuatro países latinoamericanos y el gobierno de Putin. Pero, entonces, ¿por qué estos países apoyan decididamente a Rusia en el conflicto con Ucrania?

Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia priorizan, ante todo, su posición ante el enemigo común. Y queda claro que Estados Unidos está a la cabeza. Su historia intervencionista sigue pesando para estos gobernantes, por lo cual, ahí sí, terminan por coincidir en el apoyo a Putin.

Además, estos países latinoamericanos consideran a Rusia y China como aliados que podrían permitirles evadir las políticas estadounidenses de control económico y político. Ambos gigantes han desarrollado una política de alianzas, generalmente económico-financieras, que les han permitido consolidarse en los países de la región. Por ello, el apoyo político a las acciones rusas en Ucrania, se relaciona más con los intereses económicos y las necesidades financieras, que con afinidades supuestamente ideológicas.

Las relaciones con Rusia

Venezuela recibe apoyo económico de Rusia, pero, sobre todo, cuenta con un Putin que, explícitamente, ha manifestado su disposición a brindar ayuda militar, algo que Maduro y los suyos ven con muy buenos ojos, para mantener a Estados Unidos a raya.

Con respecto a Nicaragua, el régimen de Ortega está entrampado en el cerco estadounidense, que, sin embargo, no ha hecho ningún esfuerzo por quitar del medio al matrimonio Ortega-Murillo, quizás para evitar una nueva oleada migrante. Por lo pronto, para no irritar más a la Casa Blanca, hace poco más de un año Daniel Ortega le negó asilo al hondureño Juan Orlando Hernández. Y es que no es lo mismo dar refugio a un ex presidente acusado por corrupción, que a un ex mandatario catalogado como narcotraficante por Washington.

Sin embargo, la ayuda rusa le viene muy bien al matrimonio Ortega-Murillo, tanto en lo económico-financiero como en lo político. Rusia tiene variadas inversiones en Nicaragua que son verdaderas tablas de salvación para el régimen. De hecho, la única embajada rusa en Centroamérica está en Managua. 

En cuanto a Cuba, es sabido que hace un culto del secreto. No es fácil saber a ciencia cierta qué inversiones tiene Rusia en la isla, pero que son muchas y variadas nadie lo duda. Es que, para Rusia, el régimen cubano, ubicado a tan solo 90 millas de las costas de Florida, es una carta de presión importante, tal como lo fuera para la URSS durante la guerra fría.

Por último, si bien el gobierno boliviano no tiene afinidad ideológica con la Rusia de Putin, su alianza con Moscú le ha traido ventajas en el campo económico-financiero, pero, especialmente, en el campo de las relaciones internacionales, donde Rusia se ha mostrado solidario con las demandas bolivianas.

Como conclusión, podemos ver que no hay una identificación ideológica entre estos cuatro países y Putin. Lo que sí hay es una concordancia política que los une sin dubitaciones.

La enfermedad de Chagas de la política brasileña

Los cuatro años de gobierno de Jair Bolsonaro dieron la falsa impresión (a buena parte de la opinión pública nacional e internacional) de que los males de Brasil se debían a su gestión y que su elección solo fue posible, gracias a la operación Lava Jato que «criminalizó la política». Nada más lejos de la realidad.

Se tiene que reconocer que la «criminalización de la política» es un viejo tema en nuestro país y no comenzó con la operación Lava Jato. La participación política fuera del marco de las élites gobernantes nunca formó parte de nuestra vida cotidiana en Brasil como nación. Basta ver cómo, desde la independencia del país hasta 1964, la aparición de nuevos actores condujo a menudo a revoluciones y contrarrevoluciones, debido a la fragilidad de los canales de participación política.

Aunque, finalmente, en 1930 abrimos espacios para el protagonismo institucional de trabajadores y mujeres, el proceso de acomodación de los nuevos protagonistas se vio interrumpido por experiencias autoritarias —Estado Novo (1937-1945) y régimen militar (1964-1985)— que refundaron el sistema político en sentido contrario y reformaron la Constitución de tal manera que la democratización solo se alcanzó en 1985. 

El régimen de amplia libertad y participación política surgió sin la consolidación previa de un sistema de competición política que hubiera educado a los ciudadanos para las disputas en la arena pública (cultura cívica), y sin el establecimiento de cauces virtuosos de participación accesibles a todos, por no hablar del marco legal cercenado por intereses coyunturales. Así, los nuevos protagonistas, muchos de ellos emigrantes del interior del país, engrosaron las periferias de las ciudades (metropolización) sin transformar la cultura del amiguismo con los detentadores del poder, la cual es oriunda de las zonas rurales (coronelismo).

El resultado de esa «ruralización de las ciudades» no pudo ser bueno. No obstante, sus implicaciones negativas para el proceso de democratización fueron ignoradas por el «optimismo de la voluntad» en nombre de la lucha por la redemocratización (1970-1980) y, por supuesto, por lo que implicaba como perspectiva de poder. La negativa a afrontar el asunto dura hasta hoy y las señales del problema se han vuelto ineludibles.

El “chaguismo” es un marcador importante para entender este fenómeno, ya que fue una especie de avant première de la peculiar forma de funcionamiento de la democracia brasileña, que se consolidaría posteriormente en el seno del PMDB (el principal partido de la transición democrática) luego de la implementación del Plan Cruzado (1986), cuando este partido eligió a 22 de los 23 gobernadores, a 38 de los 49 senadores en liza, y obtuvo la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados Federal con 260 diputados, cifras nunca igualadas por ningún otro partido.

Antonio Chagas Freitas fue un periodista y político que dominó, con un marcado estilo clientelista, la política del estado de Río de Janeiro entre 1970 y 1982, y llegó a ser gobernador de esta relevante entidad. Chagas Freitas consolidó su poder local en la antigua capital del país, pero sin oponerse efectivamente al régimen militar, y basó su acción política en el uso contundente de la máquina pública como máquina electoral y redujo el partido a un mero instrumento para la práctica de una política de favores. A pesar de la corta duración de su poder (12 años), sus prácticas se extendieron al PMDB y a los nuevos partidos surgidos después de 1979. El único que se distinguió en este panorama fue el Partido de los Trabajadores (PT).

El PT creció no solo favoreciendo el compromiso militante, sino también oponiéndose explícitamente a las prácticas “chaguistas” mediante la bandera de la «ética en la política», atrayendo votos de desafectos del PMDB, al tiempo que catalogaba al PSDB (partido que surgió de una división dentro del PMDB por disentir de su estilo “chaguista” de hacer política) como el «nuevo envoltorio del viejo sistema político» en descrédito.

Sin embargo, una vez en el poder (2002), el PT no tardó en darse cuenta de que la «ética en la política» tenía un alcance limitado en la opinión pública. De ser un poderoso trampolín para la conquista del poder, esta bandera pasaría a ser vista como un factor limitante para el pleno ejercicio del poder, lo que llevó a su sustitución por las banderas inclusivas del identitarismo y la lucha contra el hambre y la pobreza.

La nueva fórmula fue el éxito conocido hasta que la población comenzó a sentir el peso de la factura por pagar, debido al pacto de inclusión que fue puesto en práctica por un Estado despilfarrador e ineficiente. Sin una economía capaz de sostener los ingresos de los grupos de nivel superior, el repliegue a los servicios estatales en sectores delicados como la educación básica, la salud y la seguridad, también reveló a los nuevos sectores emergentes otro aspecto de la naturaleza del modelo de inclusión petista: igualar a la sociedad mediante la ampliación de la oferta de servicios públicos, pero sin mejorar la calidad. Pronto esta conciencia explotaría en las calles (2013), llevaría a la caída del PT (2016) y abriría espacio para una oposición de derecha radical en las elecciones de 2018.

El fracaso de Bolsonaro y el regreso de Luiz Inácio Lula da Silva al poder nos lleva inevitablemente a la pregunta: ¿seremos capaces de superar los tremendos desafíos que tenemos por delante con el sistema político empantanado en el limbo “chaguista”, que fue instalado en el corazón de los poderes centrales?

Brasil ignora a sus emigrantes mientras las remesas alcanzan su máximo histórico

Coautor Otávio Ávila

Por quinto año consecutivo Brasil batió el récord de remesas provenientes del exterior por concepto de transferencias personales. La cifra de R$ 4,7 billones calculada por el Banco Central (BC) en 2022 representó un aumento de 22,5% en relación al año anterior (R$ 3,8 billones), que ya había establecido un nuevo record para la serie histórica, iniciada en 1995. El año pasado, los mayores valores fueron enviados por Estados Unidos (R$ 2,23 mil millones); Reino Unido (R$ 462 millones); y Portugal (R$ 375 millones).

El Banco Central también calculó el monto de remesas personales de flujo inverso a estos ingresos. En 2022, se enviaron R$ 2,1 mil millones desde Brasil al exterior, especialmente a Estados Unidos (R$ 435 millones), Portugal (R$ 375 millones) y Canadá (R$ 136 millones). En ambos escenarios, Estados Unidos y Portugal aparecen entre los tres primeros países del ranking en transacciones financieras con Brasil, registrando este último «saldo cero» (exactamente la misma cantidad) en los intercambios establecidos entre residentes de territorios brasileños y portugueses.

Si nos detenemos a pensar, vemos que, especialmente en el caso de las remesas personales de países extranjeros a Brasil, el monto récord de R$ 4,7 mil millones en 2022 equivale al 0,47% del Producto Interno Bruto (PIB) registrado en el país en el mismo año (de R$ 9,9 billones). Es un crecimiento que involucra, incluso, datos de América Latina y el Caribe.

Un informe del centro de análisis Diálogo Interamericano apunta a un aumento del 26% en el valor de las remesas personales de extranjeros enviadas al continente, que superaron los 134.400 millones de dólares en 2021 en comparación con el año anterior. La cifra representa el 5% del PIB de toda la región y más del 20% del de muchos países más pequeños, según el estudio.

Volviendo a Brasil, vale la pena recordar, como informó ampliamente la prensa no hace mucho, que, en términos de población, la cantidad estimada de brasileños que viven en otros países aumentó de 4,2 millones en 2020 a 4,4 millones en 2021, un máximo registrado incluso durante el período de la pandemia, responsable del cierre de las fronteras internacionales. En comparación con los estados brasileños, esto significa que el número es equivalente a la población de Espírito Santo (4,1 millones) o Paraíba (4 millones), según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), ya con base en los datos del Censo de 2020.

Evidentemente, hay numerosos aspectos relacionados con estos números Desde la desaceleración económica de los últimos tiempos y las inestabilidades políticas en Brasil, hasta factores transnacionales, como políticas migratorias internacionales cada vez más rígidas, o lazos históricos y culturales, siempre muy relevantes cuando el tema es la salida de brasileños no sólo para Portugal, como se imagina inicialmente, sino también para Estados Unidos y Japón, países que ya cuentan con nuevas generaciones de brasileños compuestas por hijos y/o nietos de los primeros emigrantes. A esto se suma la pandemia del Covid-19 que ha alterado los flujos humanos y financieros del planeta.

Sin embargo, lo que más llama la atención es el desprecio del Estado brasileño por estas cifras. En términos de cifras o datos demográficos, podríamos estar ante un estado virtual, el 28º, más allá de las 26 unidades de la federación, más el Distrito Federal. Organizado a partir de políticas públicas que no sólo reconocen la importancia de estas personas, sino que también consideran el impacto potencial de esta diáspora en el desarrollo sostenible de Brasil. No sólo las remesas financieras que los brasileños envían desde el exterior para apoyar a familiares o inversiones aquí en Brasil – que, sin duda, mueven la economía – que son importantes, pero hay aspectos de la educación, el trabajo, la innovación tecnológica, así como la transformación social, las interculturalidades y la imagen de Brasil en el exterior que necesitan ser enfrentados con atención, profesionalismo y acción.

Por supuesto, la Ley de Migración de 2017 (nº 13.445) – que, de forma inédita, trae principios y directrices a ser observados por el Estado brasileño hacia sus nacionales residentes en otros países – y el reciente retorno de Brasil al Pacto Mundial para la Migración de la ONU – que trabaja por procesos de desplazamiento seguros, ordenados y regulares – no dejan de representar avances. Pero insuficientes. Para tener una idea, ni siquiera el cálculo del número de brasileños presentes en otros países es exacto – siempre hemos trabajado con estimaciones del MRE, basadas en el servicio prestado por la rígida estructura consular. 

Invertir en la formulación, implementación, desarrollo y mantenimiento de políticas públicas de carácter transnacional que sean de Estado (y no de gobierno) y que consideren las interacciones socio-estatales – se reconoce el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil para los brasileños en el exterior, altamente cualificadas desde el punto de vista técnico-jurídico, asistencial y cultural – parece ser la única forma no sólo de incluir a estas personas en Brasil y combatir problemas como el tráfico de personas, la deportación de personas en situación irregular, la fuga de cerebros, entre otros. Sino, para la garantía del derecho humano a migrar y la comprensión de que los procesos migratorios no son anomalías o rupturas sociales; al contrario, pueden significar transformación y renovación social.

Otávio Ávila es Doctor en Comunicación y Cultura por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Investigador asistente en el proyecto de la plataforma de datos Brazilians Abroad.

Junk-fluencers: la estrategia depredadora de la publicidad digital 

Actualmente, las poderosas empresas multinacionales productoras de Alimentos Ultra Procesados (AUP), han encontrado un campo completamente fértil para seguir anunciando sus productos en las redes sociodigitales al margen, inclusive, de las leyes en países donde hay legislación como en México. Recientemente, la organización protectora del consumidor mexicana Tec-Check A.C. señaló que las principales productoras de AUP operan libremente en la red, a falta de un marco legal claro para su publicidad digital.

UNICEF, El Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud (OMS) estiman que uno de cada tres niños y adolescentes entre cinco y 19 años de la Región de las Américas, la de mayor incidencia de las comprendidas por este organismo, padece de sobrepeso u obesidad. En el caso de adultos es más grave, 62.5% de los adultos.

Estos productos identificados por la OMS y la PAHO como los principales causantes de la pandemia global de sobrepeso y obesidad o globesidad, tienen fuertes restricciones en medios tradicionales. Estos productos no pueden ser anunciados a menores de edad, no pueden hacer uso de mascotas o personalidades en sus empaques, deben contener sellos de advertencia por excesos de ingredientes nocivos como grasas, cafeína, endulcorantes, azúcar y sodio y no pueden ser recomendados ni utilizar niños o adolescentes en su comunicación, entre otras cosas.

No obstante, en su publicidad digital en redes como Youtube, Instagram o TikTok pareciera existir un vacío legal, ya que ninguna de estas se observa en su comunicación comercial que está dirigida abiertamente a niños y adolescentes. Además, la figura del influencer se ha perfilado como la más creíble, especialmente entre sus pares, ya que, por sus características antropológicas, tienden a ser percibidos como uno más, entre las audiencias más desprotegidas; niños y adolescentes.

Esta figura ha resultado muy eficiente para las marcas de AUP pero especialmente peligrosa para niños y adolescentes. Con estrategias de producto integrado, que difícilmente pueden ser identificadas como publicidad, influencers pares, de niños y adolescentes, usan y recomiendan abiertamente bebidas azucaradas, botanas dulces y saladas con argumentos de venta que no tendrían cabida en ningún medio tradicional sin hacerse acreedores a una potente sanción.

Aunado a esto, en un entorno de economía de la atención como la ha denominado Yves Citton, las marcas de AUP compiten por las miradas con propuestas cada vez más atractivas distribuidas en una multiplicidad de pantallas. Aquí es donde el junk-fluencer o chatarra influencer tiene su ambiente ideal.

Los influencers pares tiene un especial encanto entre las audiencias, ya que no se presentan como autoridad, tutor o preceptor, sino como una figura confiable que tiene las mismas características (en apariencia) que el usuario que recibe sus mensajes. Por ejemplo, la campaña de Cereal Ultra Procesado (CUP) de arroz inflado, de sabor chocolate, más reconocido en México se desarrolló a través de una popular influencer adolescente en TikTok. Ella compuso una canción dedicada al producto con un resultado de más de 5.5 millones de interacciones y compartida, al menos por una docena de influencers pares.

Es así como niños y adolescentes se enganchan y adentran con un efecto tirafondos en contenidos cada vez más comerciales en un contexto de contenido y narrativa donde los AUP no son estrellas, pero sí acompañantes confiables recomendados por personajes muy atractivos que fungen como modelo y par.

Motivar con engaños a niños y adolescentes a satisfacer necesidades adultas, es por definición, depredador.

¿Cuál es la responsabilidad de los tomadores de decisiones políticos, que a pesar de la existencia de las leyes no la ejercen? ¿Cuándo antepondrán las organizaciones productoras de AUP la salud de sus consumidores a sus ganancias? ¿Qué papel juegan los adultos y tutores de estos menores al minimizar o ignorar el etiquetado frontal?

Todo esto sucede en México, a pesar de ser un país que tiene leyes que han servido de ejemplo para otros países como la NOM-051 de etiquetado frontal para alimentos y bebidas, la prohibición en el Estado de Oaxaca para vender AUP a menores de edad o las restricciones a la publicidad de estos productos en horarios considerados como infantiles en medio masivos.

Ahora solo falta aplicar estas leyes a las plataformas digitales. No es asunto menor.

El dilema de la plurinacionalidad en Bolivia y América Latina

Las ideas y el discurso son sumamente importantes en política. En algunos casos explican una realidad preexistente; por ello, es necesario que la expliquen bien. En otros casos, las ideas y el discurso preexisten a la realidad y la crean, por lo que es conveniente que produzcan realidades beneficiosas para el interés general. Pero las ideas y los discursos llevados a ciertos extremos son peligrosos, pues tienden a chocar con la realidad, casi siempre más elástica y heterogénea que los rígidos moldes ideológicos a los que se la intenta someter. Y el peligro es aún mayor cuando, frente a ese choque, quienes luchan por el poder procuran imponer la ideología por encima de la realidad. Si la imposición de una ideología de envergadura es un fenómeno conflictivo, ni que decir cuando se trata de una ideología malnutrida.

El carácter plurinacional de Bolivia es una creación ideológica. Atención: no es ni más ni menos que la unidad de la nación boliviana. Dicho en términos posmodernos, ambas son construcciones sociales. Salvo que un análisis de sangre de los habitantes de Bolivia detecte genes diferentes a los del resto de la humanidad, habrá que aceptar que su nacionalidad (sea uni- o pluri-) es una categoría con fronteras arbitrarias, trazadas por la mente humana. Se trata de fronteras que pueden cambiar y, de hecho, lo hacen con frecuencia.

Hasta aquí no hay nada distinto de lo que ocurre en el resto del mundo. Las diferencias comienzan cuando vemos que se trata de una ideología plurinacional mesiánica y llena de lagunas. Mesiánica porque se espera de ella la felicidad, como si de la llegada del mesías se tratara. Mejor dicho, ciertos líderes políticos y sociales le han prometido al pueblo que la plurinacionalidad sería la panacea universal. Por ello, se pone en todos los sitios como un amuleto. Basta revisar la Constitución boliviana de 2009 para encontrarse con Estado Plurinacional, Gobierno plurinacional, Asamblea Legislativa Plurinacional, Tribunal Constitucional Plurinacional, Órgano Electoral Plurinacional, identidades plurinacionales, diversidad plurinacional, conciencia plurinacional del pueblo, carácter plurinacional del gabinete ministerial… Como el rey Midas, la plurinacionalidad convierte en oro todo lo que toca.

Por otro lado, está llena de lagunas porque la teoría boliviana de la plurinacionalidad, desde que apareció a comienzos de los años 80′ hasta ahora, no ha conseguido superar ciertas contradicciones ni ha establecido una serie de bases sólidas, de definiciones de primer orden. Sin ir más lejos, no ha explicado qué diferencia hay entre una nación, una nacionalidad, una etnia y un pueblo. No ha explicado por qué unas comunidades pertenecerían a determinada categoría, y otras colectividades, a otra. Y esto no es una cuestión menor: su estatus de nación es lo que (supuestamente) les concedería el derecho a la autodeterminación. Es decir, que tendría consecuencias jurídicas y políticas relevantes.

En realidad, en este punto los defensores de la plurinacionalidad boliviana caen en el mismo error que los independentistas catalanes: se empeñan en justificar que sus comunidades constituyen una nación y que esa naturaleza les confiere el derecho a la autodeterminación. Sin embargo, la Carta de las Naciones Unidas no habla de autodeterminación de las naciones, sino de los pueblos. Con esto, quizá les convendría empeñarse en otros fines más provechosos y abandonar el mantra de la nación, tan biensonante como inútil.

El 29 de marzo pasado, el Gobierno boliviano aprobó el decreto supremo N.° 4900 “que aprueba el Manual de Uso de la Marca Conmemorativa del Bicentenario del Estado Plurinacional de Bolivia”. Insiste, así, en un uso que venía de la ley N.º 1347, de 2020: Ley del Bicentenario del Estado Plurinacional de Bolivia. ¿Bicentenario del Estado Plurinacional? ¿No fue establecido en 2009?

Se podría pensar que a los redactores de estos textos se les ha ido de las manos el entusiasmo por plurinacionalizarlo todo. No obstante, aquí es donde entran en juego las contradicciones propias de toda ideología y los choques con la realidad. Primero, el cuerpo encargado de organizar los festejos se denomina Consejo Nacional y las directrices que ha de seguir constituyen un Plan Estratégico Nacional. Repentinamente, la plurinacionalidad desaparece, sin saberse muy bien por qué el Consejo y el Plan no son plurinacionales.

Segundo, los festejos de un bicentenario ofrecen un escenario al que muy difícilmente esté dispuesto a renunciar gobernante alguno. Ni siquiera si, como en el caso de Bolivia, implica celebrar el nacimiento de una república de corte europeo, que en numerosos aspectos adoptó el modelo institucional de Estados Unidos, bestia negra del antimperialismo plurinacional. (Es interesante preguntarse, por ejemplo, por qué hoy la Bolivia plurinacional sigue teniendo un presidente y un vicepresidente: no son instituciones copiadas del institucionalismo aymara, precisamente).

Este festejo implica celebrar el nacimiento de una república cuyo nombre fue borrado por la Constitución plurinacional de 2009, porque “república” connotaba la opresión de los pueblos originarios. República era opresión, Estado plurinacional es dignidad. Pero el Estado plurinacional tiene apenas 14 años, mientras que la república está a punto de cumplir 200. Indudablemente, 200 tiene más grandeur que 14. A montar los fastos del bicentenario, pues, y que nos quiten lo festejado.

El rey Midas también convertía en oro el alimento que intentaba llevarse a la boca. Muerto de hambre y de sed, rogó ayuda a Dionisos, que le había conferido tal poder.

En 2022, Chile rechazó abrumadoramente la propuesta de la Constituyente. Uno de los motivos fundamentales fue la plurinacionalidad que introducía el texto. Ahora mismo, los redactores de una nueva Constitución se abocan a la tarea de salvar el asunto (pluri)nacional en su borrador. Mientras tanto, los diaguitas reclaman que Argentina se reconozca plurinacional. Al otro lado del mundo, Australia prepara un referéndum para introducir en la Constitución un órgano asesor que dé voz a las comunidades aborígenes. Nada de plurinacionalidad. No se trata de que la opción australiana sea mejor: lo relevante es que muestra que existen otras formas de abordar una reivindicación similar. La imitación de la plurinacionalidad es tentadora pero peligrosa: como toda imitación, anuncia cáusticos choques entre ideas, discurso y realidad.

Dionisos le indicó a Midas que se lavara en el río Pactolo. Al tocarlo, el río se llenó de pepitas de oro.

Innovaciones en el mercado financiero

La implementación de nuevas tecnologías y procesos garantiza la competitividad de las organizaciones y avanza con extrema rapidez. Esto es algo que viene ocurriendo desde hace algunos años, pero que se intensificó con la pandemia del Covid-19. Las tecnologías financieras, que mejoran y automatizan la oferta de servicios financieros, pueden ayudar a las empresas a ser más eficientes y a ofrecer productos y servicios que realmente satisfagan las necesidades de sus clientes. Si antes las inversiones en tecnología en el mercado financiero eran un diferencial competitivo, hoy sabemos que ya se consideran esenciales para sobrevivir y atraer clientes. 

En este escenario, han habido tres movimientos que, cada uno en su momento, se han ido consolidando en el mercado financiero y prometen grandes transformaciones en el sector. 

Embedded Finance

El llamado Embedded Finance, finanzas integradas, que consisten en la inclusión de productos y servicios financieros propios de una marca en la cartera de empresas que no son nativas de este sector, empezaron a surgir en América Latina en 2013. Desde entonces, es cada vez más utilizado por empresas no financieras – incluyendo minoristas, restaurantes, viajes, juegos en línea y proveedores de contenido y tecnología. Se estima que el volumen de negocio a través de las finanzas integradas superará los 183.000 millones de dólares en todo el mundo en 2027. 

Según el FIS Global Innovation Report 2023, los servicios financieros más aplicados en Brasil por este sistema son los pagos (54%), la contabilidad como servicio (44%), los seguros para empresas y/o consumidores (43%), las tarjetas de crédito (37%) y las tarjetas de débito (35%). 

Con los nuevos avances tecnológicos, será más fácil para las empresas añadir recursos financieros a sus productos y mejorar sus ofertas. El 40% de las empresas encuestadas podría utilizar servicios de compra ahora y pago después, y el 37%, servicios de pago.

Apostar por la tecnología DeFi

Otra tendencia que viene avanzando son las Finanzas Descentralizadas (DeFi), que son contratos digitales programables que realizan operaciones de valor sin intervención humana. Tienen usos más amplios que el mero comercio especulativo de criptodivisas. El Global Innovation Report señala que el 95% de los C-Levels, como se conoce a las personas que ocupan puestos directivos en las empresas, creen que para que una empresa siga siendo competitiva, necesitará proporcionar todos los servicios financieros en una experiencia de extremo a extremo.

Aunque se muestran optimistas sobre la oportunidad que ofrece DeFi, el 53% de los ejecutivos encuestados sienten temor por los marcos de gestión de riesgos que son incompatibles con la mayoría de los activos digitales y protocolos DeFi existentes. Todavía hay mucha inseguridad y dudas al respecto, lo que puede considerarse normal dado que el segmento no está regulado. 

 Relación duradera en el ESG (Environmental , Social, Governance )

A pesar de la dificultad de analizar los datos relacionados con ESG, ya que hay poca estandarización en la recopilación de información, cálculo y métricas, las empresas están comprometidas con la mejora de sus informes y divulgaciones sobre sostenibilidad, gobierno corporativo y responsabilidad social, ya que entienden que las inversiones en estas áreas son clave para empezar a dar forma a las oportunidades con vistas al futuro. Las empresas que realicen las inversiones adecuadas estarán en mejor posición para aprovechar las oportunidades en materia de ESG.

Por último, a pesar de la fuerte presión económica, es esencial valorar estas tendencias clave, con inversiones en las tecnologías adecuadas para que las empresas sean más competitivas y satisfagan las crecientes expectativas de los clientes.

La verdadera defensa de la democracia

Está a la vista el hecho de que el mundo atraviesa un momento difícil en muchos aspectos. Desde el ideal del Estado de Derecho hasta los Derechos Humanos, la sensación es que más que obtener avances, hoy los esfuerzos se concentran en mantener lo que un día ya tuvimos. Los retrocesos, por tanto, están más presentes y claros que el «sueño» de un siglo XXI más armonioso y progresista.

Este contexto afecta igualmente a la democracia no solo como concepto, sino también como valor. Grupos que no pueden catalogarse exactamente como democráticos en esencia disputan en cuanto a la definición de dicho concepto. El mero uso de la palabra «democracia» o del adjetivo «democrático» puede indicar otro significado cuando se analizan con más detenimiento, teniendo en cuenta que en tiempos de posverdad hay varios y constantes intentos de dar forma al ideal democrático para que sirva a otros fines que no son democráticos en absoluto.

En este punto, el negacionismo desempeña un papel fundamental. James R. Schlesinger, economista y político estadounidense, decía que todos tenemos derecho a nuestras propias opiniones, pero no a nuestra propia versión de los hechos. En contra de lo que podría pensarse, una mentira repetida muchas veces no se convierte en verdad.

Es ahí donde también se puede pensar en el papel de las ideologías con respecto al declive de la democracia, ya que al disputar el concepto, se pierde el valor y la esencia democrática de la política. Derecha e izquierda entran en conflicto directo en un intento de apropiarse de la cualidad de «democrático», pero fracasan en la verdadera defensa de los valores al no condenar los ataques a la democracia que se vienen intensificando en el mundo. 

La selectividad al tildar estos ataques de antidemocráticos y con base en principios ideológicos en política ha causado efectos colaterales que deslegitiman a las fuerzas políticas ante la sociedad, que ya no está creyendo en los ideales democráticos que han prometido (en algún momento de la historia) la paz, la igualdad y el desarrollo de los pueblos.

Además, vemos que los derechos humanos básicos han sido, asimismo, ideologizados y discutidos, lo que ha creado situaciones, incluso un tanto contradictorias, como es el caso de la libertad de expresión, de manifestación y otras libertades. El liberalismo, por tanto, ya no parece ser bien entendido en este dudoso contexto que lo confunde con todo menos con lo que realmente es. Por otro lado, la igualdad también ha sido objeto de dudosas interpretaciones que la descalifican como tal, dado que tras la supuesta consolidación de un concepto de igualdad material, parecen surgir corrientes nostálgicas de su mera formalidad y han predicado un mundo en el que «todos somos iguales», cuando es evidente que no es así.

En este debate, existe, a su vez, la estrategia de usar mecanismos que se pretenden democráticos para fines diferentes, como las consultas populares legitimadas únicamente por el procedimiento. En este caso, los Parlamentos que apoyan a los Gobiernos tienen la función principal de monopolizar un discurso que pretende ser democrático, pero que no pasa una simple prueba de integridad. Los procesos electorales y los referendos que culminan con el resultado deseado antes incluso de haber terminado, manteniendo «las cosas como están» durante un periodo de tiempo indeterminado, se han vuelto más comunes de lo que deberían.

Sin embargo, cabe mencionar que aún en el uso de mecanismos democráticos de consulta, cuando todavía hay espacio para la manifestación por parte de la sociedad, estos momentos se han convertido en oportunidades para la expresión del descontento social frente al poder. Los bajos índices de participación, que en algunos casos ni siquiera alcanzan los dos dígitos, demuestran las fracturas expuestas en un mundo en conflicto.

Y hablando de conflicto, también es necesario hacer referencia al caso de los procesos electorales violentos que no terminan con el anuncio de los resultados. En diferentes contextos, se constata que hemos perdido la capacidad de aceptar la derrota, haciendo prácticamente interminables las elecciones y recurriendo a diferentes herramientas para superar o eliminar a la fuerza política que resultó ganadora. Importantes canales de control del poder son mal utilizados para obtener un resultado distinto al de las urnas, lo que crea una «tercera vuelta» que muchas veces es ofensiva para la democracia, pero que no es condenada por sus aliados políticos.

La democracia no puede ser la conveniencia de los amigos o la mera convergencia ideológica de los grupos. No debe exaltarse por excepción, sino que debe ser lo más trivial de nuestras vidas. La práctica democrática debe alimentarse en los más variados contextos sociales, sin limitarse a la política institucional formal. La aceptación de los valores democráticos debe guiar el ejemplo de las autoridades, incluso cuando estas cuestionen sus relaciones políticas.

La democracia debe defenderse incluso cuando no nos gusta. También por eso hay que defenderla. Es totalmente posible defender un concepto de democracia que resista los ataques que ha sufrido en los últimos años. La resiliencia democrática nos demuestra que no todo está perdido incluso con esta crisis, y que asumir el conflicto como única forma de participación puede llevarnos a un camino sin vuelta atrás como sociedad.

Puede parecer utópico, pero la defensa de la democracia hace posible el retorno de tiempos prósperos para los derechos humanos en un mundo convulso. Por eso, debemos ser intransigentes con los valores democráticos, no ser selectivos en su defensa y no aceptar esa selectividad de Gobiernos y autoridades. Debemos defender realmente la democracia, le duela a quien le duela. Puede parecer obvio lo que se predica en este texto, pero en tiempos como estos, también hay que decir (y defender) lo obvio.

El rol de China en la transición energética de América Latina

Nos estamos moviendo desde un mundo “relativamente predecible”, con tasas de interés cercanas a cero, baja tasa de inflación, donde la cooperación predominaba y las reglas delimitaban los conflictos, a una nueva era signada por la creciente fragilidad, gran volatilidad y conflictos geopolíticos. Estas fueron las palabras de Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el 2022. A inicios del 2023 el futuro se presenta incierto y esa incertidumbre adquiere un carácter radical, sin lugar a dudas, vivimos tiempos críticos. Entre 1990 y 2015 el aumento en el nivel de emisiones de dióxido de carbono fue de casi un 60% (13.5 GtCO2eq). La crisis climática nos habla de la necesidad de actuar de inmediato, avanzar hacia una transición energética y de manera justa. La irrupción de la pandemia de COVID-19 nos vino a recordar la urgencia del cambio, tanto como el olvido en el que nuestra sociedad sumió a vastos sectores del trabajo cuyas tareas, aunque esenciales, resultaban negadas.

Tras el ascenso de China como potencia mundial y el consiguiente incremento en el precio de los commodities, los países latinoamericanos experimentaron un boom en el precio de las materias primas sin precedentes. Así, el gigante asiático se ha convertido en el principal socio comercial de la región, con importantes inversiones en varios países, al tiempo que sus capitales resultaron críticos para el financiamiento de numerosos proyectos.

Independientemente de los conflictos sociales y del agravamiento del problema ambiental, la demanda de recursos naturales ha llevado a perpetuar un modelo de desarrollo basado en el extractivismo. Ante la subida de precios generada por la invasión de Ucrania, distintos gobiernos latinoamericanos salieron a licitar nuevas áreas de exploración. La orientación política resulta indistinta, sean neoliberales como en Ecuador o neodesarrollistas como en Argentina, los miembros del gobierno van a Houston en busca de inversores.

El modelo de inserción global hasta aquí perseguido por Latinoamérica se encuentra en crisis, porque el mundo enfrenta una crisis climática sin precedentes. Esto exige modificar hábitos de consumo y producción y cambiar el modelo energético. Numerosos estudios demuestran que el peak de demanda de petróleo y gas se producirá en la presente década. De ser así, muchas de las inversiones que hoy están en carpeta perderán su valor y se convertirán en activos varados.

China puede ser una alternativa, que venga a profundizar el modelo o bien que ayude a la transición. Hasta aquí, las exportaciones petroleras han ocupado un porcentaje destacado en la canasta de exportaciones de la región (en algunos casos, determinante), tanto como destacado el rol de los flujos de capital que llegaron al sector. En base a datos compilados por el Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Universidad de Boston (GDPC – BU), la mayoría de los fondos que llegaron a financiar proyectos energéticos a la región se destinaron a no renovables.

Al considerar los préstamos para el desarrollo, la mayoría de los fondos se asocian con la operatoria de dos bancos de fomento: el Banco de Desarrollo de China (CDB) y del Banco de Exportación – Importación de China (CHEXIM). Así, en la última década, el financiamiento del sector energético en la región ha estado básicamente asociado a préstamos bilaterales provenientes de China.

Un estudio de Yuan & Gallagher de 2018, sugiere que poco más de 2/3 de los créditos otorgados que arribaron a América Latina durante el período 2003–2016 fueron a financiar la industria petrolera, mientras que el sector de energías renovables se benefició con el 17% del total. La región también fue testigo del arribo de empresas petroleras chinas, inversión extranjera directa asociada a tareas de exploración y explotación. Numerosos préstamos bilaterales fueron respaldados con barriles de petróleo, tal como lo evidencia Ecuador.

Sin embargo, en los últimos años esta tendencia pareciera revertirse. Según datos de base CFEF, desde el año 2020 ni el CDB como tampoco el CHEXIM han financiado nuevos proyectos de petróleo y gas. En lo que respecta a la inversión extranjera directa (IED), desde 2015 el sector de carbón, petróleo y gas viene perdiendo relevancia, al tiempo que avanza la importancia del sector eléctrico como destino de los flujos de capital, tanto en inversiones en planta (greenfield investment) como en las operaciones de fusiones y adquisiciones.

Cuando analizamos las energías renovables, China también aparece como un líder global. Las políticas activas desplegadas a inicios del milenio incidieron en el desarrollo de la industria fotovoltaica y de paneles solares, industrias donde las empresas chinas lideran los mercados globales. Idéntico impulso se ha dado en la movilidad eléctrica, siendo el mercado de automóviles eléctricos el más importante del mundo.

Todo ello explica la relevancia del tema ambiental, tanto como la creciente influencia de China sobre las decisiones adoptadas por sus socios comerciales, incluidos los países latinoamericanos. Ello no implica que los gobernantes se vean acotados al momento de la toma de decisiones, o que estén obligados a seguir un determinado modelo de inserción.

Este tipo de decisiones son potestad del soberano, aun cuando las mismas reflejan, en última instancia, los deseos de las elites que habitan en cada país. En este sentido, son los gobiernos locales los que deben adoptar una visión estratégica en cuanto al tipo de inversión que llega del extranjero. La mayoría de los países de la región sigue apostando por una visión cuantitativa: “cuanto más fondos, mejor”. Pero ello no resulta beneficioso, mucho menos suficiente si lo que se busca es transformar el modelo de inserción.

Si comparamos los flujos de inversión, observamos que el 56% de los fondos chinos que arribaron a África durante el período 2010-2020 fueron destinados a energías renovables, un porcentaje mucho mayor que el recibido por América Latina. Pese a que los beneficios indirectos de esta inversión son magros, al menos los países africanos presentan una menor exposición al problema de los activos varados que los países latinoamericanos.

Esto debería llevar a los lideres latinoamericanos a revisar sus agendas y a pensar más allá del corto plazo. Aun cuando China compra petróleo y materias primas, también puede jugar un rol como proveedor de equipos para producir energía limpia y fomentar la cooperación e intercambio de know how, clave para un mayor desarrollo de América Latina.

* Este texto fue publicado originalmente en la web de REDCAEM

El quiebre estratégico de las FF.MM. en Colombia

Tanto en campaña como al llegar a la Presidencia el 7 de agosto de 2022, el mandatario Gustavo Petro ha fijado como un objetivo clave el empleo (entre muchas de sus iniciativas) de la seguridad humana, esto es, que la seguridad no solo es un asunto de coerción (un soldado y un fusil, o un policía y una pistola). 

En efecto, la seguridad no puede estar reducida solo a ello. Tomando en cuenta el aspecto multidimensional de la seguridad, se debe entender que el acceso a bienes y servicios básicos como el agua, la electricidad, el saneamiento, la salud, la educación y el empleo también forman parte de la seguridad. Sin embargo, se ha dejado de lado un factor esencial de la seguridad humana y multidimensional, es decir, controlar el territorio y evitar que la población quede cercada por los delincuentes, tal como ocurre en el país. Actualmente, hay más de 30 grupos delincuenciales en el territorio nacional, los cuales ponen en difíciles condiciones al Gobierno para cumplir esta promesa de campaña.

El quiebre estratégico de las FF. MM.

Luego de los gobiernos de Andrés Pastrana, Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos, pero especialmente en lo que respecta a la transición de los dos primeros, se había dado un golpe estratégico a los grandes grupos delincuenciales en Colombia. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) huyeron hacia la frontera, pero jamás volvieron a recuperarse como en sus momentos más gloriosos luego de estos períodos de gobierno (1998-2010).

El sometimiento a la justicia fue de los más altos y también sufrieron el mayor número de bajas por la crudeza del conflicto. Nunca volvieron a tomar un casco poblacional rural ni dinamitaron torres de energía, y el nivel de secuestros extorsivos y políticos alcanzó un mínimo histórico impensable. La fuerza pública tenía capacidades operacionales de gran calidad, sin embargo, los graves hechos de los falsos positivos redujeron su legitimidad, lo que quedó consignado en el informe de la Comisión de la Verdad.  

¿Qué ocurre actualmente sobre la seguridad humana en lo que respecta al proyecto del Pacto Histórico que está encabezado por el presidente Petro? Pues bien, para sintetizar, la paz total es un proyecto ambiguo que plantea la negociación al mismo tiempo con todos los grupos armados. Esto es logísticamente imposible y, políticamente, un grave error estratégico para el Estado colombiano.

En segundo lugar, la falta de liderazgo en el Ministerio de Defensa ha evidenciado que no existe una línea de acción frente a la seguridad en el país. La única que se conoce hasta ahora es el diálogo con todos los grupos y la suspensión de algunas acciones ofensivas en el territorio nacional.

En tercer lugar, el aumento de los cultivos de hoja de coca y la propuesta de legalizar diez hectáreas por familia campesina, para que dependan de ello hasta que se haga una sustitución completa, no solo es insostenible financieramente, sino que también es difícil evitar que luego algún grupo los obliguen a seguir cultivando hoja de coca. El país, de acuerdo con la visión del intelectual Eduardo Pizarro Leongómez, alcanzará la cifra récord de casi 300.000 hectáreas de siembra de hoja de coca en el año 2023. Este combustible es suficiente para que los grupos armados se mantengan en actividad plena.

Finalmente, el quiebre estratégico de la seguridad del Estado colombiano se caracteriza por una aparente falta de orientación clara en las fuerzas militares en cuanto al Plan Estratégico Nacional. La Policía Nacional, por su parte, no puede contener la actividad delincuencial que la sobrepasa. Para ello, hace falta una mayor precisión en sus procedimientos de captura y judicialización.

La negociación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y su tratamiento como organización político-militar no solo le otorga un estatus político, sino que también le permite exigir la revisión del modelo económico del país, exigencia difícil, máxime cuando este grupo no pretende ser un movimiento político, y solo conoce un modelo económico que no es precisamente el crecimiento económico, sino que se basa en el modelo del viejo comunismo.

La justicia, a merced de lo que los grupos quieran exigir, no podrá imponer las sanciones correspondientes. De esta manera, un juez de la república pensará dos veces si debe dictar una medida o una condena a una persona, aunque se haya demostrado, efectivamente, que cometió delitos que ameriten la sanción del código penal vigente, si es que estas personas se declararan gestores de paz.

Para concluir, queda claro que en Colombia se seguirá procediendo a través de exigencias de facto y no mediante instancias institucionales dentro de lo que es un fenómeno social en el que primará, en muchos casos, el irrespeto a la norma y a las instituciones. Todos queremos la paz, es un anhelo de todo colombiano, pero con este quiebre estratégico de las fuerzas militares y de la seguridad humana será difícil conseguirla. Confiamos en que la espiral de violencia no aumente y en que el presidente pueda dejar consolidado un proyecto de seguridad humana más efectivo para un país en el que no ha cesado la violencia armada.