En las urnas, todo; por las armas, nada

Desde el surgimiento de la democracia liberal y su adopción como forma de gobierno, esta ha sufrido diferentes amenazas. En las últimas décadas no solo el autoritarismo y el populismo amenazan el pluralismo en distintas naciones, sino que también hay otra amenaza que está cobrando relevancia: el crimen organizado y la violencia. Ejemplo de ello son el reciente asesinato del candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio, las muertes de candidatos y operadores durante el proceso electoral en México de 2021 o la polarización que desembocó en la confrontación y homicidios de militantes en las elecciones de Brasil de 2022. Cada vez son más notorios estos hechos que sacuden las bases de la democracia.

Normalizar estos hechos no solo sería impulsar la deshumanización de las elecciones, sino también condenar la vida de la democracia. En el libro Posdemocracia, de Colin Crouch, sobre la crisis del sistema de comunicación política y la pérdida de civilidad en los procesos electorales, la autora afirma que la violencia es un aspecto que no pertenece al mundo democrático. Sin embargo, es innegable que hay poderes fácticos que la acechan como el crimen organizado, los grandes monopolios y los grupos de interés.

Específicamente en el contexto latinoamericano, los altos índices de violencia han hecho que la democracia comience a erosionarse. La falta de estrategias que garanticen la igualdad, la seguridad y el pleno ejercicio de los derechos político-electorales han causado un descontento en la población. Esto ha sido aprovechado por las fuerzas del crimen para influir no solo económicamente, sino también para sembrar un clima de miedo y desconfianza. Este es uno de los síntomas que pueden determinarse en democracias enfermas, y probablemente sea el más preocupante.

Desde hace mucho tiempo la gente dejó a un lado las armas para resolver los principales conflictos a través de las urnas. Y si bien las sociedades no han estado exentas de retos, los problemas han sido resueltos, generalmente, por las vías legales. Sin embargo, en ciertos países se está optando por la violencia, la intimidación y las armas, lo cual no solo es una afrenta a la pluralidad, sino también a los Estados latinoamericanos que ya se encuentran debilitados.

La violencia electoral debe ser concebida como un subtipo de violencia política, la cual busca influir en favor o en contra de algún partido, perturbar la tranquilidad durante la celebración de los procesos o la pretensión de inhibir la participación ciudadana. A pesar de que el objetivo es truncar la civilidad democrática, esta tiene consecuencias mayores, ya que debilita la legitimidad de los ganadores y, en consecuencia, acarrea problemas de gobernabilidad y abre la puerta a cuestionamientos y especulaciones que lastiman la democracia.

Durante muchos años, la región presenció el derramamiento de sangre en el proceso de construcción de los Estados y sus instituciones. La igualdad política costó mucho, no surgió de las independencias latinoamericanas, sino que las luchas contra los grupos de poder, Estados oligárquicos y dictaduras fueron batallas libradas para conseguir la libertad política. Esto no se materializó sino hasta finales del siglo XX cuando las naciones latinoamericanas comenzaron a democratizarse. 

Sin embargo, nuestras democracias son acechadas diariamente por diferentes amenazas, y como ciudadanía tenemos el deber de defender la institucionalidad, participar en los asuntos públicos y votar. Mientras, el Estado debe garantizar la seguridad, ya que, con el tiempo, este flagelo puede tornarse irreversible.

Hace ya cuatro décadas que América Latina presenció la llegada de una ola democrática que refrescó a los sistemas políticos y bañó a sus instituciones de legitimidad. Ahora debemos evitar que nuestras naciones sean afectadas por una nueva ola que, a la inversa, las debilite hasta eliminarlas.

Cómo responde el tercer mandato de Lula a un mundo cambiado

Desde que Luís Inácio Lula da Silva ganó las elecciones de 2022, y sobre todo desde el inicio de este tercer mandato, Brasil ha buscado recuperarse de una imagen internacional erosionada por la agenda limitada defendida por el entonces presidente Jair Bolsonaro. Además de agendas históricas como la integración latinoamericana y el principio de no intervención, el actual mandato del presidente Lula presenta respuestas diferentes a un mundo que ya no se entendía durante sus dos primeros mandatos (2003-2011).

A medida que se acerca el primer año de su nuevo mandato, Lula construye sus directrices de política exterior junto a figuras clave de sus gobiernos anteriores: Celso Amorim y Mauro Vieira, respectivamente asesor especial del presidente de la República y ministro de Asuntos Exteriores. En este marco, hay que entender la relación de su gobierno con la transformación del sistema multilateral guiada por la expansión de los BRICS, las relaciones con el G20 y el G77, así como su primera participación en este mandato durante la Asamblea General de las Naciones Unidas. 

La expansión de los BRICS

En primer lugar, como señaló Vieira, el consenso debe ser utilizado como norma principal dentro del bloque. Sin embargo, no hay que olvidar que los países con mayor potencial económico y político a veces tienen preferencia en el proceso de toma de decisiones. La disolución del poder regional, como en el caso de Brasil dentro de los BRICS, puede generar un coste político para los intereses del país a nivel multilateral. Esto puede verse en las relaciones con los países del Mercosur y su diálogo con la Unión Europea, aunque Brasil en particular esté comprometido con la finalización del acuerdo. 

Una disputa regional intra-bloque no significa que los mecanismos de consenso estén fallando, sino que el proceso de disolución del poder es una realidad. La búsqueda de consenso dependerá de la voluntad política y de aspectos de realpolitik y también del valioso soft power de Brasil para resolver posibles controversias. La misma lógica puede aplicarse a las relaciones entre Sudáfrica – Egipto – Etiopía, Irán – Arabia Saudí – Emiratos Árabes e India – China, siempre que se guarden las debidas proporciones. 

También hay aspectos económicos y políticos muy positivos. En 2024, el bloque representará aproximadamente el 46% de la población y el 36% del PIB, oponiéndose a los intereses del G7 y demostrando que está surgiendo una nueva forma en un mundo cada vez más multipolar. 

Otro punto sobre los BRICS que merece ser destacado es su enfoque en el equilibrio regional, su compromiso con las reformas del sistema de gobernanza global y el comercio a través de monedas locales. El equilibrio regional dentro de los BRICS es, sin embargo, un reflejo de la lógica geopolítica y geoeconómica de las regiones abarcadas. 

Relaciones con el G20

En el caso del G20, la diplomacia brasileña buscará centrarse en áreas en las que Brasil lidera o desempeña un papel fundamental: transición energética, inclusión social y desarrollo sostenible. Con la ampliación del BRICS, habrá un total de siete países miembros de los dos bloques, aumentando así la correlación de fuerzas, donde habrá mayor margen para tratar cuestiones internacionales. El G77 demuestra que Brasil también busca mantener el diálogo histórico con las naciones conocidas en la época como no alineadas, con un enfoque económico que busca el desarrollo común de las 135 naciones pertenecientes al bloque. 

La comprensión de la participación diplomática en los tres grupos demuestra el carácter multilateral de la diplomacia brasileña en el tratamiento de las cuestiones geopolíticas, comerciales y económicas. Aunque se haya dado prioridad a los BRICS durante el primer año de gobierno de Lula, se entiende que no hubo abandono de las agendas históricas del Partido de los Trabajadores, como la cooperación Sur-Sur, el diálogo con los actores globales y la construcción de un orden multipolar basado en el consenso. 

Discurso en la ONU

Por último, Lula se dirigió a la Asamblea General de las Naciones Unidas por primera vez desde 2009. Junto a naciones como India y Japón, Brasil ha buscado reformar el Consejo de Seguridad de la ONU, el órgano más importante del sistema. 

Entendiendo la ONU como el principal escenario de las relaciones internacionales, Lula presentó los principales avances y ambiciones de su política exterior, como la reforma del sistema de gobernanza global y el liderazgo de Brasil en el Sur Global. 

En 2009, Lula centró su discurso en tres grandes problemas que azotaban el mundo en aquel momento: la crisis económica, la falta de una gobernanza estable y democrática y el cambio climático.

Actualmente, el eje de la argumentación se centra en las desigualdades, tanto internas como externas, responsables directas de las sucesivas crisis por las que atraviesa el mundo. Al reiterar las posiciones históricas de la diplomacia brasileña, Lula no solo elevó y recuperó el estatus diplomático, sino que también presentó su liderazgo y alternativas para resolver los dilemas que la sociedad internacional viene enfrentando. 

Lula señaló los más variados conflictos en el mundo y reafirmó el compromiso de Brasil con la paz y el desarrollo sostenible. Reafirmó que es necesaria una reestructuración del sistema de gobernanza mundial, pues el orden existente ya no representa el carácter multilateral de las relaciones internacionales. 

Lula representa hoy el liderazgo más importante del Sur Global. Su posición en las organizaciones aquí presentadas representa un análisis de la estructura de la política exterior para los próximos años y trae consigo reflexiones de sus administraciones pasadas, el interés por resolver problemas relacionados con la desigualdad y los conflictos internacionales, a través de fórmulas basadas en las posiciones históricas de la diplomacia brasileña y los principios de no intervención y el proceso de mediación para la resolución pacífica de conflictos.

Paulo Cesar Rebello de Oliveira es analista político y Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Salamanca. Investiga sobre política exterior brasileña, seguridad internacional y política comparada.

Financiamiento de una transición sostenible

Hace unos días se publicó el Estudio Económico para América Latina y el Caribe 2023, informe insignia de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), este año centrado en el financiamiento de una transición sostenible. 

El capítulo cuarto del citado informe analiza el papel de los bancos centrales y los supervisores financieros, y repasa los desafíos que el cambio climático impone a las autoridades monetarias en la actualidad. Al describir los instrumentos y políticas, el informe destaca las similitudes, aunque también plantea las diferencias, entre el Norte y el Sur.

Así y todo, las iniciativas introducidas por algunos bancos centrales de la región se alinean con el marco regulador internacional para la banca (Basilea III), donde el accionar contra la emergencia climática se limita a una mayor divulgación y transparencia de la información sobre emisiones. Algunos países también han comenzado a elaborar taxonomías verdes o sostenibles, cuyo objetivo es reducir los riesgos de la inestabilidad financiera derivados del cambio climático. 

Algunos casos evidencian el avance, muchas veces limitado, que existe en la región. 

En el caso de Chile, mientras que el Banco Central sigue sin mostrar grandes avances en materia de lineamientos ni medidas que obliguen a los bancos a distinguir su cartera de clientes (o exigir ratios de capital distinto según el destino de sus créditos), el regulador y supervisor financiero emitió en noviembre de 2021 la norma de carácter general nº 461, que incorpora puntos de sostenibilidad y gobierno corporativo en las memorias anuales de las entidades supervisadas, aplicable a entidades como bancos, compañías de seguros, emisores de valores de oferta pública, administradoras generales de fondos y bolsas de valores.

A fin de moldear el sistema financiero a la nueva realidad, el gobierno de Costa Rica presentó el 23 de abril de 2023 el proyecto Alineando los Flujos Financieros del Sector Financiero con los Objetivos de Cambio Climático del Acuerdo de París, una iniciativa que pretende desarrollar una taxonomía de finanzas sostenibles para las entidades financieras operando en el país. El citado proyecto desarrollará un marco para mapear, cuantificar y divulgar los riesgos financieros relacionados con el clima. 

El Banco Central del Uruguay (BCU) decidió destinar una porción de los activos de reserva que administra a inversiones y proyectos sustentables. En función de ello, ha invertido en un fondo nominado en dólares, administrado por el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), destinado a invertir en proyectos sostenibles.

Ambicionar un modelo de desarrollo inclusivo y sostenible supone considerar un esquema de financiamiento orientado al largo plazo. Por ello la necesidad de fijar lineamientos y taxonomías, políticas e instrumentos que permiten alcanzar las ambiciones. Pero para ello se requiere de consistencia. 

Lo anterior implica que los gobiernos no solo deberían diseñar políticas que traccionen el proceso de transición energética. También deberían evitar que sigan llegando fondos para financiar actividades que actúan como retardantes del proceso de transición mientras perpetúan una tecnología contaminante. Es necesario que las distintas políticas (monetaria, cambiaria, fiscal) resulten alineadas al proceso de transformación, para así garantizar una economía resiliente y baja en carbono.

Alinear significa escoger acciones, elegir entre opciones, asumir que la neutralidad en la toma de decisiones deja de ser viable. El rol de los ministerios de Hacienda, de los bancos centrales y de los supervisores financieros resulta fundamental para promover el conocimiento y la gestión de los riesgos relacionados con el cambio climático que pueden afectar la estabilidad financiera del sistema. Pero estas instituciones deben generar también las condiciones legales y regulatorias para establecer un cambio en el mercado financiero, para que así este canalice sus recursos hacia la transición energética, y no hacia la profundización del modelo carbono intensivo. La llegada de fondos asociados a proyectos verdes resulta poco significativa si el sector no renovable sigue acaparando la mayor parte del financiamiento.

Las mencionadas medidas se orientan a preservar el medioambiente tanto como a evitar una crisis financiera. 

En ciertos países la autoridad monetaria tiene algún grado de influencia sobre las decisiones de transición, al tiempo que los mercados de capitales pueden resultar un ámbito propicio para comercializar instrumentos financieros verdes. La situación es otra en países que exhiben sistemas financieros menos profundos; bajo estas circunstancias la capacidad de la política monetaria, o la regulación bancaria para influir en la transición, resulta escasa. 

El informe de la CEPAL hace referencia a un aporte de las economistas Silvia Miranda-Agrippino y Hélène Rey cuando destaca el limitado espacio que tienen los países emergentes y en desarrollo para aplicar políticas ante la creciente influencia del ciclo financiero. En un trabajo previo, Rey destacaba que el control de la cuenta de capital resulta la única alternativa a mano para ejercer política monetaria en el presente contexto

Esta última propuesta puede adaptarse al contexto de emergencia, donde la entrada de fondos afecta al proceso de transformación del sector energético. Estudios recientes evidencian el rol de la banca global en canalizar fondos hacia proyectos fósiles en distintas partes del mundo, arbitraje financiero que transfiere fondos desde países institucionalmente fuertes (en materia de legislación ambiental y climática) hacia países débiles. Este último grupo observa una regulación bancaria más laxa, que permite dicho arbitraje. Introducir algún tipo de encaje sobre los capitales que vienen a financiar la operatoria de la industria petrolera, tributo que asemeja a la tasa al carbono en los países desarrollados, equivaldría a ganar autonomía política. 

El control de los flujos de capital transfronterizos deviene una herramienta clave para prevenir el fondeo de la industria petrolera tanto como para reducir el riesgo financiero que conlleva la transición. Los fondos que entran al fisco se destinan a cubrir los riesgos que conlleva la operación petrolera. Otra sería la situación de los fondos que llegan para financiar nuevos proyectos de exploración, donde la autoridad pública debería fijar una tasa del 100% a los capitales entrantes para desincentivar el financiamiento y directamente prohibir la operatoria en aquellas áreas que resultan biodiversamente sensibles.
Lo anterior complementa el análisis del financiamiento de la transición que realiza el informe de la CEPAL, que se circunscribirse al marco de lo permitido pero omite evaluar otras herramientas y políticas que, en un contexto de emergencia climática, devienen imprescindibles. Como destaco en un documento reciente, publicado por la Fundación Carolina, introducir controles no significa volver a un esquema autárquico, sino priorizar una mirada estratégica en el momento de decidir qué capitales deberían receptarse, y cuáles evitarse. Tampoco se trata de copiar recetas, importar instituciones o fijar instrumentos de manera acrítica. La emergencia climática, ciertamente, obliga a replantear estrategias e instrumentos, y repensarlos según la particularidad del país en cuestión.

Dos mujeres a la carrera presidencial mexicana

En 2018 México optó por un cambio de rumbo y Andrés Manuel López Obrador obtuvo de manera contundente la mayoría de los votos. Ya lo había intentado en 2006 y 2012; sin embargo, las condiciones de 2018 hicieron propicia la alternancia hacia un gobierno de izquierda. El agotamiento de las estructuras partidistas y la percepción generalizada de corrupción en el gobierno federal facilitaron que el discurso del candidato presidencial permeara en todas las capas sociales de México.

Los partidos de la oposición, como el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), vieron mermado su capital político al disminuir drásticamente su presencia en las Cámaras de Diputados y Senadores, así como en una veintena de congresos locales y gubernaturas. La fuerza de López Obrador y sus partidos aliados alcanzó para cambiar de color el mapa político del país.

A partir del inicio de este gobierno no fue posible la convivencia entre fuerzas políticas, y la interlocución entre el ejecutivo y las demás expresiones resultó negativa porque elevó el discurso de polarización y generó el interés de entes externos a los partidos políticos para construir una opción competitiva para las elecciones intermedias de 2021. 

 Así, el PAN, el PRI y el PRD, a convocatoria de organizaciones de la sociedad civil, propiciaron acuerdos en los que pudieran concursar las diversas ideologías y que con el soporte de la ciudadanía no partidizada se encontraran en la capacidad de enfrentar a las fuerzas políticas en el poder, bajo un liderazgo presidencial presente.

Los resultados de esta alianza entre sociedad civil y partidos detonaron en recuperar espacios, como equilibrar la Cámara de Diputados y alcanzar algunas alcaldías de la Ciudad de México.

En un análisis aritmético, según datos del Instituto Nacional Electoral (INE), en 2018 el Partido Morena y sus aliados, actualizados a las alianzas de 2023, obtuvieron en la elección de diputaciones el 48.35% de los votos y la oposición obtuvo el 42.20%, mientras que Movimiento Ciudadano (MC) fue avalado por el 4.41% de la votación. Para 2021, la coalición entre Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) obtuvo en su conjunto el 42.76% de respaldo y la suma del PAN, PRI y PRD consiguió el 39.61%, y en el caso de MC el 7.01% de los sufragios.

Ahora bien, después de las elecciones de 2021, se adelantó el inicio de la carrera presidencial. Una oposición dividida y que no ha logrado grandes triunfos, vaivenes de algunos partidos y serias críticas desde el poder generaron la percepción de que no habría competencia. Las propias encuestas preelectorales indicaban que el triunfo de cualquier candidatura impulsada desde Morena y aliados garantizaría la continuidad del proyecto denominado Cuarta Transformación. Sin embargo, en junio pasado la senadora Xóchitl Gálvez acudió al Palacio Nacional con la orden de un juez para ejercer su derecho de réplica por algunas declaraciones realizadas por el presidente López Obrador y que, a su juicio, se trataban de afirmaciones falsas. No obstante, un grupo de simpatizantes afines al oficialismo le impidieron el acceso a la conferencia de prensa matutina, generando expectativa y el posicionamiento de Gálvez, que le permitió atraer la atención de cara a la sucesión presidencial.

Fue así como organizaciones sociales y grupos de la sociedad civil convocaron a los partidos PAN, PRI y PRD a iniciar el proceso de elecciones primarias y posicionarse en la construcción de una candidatura competitiva para las elecciones del 2 de junio de 2024. Se abre el proceso interno en el que, tomando en consideración las características inéditas sobre los tiempos adelantados, se determina el procedimiento para elegir a la persona responsable de la construcción del Frente Amplio por México (FAM). 

A través de un Comité Organizador (CO) integrado por personas expertas en materia electoral y representaciones de cada uno de los partidos, se convocó a la ciudadanía y a las militancias para encabezar los trabajos de la coordinación del FAM. A partir de conocer a las personas aspirantes, se convocó abiertamente a mostrar los apoyos respectivos a cada una de las opciones a través de una plataforma digital, que pretendía conocer que cada aspirante pudiese contar con al menos 150.000 apoyos verificados, dispersos en la mayor cantidad de entidades federativas. Así, podría determinarse una lista de aspirantes más cercana y someter a las cuatro opciones que superaran la etapa de los apoyos tanto a los foros ciudadanos y a una encuesta nacional y llegar a tres finalistas, las mismas personas que el 3 de septiembre se someterían a una consulta derivada de la lista que previamente había mostrado sus apoyos. De manera simultánea, el CO aplicaría dos encuestas y ponderaría sus resultados al número de apoyos del primer domingo de septiembre. 

Este complejo proceso, aseguran, blindaría la intromisión de intereses externos e incidir en la designación de la persona responsable del FAM. Al final, eran la priísta Beatriz Paredes Rangel, una política experimentada y de amplia trayectoria, y Xóchitl Gálvez Ruíz, una mujer de origen indígena que bajo las siglas del PAN y PRD ha ocupado el cargo de alcaldesa y senadora de la República y cuyo discurso disruptivo propició acaparar los reflectores de la opinión pública.

Finalmente, el PRI, partido al que pertenece la senadora Paredes, se pronunció por apoyar a Gálvez, situación que trajo como consecuencia la declinación de la aspirante priísta, erigiendo de facto a Xóchitl Gálvez como la virtual candidata de la oposición.

Por su parte, Claudia Sheinbaum Pardo ha destacado por su trayectoria académica y de liderazgo estudiantil en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue jefa delegacional en Tlalpan y desde 2018 hasta hace unas semanas dirigió la Ciudad de México. Se le reconoce la cercanía orgánica con el presidente López Obrador y representa, según ella misma afirma, la continuidad de las políticas del gobierno actual.

Su proceso de designación fue realizado a través del conjunto de varias encuestas, donde, con el previo recorrido que hicieron por el país, las personas aspirantes de Morena, PT y PVEM pudieron posicionarse entre la militancia de sus fuerzas políticas. 

Desde este escenario puede observarse que México podría tener a la primera mujer como presidenta de la República, situación que debe destacarse. Hasta el momento las encuestas marcan una clara ventaja de la ex jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, y la pugna interna en Morena con el ex canciller Marcelo Ebrard pareciera no tener impacto en las preferencias. El movimiento de las encuestas podría verse destacado en la etapa de campañas, las alianzas estratégicas y los debates presidenciales, sin dejar de mencionar las campañas locales, que tienen su propia dinámica en el proceso electoral. 

México vivirá una de las elecciones más polarizadas, donde no serán suficientes las militancias de las fuerzas políticas, donde habrá que salir a la calle y ganar el voto de quienes se sientan ajenos a la política, donde se evalúe si se opta por la continuidad o bien si la oposición se muestra incluyente y logra captar la suficiente cantidad de votos para aspirar a ganar.

Comienza apenas de manera formal el proceso electoral; sin embargo, los dados están echados desde varias semanas atrás.

Las sociedades en crisis favorecen el extremismo y el suicidio entre los jóvenes

Coautores Luís Carlos Petry y André Bakker da Silveira

En Brasil, el mes de septiembre está dedicado a la prevención del suicidio. En un texto clásico sobre el tema, Émile Durkheim presenta una tipología del suicidio: egoísta, altruista y anómico. El suicidio egoísta se produce cuando el suicida ya no ve sentido a seguir viviendo porque está socialmente desintegrado. El suicidio altruista, por el contrario, implica a autores que se identifican tanto con su grupo que se sacrifican en defensa de causas colectivas.

Aunque este último ayuda a comprender el extremismo violento en las escuelas, creemos que es el suicidio anómico el que mejor puede sugerir una pista para entender el movimiento de ataque a las escuelas que involucra a una parte de los jóvenes y adolescentes brasileños. La anomia, o ausencia de normas, es característica de las sociedades en crisis. El código moral se pierde en circunstancias de profunda incertidumbre.

Sufrimiento mental

Hay registros que indican que el 20% de nuestros jóvenes se autolesionan, según el Hospital das Clínicas de São Paulo y el Hospital Universitario de Brasilia. La automutilación es un índice de sufrimiento psicológico, en el que las personas intentan sustituir el dolor psicológico por el dolor físico.

Pero, ¿qué puede llevar a un joven a un sufrimiento psíquico de tal magnitud? Hay por lo menos tres factores psicosociales que contribuyen al sufrimiento infantil y adolescente contemporáneo que sustenta la anomia o desocialización aguda.

El primero es la reducción del tiempo y de la calidad de la vida familiar debido al aumento de la jornada laboral. Brasil registra cerca de 70.000 divorcios al año. Un estudio de Euromonitor International sugiere que las familias monoparentales crecerán un 128% entre 2000-2030. 

Gran parte de esta nueva dinámica social está relacionada con las crecientes exigencias del desempeño profesional, que restan tiempo a la vida familiar. Algunos estudios indican que la familia original va perdiendo terreno frente a la imaginaria «familia virtual» de las redes sociales, donde niños y adolescentes definen su vestimenta, sus valores e incluso su lenguaje.

El segundo factor de la angustia juvenil es la creciente demanda social de rendimiento. El filósofo Byung-Chul Han ha destacado una progresiva y perturbadora demanda social de rendimiento individual en todos los ámbitos de la vida (conocimiento científico, arte, amor, deporte). Dado que el horizonte de frustración es seguro, porque no hay forma de alcanzar el nivel de excelencia exigido, la inmensa mayoría acaba siendo rehén de las expectativas colectivas, que se convierten en presiones amenazadoras. El sujeto se convierte en rehén de su propia imaginación.

Por último, hay un número creciente de padres que no soportan la frustración ni la adversidad, creando progresivamente un ambiente de pánico y estrés cotidiano en sus hogares, exigiendo rendimiento y reconocimiento a sus hijos. Por otra parte, un simple síntoma de enfermedad es motivo de remisión urgente al servicio de urgencias más cercano. Ocurre que la madurez se diferencia del infantilismo precisamente por el autocontrol de las emociones inmediatas o latentes.

La frustración forma parte del aprendizaje humano y del desarrollo de la inteligencia intrapersonal. Sin embargo, debido al atomismo narcisista en el que se han sumergido la sociedad y las redes sociales desde principios del siglo XXI, la forma de responder a la frustración, el acoso y la impotencia se ha guiado cada vez más por acciones de anulación, represalia, agresividad y, finalmente, vulnerabilidad a las apelaciones para fomentar acciones autoritarias y extremistas.

La ideología del chantaje

Todo este complejo contexto parece contribuir a la falta de horizonte de sentido con la que parecen vivir algunos jóvenes. En un verdadero apego a un tipo de nihilismo no reflexivo, algunos niños, adolescentes y hombres frustrados con sus condiciones sociales, económicas y emocionales, incapaces de ver alguna posibilidad de cambio o esperanza para el futuro, buscan refugio con grupos misóginos que refuerzan sus sentimientos. No es casualidad que el término blackpill aparezca entre los partidarios de ideologías masculinistas que circulan por las redes sociales.

Según la organización estadounidense Anti-defamation League, blackpill forma parte de la ideología de la nueva extrema derecha y del movimiento incel -nombre de los grupos masculinistas que significan célibes involuntarios- y representa la percepción de que el «sistema» está demasiado arraigado para cambiarlo y de que no hay esperanza ni para uno mismo ni para la sociedad. ¿La razón de esta desilusión? La creencia de que ya no hay sitio para los hombres en el mundo actual, donde reina el privilegio de la mujer.

Ante el fatalismo de esta dura realidad, a los blackpillados (los que se adhieren a la ideología) sólo les quedan unas pocas opciones: rendirse y pudrirse, suicidarse o cometer un atentado extremista masivo y convertirse en mártir de la causa (de ahí la importancia de ser cuidadoso a la hora de dar publicidad a lo que ocurre). En algunos casos, el resultado esperado para el autor de un atentado en una escuela es ser abatido por las fuerzas de seguridad, lo que irónicamente se denomina «suicidio por un policía», que aportará más prestigio al autor y aumentará así la posibilidad de inspirar a otros a seguir sus pasos.

Este es sólo un ejemplo de la desmotivación que puede afectar a chicos y jóvenes y que, al igual que otras formas de radicalización hacia el extremismo violento, forma parte de la cultura de factores que empujan a los jóvenes hacia procesos de autolesión y daño a otros, especialmente a niñas y mujeres.

Por ello, construir posibilidades de vida y promover espacios de pertenencia que reconecten a las personas en experiencias compartidas, comunitarias y solidarias es una estrategia fundamental para prevenir la radicalización de los jóvenes, o incluso rescatarlos de la anomia y la atomización despersonalizadora que subyacen al suicidio social y colectivo que se extiende en nuestra sociedad.

En estos entornos emocionalmente inestables, nuestros jóvenes son vulnerables a los llamamientos autoritarios y violentos que se presentan como heroicos, como respuesta a la inestabilidad y la humillación cotidianas que son signos de esta atomización. Cerrar los ojos ante esta realidad significa desatender el futuro de las próximas generaciones. Mirarla, encontrar sus causas y trabajar para superarla es, ante todo, un compromiso ético, ciudadano y promotor de la democracia.

*Este texto forma parte del proyecto (Re)conectar: unir a las personas para superar la violencia en las escuelas, organizado por el Instituto Aurora, con el apoyo institucional de L21. Para apoyar la iniciativa, visite: https://apoia.se/reconectar_escolas

Luís Carlos Petry es psicoanalista y topólogo. Es profesor jubilado e investigador de la PUC-SP. Escribió el libro Fascismo de masas en colaboración con Rudá Ricci. Es colaborador del canal TV Cultiva en YouTube.

André Bakker da Silveira es director de investigación y proyectos del Instituto Aurora para la Educación en Derechos Humanos. Es máster en Filosofía por la Universidad Federal de Paraná (UFPR) y miembro titular de la Comisión Municipal de Derechos Humanos de Curitiba.

La Franja y la Ruta diez años después, poco que festejar

Este septiembre se cumplen diez años de la presentación que hizo Xi Jinping ante la comunidad internacional del proyecto insignia de la diplomacia china: la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, en su acrónimo en inglés). La iniciativa plantea la integración económica y comercial de China con el mundo a través de corredores e infraestructuras terrestres y marítimas en Asia Central, Europa, África y América Latina, financiados en su mayoría por Pekín.

El plan es seductor. En la última década, al menos 151 países han firmado memorandos de adhesión, entre ellos 22 latinoamericanos y caribeños.

El «Plan Marshall» chino

Pekín encuentra los argumentos de sus políticas actuales en su propia civilización. La Ruta de la Seda, una red de rutas terrestres y marítimas que hace dos mil años se desplegaba por distintas regiones del mundo, inspira al «proyecto del siglo», como etiqueta la propaganda del régimen. Esta añade que su vocación es que «beneficie a toda la humanidad». Pero los críticos del proyecto lo asemejan a un Plan Marshall chino que permite a Pekín ejercer influencia internacional y construir su liderazgo global. Marca la agenda y sienta las bases de un nuevo orden mundial.

El esquema del BRI ya existía antes de 2013. China lanzó su estrategia de salir afuera a poco de entrar en la Organización Mundial del Comercio, en 2001. Y, por su necesidad de garantizar el suministro de los recursos naturales que debían alimentar la fábrica del mundo y la urbanización del país, sus empresas y bancos estatales iniciaron su internacionalización. De la mano de su capitalismo de Estado, invirtieron en todo tipo de proyectos, construyeron infraestructuras por medio mundo y financiaron a gran escala. Con la crisis financiera de 2008, Pekín se hizo con activos, tecnología y mercados estratégicos antes vedados.

Demanda china en América Latina

En 2013, este modelo se empaquetó diplomáticamente, se adornó con eslóganes y tomó un nombre atractivo. Por entonces, América Latina se había beneficiado de la demanda china y del precio de las materias primas. Los flujos comerciales crecían exponencialmente y recibía financiación infinita en medio de reticencias de Occidente. Ecuador, Argentina, Venezuela y otros países se echaron en brazos de China. No solo por ser esta una fuente (casi) inagotable de préstamos, sino por afinidad política e ideológica, incluida la pulsión antiestadounidense. Muchos de aquellos gobiernos se unieron así al BRI.

¿Todo lleva a Pekín?

El gobierno chino anunció en 2019 que más de 3.100 proyectos de conectividad se realizaron dentro del ámbito del BRI. Sin embargo, es difícil saber cuántos de ellos ya existían con anterioridad o cuántos se habrían ejecutado igualmente sin el BRI. En cualquier caso, una década después del anuncio de Xi Jinping, el plan parece haber perdido impulso en medio del nuevo mundo geopolítico salido de la pandemia, el alcance de la (in)sostenibilidad de la deuda y la propia desaceleración económica en China. Ya no parece que todos los caminos conduzcan a Pekín.

Con semejante escenario, se abren alternativas acaso menos ambiciosas que el BRI. Una es la apuesta por la doble circulación, en la que China busca reducir su dependencia del comercio exterior. A la vez, pretende reforzar su economía doméstica. Asimismo, renueva sus esfuerzos en el sudeste asiático, donde tiene influencia histórica. Y en los países que conforman la Organización de Cooperación de Shanghái, ubicados en su periferia. Aunque el desarrollo y la prosperidad de China son muy dependientes del resto del mundo, y el aislamiento no es en absoluto una opción, América Latina podría perder (por estas razones) parte de su atractivo.

La desglobalización selectiva, incluida la deslocalización de empresas antes instaladas en China hacia destinos más fiables, obliga a todos los jugadores a reajustar sus fichas en el tablero. Pero, incluso si el BRI pierde fuerza económicamente, seguirá siendo políticamente importante para Pekín dado que su pretensión es consolidar su rol como potencia emergente y, acaso más adelante, hegemónica. Para ese propósito, el BRI convivirá, y se complementará, con las otras iniciativas de seguridad y desarrollo globales impulsadas por Xi Jinping. Su telón de fondo es el «destino común para la humanidad» que propugna el presidente chino.

Subordinación

Según los críticos, esto encierra una pretensión perversa: un orden internacional basado en una unidad de naciones económicamente dependientes de China y, por tanto, subordinadas a esta. Además de su vertiente económica, la acción del BRI se ha preocupado de reforzar la idea de China como alternativa de poder. Aboga por el multilateralismo y busca posicionarse como el principal aliado para desarrollar el sur global, muchas veces como contrapeso a los intereses de Estados Unidos. Detrás de todo ello, la voluntad de Xi Jinping es atraer al sur global a su órbita e influir en un orden mundial para hacerlo más seguro para sus intereses.

*Texto publicado originalmente en Diálogo Político

Recalculando la competencia política en Argentina

Recalculando, la palabra desesperante con la cual en medio del estrés del tránsito nos ataca el navegador. Así nos han dejado las PASO (primarias abiertas para la elección de presidente) a los analistas, ciudadanos y, sobre todo, a los líderes de la política en Argentina.

Después del shock viene la integración de la nueva situación y la incorporación de nuevas ideas a nuestro horizonte de opciones. Hay miedo: a lo nuevo, a la incertidumbre, a la ingobernabilidad, a lo antidemocrático. Se nos plantean tres incógnitas: ¿Hasta dónde llega el fenómeno Milei? ¿Se reconfigura nuestro sistema de partidos y alianzas? ¿Qué oportunidades no podemos pasar por alto?

Milei ha demostrado ser un cabal representante del borgiano “No nos une el amor, sino el espanto”. Logró aglutinar el descontento con la política tradicional, afortunadamente a través de la expresión democrática por excelencia, el voto, más allá de su discurso furioso y de algunas promesas impracticables. Retórica o propuesta que convencieron a muchos.

La primera gran pregunta es si tiene posibilidades de ser elegido presidente, y si, de ser electo, su gobierno sería viable. Todavía el fenómeno Milei se trata solo de una opción. Faltan bastantes cálculos y reacomodamiento de fuerzas y de discursos para ver si será ganador. La gran duda es si su partido, La Libertad Avanza, es una colecta de antis, de demoledores del statu quo, o si conforma una nueva sustancia que pueda catalizarse en gobierno viable.

Si Milei no accede a la presidencia es en parte porque no se le tiene la confianza necesaria, porque no puede establecer mayorías parlamentarias, porque le falta gestión y apoyos. Más allá del descontento, se necesita cierto convencimiento de que pueda desempeñar un gobierno democrático, con legitimidad simbólica y apoyo suficiente para poder articular políticas públicas. Para ganar elecciones puede ser suficiente la belicosidad discursiva, pero esta no alcanza para gobernar. Muchos se preguntan cómo Milei gestionaría el conflicto, cómo negociaría con grupos de presión y, sobre todo -gran medida argentina-, si podría llegar a fin de mandato de (en tiempos políticos largos) 4 años.

Los partidos, alianzas y candidatos están recalculando sus discursos y estrategias en base a los resultados de las PASO, y teniendo en cuenta la posible doble vuelta de las elecciones presidenciales de diciembre. Si no hay candidato que obtenga el 45% de los votos afirmativos en la primera vuelta, ni más del 40% con una diferencia de diez puntos porcentuales con el segundo candidato más votado, se realizará un balotaje entre los dos más votados. Es posible que el voto anti casta política, voto protesta, voto anarcocapitalista no sea tan fuerte a la hora de la elección de presidente, donde la ciencia política prevé que el electorado se corre hacia el centro. Después de todo, podemos expresar nuestra furia en las PASO, pero al elegir presidente, el electorado se modera. Como dice la famosa frase en inglés, “ten cuidado con lo que deseas, que se puede hacer realidad”.

La segunda cuestión es la nueva distribución del voto y de los candidatos.

La Argentina durante generaciones ha mermado su capital social, político y económico para crear riqueza, seguridad, educación y salud de calidad. Un país condenado a la dualidad amigo-enemigo que hasta ahora no logró repuntar. La dinámica de la competencia política argentina está caracterizada por lo que se conoce como “la grieta”: los votantes quedan presos de su pertenencia al espacio peronismo o antiperonismo.

Existe un porcentaje anclado a cada lado de la pecera, el famoso “núcleo duro”. Las grandes y a veces enormes diferencias dentro del peronismo y del antiperonismo no provocaban una fuga de los votantes de un lado hacia el otro.

El fenómeno Milei muestra que, más que una lealtad profunda a los propios, la grieta estaba dominada por la no pertenencia al otro modo. En otras palabras, hemos sido prisioneros de la grieta como constitutiva de nuestra identidad política por oposición. Hasta ahora, los decepcionados con la política veían como opciones o bien apoyar a regañadientes a los candidatos de su lado, o bien quedarse en su casa a la hora de ir a votar. Estas PASO han mostrado, efectivamente, un aumento del ausentismo, pero también una nueva alternativa. El gran cambio consiste en que Milei propuso una “salida elegante” para los desencantados.

La dignidad de la pobreza, la reivindicación de la marginalidad en una sociedad empobrecida y vulnerable, es el nicho del discurso ya ocupado por el peronismo. Del otro lado, el antiperonismo sigue ofreciendo un cambio al que no ha demostrado llegar ni con gradualismo, ni estando juntos. Milei se instaló como una propuesta de redención y disrupción, y los desencantados saltaron de sus lugares tradicionales del peronismo y antiperonismo donde estaban anquilosados. Es un llamado a cerrar filas de frustrados.

Y la tercera cuestión es cómo reaccionar ante el mensaje de las urnas.

Es probable entonces que sean Patricia Bullrich o Sergio Massa quienes se cuelguen la banda presidencial. Sin embargo, no olvidemos que la política también transcurre en el tiempo entre campañas, y si esta vez la voz de los desencantados no se logra articular, más adelante puede ser que trabaje para lograr una propuesta votable, con todo lo que le falta: alianzas en las cámaras, propuestas claramente democráticas que no provoquen miedo, construcción política, candidatos con más experiencia y votantes más fieles. O simplemente que termine de catalizar el hartazgo, porque los demás actores relevantes no ocupen el espacio de articuladores de las demandas de renovación de la política.
Que el árbol de la estrategia no nos impida ver el bosque de una nueva realidad. Las urnas hablan y han mostrado la oportunidad para un gran cambio. En una sociedad con 40% de pobres hay necesidades acuciantes, con medidas que hay que congeniar porque pueden necesitar generaciones para tener impacto. El próximo presidente, el congreso y la oposición tendrán mayores oportunidades para generar un gran consenso en puntos fundamentales. La nueva dinámica que se ha bautizado como “de tres tercios” puede liberar el hechizo de espejo de la grieta. El reclamo de cambios tangibles y hasta disruptivos puede ser aprovechado para vivificar instituciones, reformar el Estado, ayudar a dinamizar al sector empresarial, diversificar las fuentes de riqueza de nuestro país para poder desarticular el clientelismo. Si existe una oportunidad de saltar la grieta, que sea para cambiar el diálogo político, introducir temas de mediano plazo en la agenda, organizar alianzas transgrieta entre diversos actores de la sociedad civil y política para que la realidad no nos sorprenda recalculando.

La continuidad en la política monetaria y las penurias del crecimiento en América Latina

En América Latina ejecutar una política monetaria restrictiva como el medio eficaz y pertinente para controlar y reducir la inflación es una decisión que no se objeta entre las juntas de gobierno o en los consejos directivos de los bancos centrales. Directivos de los organismos financieros multilaterales y miembros de las juntas directivas de las calificadoras de riesgo y gran parte de la banca transnacional con sede en Estados Unidos comparten la misma opinión. En los círculos académicos del mainstream se sostiene que el recurso a la política monetaria restrictiva es el único camino para controlar la alta inflación. 

En el conjunto de estos ámbitos se afirma que es imprescindible observar resultados en materia de menor resiliencia en los mercados laborales para plantearse modificar las decisiones y proceder a una reducción sistemática de las tasas de interés de referencia. Jerome Powell, presidente del consejo directivo de la Reserva Federal de Estados Unidos, señaló en su discurso, en la reunión de banqueros centrales de Jackson Hole de agosto, que el fuerte crecimiento y el resurgimiento de la fortaleza en el mercado laboral podrían requerir una respuesta más contundente en materia de alzas en la tasa de interés de referencia.

En las mayores economías de América Latina, en el curso del segundo semestre del año 2021, se inició una política de incremento en las tasas de interés de referencia, incluso antes de que procediera de la misma forma la Reserva Federal de Estados Unidos. En Brasil, en mayo de 2021 la tasa de interés de referencia se elevó de 2.75% a 3.5%. Después los aumentos continuaron hasta alcanzar el 13.75% en agosto de 2022. En todo el periodo se sostenía que era la medida necesaria para enfrentar la inflación.

En Argentina el desarreglo monetario financiero es total desde tiempo atrás, con el añadido de inestabilidad cambiaria e incapacidad para hacer frente a compromisos en materia de deuda externa contratada durante el gobierno de Macri con el FMI. En México, Colombia y Chile los aumentos se presentan a partir del segundo semestre de 2021, acumulándose en Colombia y Chile más de 10 puntos de alza en la tasa de interés de referencia en algo más de un año.  

A la fecha, no obstante que desde el segundo semestre de 2022 se observa una reducción en el incremento del índice de precios al consumidor, que se profundiza en el primer semestre del año en curso, únicamente el Banco Central de Chile ha realizado una reducción importante, de 175 puntos base de julio a septiembre de 2023, en la tasa de interés de referencia. En Brasil, Colombia y México se mantienen tasas de interés de referencia de dos dígitos, siguiendo las directrices que se llevan a cabo por los bancos centrales de Estados Unidos, Inglaterra y el de la zona del euro, entre otros países desarrollados.

En Brasil, desde hace meses el gobierno federal ha criticado la política monetaria ejecutada por el banco central sin lograr un cambio importante. En mayo del año en curso, cuando el comité encargado de fijar la política monetaria por cuenta del banco central de Brasil (COPOM) mantuvo sin cambios la tasa de interés de referencia, a las críticas del gobierno se sumaron las de organizaciones sindicales (Força Sindical y CUT) y empresariales (CNI).

El COPOM acordó una reducción de 50 puntos base en su reunión de agosto; no obstante, al argumentar su decisión señaló que se mantienen núcleos de inflación aún elevados y una resiliencia en los mercados de trabajo de diversos países, por lo que no hay garantía para avanzar en esta dirección. Reconoció que en el país el conjunto de indicadores económicos es consistente con una desaceleración, que no escapa a sus estimaciones.

En Colombia, la junta directiva del banco central decide mantener en el mismo nivel la tasa de interés de referencia sin considerar los señalamientos para que procedan de otra forma por parte del gobierno federal, de la asociación de empresarios y de la propia asociación bancaria. Según estos actores, la reducción en la tasa de interés de referencia es una medida necesaria para permitir el crecimiento de la economía, en tanto que los costos financieros actuales presionan a hogares y hacen inviables las inversiones para gran cantidad de empresas.

En la reunión de los banqueros centrales de Jackson Hole, Powell también señaló que los datos de los meses de junio y julio de reducción de la inflación subyacente son bienvenidos, pero dos meses de buenos datos son solo el comienzo. El énfasis sigue siendo, sin mediar alguna explicación, alcanzar el 2% que, según esta lectura, debe incluir el alza en los precios de lo que se mide con la inflación subyacente. Powell plantea el punto central que orienta las decisiones en materia de política monetaria cuando afirma que para lograr que la inflación vuelva a bajar de manera sostenible al 2% se requerida un periodo de crecimiento por debajo de la tendencia, así como cierto debilitamiento de las condiciones del mercado laboral.

La directora ejecutiva del Banco Central Europeo sostiene la misma opinión y, acorde con ese criterio, en la reunión del jueves 14 de septiembre la junta directiva de ese banco central decidió su décimo aumento consecutivo en la tasa de interés de referencia. El acto puede empujar con mayor fuerza a la recesión en varias economías de la zona o profundizarla en aquellas que avanzan en esa dirección, como en Alemania que registra dos trimestres consecutivos en el año con una variación negativa.

Todo indica que el debilitamiento de las condiciones del mercado laboral se acompaña de menor crecimiento o recesión. También que el alza en las tasas de interés plantea problemas para familias y actores sociales que dependen del crédito bancario. Pero también es un dato positivo para todos los que pueden realizar colocaciones financieras sin que estas graviten en sus gastos.

Para un reducido grupo de grandes colocadores financieros el criterio del nivel de la tasa de interés real no es la referencia pertinente. Para ellos es la tasa de interés pura y simple en tanto que mantienen en los circuitos financieros sus recursos sin tener que considerar regresos al mundo de la producción. Para este pequeño segmento de la población el presente es un tiempo de bonanza. Para los gobiernos de América Latina que intentan impulsar cambios para disminuir la desigualdad social, en cambio, es un momento de notables dificultades, es un tiempo de penurias.

«Contra todo y contra todos»: prejuicios y biometría en el fútbol

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El 23 de junio, el Clube de Regatas Vasco da Gama, conocido popularmente como Vasco, fue sancionado por los incidentes ocurridos tras un partido del campeonato brasileño de fútbol. A raíz de ello, el juez de turno, Marcelo Rubioli, prohibió el acceso a su estadio, São Januário, una decisión que para muchos se basa en prejuicios sociales.

El acta afirma que “el complejo está rodeado por la comunidad de Barreira do Vasco, desde donde se oye habitualmente el sonido de disparos procedentes del tráfico de drogas que allí se desarrolla”; y que las estrechas calles “están siempre abarrotadas de hinchas borrachos”. Esto recuerda el histórico enfrentamiento del club con la élite de la sociedad carioca, que se remonta al año 1923. Ese año, el club ganó su primer campeonato con atletas negros y pobres, pertenecientes al proletariado y a la enorme colonia portuguesa de la ciudad. Han pasado 100 años desde el histórico enfrentamiento de un club popular contra los prejuicios raciales y de clase. Los medios han cambiado pero los motivos parecen ser los mismos.

La historia del Vasco nació predestinada a la lucha. Sus orígenes se entrelazan con la propia resistencia de elementos culturales arraigados en las clases sociales más vulnerables de la sociedad carioca. En este sentido, su existencia trasciende los límites de la colonia portuguesa e incluye a grupos históricamente marginados, como negros, obreros e inmigrantes pobres.

En una carta dirigida a la Asociación Deportiva Atlética Metropolitana (AMEA), conocida como la Respuesta Histórica, escrita en 1924, el Vasco se enfrentó a los clubes fundadores de la Asociación, que no aceptaban que tuviera en su plantilla jugadores negros, analfabetos, inmigrantes y socialmente desfavorecidos, además de alegar la falta de un estadio propio.

Según la carta, los jugadores de aquellos días fueron llevados a los tribunales y juzgados sin la debida representación legal, basándose en una “investigación sobre las posiciones sociales de los miembros”. En un contexto en el que la práctica del fútbol estaba reservada a las clases sociales más pudientes, se erigió un monumento arraigado en las tradiciones más populares de la ciudad, el estadio São Januário. Reconocido como un monumento de resistencia construido por la fuerza popular, recibe a sus aficionados, en un pre-partido único en el mundo, con un círculo de samba de la comunidad Barreira do Vasco, la «Sambarreira».

Cien años después, el Vasco se enfrenta de nuevo a la discriminación de representantes de la élite de la sociedad brasileña, al parecer radicados en la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), el Tribunal Superior de Justicia Deportiva (STJD), el Tribunal de Justicia de Río de Janeiro (TJRJ) y el Ministerio Público de Río (MP-RJ), así como de sus adversarios, que le impiden repetidamente jugar en el estadio Maracaná.

Sin generalizar, porque todas estas instituciones cuentan con profesionales serios que cumplen con su deber, cabe señalar las temibles acciones institucionales que vienen haciendo inviable la existencia social de un club único, a través de un movimiento deliberado para destruirlo.

El club, que ya cumple condena por los disturbios ocurridos hace más de 70 días, sigue sin poder jugar en su propio estadio (Estadio São Januário). Este caso coincide con la lucha del club por ejercer su derecho a jugar en un bien público nacional, el Maracaná, contra la postura del gobierno del estado de Río de Janeiro y sus opositores, que lo gestionan de forma temporal sin licitación.

Pero ahora la lucha ha adquirido nuevos contornos. Además de las pérdidas deportivas, el Vasco se enfrenta a decisiones judiciales totalmente desconectadas de la realidad, que imponen inmensas pérdidas no solo al club, sino también a las comunidades vulnerables de su entorno, que dependen de los partidos del Vasco para su subsistencia.

Esta aparente persecución se convierte en una cuestión social más amplia, que afecta a la vida económica de los estratos más pobres e impone instrumentos de segregación más profundos contra un objetivo específico, las clases trabajadoras. Paralelamente a esta argucia legal contra el Vasco, se intenta llegar a un acuerdo con el MP-RJ mediante la firma de un Acuerdo de Ajuste de Conducta (AAC). Sin embargo, la principal exigencia es que el club instale un sistema biométrico de cobro mediante reconocimiento facial.

Llama la atención que esta exigencia solo afecta al estadio del Vasco da Gama, y no afecta a otros recintos donde habitualmente se disputan partidos en la ciudad. El argumento de que la zona es peligrosa y supone un riesgo mayor que otros recintos, como señaló el juez de guardia, no se sostiene. Por cierto, estos lugares tienen la misma incidencia de tiroteos y violencia entre aficionados que São Januário.

Si así fuera, todos los estadios tendrían que pasar por los mismos criterios, sometiendo a las personas que frecuentan estos espacios al mismo procedimiento. Parece que, tal como está planteada la propuesta, esta iniciativa no forma parte de una estrategia amplia para el buen funcionamiento de la seguridad en los recintos deportivos, sino que tiene como objetivo vigilar y castigar a un determinado grupo social. Los expertos que analizan la buena conducta y las prácticas de las instituciones afirman que la aplicación de este sistema puede entrañar graves riesgos.

Lo que está ocurriendo con el Vasco es una imposición para que sus hinchas, o las personas que van al estadio, situado en una región socialmente vulnerable, sin elección, tengan sus datos biométricos recogidos, a partir de una opinión discriminatoria y sin base técnica plausible. Hay un deseo de tutela sobre las decisiones de un club en la gestión de sus intereses.

El prejuicio al que se enfrenta el Vasco parece persistir, se entrelaza con la segregación de amplios sectores de la sociedad brasileña. A las barreras concretas se suman ahora las digitales, que permiten recoger datos sobre las «clases peligrosas», término acuñado en el siglo XIX para referirse a los trabajadores excluidos del proceso de producción, pero que también hace referencia a los «indeseables»: negros e inmigrantes, especialmente de regiones pobres. Al racismo tradicional se superpone el racismo algorítmico.

Contra estas barreras de acceso, la comunidad Barreira do Vasco resiste. Y, como dicen los hinchas del club: «El Vasco tiene que jugar contra todo y contra todos».

Las lecciones de las elecciones

Coautor Francisco Sánchez

El pasado domingo 20 de agosto, Ecuador y Guatemala celebraron elecciones generales en un contexto de violencia, inseguridad y un fuerte descontento ciudadano. Estos procesos, de gran relevancia para ambos países, instalaron en la agenda política algunas cuestiones cruciales para la región. Entre los asuntos destacados están el de la inseguridad, el modelo Bukele como solución y el surgimiento de actores políticos capaces de capitalizar el malestar de los ciudadanos.

Las elecciones en segunda vuelta de Guatemala dieron como ganador a Bernardo Arévalo, uno de los fundadores del partido progresista Movimiento Semilla surgido tras las protestas sociales que sacudieron al país en 2015. Arévalo se impuso con una amplia diferencia de votos (21 puntos) a la ex primera dama, Sandra Torres, representante del partido conservador Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) que intentaba por cuarta vez llegar a la presidencia.

Tras ganar la presidencia con un 58% de los votos, Arévalo asumirá el cargo en enero y como principal reto deberá enfrentar a un sistema político y judicial corrupto que ha arrastrado al país centroamericano a una profunda crisis democrática.

Por su parte, Ecuador celebró elecciones generales anticipadas. Estos comicios se adelantaron a raíz de la activación del mecanismo constitucional de “muerte cruzada” por el presidente Guillermo Lasso, en un intento de evadir un juicio político que ponía en riesgo su mandato. Estos comicios estuvieron marcados por la violencia política perpetrada por el narcotráfico tras el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio.

Los comicios dieron como ganadores a Luisa González (33,38% de los votos) candidata de izquierda respaldada por el correísmo, y Daniel Noboa (23,61%), candidato de la alianza Acción Democrática Nacional (ADN), un acaudalado empresario con poca experiencia política que fue la sorpresa de las votaciones. Al no lograrse una mayoría absoluta o un 40% con al menos 10 puntos de ventaja sobre el segundo, el próximo 15 de octubre se llevará a cabo la segunda vuelta electoral. Quien resulte electo presidente, junto con el nuevo Congreso, asumirá funciones el 30 de noviembre, culminando el período de Lasso en mayo de 2025.

Como ya se anticipó, ambos procesos electorales dejan una serie de lecciones que necesitan tomarse en cuenta. En primer lugar, ambas victorias esconden debilidades a medio plazo, en el que la necesidad de forjar acuerdos entre Ejecutivo y Legislativo se torna en una necesidad imperiosa pero compleja que pone en evidencia las particulares características de los modelos de competencia partidista de las democracias de la región. Esta característica aunada a la forma de gobierno presidencial que permite que se elijan presidentes sin apoyo suficiente en el parlamento da como corolario escenarios políticos propensos a la desestabilización.

Aunque la victoria de Arévalo fue sólida, su gobierno está destinado a ser débil. Su partido cuenta con apenas 23 de los 160 diputados en un legislativo en el que los partidos tradicionales, liderados por el conservador Vamos, del presidente saliente Alejandro Giammattei, y la UNE, de Sandra Torres, registran una mayoría.

En el caso de Ecuador, el porcentaje de votos obtenido por Luisa González confirma que el correísmo tiene un voto duro muy fiel, que perdura con los años. Sin embargo, estas cifras revelan que el correísmo posee una debilidad manifiesta de cara a la segunda vuelta. No obstante, gane quien en gane en el balotaje y ocupe el Palacio de Carondelet, desde diciembre de este año hasta mayo de 2025, se enfrentará de nuevo a un Parlamento fraccionado.

De esta manera, otra vez hay un presidente electo y un o una potencial presidente que tendrán que gobernar sin contar con mayoría en el legislativo que les permita poner en marcha sus ambiciosos proyectos de reforma. Los conflictos entre las dos ramas son constantes en los dos países y llevan a la parálisis institucional o a que se posponga la aprobación de políticas públicas. Precisamente el enfrentamiento con la Asamblea Nacional fue el motivo para que el presidente Lasso adelante elecciones luego de haber conseguido aprobar solo tres proyectos de ley en tres años.

Se supone que la falta de mayorías legislativas se suple con acuerdos entre partidos fuertes; pero, y aquí otra lección de estas elecciones, en los dos países de los que estamos hablando hay sistemas de partidos altamente volátiles e inestables. Por ello, es necesario que ampliemos las miras para entender a los sistemas de partido altamente volátiles y dejemos de verlos como problema y los veamos más bien como una característica más.

Otra de las lecciones interesantes de estas elecciones es que no se impuso el bukelismo, que parecía ser una tendencia. Si bien es cierto que el notorio incremento de la inseguridad y la imagen de Bukele tanto en El Salvador como a nivel internacional, posicionaron ese tema en la agenda, los candidatos ganadores de las elecciones lo han hecho con una agenda más social y menos punitiva. En este sentido, tanto Ecuador como Guatemala, dos países desiguales no solo a nivel social y económico, sino también étnico, priorizaron estas preocupaciones antes que las políticas de “mano dura” para enfrentar la inseguridad.

Por último, cabe destacar el triunfo de candidatos que han sabido capitalizar el malestar ciudadano ante la corrupción generalizada del sistema político, frente a estructuras partidarias tradicionales o con una estructura política más sólida.

Francisco Sánchez es Director del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca.